La niña cubana que habló claro y alto al agente de la CIA

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

Objetivo: Falsimedia
Jueves, 08 de Septiembre de 2011


Duración: 02:14

Basado en un texto de Raúl Antonio Capote en el blog "El adversario cubano"

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De recorrido por el centro de la Isla, René Greenwald y yo fuimos a almorzar al restaurante de la Torre de Iznaga, allí nos sorprendió una tormenta y al salir rumbo a Trinidad tomamos un camino equivocado y terminamos en el pueblo de Condado, no un fue viaje perdido porque disfrutamos de la belleza del Escambray, pero estábamos lejos del camino a Trinidad. En esas montañas se había desarrollado en los 60 la lucha contra las bandas de alzados que asesinaron a un centenar de personas. En total 214 crímenes es la estadística “heroica” de los mercenarios al servicio del enemigo, que nunca tomaron un pueblo, ni derrotaron a una unidad de combate.El Escambray nos rodeaba con sus lomas majestuosas, de una belleza sin par, con toda su historia, con todo lo que para mí significa ese lugar donde mis padres formaron parte de la gesta y recordaba a aquellos jóvenes de la Brigada Universitaria José Antonio Echevarría, estudiantes de la Universidad de  La Habana -escuchando sus historias me hice revolucionario-, ellos fueron el ejemplo más directo que tuve. En el Condado recogimos a una niña de unos 15 años que se dirigía a Trinidad, ella nos sirvió de guía y le dio tremenda lección a René. Modesta, sencilla, llena de gracia campesina, al hablarle René mal de la Revolución, respondió con palabras llenas de sentimiento el porqué era revolucionaria, impresionaba el nivel de aquella niña, la seriedad de su respuesta. René le preguntó de su escuela, de las asignaturas que estudiaba, de las esperanzas para el porvenir y aquella niña campesina habló con tal seguridad de su futuro, para ella era algo tan normal tener garantizados sus derechos fundamentales, hablaba con tanta sabiduría y pasión que emocionó al veterano agente de la CIA. Todo lo que usted ve aquí se hizo después de la Revolución, hasta la carretera por la que rueda este carro, se imagina usted, yo, hija de guajiros montañeses, nieta de guajiros alfabetizados por la Revolución en 1961,pienso ser médico y ya ni siquiera tengo que ir a Trinidad, ni a Sancti Spíritus porque acaban de construir un magnífico policlínico en la zona, un policlinico docente, dijo con pasión y siguió enumerando todo lo que el Socialismo ha dado a los habitantes del Condado.El remate fue cuando le habló mal de Fidel y ella rápida, sin pensarlo dos veces, le dijo, Fidel es el padre de todos los cubanos, su muerte sería la peor desgracia que nos podría ocurrir y no le permito a nadie que hable mal de él, entonces René le preguntó, si, pero si muere que va a pasar, nada, respondió ella, seguimos nosotros adelante. Escuchar a aquella niña hablar así, a aquella niña montañesa, a aquella guajirita cubana, hizo que sintiera una seguridad tremenda, fue como una inyección de optimismo, ella no sabe lo feliz que me hizo esa tarde, pensé, coño, esa es la gente por la que lucho, vale la pena entregarlo todo, hasta la vida si es necesario. Pensar lo que era el Condado y toda aquella zona antes del 59, ver lo que la Revolución había logrado, como había transformado aquello, hasta el punto que una niña campesina, vea como algo natural tener no uno, sino varios médicos en su pueblo cercano a las nubes, tener una escuela, tener un futuro.  Me dije tenemos que defender el sueño de esa niña a cualquier precio. Cuando llegamos a Trinidad el sacó la billetera y le ofreció dinero a la niña, para que se comprara algún regalo y ella firme le respondió, mis padres me enseñaron que no debía recibir dinero de extraños, pero además uno no puede aceptar dinero que no sea fruto del trabajo.Lesvia se llama la niña, que impactó tanto al Gran Amigo, que después de ese viaje, comenzó a usar su nombre como seudónimo en la comunicación entre nosotros. Bien educada, decente, valiente y muy bonita. La dejamos en Trinidad cerca de la casa de su tía, nunca la he olvidado, cuando peor se ponían las cosas, le recordaba y me daba fuerzas.

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