José Luis Sampedro, un indignado que denuncia la reforma exprés de la Constitución

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

Análisis | Carta de José Luis Sampedro a Rodríguez Zapatero

José Luis Sampedro, un indignado que denuncia la reforma exprés de la Constitución

Una vez más José Luis Sampedro, el gran escritor, humanista y economista, da muestra de esa mente lúcida que mantiene a pesar de sus 94 primaveras, dirigiendo al presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero, una carta en la que le expresa sus temores ante la anunciada reforma exprés de la Constitución.

Maribel Martínez
Domingo 28 de agosto de 2011.
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Jose Luis Sampedro. Foto: Wikipedia

En una larga y dolida misiva Sampedro denuncia esta medida como una abominable reforma constitucional tomada por el presidente Zapatero y el líder de la oposición, Mariano Rajoy. Les acusa de arrogarse la representatividad parlamentaria de toda la nación como si de dos dirigentes absolutistas se tratara, despreciando al resto de los partidos que forman el arco parlamentario.

No quiere ser Sampedro cómplice de esta decisión: considera que es su deber denunciar lo que a su juicio es una mancha de barro sobre la Carta Magna. Se indigna, una vez más, al comprobar que una simple llamada telefónica al líder de la oposición es más que suficiente para acordar una medida que se supone histórica, y digna sin duda de ser dirimida no entre dos políticos, sino sometida a la decisión de los españoles.

Se dirige al presidente desde el corazón, un corazón doliente, que recuerda que nuestra carta magna defiende una “España que se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político”. Una declaración de intenciones que choca con los que él define como agentes externos a nuestro ámbito constitucional: la señora Merkel y el señor Sarkozy. Sin ambages, denuncia que ellos han dictado los cambios que el presidente pretende promulgar, auspiciados más aún, si cabe, por entidades externas y opacas a la ciudadanía, no sólo de nuestro estado, sino del resto de los ciudadanos miembros de la Unión Europea.

Más adelante en su carta, Sampedro señala a los parlamentarios, a quienes reprocha su seguidismo político: “Vuestras señorías son responsables y ejecutores del crimen que les expongo”. Manifiesta su escándalo porque la decisión de reformar el artículo 135 de la Constitución se tomara de forma sorpresiva, en periodo estival y con un Parlamento en funciones. "Mientras los parlamentarios preparan las maletas fuera del hemiciclo ante la próxima cita electoral, ustedes pretenden modificar la Constitución sin consultar a sus soberanos".

YO ACUSO

Y tras expresar estas inquietudes afirmando que su conciencia y honor no le permiten quedarse al margen, pasa hacer un particular “Yo acuso” en el que cita a los que considera culpables.

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Además de los líderes de los dos partidos, en la lista menciona al Banco Mundial (BM), al Fondo Monetario Internacional (FMI) y a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), quienes sin ser representantes del pueblo soberano pretenden reformar nuestra Constitución; a la Unión Europea (UE) y al Banco Central Europeo (BCE) , como garantes de este complot dentro del territorio europeo; a las agencias de calificación de riesgo Standard & Poor’s y Moody’s, como cómplices y beneficiarios de este acto; a los presidentes Merkel y Sarkozy, por inducir a perpetrar este vil atentado a nuestra soberanía; y junto a éstos, las empresas y la banca que presionan a nuestros representantes buscando la representatividad de sus intereses económicos y no la de aquellos que los eligieron.

Una dura misiva que, como ya sucediera con el prólogo escrito para el libro Indignaos de Stéphane Hessel o su participación en Reacciona -libro coletivo que nos anima a reaccionar ante la crisis-, busca remover conciencias, no solo las de nuestros dirigentes. Un alegato en defensa de la ciudadanía de este país, que se ha visto atacada en su esencia democrática con esta decisión tomada a sus espaldas y con total alevosía. Un grito desgarrado en defensa de este magno documento, del que opina Sampedro que solo debe ser modificado mediante un referéndum en el que se recoja la opinión del Pueblo, y no mediante un acuerdo telefónico entre dos políticos que juraron o prometieron defender la inviolabilidad de la Constitución española.

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CARTA DE SAMPEDRO A ZAPATERO, NO A LA CONSTITUCIÓN



Carta a Don José Luís Rodríguez Zapatero.
Presidente del estado Español.
Y al resto de las señorías que portan la representatividad parlamentaria.

Señor presidente, permitánme dirigirme a usted para comentarle mis más profundas inquietudes que, por mi honor y conciencia, me impiden quedarme al margen de los hechos relativos a nuestra Constitución amenazada por una vergonzosa e imborrable mancha.

Habéis realizado un gobierno durante sus dos legislaturas en las que, muchos podemos estar en contra o a favor de su gestión frente del ejecutivo que preside. Habéis cometido aciertos y errores, éstos últimos desgraciadamente más numerosos en su último periplo presidencial. Sus gestiones pueden ser criticadas o avaladas desde todos los frentes que los ciudadanos deseen pronunciarse.
¡Pero que mancha de cieno sobre vuestro nombre -iba a decir sobre vuestro reino- puede imprimir esta abominable reforma constitucional! Por lo pronto usted decide reformarla mediante una llamada telefónica al señor Mariano Rajoy, presidente del principal partido de la oposición, tomando ambos la representatividad parlamentaria como un absolutismo de dos dirigentes, dando bofetada suprema a toda justicia. Y no hay remedio, España conservará esa mancha sobre su carta magna y la historia consignará que semejante crimen social se cometió al amparo de vuestra presidencia.

Puesto que ha obrado tan sin razón, hablaré. Prometo decir toda la verdad y la diré si antes no lo hace el tribunal con toda claridad.

Es mi deber: no quiero ser cómplice. Todas las noches me desvelaría el espectro de la ciudadanía que expía a lo lejos cruelmente ultrajada, una reforma que no ha decidido.

Por eso me dirijo a vos gritando la verdad con toda la fuerza de mi rebelión de hombre honrado. Estoy convencido de que la ciudadanía no ignora lo que ocurre, entonces ¿a quién denunciar este afrenta malhechora de verdaderos culpables sino al primer soberano de la carta magna, al Pueblo?

Ante todo la verdad acerca de nuestra carta magna y su proceso de reformarla.
Nuestra Constitución, nacida en 1978, promulga en sus artículo primero del título preliminar

“España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político”.

Agentes externos a nuestro ámbito constitucional, la señora Merkel y el señor Sarkozy han dictado los cambios que usted promulga, auspiciados aún si cabe por entidades externas y opacas a la ciudadanía, no sólo de nuestro estado, sino del resto de los ciudadanos miembros de la Unión Europea.

Señor presidente del gobierno y señor presidente del principal partido de la oposición:

No recuerdo que en ninguna de las legislaturas, en las que ustedes han sido elegidos como representantes de los ciudadanos (ni anteriormente tampoco), hubiese en algún proceso electoral papeletas para proceder a legitimar a estas personas (la señora Merkel y el señor Sarkozy) sobre nuestro ordenamiento legal, jurídico y constitucional.
Igualmente me consta, en ninguno de sus respectivos programas electorales, ninguna intención de reformar la constitución.

Ante este hecho y sus intenciones, ustedes han puesto la forma política dictada por la Constitución (representación parlamentaria) muy por encima de la soberanía establecida en la carta magna (el pueblo) documento que regula las normas y convivencia en nuestra nación.
Al ejercer su disciplina partidista, sr. Zapatero y sr. Rajoy, en la que los señores y señoras parlamentarias únicamente promulgan el deseo de sus líderes (en el presente caso ustedes), vuestras señorías son responsables y ejecutores del crimen que les expongo.

De forma sorpresiva, en periodo estival, con un parlamento en funciones, donde las señorías preparan las maletas fuera del hemiciclo ante la próxima cita electoral, ustedes pretenden modificar la Constitución sin consultar a sus soberanos.

Ustedes sobrepasan con sus intenciones el artículo primero del título preliminar de nuestra constitución. Su reforma no es para un “Estado social” y sus formas no son, ni mucho menos, “democráticas de Derecho”.

Tal es la verdad, señores parlamentarios, verdad tan espantosa, que no dudo quede como una mancha en vuestra representatividad. Supongo que no tengáis ningún poder en este asunto, que seáis prisioneros de los mercados y de los poderes que os rodean; pero tenéis un deber de ciudadano en el cual meditaréis cumpliéndolo, aunque dudo que honorablemente. No creáis que desespero del triunfo; lo repito con una certeza que no permite la menor vacilación; la verdad avanza y nadie podrá contenerla.

Hasta hoy no perpetrabais el proceso, pues hasta hoy no han quedado deslindadas las posiciones de cada uno; a un lado los culpables, que no quieren la luz; al otro los justicieros que darán la vida porque la luz se haga. Cuanto más duramente se oprime la verdad, más fuerza toma, y la explosión será terrible. Veremos como se prepara el más ruidoso de los desastres.

Señor Presidente, concluyamos, que ya es tiempo.

Yo acuso al Banco Mundial, FMI, OCDE y demás organizaciones supranacionales y externas al gobierno europeo de ser los organizadores de este crimen. Ninguna de ellas elegidas en representatividad por el Pueblo de un estado, el nuestro, sobre el que quieren reformar la Constitución.

Acuso a la UE y al BCE de ser garantes dentro del territorio europeo este complot.

Acuso a Standard & Poor’s y a Moody’s como cómplices y beneficiarios de este acto.

Acuso al conjunto de la banca europea y nacional como lobby cómplice y beneficiarlo de esta infamia.

Acuso a la señora Merkel y al señor Sharkosy por inducir a perpetrar este vil atentado a nuestra soberanía.

Acuso a aquellas empresas, que junto a la banca, presionan a sus señorías para dejar de ejercer la representatividad de sus soberanos, ejerciéndola sobre sus intereses económicos.

Acuso a aquellos políticos cuyo máximo interés es mantenerse en el cargo que ejercen a cualquier precio, tan indignantes como el del crimen que nos ocupa.

Y por último: les acuso a ustedes por proponer esta modificación de espaldas a la ciudadanía. Ciudadanía que avala, es garante y soberana tanto del estado Español como de su carta magna. Ustedes que, mediante una simple llamada telefónica, ultrajan la inviolabilidad de una Constitución, inviolabilidad que defendieron cuando no se han atrevido a mantener su vigencia, adecuándola a las realidades sociales. Ustedes que juraron o prometieron sobre ella.

Se atreven a modificar el máximo documento del Estado en aras del “Mercado”. Mercado al que pretenden calmar mientras las voces del pueblo son ignoradas o silenciadas.

Puede que éste crimen ejerzan el efecto que ustedes esperan, pero no ignoren las victimas consecuentes. Habrán convertido la Constitución en un simple panfleto al que poner a cotizar en los mercados de valores, habrán convertido el espíritu de la transición española no en un garante de paz y democracia social como fue en su día, sino en un mero informe de resultados macro-económicos. Y habrán convertido a la ciudadanía española en un pueblo sin su máximo referente de legalidad moral y convivencia al subvertir los valores representados en ella por cifras monetarias inducidas fuera del espíritu en el que se redactó.

Distinguidas señorías, en nuestro Estado, no sólo hay que ser demócrata, también hay que parecerlo y sus formas distan mucho de ello. Desde hace mucho tiempo no resuelven entre ustedes la composición del Tribunal Constitucional y resulta que si resuelven en minutos modificar el texto sobre el que basar sus juicios. Lo dicho señorías, también hay que parecerlo.

Sólo la ciudadanía tiene el derecho, tiene el deber, de mantener vigente este documento, ustedes han de darles los medios. Ustedes, la clase política, que no sólo por activa ahora perpetran este crimen que nos ocupa, sino que por pasiva en las últimas décadas no han dado un paso para mantener su vigencia, y mucho menos aún, consultar al Pueblo al respecto.

No ignoro que, al formular estas acusaciones, arrojo sobre mí el peso y decisión del máximo soberano del estado del cual ustedes se supone que representan. Y voluntariamente me pongo a disposición del Pueblo.
En cuanto a las personas a quienes acuso, debo decir que ni las conozco ni las he visto nunca, ni siento particularmente por ellas rencor ni odio. Las considero como entidades, como espíritus de maleficencia social. Y el acto que realizo aquí, no es más que un medio revolucionario de activar la explosión de la verdad y de la justicia.
Sólo un sentimiento me mueve, sólo deseo que la luz se haga, y lo imploro en nombre de la ciudadanía, que ha sufrido tanto y que tiene derecho a ser feliz. Mi ardiente protesta no es más que un grito de mi alma. Que se atrevan a llevarme a los ciudadanos y que me juzguen públicamente.

Así lo espero.

Jose Luis Sampedro

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