Holanda: en Iglesia Católica, ha llegado la hora de decir la verdad

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

Harreveld
Robert Chesal's imagenPublicado el : 20 de marzo 2012

La revelación de que una cantidad de niños que sufrieron abusos dentro de instituciones de la Iglesia Católica holandesa fueron sometidos a una castración forzada ha causado conmoción en Holanda. El hecho arroja fuertes dudas sobre los recientes resultados de la investigación llevada a cabo por una comisión investigadora. El periodista de Radio Nederland, Robert Chesal, quien fue el primero en sacar a la luz el escándalo de los abusos sexuales, sostiene que solamente el Parlamento es confiable para continuar con la investigación.

Ahora ya sabemos que el ex ministro holandés Wim Deetman no respondió a las expectativas que creó cuando encabezó la comisión de investigación sobre abusos sexuales dentro de la Iglesia Católica. No llegó al fondo del escándalo de violaciones ni reveló todo lo que pudo encontrar acerca de los horrores que tuvieron lugar tras los muros de las instituciones eclesiásticas en Holanda.

Denunciantes castigados
Esto lo sabemos gracias a la labor de Joep Dohmen, periodista de investigación del periódico NRC Handelsblad. Dohmen escribió acerca de un estudiante de un internado que había sido violado por un monje holandés. Cuando el alumno denunció el abuso a la policía, fue llevado a una institución psiquiátrica de la Iglesia Católica, declarado homosexual y posteriormente castrado. La misma intervención quirúrgica fue practicada probablemente en por lo menos otros diez compañeros suyos que intentaron denunciar los abusos.

El principal culpable en este caso fue “Gregorius”, el hermano superior del internado católico Harreveld, en el este de Holanda.

No podemos decir con exactitud por qué la Comisión Deetman omitió toda esta información en su voluminoso informe sobre abusos sexuales dentro de la iglesia que fue publicado hace sólo tres meses. La comisión recibió en 2010 una clara denuncia que detallaba las castraciones, las que dice no haber investigado por “falta de indicios suficientes.”

Esta explicación suena frágil, por decir lo menos, teniendo en cuenta que el periodista Joep Dohmen fue capaz, en solo pocos meses, de encontrar pruebas irrefutables de una de esas castraciones ilegales y serios indicios de otras diez.

Importante político involucrado
Pero Dohmen encontró algo todavía más importante. El periodista descubrió que el Informe Deetman se abstuvo de mencionar a una determinada figura de la política que intentaba conseguir un perdón general para Gregorius y otros convictos hermanos católicos de Harreveld. Este es Victor Marijnen, un ex primer ministro holandés, e importante miembro del Partido Católico del Pueblo. Este partido se fusionó posteriormente con otros partidos protestantes para formar el CDA, el partido democratacristiano holandés, al que pertenece el presidente de la comisión, Wim Deetman.

En 1950, Victor Marijnen se encontraba en una posición privilegiada. No solamente era la estrella en alza de su partido político, sino también era vicepresidente de la agencia holandesa católica de protección de la infancia. Además, más significativo, si cabe, director del internado de Harreveld. La Comisión Deetman estaba enterada de esas conexiones y el potencial conflicto de intereses. La Comisión también tenía conocimiento de la carta que envió Marijnen a la Reina en apoyo de los violadores, pero omitió esos hechos en su informe.

Proteger la privacidad
Como una reacción a las revelaciones de Dohmen, la Comisión Deetman sostiene que no mencionó a Marijnen porque no detalló ningún caso que pudiera conducir a revelar la identidad de un individuo, con el fin de proteger su privacidad. Sin embargo, en otros lugares del mismo informe se pueden leer numerosas menciones a casos que pueden ser relacionados con individuos, mientras estos sean figuras de alto rango, especialmente obispos como Ad Simonis y Philippe Bär. La comisión no tuvo problemas en criticar a esos personajes.

No es difícil concluir que la Comisión Deetman se guardó de investigar la castración porque sabía que sería inevitable iniciar una indagación más detallada de la situación de Harreveld, sacando a la luz el papel desempeñado por Victor Marijnen y dejando en muy mal pie la imagen del partido político del señor Deetman.

La línea general
Pero esta puede ser una visión demasiado estrecha. La línea general es esta: Victor Marijnen era solamente uno de la amplia elite de importantes católicos que ostentaban una gran cantidad de poder en los años 50. Eran gerentes de industrias, presidentes de comisiones, jueces, funcionarios públicos de alta responsabilidad y políticos. Y fue a través de esta red de aliados que los abusos en Harreveld y otras instituciones católicas fueron encubiertos.

En suma, la historia de las castraciones de Harreveld revela una complicidad entre instituciones, obispos, políticos, la policía y el sistema judicial que propició los abusos sexuales dentro de la iglesia y que continúa impune varias décadas después.

Preguntas por aclarar
Ahora queda claro que los críticos tenían razón cuando sostenían que una comisión de investigación creada por la propia iglesia no podría, o no querría, llegar hasta el fondo del escándalo de los abusos. Ahora debería iniciarse una investigación imparcial cuya integridad estuviera fuera de toda duda. Solamente el Parlamento puede cumplir esa labor. Y quizás el primer testigo que debiera prestar declaración bajo juramento debería ser el propio Wim Deetman.
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