Intrigas, venenos, disputas en el Vaticano, como hace 500 años

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

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ROMA.-

Cacería de “topos” que filtran a la prensa documentos superconfidenciales. Intrigas y venenos que apuntan al segundo del Papa, el secretario de Estado, Tarcisio Bertone, cuya cabeza muchos querrían ver rodar. Rumores de una renuncia en abril próximo de Benedicto XVI, un papa teólogo que aparece cada vez más débil, demasiado intelectual y ajeno a la guerra interna de la curia y a la ya comenzada lucha por su sucesión. Desde el Renacimiento no se veían semejantes juegos de poderes los sacros palacios del Vaticano.
No es hoy una imagen feliz la de la Santa Sede. Ríos de tinta se derraman en los diarios italianos sobre la guerra que recrudece en su interior, desnudada hace apenas unos días por el denominado “VatiLeaks”.
“Lo siento mucho por el Santo Padre, que debe estar muy triste al ver cómo intentan destruir lo que ha edificado”, confesó el cardenal alemán Walter Kasper, de 78 años, en una entrevista con el Corriere della Sera, en la que lamentó la existencia de “un estilo malo” en la curia, el gobierno central de la Iglesia.
Varios prelados intentan minimizar la disputa y dicen que “se trata de internas muy en clave italiana” y que “son cosas que pasan en todas las grandes instituciones”.
Sin embargo, muchos otros comentan con horror la difusión de documentos reservadísimos -sobre presunta corrupción en el seno del Vaticano, sobre manejos financieros turbios y hasta sobre un supuesto complot para matar al Santo Padre-. El contenido de esos archivos no es tan crítico, pero el hecho de que se hayan filtrado de los sacros palacios refleja, ni más ni menos, una lucha intestina posible solamente en una curia a la deriva, marcada a fuego por ambiciones de poder.
“Esto es un caos; es urgente una reforma en el Vaticano”, comentó, espantado, un cardenal anglohablante llegado a la Santa Sede para el consistorio de ayer, que pidió el anonimato.
En este marco, Benedicto XVI aparece muy solo. Tan solo que, hace unos días, un editorial de L’Osservatore Romano, que recordó en primera página el 30° aniversario del arribo a Roma de Joseph Ratzinger, describió al Pontífice como “un apacible pastor” rodeado “de lobos”: una metáfora que resumió el clima dramático que reina en estos días en el Vaticano.
De hecho, aumentan las voces que hablan de una renuncia del Santo Padre al trono de Pedro, algo que no se da en la Iglesia desde el siglo XV, pero que está previsto en el canon 332 del Código de Derecho Canónico. El propio Benedicto XVI no descarta esa alternativa en el libro entrevista Luz del mundo, del periodista alemán Peter Seewald.
“Si un papa se da cuenta con claridad de que ya no es física, psicológica o espiritualmente capaz de ejercer el cargo que se le ha confiado, entonces tiene el derecho y, en algunas circunstancias, también el deber, de dimitir”, aseguró el Papa en ese libro.
Ayer, sin embargo, según la mayoría de vaticanistas, Benedicto XVI pareció desmentir el rumor al cerrar su homilía con el pedido de que rezaran por él “para que pueda ofrecer siempre al pueblo de Dios el testimonio de la doctrina segura y regir con humilde firmeza el timón de la santa Iglesia”.
Lo cierto es que ya comenzó a hablarse abiertamente de la sucesión, en vistas de un cónclave que se vislumbra cercano, aunque Benedicto XVI aparezca en relativa buena forma. El Papa viajará el mes que viene a México y Cuba y, probablemente en septiembre, al Líbano. Y en su entorno hay quienes aseguran que “llegará a la edad de León XIII, el papa más longevo del Novecientos, que murió a los 93 años”.
“La sensación de debilidad y vulnerabilidad que se ha adueñado de los vértices de la Iglesia no sólo tiene que ver con la salud física del Pontífice. Tiene que ver con su capacidad de guiar el timón de la nave de Pedro”, escribió el semanario L’Espresso, en un artículo en el que aseguró que ya comenzó la lucha por su sucesión.
En ese sentido, cobra fuerza la figura del cardenal Mauro Piacenza, uno de los purpurados italianos más jóvenes, de 68 años, prefecto de la Congregación para el Clero. Este prelado genovés, que apunta a reemplazar al cuestionado Bertone en la Secretaría de Estado -algo para muchos improbable vista su estrecha y añeja relación con el Papa-, estaría al frente de una “cordata” de “sirianos”, discípulos del famoso cardenal ultraconservador Giuseppe Siri (papable en tres oportunidades), en un eventual cónclave. Piacenza es señalado como un probable gran protagonista del próximo cónclave. “Es la vendetta de los «sirianos» contra los «montinianos» [discípulos de Pablo VI]“, explicó un monseñor.
En una atmósfera al mejor estilo Angeles y demonios, mientras en el Vaticano arrecia la caza a los “topos”, todo el mundo espera que se filtren más documentos a la prensa, en una fuga de noticias muy ruidosa y dañina, que ensombreció aspectos positivos del pontificado de Benedicto XVI, que el próximo 19 de abril cumplirá 7 años. Entre ellos, su coraje para enfrentar el escándalo por abusos sexuales de menores por parte de sacerdotes, que en los últimos años representó un estigma para la Iglesia Católica.
Noticias opacadas
“Los contragolpes de las intrigas opacaron las que debían ser dos buenas noticias para el Vaticano. La semana pasada auspició una cumbre sobre los abusos sexuales, poniendo en marcha una respuesta global y preventiva y comprometiéndose en las reformas”, escribió John Allen, vaticanista norteamericano, en el National Catholic Reporter.
“Además, justo ahora los dirigentes vaticanos están moviéndose como nunca para llevar sus instituciones a los niveles internacionales de transparencia financiera. Probablemente en ningún otro momento de su historia el Vaticano estuvo tan comprometido a cooperar con cuerpos de control laicos, externos”, agregó, lamentando que prevalecieran las notas sobre el escándalo sobre las noticias positivas.
Vittorio Messori, el escritor católico amigo de Juan Pablo II (escribieron Cruzando el umbral de la esperanza) y también de Benedicto XVI, aseguró, en un artículo del Corriere della Sera, que “parece haber un hundimiento moral y, también, un retorno a los tiempos del Renacimiento, con intrigas y luchas de poder, por dinero, por la carrera, por intereses políticos e ideológicos”.
Messori recordó que fue Santa Catalina de Siena (1347-1380) quien dijo que “la corte del Santo Padre me parece a veces un nido de ángeles, otras, un nido de víboras”. Y recordó que Benedicto XVI está profundamente convencido de que “si la Iglesia está en crisis es porque está en crisis la fe de los hombres de la Iglesia”.

 

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