La mano invisible.

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

 

Enviado por Yoni Romero-

 

Voy a intentar traducir este artículo, que me parece genial de un hombre brillante como pocos en este planeta.

Frei Betto- es un fraile franciscano de Brasil de la Orden Domínica de vasta trayectoria como militante social, como intelectual, etc. Preso y perseguido por la dictadura militar brasileña, vivió y desarrolló su actividad social en la Favela (suburbio de San Pablo). Organizó con mucho éxito a las “comunidades eclesiásticas de base” en un proyecto emancipador. Amigo de Lula da Silva quien en su primer mandato, le pidiera que coordinara el programa “fome cero” y el con mucho orgullo se encargó de organizar y coordinar el programa para atender a nada menos que unos 45 millones de brasileños que padecían esa situación, pero luego de 2 años al frente del programa, renunció y cito textual sus razones:

 

 

Lula me invitó a trabajar con los más pobres de los pobres, los hambrientos (es decir, con cerca de 45 millones de personas). [...] Pero después de dos años hubo un cambio en el programa: lo que era un programa emancipatorio, con el tiempo se fue transformando en un programa electoralista. [...] Con el tiempo se descubrió que conviene mantener a las familias en la dependencia permanente del gobierno porque esto resulta en más votos en las elecciones. Esa descaracterización de un programa emancipatorio hacia un programa asistencialista, me hizo dejar el gobierno. “ 



La fecha de publicación del artículo  A MAO INVISÍVEL, tiene una significación un poco distinta para mí, aunque ello no sea lo importante, claro está. Alrededor del 7/12/2009, algún médico me había, prácticamente, firmado el certificado de defunción, pero por suerte algún tiempo después, hoy a casi dos años 8/11/11 puedo estar realizando este pequeño esfuerzo para contribuir a que otros (amigos) interesados como yo, puedan acceder con mayor facilidad a este documento.

 

LA MANOINVISIBLE.  

 7/12/2009

Frei Betto. 

 

Desde niño tengo, como todo el mundo, mis miedos. Ya fueran mayores: miedo de ver a mi padre enojado, de ser obligado a comer “jiló”, de sacar cero en la prueba de matemática. Miedo sobre la dictadura, de verme sorprendido por una patrulla policial. Miedo sobre la intensidad de la lluvia, de que mi ranchito en la favela, erguido a la orilla de un precipicio, fuese llevado por las aguas.

mano-invisible.gifHoy, colecciono otros miedos. Uno de ellos, miedo de la mano invisible del Mercado. Es más, de lo que es invisible sólo no temo a Dios. Temo bacterias y extraterrestres. Las primeras, combato con antibióticos – término inapropiado, pues significa “contra la vida”, en tanto nos inoculamos para favorecerla.

En cuanto a los extraterrestres, me quedé menos temeroso al saber que el más largo alcance en el espacio conseguido por nuestra tecnología es afectado por las emisiones televisivas. Con certeza al captarlas, los exploradores interplanetarios llegaron a la conclusión de que en la tierra no hay vida inteligente…

Vuelvo a la mano invisible del mercado. Dónde la mete? De preferencia en nuestro bolsillo. En especial, en el de los más pobres. Ella es invisible porque sinvergüenza, como todo delito es practicada a las escondidas. Por ejemplo, el Mercado practica extorsión en el bolsillo de los más pobres a través de los impuestos en los productos y servicios. Todo podría ser más barato si no fuera por esa mano boba que se entromete en lo que consumimos.

Ahora que el mercado entró en crisis – la burbuja que él infló estalló en su propia cara – dónde anda metiendo su mano invisible? La respuesta es visible: en el bolsillo del gobierno. En los EUA, el mercado, en los estertores de la administración Bush (de infeliz memoria), metió la mano en U$S 830 billones y ahora 900 billones de la recién impuesta administración Obama. Todo para meter esa fortuna en el bolsillo agujereado del sistema financiero.

Aún más, la mano invisible del Mercado ignora el bolsillo de los ciudadanos. Viciada, siempre beneficia el bolsillo de los ricos. Es el caso de Brasil. Ante la crisis (y de las próximas elecciones) el gobierno trata de “anabolizar o PAC”, de modo que la mano del mercado pueda abastecer, cuanto antes, el bolsillo de las prestadoras y de las empresas privadas encargadas de las obras.

Mi abuela me advertía: “Mira niño donde pones esa mano!” y me obligaba a lavarla antes de sentarme a la mesa. Creo que la mano del Mercado es invisible porque jamás se lava. Al contrario, lava dinero sin lavarse de la mugre de la que se impregna. Es lo que deduzco al leer la noticia de que, en los paraísos fiscales la liquidez de los grandes bancos fue asegurada, en los últimos años, gracias a los depósitos del narcotráfico.

La mano puede ser invisible, pero sus impresiones digitales no. Donde el Mercado pone su mano queda la marca. Sobretodo cuando saca la mano, dejando a su paso millones de desempleados, jugados en la calle y en la desesperanza, ahorcados por deudas astronómicas.

El Mercado es como un dios. Tu crees en él, le tienes fe, lo veneras, haces sacrificios para agradarlo, te sientes culpable cuando das un paso en falso en relación a él, aún que la culpa sea de él mismo, como en el caso de la compra de acciones que él te vendió prometiendo fortunas y , ahora, ellas valen una bagatela.

Como un dios, sólo se puede conocerlo por sus efectos: la Bolsa, el salario, la hipoteca, el crédito, la deuda, etc. El se manifiesta por medio de su creación, sin dejar verlo o ubicarlo. Nadie sabe exactamente la cara que tiene, ni el lugar donde se esconde, aunque sea omnipresente. Hasta en la vela que se vende en la puerta de la Iglesia el está presente. Y mete la mano, la famosa mano invisible, la temida mano invisible, esa mano más execrable que la de los tarados que la meten en el vestido de las mujeres paradas en los ómnibus.

No adelanta que grites “¡saca esa mano de ahí!” A pesar de que esa mano invisible manipule descaradamente nuestra calidad de vida, privilegiando a unos pocos y asfixiando a la mayoría, de ella nadie se libra. Como es invisible, no se la puede amputar. Sólo queda una salida: cortar la cabeza del Mercado. Pero eso es otra historia. Hoy les hablé de la mano. La cabeza queda para otro día.

 


En mi opinión: ¡¡brillantee!!

Yr.   

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