La escritura y el viento

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

La Escritura y el Viento

 


“Verba volant, scripta manen”  

Tito Casio 

“¡Las palabras no se marchitan más que cuando las imprimen! 

                                                                Los Monederos Falsos, André Gide

 

 

Así como Camus considera que la única verdadera pregunta filosófica es si vale la pena vivir la vida, yo considero que la única verdadera cuestión literaria es si la escritura merece existir.

viento.jpgUn escritor o escritora serio debe preguntarse siempre, cada que emprende una página, cada que empuña una pluma, si sus textos merecen ser leídos o morir en un suicidio creado por el fuego, los ratones o la basura. Algunos escritores han signado sus obras al suicidio – Kafka, Gogol – pero los verdugos ejecutores han rescatado textos que de otro modo no habrían sido ni buenos ni malos por la simple razón de no haber existido. Ya que un texto sin lectores no es un texto. Nadie escribe para sí mismo (aun cuando la escritura sea siempre reflejo personal) por ello aquel proverbio del árbol que cae estruendosamente en un bosque remoto dónde nadie podrá escucharlo se cumple meticulosamente para la escritura: un texto que no sea leído es un texto que no existe, nunca ha existido, ni siquiera para su autor.

Otros, autores egocéntricos, han dado respiración artificial y reanimación a sus líneas agonizantes, cuando ya nadie quería, o nunca quiso, leerlas. En dicho caso, el autor no es un suicida pero el público omnipotente condena; sus obras empiezan a morir en el preciso momento que son pasto del olvido.

diente-de-leon.jpgEl olvido, muerte involuntaria que acabará por carcomerlo todo y a todos. Llegados aquí pues, volvemos a preguntar ¿vale la pena dar vida a una escritura que está predispuesta desde antes de surgir al miserable olvido? ¿Estará entonces justificada la existencia de la escritura en el paso por este mundo?

Eludiendo respuestas metafísicas, podemos afirmar que lo está y no lo está. Lo está en cuanto existe aquí y ahora, se justifica a sí misma, tautológica y paradójicamente. No lo está en la medida en que nada puede ser justificado sin contradecirse. Volvemos a Camus: el absurdo nos carcome, incluso antes que el olvido.

De esta manera miles de páginas y líneas escritas a lo largo de milenios acaban por desmentir aquella sentencia “lo escrito, escrito está” y asemejan la escritura más bien a aquel otro refrán que refleja tan bien el sentido de la lengua oral: “las palabras se las lleva el viento”. Creerán con justeza que este escrito es una inconsecuencia en la medida que pretende tener validez en sí mismo cuando niega la validez de la escritura en general. Es cierto, es una manifestación más de la tautología que al afirmar se niega y al negar se afirma. Pero ello no es una muestra simplemente del absurdo, sino de la contingencia y el cambio: revela de esta forma una vitalidad y una energía no sospechadas entre tanto en la “muerta” palabra escrita, un cadáver que vuelve a nacer con cada lectura.

Se enfriará una vez la vida de quien escribe, después se enfriará el mundo, como dice el poeta Nazim Hikmet, mota de polvo en la inmensidad del universo, y antes el viento se habrá llevado las palabras escritas y habladas, unas más tarde que otras, desgraciadamente para siempre.

palabras-viento.jpgSin embargo aun antes, mucho antes de aquello, habré acabado de escribir estas líneas y ustedes de leerlas. Entonces toda escritura se habrá consumado con ese acto tan simple e intrascendente, que también será arrastrado sin remedio por la disolución del tiempo: vale sólo y únicamente en este instante finito, irreparablemente mortal en que un lector alumbra una página, como creía Borges – uno de los más metafísicos escritores latinoamericanos – dos momentos del devenir humano habrán confluido así de la manera más imposible para no volver a hacerlo jamás, y el sólo hecho de que ello suceda alguna vez en alguna parte revela ya un carácter imposible de la escritura. Eso es hermoso, tanto, como cuando unas existencias confluyen alguna vez en alguna parte para amarse.

Porque la escritura es como las flores y el amor: debe marchitarse para ser posible, en ello radica su impenetrable misterio.

 

Enviado por

Camilo de los Milagros

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camilo de los M. 05/12/2011 18:08



Flor de un día, tan hermosa pero tan efímera. Gracias por este nuevo encuentro, Ivonne.


Camilo.



Ivonne Leites. - Atea y sublevada. 05/12/2011 18:37



Un beso grande Camilo. un gusto tener tus letras por aqui, gracias por compartirlas con nosotros