«La caza de brujas en eua» Por Gregory Randall

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

Paremos la caza de brujas del FBI!

  

Nombre-copia-5.jpgEn 2005 fui a la Universidad de Minnesota para mi año sabático. Así mi familia y yo

tuvimos la suerte de vivir en Minneapolis. Descubrimos una ciudad próspera y moderna, famosa por sus crudos inviernos y la amabilidad de su gente, con mucha vida cultural y con fuertes tradiciones sociales, una ciudad orgullosa de su educación pública y de su teatro independiente. Una ciudad implantada en pleno medio oeste que nos sorprendió por su tradición progresista. Luego volvimos a Uruguay y guardamos muchos amigos y no pocos recuerdos de esa experiencia.

 

Quizás uno de los más significativos es la forma en que nuestros hijos despertaron allí, en el vientre de una ciudad del medio oeste norteamericano, a la vida política. Pequeños grupos de militantes se movilizaban permanentemente contra la guerra en Irak. Todas las semanas había actividades: distribución de panfletos en las calles, movilizaciones contra el trabajo del ejército para reclutar soldados en el interior de liceos y universidades, protestas callejeras, charlas con veteranos o con víctimas.

 

Aprendimos a conocer a gente que lucha, con creatividad y convicción, por la justicia social y la libertad de todos, tanto dentro como fuera de su país. Gente sin las ilusiones ni las tentaciones que trae atada la posibilidad de tomar algún día el poder. Gente que luchará mientras les dure la vida. La otra cara de los Estados Unidos.

 

Sobre el pasto uniformemente cortado del jardín de St. Thomas University, en perfecto alineamiento, un par de botas militares por cada soldado norteamericano muerto en Irak.

Junto a cada par de botas un letrero con nombre, lugar de procedencia y fecha de la

muerte. En ocasiones alguna flor o una carta mostraba que sus seres queridos habían

pasado por allí. Había unos cuatro mil pares de botas y también un laberinto formado por mil zapatos de civiles iraquíes, desde los diminutos de un bebe hasta los restos de un par de tenis o alguno que calzó una mujer, cada uno con su nombre y la fecha y lugar del crimen, un par por cada cien civiles asesinados en esa guerra infame.

 

Con mi hijo decidimos acompañar a Marv Davidov y sus compañeros que cada miércoles a las 7 de la mañana protestan a las puertas de Alliant Tech, una empresa que produce bombas de racimo y de uranio empobrecido, entre otras (http://www.alliantaction.org/home.html). Desde hace más de diez años esa escena se

repite, puede haber 30 grados bajo cero y pisar la blancura de la nieve o estar rodeados por los tonos rojos que inundan en octubre los árboles. Esos compañeros -enérgicas religiosas, viejos comunistas, estudiantes, jubilados, trabajadores y otros/as- no paran nunca, allí están con sus carteles, preguntando sin cesar a todo el que quiera escucharlos “quién se beneficia con las guerras y quién muere en ellas”.

 

Este invierno volví a acompañarlos y me sentí de nuevo privilegiado de ser parte de ese pequeño grupo. No es fácil el trabajo de los que van contra la corriente. No es fácil mantenerse cuerdo cuando la mayoría de la gente es manipulada por una permanente campaña de propaganda que pervierte el sentido mismo de las palabras. Cuando se está solo en medio de una enorme masa indiferente y esquiva. Hemos vibrado hace poco en sintonía con las multitudinarias movilizaciones del pueblo egipcio. ¿Cuántos años de lucha empecinada para llegar a esto? Se insiste en la espontaneidad de las protestas del pueblo árabe, pero ¿es posible creerlo?

 

La historia se repite una y otra vez: cuando llega el momento muchas

veces inesperado de la explosión social, el trabajo tenaz, desconocido e incomprendido de esos pequeños grupos es el que preparó las condiciones, el que permite que alguien tenga la capacidad de actuar. Es en esos momentos cuando se descubre el rol vital de esos pequeños grupos de militantes. Pero antes de la explosión de júbilo y del reconocimiento general, ¿cuántos años de sufrimiento, persecución y soledad?

 

La sociedad norteamericana está modificándose muy rápidamente y en los pliegues de

esas transformaciones aparecen mil motivos para la lucha: Nueva Orleans se hunde ante el huracán Katrina y las guerras de Irak y Afganistán se eternizan. Hace ya casi 10 años que comenzó una “Guerra contra el terrorismo” que se plantea como una situación permanente. Ciertos valores históricos de la sociedad norteamericana se van erosionando.

La tortura se justifica y se practica. Los secuestros y la prisión sin juicio en cárceles

secretas (¿recuerdan el concepto de desaparecidos?) son hoy parte del paisaje.

 

La llamada Ley Patriótica permite que un sospechoso sea secuestrado en cualquier parte del mundo y se sumerja en el laberinto kafkiano de un sistema represivo secreto y que está lejos del ideal que trasmiten las películas de Hollywood1. Ya no se es inocente salvo prueba de lo contrario. A pesar de las promesas del candidato Obama, Guantánamo sigue allí.

Las mentes más lúcidas del pueblo norteamericano se levantan contra la locura. Una

locura que puede llevarse consigo a muchos inocentes y también a la esencia misma de la democracia norteamericana tal cual la conocemos.

 

Hay grupos activos en decenas de ciudades en todo el país y entre ellos nuestros amigos de Minneapolis. Son ellos la conciencia viva de ese pueblo, los portadores de los valores de Martin Luther King y de los luchadores por los derechos civiles en el sur en los años 60, los herederos de Sacco y Vanzetti, de los mártires de Chicago y de tantos otros. Esos valientes están pagando hoy el costo y necesitan nuestra solidaridad.

 

Women Against Military Madness (que se traduce como Mujeres Contra la Locura

Militarista, www.worldwidewamm.org) es una organización basada en Minneapolis que

lucha desde 1981 contra la guerra y en solidaridad con los que combaten la opresión en otras partes del mundo. WAMM organiza vigilias contra la guerra cada semana,

organizan giras de actores de los conflictos que muestran la otra cara de la moneda, por ejemplo la de Malalai Joya, parlamentaria afgana2. Envían delegaciones a los lugares de conflicto para recabar información propia y compartirla en reuniones en centros comunales e iglesias.

 

En febrero pasado asistí a su reunión anual en la iglesia Juana de Arco de Minneapolis. Daba orgullo ver a esas mujeres y hombres, muchos de ellos blancos en canas, valientes y creativos, discutiendo cómo seguir peleando por la libertad y la paz. Esa mañana estaban allí Sarah Martin, Anh Pham y Meredith Aby, tres de los 23 compañeros que arriesgan una condena de hasta 15 años de cárcel por disentir con la política del gobierno norteamericano y actuar en consecuencia. Mientras acompañaba de pie el aplauso cerrado con que demostrábamos nuestra solidaridad con estas tres mujeres me preguntaba quién en el mundo sabe lo que les está pasando. ¿Quién en Uruguay está al tanto?

 

El 24 de septiembre de 2010 agentes del FBI allanaron simultáneamente siete casas y una oficina en Minneapolis (Minnesota), Chicago (Illinois) y Grand Rapids (Michigan) y citaron a declarar ante un Gran Jurado Federal a 14 militantes del movimiento contra la guerra y por la solidaridad internacional. Los agentes del FBI incautaron material escrito, libros, computadoras, teléfonos celulares, fotos, pasaportes y dibujos infantiles, entre otras cosas. En la misma jornada, agentes del FBI también visitaron e intentaron interrogar a activistas en Milwaukee (Wisconsin), Durham (Carolina del Norte) y San José (California). El FBI buscaba evidencia para sostener una acusación de “material support of terrorism” es decir “apoyo material al terrorismo”.

 

En Octubre cada uno de los 14 activistas acusados, con el asesoramiento de la Liga

Nacional de Abogados, rechazó aparecer ante el Gran Jurado, apelando a la Quinta

Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos de Norteamérica que establece el

derecho a no auto incriminarse. Ante ello, la oficina del fiscal de los EEUU suspendió

temporariamente la citación. El 2 de Noviembre fue comunicado a los abogados que 3 de los 14 activistas originalmente citados, Anh Pham, Tracy Molm y Sarah Martin, verían reactivado el proceso. Entre el 3 y el 21 de Diciembre fueron citados 9 nuevos activistas ante el Gran Jurado: con ello suman 23 los compañeros amenazados.

 

El 25 de Enero los últimos 9 activistas citados tampoco se presentaron ante el Gran

Jurado, invocando también la quinta enmienda de la Constitución. De acuerdo al FBI, el objetivo de los allanamientos y del Gran Jurado es demostrar cargos de “apoyo material al terrorismo” para juzgar a los activistas perseguidos bajo la Ley Patriótica (Patriot Act).

Bajo las leyes actuales de los estados Unidos es considerada “terrorista” cualquier

organización que aparezca en la lista (“Foreign Terrorist Organization list”) que elabora

el Departamento de Estado. Dicha lista incluye a numerosas organizaciones que se

oponen a la política exterior de los Estados Unidos.

 

En dicha lista estuvo por ejemplo el Congreso Nacional Africano de Sudáfrica que luchaba contra el Apartheid y el FMLN del Salvador, que están hoy en el gobierno de sus respectivos países y son recibidos con honores por el propio gobierno de los Estados Unidos.

A pesar de lo que pueda parecer, en el contexto de esta ley, la noción de “apoyo material al terrorismo” no se limita a que una persona o grupo envíe dinero o armas una organización designada como “terrorista”. Un fallo reciente de la Corte Suprema de los Estados Unidos (Holder vs. Humanitarian Law Project) permite incluir bajo esta

categoría a cualquier forma de comunicación con un “terrorista”. En dicho caso legal se trataba del intento de la organización Humanitarian Law Project para apoyar el desarrollo de elecciones justas en Turquía y Sri Lanka.

Ello implicaba, naturalmente, dialogar con todas las partes en conflicto. Bajo esa interpretación el ex Presidente Jimmy Carter puede ser acusado pues ha apoyado la organización de elecciones en Líbano y para ello ha dialogado con Hezbollah. El Gran Jurado, de carácter secreto, debe decidir si los indicios presentados justifican un juicio a los imputados.

 

El 12 de Enero de 2011 el Anti War Committee de Minneapolis, una de las organizaciones atacadas en este proceso, denunció que habían descubierto que el FBI había infiltrado una agente desde Abril de 2008 y la desenmascararon públicamente. Infiltrar a una organización como esas es muy sencillo: las reuniones son abiertas y el que quiera se suma según sus posibilidades. Basta ofrecerse voluntariamente en una reunión para organizar una movilización o ser parte de una delegación que visite los territorios ocupados de Palestina y traiga información de primera mano.

 

Un día me encontré con Anh, militante de WAMM y de AWC, para almorzar. La

encontré firme pero preocupada, ya lleva muchos meses con la espada de Damocles de tener que pasar varios años en prisión, y la espera puede durar muchos meses más. Me dice que sus compañeros de trabajo se han portado muy bien con ella. La recuerdo hace seis años, repartiendo panfletos contra la guerra en Irak en la calle, introduciendo a mi hija en ese mundo. Al volver a la Universidad comento con los colegas la situación.

 

Alguno pregunta sorprendido cómo eso era posible y cuando menciono que Anh había visitado los territorios ocupados de Palestina como parte de una delegación del AWC noto en mis interlocutores un cambio sutil: “Nadie la manda a ir a hablar con Hamas”, “Violó la Ley y sabía lo que hacía”. No faltó quien dijera que seguramente Anh era efectivamente una amiga de Hamas. Es difícil imaginarlo. Anh es una mujer de origen vietnamita, de cuerpo macizo y voz firme. Una mecha roja adorna siempre su cabellera. Una mujer libre.

 

Pero el miedo es eficaz y el coraje no abunda, ellos lo saben. Ahora estoy de nuevo en la reunión de WAMM, y todos aplaudimos de pie. Veo a Anh sonriendo. Junto a su compañero vende camisetas con mensajes alegóricos a la moderna caza de brujas del FBI, es muy caro mantener la campaña contra la persecución. Ahora Anh y sus compañeras soportan el peso de haber sido escogidas para hacernos escarmentar a todos. El mensaje debe ser claro: levantar la voz contra la locura del imperio es muy arriesgado y más vale no meterse. Quizás al final no esté la cárcel, o tal vez sí, pero durante unos cuantos años la energía creativa de toda esta gente se desviará del foco en que estaba. Su tiempo se dedicará a pelear simplemente por seguir existiendo.

 

No puedo dejar de pensar en aquel poema de Martin Niemoller que decía:

 

Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era

comunista.

Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista.

Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío.

Luego vinieron por los católicos y no dije nada porque yo era protestante.

Luego vinieron por mí pero, para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada

 

La historia se repite y no parecemos darnos cuenta. Entre 1956 y 1971 el FBI montó el

llamado COINTELPRO (Counter Intelligence Program), una serie de acciones para

vigilar, infiltrar, desacreditar y destruir las organizaciones políticas progresistas y de

izquierda en Estados Unidos. Incluyó desde la difusión de información falsa en la prensa hasta la prisión y el asesinato. El FBI fue exitoso y hay presos políticos de aquella época que siguen en las cárceles norteamericanas, el militante indígena Leonard Peltier desde 1978 (www.whoisleonardpeltier.info) y el militante negro Mumia Abu Jamal desde 1981 (www.freemumia.com), entre otros. ¿Cuántos en el mundo saben hoy estas historias?

 

Cuando la noche de las dictaduras se abatió sobre nuestro continente, cuando nuestros

compañeros se debatían contra la soledad en las mazmorras de la dictadura o sufrían la tortura sistemática, hubo voces solidarias que se levantaron con fuerza desde el vientre mismo de los Estados Unidos. Sus acciones aliviaron el sufrimiento de muchos, promovieron un cambio de política bajo el gobierno de Carter, de mil maneras contribuyeron a que hoy estemos donde estamos. Hoy ellos necesitan nuestra solidaridad y nuestra acción. Ellos son parte esencial de nosotros mismos, sangre de nuestra sangre, hermanos en la lucha por la justicia social y por la paz en el mundo. Si no nos movemos cuando ellos son atacados ¿cuál es el significado de la palabra solidaridad?

 

Gregory Randall

26 de Abril de 2011.

 

 

1 Sobre el tema de los secuestros extraterritoriales se puede consultar por ejemplo

http://en.wikipedia.org/wiki/Extraordinary_rendition_by_the_United_States

2 http://wammtoday.wordpress.com/2011/04/03/afghan-activist-malalai-joya-speaks-in-minneapolis/ 

 

  Enviado por Marcos Revérberi

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