Iraq: 21 años de crímenes contra la humanidad

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

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Homenaje a la artista iraquí Nuha al-Radi


Felicity Arbuthnot*
Global Research, 6 de marzo de 2012

Traducido para IraqSolidaridad por Paloma Valverde

“Esos diarios están dedicados al pueblo de Iraq y a todos los que han sufrido los devastadores efectos de las sanciones” (Nuha al-Radi, 1941-2004)

La artista iraquí Nuha al Radi.

La artista iraquí Nuha al Radi.

Con los actuales planes estadounidenses para remodelar (léase aniquilar) lo que queda de Oriente Próximo, el ataque de 1991 contra Iraq supuso el ataque de una gigantesca coalición, compuesta por veintiocho países, que bombardeaba hasta 42 veces al día (3.000 bombas diarias) a un país de sólo 27 millones de personas. Podría decirse que es aquí donde se establecieron los planes y los acontecimientos futuros. Es la masacre genocida, que dio comienzo a todo, que ha quedado absolutamente olvidada por las conciencias occidentales aunque, obviamente, no por las de los iraquíes.

Mientras la primera oleada de misiles de crucero, lanzada desde los barcos de guerra estadounidenses anclados en el Océano Índico, barría los treinta años de progreso que habían convertido a Iraq en un país moderno y en una nación próspera, el 16 de enero de 1991 el presidente George H. W. Bush (padre) se dirigía a su país: “[…] No tenemos argumentos para el pueblo de Iraq. De hecho, para los inocentes que están atrapados en este conflicto rogamos por su seguridad… pero incluso mientras los aviones de las fuerzas multinacionales atacan Iraq, prefiero pensar en la paz y no en la guerra.”

Marzo marca el vigésimo primer aniversario del final de los 42 días, de destrucción apocalíptica en la que se lanzaron más de 36 millones de explosivos. “[…] Todo el país se convirtió en un daño colateral [1].”

El alto el fuego se firmó el 28 de febrero. Después,  el 2 de marzo, la Brigada 24º de Infantería Ligera celebró el cese de hostilidades masacrando a los soldados iraquíes en retirada y obligando a sus familias a huir de su “baile de disparos” en la carretera a Basora.

“[…] Vemos un nuevo orden mundial que se inicia (…) un proyecto muy real de un nuevo orden mundial”, fue la respuesta del presidente George H.W. Bush al Congreso estadounidense el 6 de marzo de 1991. En realidad era una señal de lo que se avecinaba y de una guerra contra Iraq que no tendría fin en 21 años. Sanciones que diezmaron a la población, bombardeos sin tregua, invasión, ocupación, tortura, asesinatos en masa, destrucción y encima de todo eso ocho años más de bombardeos.

Los bebés que sobrevivieron en 1990, el año de la imposición de las sanciones, son un hito. Veintiún años después no han conocido otra cosa durante toda su vida que la carencia y el terror constante gracias a la maldad de Estados Unidos.

Mientras George H.W. Bush estaba rezando por los inocentes y pensando en ‘la paz’, el 90 por ciento del sistema eléctrico iraquí quedaba destruido en las primeras horas del ataque junto con los sistemas de depuración de agua, un objetivo deliberado [2], con la intención de que nunca jamás se reemplazaran.

Nuha al-Raidi, en Bagdad, decidió escribir un diario. Mientras la operación Tormenta del desierto devoraba la nación, ella grababa el horror, y también el humor, lo indomable y la genuina inventiva con la que cada iraquí parece que nace, en algunas extraordinarias y precisas premoniciones.

Nuha al-Radi, pintora, ceramista y escultora fue una verdadera internacionalista, sintiéndose en casa en Estados Unidos, Reino Unido, Beirut, Europa y en la mayor parte del mundo, como en su querida casa de Bagdad. Formada en Londres en la Escuela de Arte Byam Shaw su trabajo se exhibió en todo el mundo árabe, Berlín, Londres y Washington.

Mientras las bombas caen, ella escribe: “[…] Siempre he querido escribir un libro que empezara con esta frase: ‘Vivo en una huerta con 66 palmeras y 161 naranjos. Tres palmeras macho dan a la ventana de mi dormitorio, recordándome su potencia, los únicos hombre de la residencia”.

Diario de Nuha al-Radi

Diario de Nuha al-Radi

Después: “[…] Mis primeras anémonas han brotado. Compré semillas el año pasado en Estados Unidos. Son blancas. ¿Podrían ser un signo de paz? En cualquier caso, algo bueno de Estados Unidos ha crecido aquí”. Eso era “Día 36”.

Durante los seis meses antes de la guerra ella era una de las pocas que aseguraba que eso no podía pasar: “[…] Quizás no pudiera creerlo en esa época y con esa edad, los dirigentes no pueden ser tan infantiles o tan estúpidos como para pensar que una guerra puede resolver algún problema. Minimicé los instintos destructivos del hombre y los planes de las fuerzas aliadas contra nosotros. No es que nosotros seamos ángeles, cometimos el primer error, pero uno no puede rectificar un error con otro de mayores proporciones”.

El primer día se despertó para ver “[…] el cielo iluminado, un ruido más allá de cualquier descripción”. La electricidad y el teléfono estaban cortados y durante 42 días: “los días y las noches se convirtieron en un único día muy largo”.

La cordura se aferra a la normalidad. El segundo día, a riesgo de las bombas, un amigo las llevó a ella y a su hermana a una celebración: “[…] Kebab y cerveza, delicioso”. Los camiones del gobierno iban por todo Bagdad “[…] distribuyendo pan a las multitudes que se arremolinaban”.  Las sanciones los habían empobrecido hasta el límite.

Al día siguiente Nuha y su hermana Suha, pintaron en el estudio con la “[…] guerra y las explosiones en el exterior”. Un misil SAM explosionó en las inmediaciones, y Munder Beig, un amigo muy querido pasaba por allí con su nieto en el triciclo. “[…] las piernas le crujieron […] el niño se perdió y está convencido de que nunca lo volverá a ver”.

Ya no queda agua, la que quedaba se ha agotado.

[...]

Alrededor del sexto día: “[…] Todo el país se ha colapsado y desintegrado (…) me pregunto cuánto tiempo podemos sobrevivir a esta clase de bombardeos”. […]

Al día siguiente: “[…] La depresión se ha instalado en mí, al darme cuenta de que todo el mundo nos odia y está encantado de llevarnos a la ruina”. Soñaba que los estadounidenses corrían por pleno centro de Bagdad, por la calle Haifa, como lo hacen ahora, y que ella estaba sola, en una tierra estéril donde no crecía nada […].

Décimo día: “[…] No creo que pueda volver a poner un pie en Occidente otra vez. Si alguien como yo, que se ha criado y formado en Occidente, se siente así, ¿cómo se sentirá el resto del país?”

Tres días más tarde, el gran puente de la puerta del sur fue bombardeado y los dorados edificios antiguos de las inmediaciones sufrieron daños: “[…] Todos los cristales de las ventanas estallaron. Munder Beig fue a ver los daños y dijo: “Me quedé ahí y sólo podía gritar”. Se reconstruirá el país, se decía a sí mismo. “[…] Yo no lo veré”, dice.

“[…] Puedo entender que Kuwait haga esto, pero no el mundo entero. ¿Por qué nos odian tanto? Se pregunta Nuha.

Día decimocuarto: “[…] Munder Beig murió esta mañana temprano mientras dormía (…) en realidad murió de pena. No podía entender porqué el mundo quería destruirnos a nosotros, a la gente, a la ciudad. Ayer seguía preguntándose “¿Por qué nos hacen esto?”

[...]

Día decimoctavo: “[…] Todos los queridos pájaros enjaulados murieron del shock de las explosiones; los pájaros libres volaban de arriba abajo haciendo movimientos completamente locos. Cientos, sino miles, han muerto en los huertos: Los perros del barrio “[...] ladran con terror, y emiten los sonidos más espantosos y patéticos que se pueda imaginar […].

Día vigesimosegundo: “[…] Hoy vi el puente de Jumhuriya. Es muy triste ver cómo cuando se bombardea un puente la gente cae por los lados, con los cráteres que se abren bajo sus pies, y gritando. Dos puentes que eran hitos también fueron bombardeados. “[…] Sentí mucha amargura hacia Occidente”.

Día vigesimoquinto: “[…] Bombardearon un refugio, el de Amiriya, familias enteras fueron borradas de la faz de la tierra. [3]

[...]

Día trigésimo cuarto: Bush dijo ‘No’ a las propuestas de Tareq Aziz, mientras jugaba al golf y sus fuerzas militares nos aniquilaban (…) y tuvo el estómago de decir a un grupo de colegiales: ‘No os preocupéis [la guerra] está muy lejos y no os afectará.’ ¿Y qué pasa con los niños de allí? ¿Por qué ese cinismo? ¿Por qué esa hipocresía? ¿Dónde está la justicia?

3 de marzo: “[…] Incluso los mandos de alto rango se repliegan al sur. El colapso del sistema es total. De Kuwait a Bagdad se puede tardar hasta diez días; todo el tiempo evitando a los aviones aliados (…) intentando recoger a los rezagados (…)” Los británicos vuelan como jaguares. “Todos los heridos que no pueden escapar son asesinados. Los que escapan andan sin comida ni agua y simplemente se desploman”.
9 de marzo: “[…] Espero que cada persona que tenga algo que ver en esta desastrosa catástrofe caiga en un pozo de petróleo en llamas”.

10 de marzo: “[…] no hay combustible, ni electricidad, ni agua corriente, ni teléfono (…) tengo cinco velas en mi habitación ¡qué extravagancia!

El primer lirio se ha abierto hoy.

[…]

El 31 de marzo, un periquito amarillo entró por su ventana. Pronto encontró un compañero e “[…] inmediatamente empezaron a piarse felices el uno al otro”. Hicieron su nido en una gran jaula de madera de donde podían entrar y salir por la puerta siempre abierta. Los iraquíes tienen una gran pasión por los pájaros. Doce días después, las abejas: “se volvieron locas en el jardín… cinco o seis amapolas, de las que bebían el néctar… cinco mariposas blancas bailaban delante de mí. El jardín está tan bonito ahora… mis iris blancos ya no están. Los capullos salieron muertos, , cultivados en una tierra envenenada que destruye el campo que nos rodea como en su sueño.

Alrededor del 6 de junio, Nuha estaba con unos amigos que le dijeron “[...] están muriendo como moscas (…) hay una mortalidad tan elevada entre los bebés (…) Naciones Unidas va a mantener el embargo hasta que todos los iraquíes estemos muertos. Hay una epidemia de cáncer.

En junio de 1995, se fue a Amán (Jordania) para inaugurar una gran exposición: “Embargo” [...]. Los iraquíes abandonaban el país en masa para obtener dinero en una moneda más fuerte y poder alimentar a sus familias. Conoció a un cirujano que trabajaba de carnicero y a un ingeniero aeronáutico que trabajaba en la cafetería de una galería de arte.

Nuha fue a Beirut, donde todavía tenía una casa. Su salud no mejoraba y en Iraq, entre la destrucción y el embargo, no había lo necesario para tratar casi nada. Otro amigo murió de cáncer. Intentó conseguir un visado para recibir un tratamiento en Estados Unidos, pero el proceso fue tan largo que murió a los tres días de llegar. La hija de un amigo murió por la falta de un aerosol para el asma, prohibidos por el Comité de sanciones de Naciones Unidas.

[…]

Nuha pasó los nueve años siguientes trabajando, haciendo exposiciones y luchando contra el cáncer "que finalmente le diagnosticaron", con su característico humor y optimismo […].

Murió en Beirut el 30 de agosto de 2004, víctima de la Primera Guerra del Golfo, testigo de la segunda y de la ocupación. Una vibrante metáfora perdida de la tragedia de la beligerancia y de los crímenes contra la humanidad de Occidente.

Fue enterrada en un pinar de Beirut, bajo un lecho de jazmines, sus flores preferidas para adorar sus indomables cabellos [3].


Notas de la autora y de IraqSolidaridad
1.- David Model, Lying Empire Commit Crimes Straight Face, Common Courage Press, agosto de 2005.
2.- Felicity Arbuthnot, Iraq: A Bush Family Jihad?, 25 de septiembre de 2007.
3.- El refugio de Amiriya, en Bagdad, a donde enviaron a las mujeres y a los niños, por ser un lugar seguro (y Estados Unidos lo sabía) fue atrozmente bombardeado el 13 de febrero de 1991, con una nueva bomba antibúnker. Véase al respecto Kathy Kelly, “The children of Iraq 1990-1999 In: Iraq under Siege”, Raising Voices, edición de Anthony Arnove, South End Press, 2000.
4.- Julie Flint, Nuha al-Radi, versatile artist and diarist committed to her beloved Iraq, The Guardian, 7 de septiembre de 2004.

*Felicity Arbuthnot es una destacada periodista británica que conoce de primera mano, por sus múltiples viajes a Iraq, la realidad del país. Ha recibido números premios por sus documentados artículos, entre ellos por su trabajo de documentación para el documental de John Pilger Paying the Price, Killing the Children of Iraq.

Fuente original en inglés

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