La barba volvedora. Por Gonzalo Solari

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

 

1263556871000castro-detalledn.jpgLa primera vez que escuché su nombre fue allá en mi infancia de Fray Bentos, departamento de Río Negro.
Asomó en una charla de adultos que hablaban de barbudos, uniformes verde oliva y revolución. Alguien dejó caer su nombre: Fidel Castro. Yo era un niño como todos los de ese barrio humilde y laborioso, que corría detrás de una pelota esquivando macetas o bicicletas según la canchita fuera en un patio con malvones o en la vieja calle de tosca con cunetas.
Esa noche, antes de apagar la luz y meter la cabeza "entre las cobijas" como decíamos nosotros; y sin tener la menor idea de quién era ese enigmático personaje, él se coló en mi fiesta personal en la que la mayoría de los invitados eran futbolistas. Todos ellos, engranajes de aquella máquina de picar rivales que fue el Peñarol de los años sesenta: Luis Maidana, Juan Vicente Lezcano y Núber Cano, Edgardo González, Néstor Goncálvez y Omar Caetano...Y si ahora lo rememoro en un atardecer italiano y en un apartamento de Arezzo, a pocos pasos de la muralla que delimita la ciudad de origen etrusco, es porque un video inédito del Dr. Fidel Castro Ruz que data de aquellos años, me acaba de acercar su imagen haciendo que todo se vuelva de nuevo infancia.
En un mundo en el que escasean por doquier la seriedad y la coherencia en filas de quienes tienen la responsabilidad de representar a las instituciones y a sus pueblos, su figura de estadista y revolucionario ha sabido guiar con mano segura el rescate de su pueblo de la miseria, la ignorancia y la dependencia. Ninguna empresa humana atesora entre sus atributos la perfección. También la isla habrá cometido seguramente muchos errores, pero ha garantizado a sus hijos la posibilidad de acceso a la cultura en sus niveles más elevados, de estudiar y curarse gratuitamente en excelentes estructuras médicas- algo de lo que carece la mayoría de los países detractores de la Revolución Cubana-y la total erradicación de de un fenómeno que invade el paisaje de las metrópolis latinoamericanas: la prostitución y la mendicidad infantil, dos monstruos del capitalismo que Cuba derrotó para siempre con la alfabetización y que muchos países primero alientan con una mano para luego reprimir con la otra, ensañándose siempre con los más pobres.
Por todas estas razones y muchas más, vale la pena seguir defendiendo lo que algunos creen quimérico y mandar a la reputísima madre que los parió a todos aquellos que, de mala fe, cuestionan a la Revolución; no con la intención de contribuir a mejorarla sino para hundirla nuevamente en la cloaca que en 1959 el pueblo cubano cerró con dos vueltas de llave.

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