La Madre Teresa: El Mito y la Verdad

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

 

Rescato este material que publique el año pasado en El Polvorín y se lo había prometido a Ariel hace poco, y hoy leyendo otra nota sobre "mis amigas" las monjas me acorde de esta.

 



La chocante realidad sobre 'El Angel de los Pobres'


Los donativos siguen llegando a las Misioneras de la Caridad. Vienen de todo el mundo, y proceden de gente de buena fe que, movidas por un acto de altruismo, momentáneo o no, envían sus cheques o giros para ayudar en lo que ellos están convencidos de que es una buena causa: Ayudar a los pobres en Calcuta.


La Madre Teresa, nombrada por los medios de comunicación como 'El Angel de los Pobres', murió en 1997 y fue beatificada en el año 2003.

La ganadora del premio Nobel de la Paz hizo votos de pobreza, pero debido a su fama mundial como benefactora de los desposeídos —hicieron inclusive una emotiva e inspiracional película de lo que se supone que fue su vida—, ríos de dinero llegaban en vida de ella, como continúan fluyendo después de su partida.

¿Qué se hizo de todo ese dinero?

Una Historia de Éxito

Agnes Gonxha Bojaxhiu, mejor conocida como la Madre Teresa de Calcuta, y nacida en Skopje, Macedonia, es ampliamente considerada como una santa mujer. Llegó a Calcuta el 6 de enero de 1929, cuando tenía 18 años y era una monja de la Orden de Loreto. 68 años después, dignatarios y celebridades de todo el mundo se reunieron en Calcuta para rendir un último y sentido homenaje en lo que fue un funeral digno de un estadista.

Durante todos esos años, Agnes fundó la orden más exitosa en toda la historia de la Iglesia Católica; fue galardonada pública y mundialmente con el Premio Nobel de la Paz y llegó a ser la monja católica más famosa de todos los tiempos.

Las Dudas Más que Razonables

Pero ¿alguien se atrevería a tener dudas, cuando se refiera a una mujer menuda que es un monumento para la humanidad moderna?

Si uno viaja a Calcuta, las dudas surgen de inmediato.

Tomemos de ejemplo a Samity, un hombre de 30 y tantos años, sin dientes, quien vive en los barrios miserables. Él es uno de los 'pobres entre los pobres' a quienes se suponía que la Madre Teresa había dedicado su vida. Parado con una bolsa de plástico en las manos, hace cola de un kilómetro de largo junto con miles de otros pobres, en la Calle del Parque en Calcuta. Los pobres esperan pacientemente hasta que los ayudantes les arrojan arroz y lentejas a palazos dentro de sus bolsas. Pero contra lo que se pudiera esperar, Samity no obtiene su escasa pitanza de la institución fundada por la Madre Teresa —de hecho, nunca la ha obtenido— sino de la Asamblea de Dios, una fundación norteamericana de caridad, la que sirve 18,000 comidas cada día.

"¿La Madre Teresa?", responde Samity. "Aquí no hemos recibido nada de ella. Y pregunta en los barrios pobres, a ver si alguien ha recibido algo de esas hermanas acá. Dudo que encuentres a alguien".

Pannalal Manik se hace preguntas. "No comprendo por qué ustedes, gente occidental educada, ha hecho una diosa de esta mujer". Manik nació hace más de 60 años en el barrio pobre de Rambagan, que con sus 300 años de existencia es el más antiguo de Calcuta.

Lo que Manik ha logrado, muy bien puede ser calificado como un auténtico milagro.

Él ha construido 16 edificios de departamentos en medio de la miseria, proporcionando un espacio para vivir a 4,000 personas. El dinero para los materiales de construcción, equivalentes a 16,000 dólares por cada edificio de departamentos, fue solicitado insistemente por Manik a la Misión Ramakrishna, una organización hindú de caridad, la más grande de asistencia social en India. Los habitantes de esa villa de miseria construyeron con sus propias manos los edificios. Esto ha pasado a convertirse en un modelo para toda la India.

Pero ¿y qué colaboración obtuvo este filántropo de la Madre Teresa?

"Fui a verla tres veces," dijo Manik. "Ni siquiera quiso escuchar lo que tenía que decirle. Todos en el mundo saben que las hermanas tienen muchísimo dinero, ¡pero nadie sabe lo que hacen con él!"

No es extraño que en Calcuta existan cerca de 200 organizaciones de caridad ayudando a los pobres. Lo que extraña es que las Misioneras de la Caridad de la afamada Madre Teresa, no se hallen dentro de las mayores colaboradoras en servicios de caridad, lo que contradice la imagen pública mundial de la organización.

El Mito

El nombre "Madre Teresa" estuvo y sigue estando ligado a la ciudad de Calcuta. Los admiradores y contribuyentes en todo el mundo de la ganadora del Premio Nobel, están convencidos de que su organización debe ser la más activa en esa ciudad, en la lucha contra la pobreza. Pero no es así.

"Son absolutas mentiras", dice Aroup Chatterjee. Es un médico que vive ahora en Londres y nació y creció en Calcuta. Chatterjee, después de trabajar por años en todo lo relativo al mito de la Madre Teresa, publicó un libro que ha sido reconocido como autorizado y con información verídica: Madre Teresa: Veredicto Final.

Chaterjee condujo su investigación in situ; entrevistó personalmente a numerosos testigos y peinó de arriba a abajo los discursos y declaraciones de la celebrada católica. "Donde quiera que buscara, sólo encontraba mentiras. Por ejemplo, la mentira acerca de las escuelas. La Madre T frecuentemente decía que ella dirigía una escuela en Calcuta para más de 5,000 niños. ¿Cinco mil niños? Debió haber sido una escuela gigantesca, quizás la más grande en toda India. Pero ¿dónde está esa escuela? Yo nunca la pude encontrar, ni conozco a nadie que la haya visto jamás" -reveló Chatterjee.

  1. La Madre Teresa siempre decía que recogía gente de las calles de Calcuta, pero ni ella ni su orden de monjas hacían eso. Cuando la gente les solicitaba ayuda, les decían cortantes que marcaran el teléfono 102 (similar al 911 de emergencia en Estados Unidos), que nada tiene que ver con orden religiosa alguna porque es del gobierno.

  2. Aunque la orden posee varias ambulancias que les fueron donadas, éstas son utilizadas sólo para transportar a las monjas a los lugares de oración y no recogen a ningún enfermo ni herido.

  3. La Madre Teresa decía que su orden alimentaba 4,000; 5,000; 7,000 ó 9,000 habitantes pobres de Calcuta todos los días (el número variaba). Las tres cocinas de la orden en Calcuta sirve un máximo de 300 raciones de sopa al día. Y no sólo eso: Las cocinas sólo entregaban sopa a quienes poseían "tarjetas de comida", que eran distribuídas preferentemente a los pobres que eran católicos, que son minoría en la India.

  4. Aunque la orden que fundó la Madre Teresa tiene algo de presencia en muchos países del mundo, en la mayoría de locales se preparan monjes o monjas, no son para ayudar a los pobres.

  5. Los refugios de la Madre Teresa usualmente sólo ayudan a los niños si sus padres firman una forma de renuncia a su patria potestad y la ceden a favor de la organización.

  6. La Madre Teresa afirmaba continuamente que sus clínicas para la familia natural prevenían embarazos no deseados, pero los números que reportan no son reales.

  7. La Madre Teresa enseñaba insistentemente que el sufrimiento era bello si se evocaba el sufrimiento de Cristo; sin embargo, cuando enfermaba, sólo se internaba en exclusivos y lujosos hospitales para tratarse.

  8. El hospicio en Calcuta por el que la Madre Teresa obtuvo amplio reconocimiento, y el cual salía en reportajes y documentales, era muy pequeño; sólo tenía 80 camas y proporcionaba un servicio médico mínimo, muy elemental. Mientras ella vivió, las agujas eran recicladas, todos los pacientes eran obligados a llevar la cabeza rasurada, se prohibía recibir visitas y los analgésicos casi no eran usados. Las enfermeras no hablaban el idioma de la gente y no se involucraban en el cuidado de los pacientes. Esta labor siempre fue realizada por voluntarios.

  9. La Madre Teresa a menudo aceptaba dinero de fuentes sumamente sospechosas y oscuras, la más notable de las cuales era la de Charles Keating, quien causara el fraude masivo en el sistema de cajas de ahorro y préstamos de los Estados Unidos, y es considerado un notorio ladrón por la prensa crítica de su país.

No somos monjas ni doctoras, somos religiosas

Chatterjee cita a la Madre Teresa, quien decía: "No somos monjas, no somos doctoras, no somos maestras, no somos trabajadoras sociales. Somos religiosas, somos religiosas, somos religiosas".

Y sin embargo, la Madre Teresa es tomada como humanitaria y como una mujer santa que dedicó su vida a los pobres. Nada más alejado de la verdad.

¿Cómo es vista en Calcuta la organización de las monjas de los tres galones azules en el uniforme? Como mundialmente famosas y como las que tienen mayor cantidad de dinero.

Pero, ¿cuánto dinero exactamente? Esto ha sido guardado como un secreto de estado por el Ministerio de Finanzas de la India, encargado de supervisar a las organizaciones de caridad, probablemente para no enemistarse con el poderoso Vaticano.

La revista alemana Stern intentó hace unos años conseguir la información, pero el Ministerio rechazó la solicitud arguyendo que era 'información clasificada'.

No conforme con eso, Stern intentó averiguar el estado financiero de la organización en Alemania, donde tiene 6 ramales. 'No es asunto que le concierna a nadie el saber cuánto dinero tenemos', dijo el jefe de las operaciones de la orden en Alemania.

Pero la verdad siempre acaba por saberse. Maria Tingelhoff, una voluntaria alemana que tuvo el manejo contable de la organización en 1981, recuerda: "Solíamos obtener al menos 3 millones de marcos anuales". Pero la Madre Teresa nunca confió por completo en los auxiliares seglares. "Por supuesto que ignoro cuánto dinero realmente ingresó en los años posteriores, pero deben haber sido fácilmante varias veces esa cantidad de 3 millones. La Madre siempre se mostró muy complacida por los donativos de los alemanes."

Ríos de Dólares

La rama más lucrativa de la organización es la del Espíritu Santo en el Bronx de Nueva York.
Susan Shields sirvió en la orden durante nueve años y medio como la hermana Virgen. "Nos pasábamos la mayor parte del tiempo esciribiendo cartas de agradecimiento y procesando cheques", reveló Shields. "Cada noche, cerca de 25 hermanas debían invertir muchas horas en preparar los recibos para los donativos. Era como una correa de producción en una fábrica; mientras unas hermanas tecleaban, otras hacían la lista de las cantidades, metían las cartas en los sobres o clasificaban los cheques. Las cantidades oscilaban entre 5 y 100 dólares. Los donantes a menudo dejaban en la puerta los sobres llenos con dinero. Antes de la Navidad, el flujo de donativos era incontrolable. El cartero traía sacos llenos de cartas y los cheques de 50,000 dólares no eran nada extraños".

La hermana Virgen recuerda que en un año había algo así como 50 millones de dólares en una sola cuenta de banco en Nueva York. ¿50 millones de dólares en un país protestante? ¿Cuánto estarían entonces recolectando en Europa o en el resto del mundo, en países con gran población católica? Se calcula conservadoramente que recogían al menos 100 millones de dólares cada año, y eso ha estado sucediendo durante muchos años.

Los Gastos Secretos

Así como los ingresos de la orden son secretos, los gastos son igualmente misteriosos. La orden difícilmente tiene en qué gastar tanto dinero. Sus establecimientos son tan pequeños y llaman tan poco la atención, que aun los vecinos tienen problemas para dar con ellos. La mayor parte de las veces, un "Hogar de la Madre Teresa" es tan sólo una vivienda para las hermanas, sin funciones de caridad. No se brinda ahí asistencia de ninguna clase.

Pero además de los donativos en dinero, la orden a menudo recibe donativos en especie. Cajas y cajas de medicinas arriban diariamente a los aeropuertos de la India. Granos y leche en polvo donados de todo el mundo, arriban en contenedores al puerto de Calcuta. Donaciones de ropa provenientes de Europa y los Estados Unidos llegan en cantidades inimaginables. En las esquinas de Calcuta, comerciantes pueden ser vistos vendiendo ropa con etiqueta occidental por 25 rupias (un poco más de 1 dólar) la pieza. Muchos de ellos gritan: "¡Camisas de la Madre, pantalones de la Madre!"

Al contrario de otras organizaciones de caridad, las Misioneras de la Caridad gastan muy poco en su propia administración, puesto que funciona prácticamente sin costos. Hermanas de 150 países forman la fuerza de trabajo más preciada de todas las operaciones multimillonarias. Habiendo tomado votos de pobreza y obediencia, trabajan sin paga, apoyadas por 300,000 ciudadanos auxiliares de buena fe.


Todo Gratis

La Madre Teresa veía como un derecho divino el no tener que pagar nunca por nada. Una vez, en Londres, compró en un supermercado despensa y comida para sus monjas por 500 libras esterlinas. Cuando se le dijo que tenía que pagar en la caja, la diminuta y aparentemente inofensiva monjita manifestó su temperamenteo balcánico y gritó: "¡Esto es para la obra de Dios!" Armó tanto escándalo y por tanto tiempo, que un hombre de negocios en la cola terminó por pagar la cuenta de la iracunda monja.

¿Dónde va Tanto Dinero?

En Inglaterra, país no católico, las autoridades se muestran más rígidas con la orden.

Por eso fue posible saber que cada año, de acuerdo con las declaraciones de la orden ante las autoridades fiscales británicas, una parte de la fortuna que maneja es enviada a cuentas de la orden en otros países. Cuánto y a qué países, no aparece en la declaración.

Destino Vaticano

Pero uno de los receptores, sin embargo, es siempre Roma. La fortuna de la famosa organización de caridad es controlada por Roma... desde una cuenta del Banco del Vaticano. Y lo que sucede con los dineros en el Banco del Vaticano, es tan secreto que se sospecha que ni siquiera Dios pareciera saberlo.

Pero una cosa sí es segura: Los dispensarios de la Madre Teresa en los países pobres no se benefician de la generosidad de los países ricos.

La biógrafa oficial de la Madre Teresa, Kathryn Spink, escribe: "En cuanto las hermanas se establecen en cierto país, la Madre Teresa les retira todo apoyo financiero". Por consiguiente, las ramas de la orden en los países más necesitados, sólo reciben un apoyo inicial.

La mayor parte del dinero, permanece en el Banco del Vaticano listo para financiar los lucrativos créditos que decide la cúpula cardenalicia.

La orden se ha rehusado a contestar peticiones por escrito acerca de dónde se encuentra el dinero de los donativos.

"Debería usted visitar el Hogar en Nueva York, así entendería lo que sucede con los donativos." musita Eva Kolodziej. Esta dama polaca fue Misionera de la Caridad durante cinco años. "En la bodega del sótano del refugio para indigentes, hay muchos libros valiosos, joyería y oro. ¿Qué hacen con ellos? Las hermanas los reciben con sonrisas y los guardan. Mucho de esto ahí queda sin servir y para siempre."

Los millones en efectivo que son donados a la orden tienen un destino similar. Susan Shields (antes la Hermana Virgen) dice: "El dinero no era utilizado indebidamente, pero la mayor parte no se usaba en lo absoluto. Cuando hubo hambruna en Etiopía, numerosos cheques llegaron marcados 'para los hambrientos en Etiopía'. Una vez le pregunté a la hermana que estaba a cargo de las cuentas, si debería sumar los cheques y enviar el total a Etiopía. La hermana me contestó: 'No, nosotras no enviamos dinero a Africa.' Pero aún así, yo continué haciendo recibos para los donantes 'Para Etiopía'".

Para la mente de las hermanas, las finanzas son camino de una sola vía. "Siempre se nos dijo que el hecho de que recibiéramos más que otras órdenes, mostraba que Dios amaba más a la Madre Teresa" dice Susan. Donativos y cuentas gordas son, para ellas, la medida del amor de Dios. Para ellas, recibir es más sagrado que dar.

Los que padecen son aquellos a quienes originalmente fueron dedicados los donativos.

Una vez, como Susan recuerda, los auxiliares cometieron un error de organización, así que no repartieron pan con las comidas. Las hermanas preguntaron a la monja superiora si podrían comprar el pan. "Ni pensarlo... somos una organización pobre", fue la respuesta. "Al final del día, los pobres no recibieron su pan", dice Shields, quien muchas veces comprobó casos similares. Una niña no llegó a su primera comunión porque su madre no pudo comprarle su vestido blanco, así que tuvo que esperar al año siguiente, pero conforme se acercaba la fecha, se presentó de nuevo el mismo problema. Susan (la Hermana Virgen) le preguntó a la madre superiora si la orden podría comprarle su vestido blanco a la niña. Una vez más, su petición fue rechazada de mala manera. La niña, hoy una mujer, nunca efectuó su primera comunión.

Pobres entre los Pobres

Debido al rigor de la opulenta orden, los 'pobres entre los pobres', los huérfanos en la India, son los que más sufren.

Como de costumbre, los costos para el funcionamiento de la casa hogar no son solventados por la orden, sino por los futuros padres adoptivos.

En esa casa hogar, a veces 2 ó 3 niños se recuestan en un mismo catre, en cuartos atestados, donde no queda un centímetro cuadrado para que jueguen. Una organización con una fortuna billonaria, que tiene el triple de dinero que el presupuesto total de UNICEF, ¿no puede comprar más catres y construir orfanatos decentes, con su propia área de juegos?

Desde luego, las Misioneras de la Caridad tienen dinero más que suficiente no sólo para construir una buena cantidad de orfanatos en Calcuta, sino para ayudar a miles de huerfanitos que luchan por sobrevivir en las calles de Calcuta, Bombay y Nueva Delhi.

Ahorrar, en la filosofía de la Madre Teresa, es un valor fundamental por sí mismo. Plena de orgullo, ella decía que las Misioneras de la Caridad eran 'la más desorganizada organización en el mundo entero'. No se permiten computadoras, máquinas de escribir o fotocopiadoras, las que aun cuando son generosamente donadas, no se permite su instalación. Para llevar su contabilidad, las hermanas usan libretitas escolares, en las que apuntan con lápiz amontonadas cantidades hasta que se llenan. Entonces todo es borrado y la libretita se vuelve a usar. Todo con tal de ahorrar.

Para operar como un sistema eficiente de caridad, hubiera sido inteligente entrenar a las monjas para convertirse en enfermeras, maestras o administradoras. Pero las Misioneras de la Caridad nunca son entrenadas para nada más que ser monjas.

Aun cuando las Misioneras de Cristo de la Madre Teresa han cesado la ayuda para los hambrientos en Etiopía y los huérfanos en la India —a pesar de haber recibido donativos en su nombre—, hay otros más que están siendo activamente dañados por la ideología de la desorganización que priva en la organización.

En 1994, Robin Fox, editor de la prestigiosa revista médica inglesa The Lancet, en un comentario sobre las catastróficas condiciones prevalecientes en los hogares de la Madre Teresa, sacudió al mundo de los profesionistas al decir que cualquier operación sistemática era ajena en el manejo de los hogares en la India. Los pacientes con tuberculosis no eran aislados, y las jeringas eran lavadas en agua tibia antes de ser reutilizadas. Aún a los pacientes con dolores insoportables les eran negados analgésicos poderosos, no porque la orden careciera de ellos, sino por principio.

"El Más Bello Regalo para una Persona es que Pueda Participar del Sufrimiento de Cristo"

Esto era un lema para la Madre Teresa. Una vez trató ella de aliviar a un paciente que aullaba de dolor. "Tú estás sufriendo, lo que significa que Jesús te está besando". El sufrido paciente le gritó, furioso: "¡Pues dile a tu Jesús que deje de besarme!"

El médico inglés Jack Preger trabajó una vez en el hogar para moribundos. Él dice: "Si uno quiere dar amor, comprensión y cuidado, uno debe usar agujas estériles. Esta es probablemente la orden más rica del mundo. Muchos de los que mueren ahí no tendrían por qué estar muriendo, hablando en estricto sentido médico". El periódico británico Guardian describió el hospicio como "una desorganizada forma de negligencia asistencial".

Y todo parece indicar que el cuidado médico para los huérfanos no es mejor. En 1991 el director de Pro Infante en Alemania envió un boletín a los padres adoptivos en su país:

"Por favor, revisen la vigencia de las vacunas en sus hijos. Creemos que en algunos casos han sido vacunados con vacunas caducadas, o que han sido inutilizadas por el almacenamiento defectuoso".

Todo esto apunta a una cosa, algo en lo que la Madre Teresa reiteraba con mucha frecuencia en sus discursos, y era que le preocupaba mucho más la vida después de la muierte que esta vida mortal humana.

El Dinero como Forma de Acallar las Conciencias

Y el negocio de la Madre Teresa era muy sencillo: Dinero para acallar las conciencias. Quienes se beneficiaban al máximo con este esquema eran los donantes... se sentían muy bien. ¿Se beneficiaban de alguna manera los pobres? Difícilmente.

Quienes llegaron a creer que la Madre Teresa quería cambiar al mundo, eliminar el sufrimiento o combatir la pobreza, sencillamente deseaban creerlo por su propia cuenta. Esa gente no la escuchó nunca con atención. Ser pobre, el sufrimiento como meta, eran casi como una ambición o un logro para ella, y ella le impuso esta visión de las cosas a quienes tenía a su cuidado. Su meta final era el Más Allá.

Ya con fama mundial, la fundadora de la orden tuvo plena consciencia de los malentendidos sobre los cuales la fama de la Madre Teresa se había construido. Ella personalmente escribió las siguientes breves palabras que colgó afuera del Hogar de la Madre, en Calcuta:

"Decidles que no estamos aquí para trabajar, estamos para Jesús. Somos religiosas por encima de todo. No somos trabajadoras sociales, no somos maestras, no somos doctoras. Somos monjas".

Estas palabras, mejor que ninguna otra, definen a la que fuera la Madre Teresa.

 

 Tomado de Blogotitlan



¿Por qué detesto a la madre Teresa de Calcuta?


http://4.bp.blogspot.com/_mgmMM5l6YNI/THdPgp4EFjI/AAAAAAAAA6o/FzqkQ8MwI8A/s1600/madre+Teresa+de+Calcuta.jpgEl 26 de agosto, fecha del natalicio de la madre Teresa de Calcuta, es propicio para reflexionar sobre el lado verdadero de esta carismática y mediática monja.
 
El escritor Martín Caparrós, muestra a una mujer que consentía el dolor humano como experiencia para la salvación. Ella nunca proporcionó ayuda médica, ni creó una clínica a pesar de los millones que le llovieron. Tampoco criticó al sistema que generaba tanta pobreza, y se opuso a los métodos anticonceptivos en un mundo donde la sobrepoblación genera hambre y pobreza.
 
Algo me molestó desde el principio. Llegué al moritorio de la madre Teresa de Calcuta, en Calcuta, sin mayores prejuicios, dispuesto a ver cómo era eso, pero algo me molestó. Primero fue, supongo, un cartel que decía "Hoy me voy al cielo" y, al lado, en un pizarrón, las cifras del día: "Pacientes: hombres: 49, mujeres: 41. Ingresados: 4. Muertos: 2". En el pizarrón no existía el rubro "Egresos". En el moritorio de la madre Teresa, su primer emprendimiento, la base de todo su desarrollo posterior, no hay espacio para curaciones.

La señorita Agnes Gonxha Bojaxhiu, también llamada Madre Teresa de Calcuta, consiguió en sus últimos veinticinco años una fama y un apoyo internacional extraordinarios. Le llovieron medallas, donaciones, premios, subvenciones, todo tipo de dinero para que ayudara a los pobres del mundo. La señorita Bojaxhiu nunca hizo públicas las cuentas de su orden pero se sabe, porque ella se jactó de eso muchas veces, que fundó, con ese dinero, alrededor de quinientos conventos en cien países. Pero no fundó una clínica en Calcuta.

Hay un par de ideas fuertes detrás de todo eso. Sobre todo, la idea de que la vida —ellos dirían "esta vida", como si hubiera muchas— es un camino hacia otra, mejor, más cerca del Señor: si no fuera así, a nadie se le ocurriría dedicarse a que esa gente muriera mejor y, quizás, en cambio, pensarían en mejorar sus vidas. Y la idea de que el sufrimiento de los pobres es un don de Dios: "Hay algo muy bello en ver a los pobres aceptar su suerte, sufrirla como la pasión de Jesucristo —dijo la madre Teresa—. El mundo gana con su sufrimiento".

Por eso, quizás, la religiosa les pedía a los afectados por el famoso desastre ecológico de la fábrica Union Carbide, en el Bhopal indio, que "olvidaran y perdonaran" en vez de reclamar indemnizaciones. Por eso, quizás, la religiosa fue a Haití en 1981 para recibir la Legión de Honor de manos de Baby Doc Duvalier —que le donó bastante plata— y explicar que el tirano "amaba a los pobres y era adorado por ellos". Por eso, quizás, la religiosa fue a Tirana a poner una corona de flores en el monumento de Enver Hoxha, el líder estalinista del país más represivo y pobre de Europa.

Pero quizá no fue por eso que salió a defender a Charles Keating. Keating era un buen amigo de los Reagan —que recibió a la religiosa más de una vez— y uno de los mayores estafadores de la historia financiera norteamericana: el fulano que se robó, por medio de una serie de maniobras bancarias, 252 millones de dólares de pequeños ahorristas. Keating le había donado a la religiosa 1.250.000 dólares y le solía prestar su avión privado. Cuando lo juzgaron, la religiosa mandó una carta pidiendo la clemencia del tribunal para "un hombre que ha hecho mucho por los pobres". Fue enternecedor. Pero cuando el fiscal le pidió que devolviera la plata que Keating le había dado —robada a los pequeños ahorristas—, la religiosa no se dignó contestar nada.

En el moritorio de Calcuta, la sala de los hombres tiene quince metros de largo por diez de ancho. Las paredes están pintadas de blanco y hay carteles con rezos, vírgenes en estantes, crucifijos y una foto de la señorita también llamada madre con el papa Wojtyla. "Hagamos que la iglesia esté presente en el mundo de hoy", dice la leyenda.

En la sala hay dos tarimas de material con mosaicos baratos, que ocupan los dos lados largos: sobre cada tarima, quince catres; en el suelo, entre ambas, otros veinte. Los catres tienen colchonetas celestes, de plástico celeste, y una almohada de tela azul oscuro; no tienen sábanas. Sobre cada catre, un cuerpo flaco espera que le llegue la muerte.

El moritorio de la madre Teresa está al lado del templo de Khali y sirve para morirse más tranquilo, dentro de lo que cabe. La madre Teresa lo fundó en 1951, cuando un comerciante musulmán le vendió el caserón por muy poco dinero porque la admiraba y dijo que tenía que devolverle a dios un poco de lo que dios le había dado. Desde entonces, los voluntarios recogen en la calle moribundos y los traen a los catres celestes, los limpian y los disponen para una muerte arregladita.

—Los de las tarimas están un poco mejor y puede que alguno se salve.

Me dice Mike, un inglés de 30 con colita, tipo bastante freakie, que se empeña en hablarme en mal francés.

—Los de abajo son los que no van a durar; cuanto más cerca de la puerta, peor están.

En la sala se oyen lamentos pero tampoco tantos. Un chico —quizás sea un chico, quizás tenga 13 ó 35— casi sin carne sobre los huesos y una bruta herida en la cabeza grita Babu, Babu. Richard, grande como dos roperos, rubio, media americana, maneras de cura párroco en Milwaukee, comprensivo pero severo, le da unos golpecitos en la espalda. Después le lleva un vaso de lata con agua a un viejo que está al lado de la puerta. El viejo está inmóvil y la cabeza le cuelga por detrás del catre. Richard se la acomoda y el viejo repta con esfuerzo para que le cuelgue otra vez.

—Este está muy mal. Entró ayer y lo llevamos al hospital pero no lo aceptaron.

—¿Por qué?

—Por dinero.

—¿Los hospitales no son públicos?

—En los hospitales públicos te dan cama para dentro de cuatro meses. No sirve para nada. Nosotros tenemos una cuota de camas en un hospital privado cristiano, pero ahora las tenemos todas ocupadas, así que cuando fuimos nos dijeron que no. Acá no estamos en América; acá hay gente que se muere porque no hay cómo atenderla.

Richard me cuenta sobre uno que entró hace un mes con una fractura en la pierna: no lo pudieron atender y se murió de la infección. Y está dispuesto a seguir con más casos. Parece que acá no es tan raro que alguien se muera antes de los últimos esfuerzos.

—No podemos curarlos. No somos médicos. Tenemos un médico que viene dos veces por semana, pero tampoco tenemos equipos ni ciertos remedios. Lo que hacemos es confortarlos, cuidarlos, darles afecto, ofrecerles que se mueran dignamente.

Hay algo que me suena raro en todo esto. Richard le acaricia la cabeza al que insiste en colgarla; más allá, Mike le sostiene la mano a uno con un vendaje que le atraviesa el pecho. Los acompañan: no tienen un idioma común así que no pueden hablarse, o quizás no ganarían nada con hablarse. Richard va a buscar una sábana para tapar al viejo de cabeza colgante. Hace solo 35 grados y el viejo tiene frío. En Chicago, Richard estudia Medicina, pero ahora dice que no sabe si va a poder volver a soportar aquello. Y dice que tampoco podría soportar esto todo el tiempo, pero que no soportaría ser doctor y no atender a estos tipos. A veces llega un punto en que soportar es muy difícil. Richard es un Clark Kent buenazo con mentón imponente y es muy católico, familia de irlandeses, y dice que dios le va a decir qué hacer.

—O sea que no hay ninguna posibilidad de que lo atienda un médico.

—No.

-¿Y entonces?

—Y entonces se va a morir hoy o mañana.

Richard lo dice como quien dice: llueve. O incluso: quizás llueva. Debe ser difícil pronunciarlo así.

La señorita Agnes Gonxha Bojaxhiu, también llamada Madre Teresa de Calcuta, nunca se privó de dar sus opiniones. En Irlanda, por ejemplo, en 1995, un referéndum sobre el divorcio encendía pasiones. Irlanda era el último país de Europa sin divorcio, y los márgenes se anunciaban estrechos. Entonces la religiosa —que no tenía nada que ver con Irlanda— participó de la campaña pidiendo el voto en contra. Los divorcistas ganaron con el 50,3 por ciento. Pocos meses después, su nueva amiga, lady Diana Spencer, se divorció, y una periodista le preguntó qué opinaba. La señorita no tenía problemas: "Está bien que ese matrimonio se haya terminado, porque nadie era realmente feliz", dijo.

La señorita sabía aprovechar el halo de santidad que la rodeaba: los santos pueden decir lo que quieran, donde y cuando quieran. Todo está justificado por el halo. Y ella usaba esa bula para llevar adelante su campaña mayor: la lucha contra el aborto y la contracepción. Lo dijo muy claro en Estocolmo, 1979, mientras recibía el Premio Nobel de la Paz: "El aborto es la principal amenaza para la paz mundial". Y, para no dejar dudas: "La contracepción y el aborto son moralmente equivalentes".

En septiembre de 1996, el Congreso norteamericano le dio el título de ciudadana honoraria. Era la quinta persona en la historia que la conseguía. Dos años antes había organizado, en ese mismo recinto, una "plegaria nacional" ante Clinton, Gore y compañía. Ese día, su discurso fue belicoso: "Los pobres pueden no tener nada para comer, pueden no tener una casa donde vivir, pero igual pueden ser grandes personas cuando son espiritualmente ricos. Y el aborto, que sigue muchas veces a la contracepción, lleva a la gente a ser espiritualmente pobre, y esa es la peor pobreza, la más difícil de vencer", decía la religiosa, y cientos de congresistas, muchos de los cuales no estaban en contra de la contracepción y el aborto, la aplaudían embelesados. En su Calcuta, en la India, en muchos otros países, la superpoblación es causa principal del hambre y la miseria, y sus autoridades toman todo tipo de medidas para limitarla.

"Yo creo que el mayor destructor de la paz hoy en día es el aborto, porque es una guerra contra el niño, un asesinato del niño inocente. Y si aceptamos que una madre puede asesinar a su propio hijo, ¿cómo podemos decirles a otras gentes que no se maten entre ellos? Nosotros no podemos resolver todos los problemas del mundo, pero no le traigamos el peor problema de todos, que es destruir el amor. Y eso es lo que pasa cuando le decimos a la gente que practique la contracepción y el aborto".

Las jerarquías católicas lo dicen siempre, pero dicho por ella es mucho más eficaz. Aquella tarde, el cardenal James Hickley, arzobispo de Washington, lo explicó clarito: "Su grito de amor y su defensa de la vida nonata no son frases vacías, porque ella sirve a los que sufren, a los hambrientos y los sedientos...". Para eso, entre otras cosas, servía la religiosa. Por eso, entre otras cosas, su proceso de beatificación vaticana fue el más rápido de la historia de una institución que no suele apresurarse —que puede tardar, por ejemplo, cuatro siglos en pedir perdón por apretar a Galileo Galilei o asesinar a Giordano Bruno y tantos otros.

Así que ahora la señorita Agnes Gonxha Bojaxhiu —lo que quede de ella— debe estar en el paraíso de los beatos, un poquito más abajo del paraíso de los santos, con apenas menos felicidad eterna y menos olor a incienso y mirra y menos intimidad con su Señor pero bastante, pese a todo. La señorita fue una militante muy eficaz de una causa muy antigua: la del conservadurismo católico. Y fue, en el mejor de los casos, una versión mediática y actual del viejo modelo de la dama de caridad: aquella que se dedica a moderar los males causados por un orden que nunca cuestiona o que, en realidad, refuerza. Gracias a esos medios, al aparato de difusión de Roma, la señorita quedó instituida como gran encarnación actual del viejo mito de la bondad absoluta.

Todos —los países, los grupos de amigos, los equipos de voleibol, los grupos de tareas— necesitan tener un Bueno: un modelo, un ser impoluto, alguien que les muestre que no todo está perdido todavía. Hay Buenos de muchas clases: puede ser un cura compasivo, un salvador de ballenas, un anciano ex cualquier cosa, un perro, un médico abnegado, un pederasta con buena verba en púlpito: en algo hay que creer. El Bueno es indispensable, una condición de la existencia. Y el mundo se las arregla para ir buscando Buenos, entronizarlos, exprimirlos todo lo posible. Así que, pese a que algunos intentamos contar un poco de su historia, nadie lo escucha: es mejor y más cómodo seguir pensando que la señorita era más buena que Lassie. La señorita Agnes Gonxha Bojaxhiu, también llamada Teresa de Calcuta, consiguió ser la Buena Universal. Y consiguió, incluso, lo más difícil que puede conseguir una persona, un personaje: entrar en el lenguaje como síntesis o símbolo de algo. Decimos un Quijote cuando queremos hablar de un héroe destartaladamente franco; decimos un Craso cuando tratamos de definir a alguien riquísimo; decimos —desde hace unos años empezamos a decir— una madre Teresa cuando queremos significar que alguien es realmente bueno. Y así ha quedado registrada en nuestra cultura la señorita también llamada madre, amiga de tiranos y estafadores, militante de lo más reaccionario, facilitadora de la muerte.

¿Y usted qué opina?

Publicado por Ferney Yesyd Rodríguez en Blog Sin Dioses

Fuente: insurrectasypunto

Tomado de Semanario Alternativas


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