La derecha peruana adopta a Ollanta Humala

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

El presidente peruano, Ollanta Humala, que en la primera vuelta electoral se presentó como revolucionario, en la segunda como izquierdista y ahora se define ni de derechas ni de izquierdas, ganaría hoy unas elecciones con el voto conservador.

Así se desprende de los comentarios de los analistas en la prensa peruana tras difundirse, el domingo, una encuesta en la que el presidente goza del 56 por ciento de aprobación general pero, en el grupo más acomodado y conservador, disfruta de un cómodo e inédito 75 por ciento de partidarios.

Este grupo social se identifica tradicionalmente con el partido personalista de Alberto Fujimori, el expresidente encarcelado por violación de los derechos humanos, y con el sector más neoliberal de los partidarios del expresidente Alan García, quien ahora elogia a Humala tras negarse en julio a entregarle en mano la banda presidencial.

“Reitero mi apoyo al gobierno de Humala, y una forma de hacerlo es guardando silencio, si no, se me encrispa”, dijo esta semana, Alan García, famoso por su locuacidad frente a la parquedad de palabras de su sucesor.

El diario conservador El Comercio dice que “la popularidad de Humala en los estratos más altos se debe a que ha tomado las decisiones que el sector A esperaba” de él.

Los analistas peruanos coinciden en que el aumento de la aprobación general a Ollanta Humala se produce tras la detención, este mes, del “camarada Artemio”, líder histórico del grupo terrorista Sendero Luminoso.

Sin embargo añaden que esta aprobación se debe principalmente a que la política económica de Humala, que coincide con la de su predecesor García, y, en su neoliberalismo, con la del propio Alberto Fujimori, le ha hecho ganar más adeptos entre la derecha que los que está perdiendo entre la izquierda.

La identificación de la política de Ollanta Humala con el sector más conservador y el aplauso de los “fujimoristas”, según los principales articulistas peruanos, tiene diversas consecuencias.

Un aspecto es la desaparición de la oposición parlamentaria, ya que ninguna bancada en el Congreso se opone a su política, por una parte, y el desánimo de sus partidarios y votantes iniciales, por otra.

Los progresistas peruanos, tras ocho meses de Ollanta Humala en el poder, admiten que o bien se encuentran desanimados o, como mínimo, desorientados.

La izquierda se divide ahora básicamente en tres sectores.

Un primer grupo se siente abiertamente traicionado en la voluntad de su voto. Coincide con los sectores más radicales de la izquierda y con los movimientos populares y ambientalistas que se oponen a la minería.

Estos sectores han pasado a convertirse en la única oposición social y política a Ollanta Humala, y los representa el gobernador de Cajamarca, Gregorio Santos, que lidera las protestas contra el proyecto minero Conga.

También pertenecen a él varias personalidades famosas por su defensa tradicional de los derechos humanos y contrarias a Alberto Fujimori, y los miembros de muchas ONG con actividad social.

Un segundo grupo, el más numeroso, incluye a la mayoría de quienes integraban la alianza de partidos de izquierda “Gana Perú”, con la que Humala llegó al poder, que ahora se mantiene expectantes, en silencio y sorprendidos ante la evolución política de su líder.

Un tercer grupo, que comparte esa evolución del presidente, se identifica con el exmilitar Oscar Valdés, presidente del Consejo de Ministros y encargado, según sus propias declaraciones, de hacer avanzar el proyecto Conga y demostrar a los inversionistas que Perú es un país seguro.

Daniel Abugattás, el presidente del Congreso y dirigente del Partido Nacionalista fundado por el propio Humala y su esposa Nadine Heredia, se ha convertido prácticamente en la única voz discordante dentro de las estructuras de poder.

Analistas más académicos y sociólogos destacan, por otra parte, el riesgo institucional que supone la mutabilidad ideológica en el liderazgo de los partidos políticos peruanos, una indefinición que amenaza a su propia supervivencia como trasmisores de la voluntad popular.

Esta crisis en los partidos tradicionales, afirman estos estudiosos, puede provocar el nacimiento de grupos menos identificados con los valores democráticos, por una parte, y, junto a la ausencia de sindicatos, dejar al Gobierno de turno sin intermediarios para mediar en las protestas sociales, como ya está sucediendo en Cajamarca.

Ecuador en vivo/LibreRed.Net

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