¿La racionalidad es enemiga de la religión? / Is rationality the enemy of religion?

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

Un provocador estudio que vincula la incredulidad religiosa con el pensamiento analítico requiere de un cuidadoso análisis por sí mismo, dice Philip Ball.

 Publicado el martes, 08 de mayo de 2012.
Autor: Philip Ball.Fuente: Nature.

 

Se incluye la traducción recogida en Globedia

El original, en inglés se encontrará al final.

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Los psicólogos Will Gervais y Ara Norenzayan no lo han hecho con maldad, pero su último trabajo sobre la psicología de las creencias religiosas seguramente aviven las llamas del debate.

Su estudio, que se publica en el ejemplar de esta semana de la revista Science1, ofrece pruebas de que cuando las personas adoptan un pensamiento analítico, es menos probable que expresen fuertes creencias religiosas. En otras palabras, cuanto más inclinado estés a pensar en un problema en lugar de a depender de tu instinto, menos probable es que te rindas a la creencia en agentes sobrenaturales.

Los autores, con sede en la Universidad de British Columbia en Vancouver, Canadá, dejan claro que no se pronuncian acerca del valor de la creencia religiosa, ni sugieren que dichas creencias sean inherentemente irracionales (mucho menos falsas). Parecen insistir en que ‘simplemente es una idea’.

Pero un descargo de responsabilidad tan honesto no evitará que algunos ateos aseveren que dicho estudio demuestra que la religión es el resultado de un razonamiento incorrecto, si no directamente de la estupidez, para la cual, la única cura, es una alta dosis de sobriedad analítica. (Mi experiencia es que parece haber una visión extremista, ya sea desde la religión o del lado contrario, que es el verdadero enemigo del pensamiento racional).

Lo valioso y estimulante que revela este estudio, no obstante, es la dificultad de someter la creencia religiosa al escrutinio científico. Es importante que hagamos el esfuerzo de hacerlo – en particular por comprender cómo y por qué la religión puede promocionar la ignorancia, intolerancia y el conflicto. El problema es que es casi imposible idear algún tipo de investigación de la ‘creencia religiosa’ per se, debido a que tiene en cuenta muchas formas y raramente consiste en un conjunto consistente y coherente de principios, incluso para un individuo en particular. Es como intentar estudiar qué hace a la gente ‘artística’ o ‘buena’.

Preparado y listo

 Por esto es por lo que las objeciones y advertencias en este estudio son tan obvias, aunque no menos pertinentes. El enfoque general de los investigadores fue poner a prueba a los voluntarios – en algunos casos estudiantes universitarios canadienses, en otros, como explica el artículo, una “muestra nacional (aunque no representativa) de adultos americanos reclutados a través de Internet”. Ambos conjuntos de voluntarios constituyen sólo una muestra limitada, como reconocen Gervais y Norenzayan.

Durante las pruebas, se implicó a los voluntarios en una tarea en la que subrepticiamente se provocaba el pensamiento analítico, o se les daba una tarea de control. Se les preguntaba si estaban de acuerdo con una serie de frases acerca de la religión, tales como “Creo en Dios” o “En realidad no paso mucho tiempo pensando sobre mis creencias religiosas”.

Estas pruebas de ‘preparación’ tuvieron distintos grados de sutileza. Una implicaba la observación de la famosa escultura de Rodin “El Pensador”, o para el grupo de control, una imagen visualmente similar pero muy distinta conceptualmente de un atleta griego clásico. Otra implicaba una prueba de ordenación de palabras, en la que las palabras podían estar o no asociadas con el pensamiento analítico (‘razón’, ‘reflexión’, etc.). Se sabe que dicha preparación puede provocar modos específicos de pensamiento; por ejemplo, mejorando el rendimiento en las pruebas analíticas2.

Uno de los atractivos de este enfoque es que puede decirnos algo sobre la causalidad. No se trata simplemente de examinar si los ateos tienen una mayor tendencia a pensar de manera analítica, sino a tratar de detectar si la promoción del pensamiento analítico aumenta la incredulidad. Aparentemente lo hace y, hasta ese punto, apoya la idea de que la preparación científica podría reducir la religiosidad.

Pero, ¿qué tipo de religiosidad? Los autores afirman que “se centran principalmente en la creencia y responsabilización de los agentes sobrenaturales aprobados por la religión” — examinaron las creencias en Dios, el demonio y los ángeles. Esto, por supuesto, ya asume un contexto judeo-cristiano, pero hay multitud de devotos creyentes que no tienen necesidad de ángeles o demonios, y algunos de ellos tal vez ni siquiera necesitan una creencia en Dios en el sentido tradicional cristiano (Max Planck era uno de tales ejemplos).

Esto apunta al problema clave, que es (o deberá ser) un dilema tanto para la propia religión como para los estudios científicos de la misma. Casi todas las cuestiones en el estudio de Gervais y Norenzayan se relacionan con la religión como una tradición popular – un aspecto del estilo de vida. Así es como se manifiesta en la mayor parte de culturas, pero apenas toca la religión como algo articulado por sus intelectuales más destacados: para la cristiandad, por ejemplo, filósofos como Tomás de Aquino, David Hume, Immanuel Kant y George Berkeley. La idea de que las creencias de esos individuos se habrían desvanecido de haber sido más analíticos es, divertida, sino algo más. Las conclusiones de Gervais y Norenzayan deberían ayudar a combatir la religión como un obstáculo indolente para unas mejores explicaciones del mundo natural. Pero no puede engancharse a la rica tradición de pensamiento religioso.


Artículos de Referencia:

Nature doi:10.1038/nature.2012.10539

1.- Gervais, W. M. & Norenzayan, A. Science 336,  493–496 (2012).

2.- Alter, A. L., Oppenheimer, D. M., Epley, N., Eyre, R. N. J. Exp. Psychol. 136,  569–576 (2007).

 

 

------------------------- TEXTO ORIGINAL EN INGLÉS --------------------------

Psychologists Will Gervais and Ara Norenzayan aren’t trying to make mischief, but their latest work on the psychology of religious belief is sure to fan the flames of debate.

Their study, published in this week's issue of Science1, offers evidence that when people engage in analytical thinking, they are less likely to express strong religious beliefs. In other words, the more you’re inclined to think a problem through rather than to rely on gut instinct, the less likely you are to capitulate to belief in supernatural agencies.

The authors, who are based at the University of British Columbia in Vancouver, Canada, are clear that they aren’t pronouncing on the value of religious belief, nor suggesting that such beliefs are inherently irrational (let alone that they’re untrue). 'We’re just saying', they seem to insist.

But such honest disclaimers won’t prevent some atheists from asserting that the study shows that religion is the result of bad reasoning, if not downright stupidity, for which the only cure is a hefty dose of analytical sobriety. (My experience is that it seems to be extreme views of any sort, whether religious or the opposite, that are the real enemy of analytical thinking.)

What this valuable and stimulating study reveals, however, is the difficulty of subjecting religious belief to scientific scrutiny. It is important that we make the effort to do so — not least to understand how and why religion may promote ignorance, bigotry and conflict. The problem is that it is nearly impossible to devise any investigation of ‘religious belief’ per se, because it takes so many forms and rarely consists of a coherent and consistent set of principles, even in a particular individual. It is like trying to study what makes people ‘artistic’ or ‘nice’.

Primed and ready

That is why the objections and caveats to this study are so obvious, albeit no less pertinent. The researchers’ general approach was to test volunteers — in some cases, Canadian undergraduates, in others, as the paper explains, a “nationwide (though nonrepresentative) sample of American adults recruited online”. Both sets of volunteers constitute only a limited sample, as Gervais and Norenzayan acknowledge.

During the tests, volunteers were either engaged in a task that surreptitiously elicited analytical thinking, or were given a control task. They were then asked if they concurred with a series of statements about religion, such as “I believe in God” or “I don’t really spend much time thinking about my religious beliefs”.

These 'priming' tests were of varying degrees of subtlety. One involved looking at Rodin’s famous sculpture The Thinker, or for the control group, a visually similar but conceptually dissimilar image of a classical Greek athlete. Another involved a word-sorting test, in which the words might or might not be associated with analytical thinking (‘reason’, ‘ponder’ and so on). It is well established that such priming can elicit specific modes of thought; for example, improving performance in analytical tests2.

One of the attractions of this approach is that it can say something about causation. One isn’t simply examining whether atheists have a greater tendency to think analytically, but trying to detect whether fostering analytical thought increases disbelief. Apparently it does, and to that extent, it supports the view that scientific training might reduce religiosity.

But what kind of religiosity? The authors state that they “focused primarily on belief in and commitment to religiously endorsed supernatural agents” — they examined beliefs in God, the devil and angels. That, of course, already assumes a Judaeo-Christian context, but there are plenty of devout believers who have no need of angels or the devil, and some who perhaps have no need of a belief in God in a traditional or Christian sense (Max Planck was one such example).

This hints at the key problem, which is (or ought to be) as much a quandary for religion itself as for scientific studies of it. Almost all of the questions in Gervais and Norenzayan's study related to religion as a literalist folk tradition — an aspect of lifestyle. This is how it manifests in most cultures, but that barely touches on religion as articulated by its leading intellectuals: for Christianity, say, philosophers such as Thomas Aquinas, David Hume, Immanuel Kant and George Berkeley. The idea that the beliefs of those individuals would have vanished had they been more analytical is, if nothing else, amusing. Gervais and Norenzayan’s findings should help to combat religion as an indolent obstacle to better explanations of the natural world. But it can’t really engage with the rich tradition of religious thought.

References

  1. Gervais, W. M. & Norenzayan, A. Science 336, 493496 (2012).

  2. Alter, A. L., Oppenheimer, D. M., Epley, N., Eyre, R. N. J. Exp. Psychol. 136, 569576 (2007).

 

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