La religión del Mal

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

 

Boris Kagarlitsky - 28 de julio 2011

Boris KagarlitskyMientras la izquierda discute con la derecha y los nacionalistas discuten con los pro-occidentales, una nueva ideología ha surgido en la sociedad con potencial para ganar la supremacía en la mente de las masas.

La gente ya no tiene fe en la potencia del libre mercado, y mucho menos en el gobierno. En lugar de todas las ideologías fracasadas de las últimas décadas, la gente está creyendo más bien en la teorías de la conspiración.

Esto no quiere decir que estas personas crean que hay conspiraciones detrás de cada acontecimiento o fenómeno específico. La teoría de la conspiración tiene que ver más bien con una nueva visión del mundo que supone que todas las manifestaciones sociales de importancia están siendo guiadas por una fuerza maligna, externa e inexorable.

Según esta teoría, una élite anónima utiliza los procesos políticos para manipular y controlar los comportamientos de las personas. La élite político-financiera desencadena revoluciones, organiza crisis económicas y el descontento social. En pocas palabras, controla el caos global.

Para los seguidores rusos de este tipo de teoría de la conspiración, Estados Unidos es el principal conspirador, independientemente de cuál sea el presidente que está en la Casa Blanca. Estos seguidores explotan 
 para sus propios fines el bagaje cultural acumulado durante la era soviética.


La diferencia es que la propaganda soviética crítica hacia Estados Unidos se centraba en la denuncia de los males del capitalismo, mientras que las críticas actuales sirven como excusa y coartada para la forma corrupta propia del capitalismo de Estado en Rusia.

No se habla de los defectos universales del capitalismo que afecta a Rusia y Occidente por igual, sino solamente de las malas intenciones de los estadounidenses que, por alguna razón, están supuestamente enviando la crisis económica y política
 a Rusia.


Los modernos creyentes en la teoría de la conspiración afirman que incluso las inundaciones, los tsunamis y los terremotos son obra de los conspiradores del mal.


Nos hallamos así ante la aparición de una nueva religión pagana. El mundo no se rige por la voluntad de un ser bueno y todopoderoso sino por muchas fuerzas oscuras en conflicto.

Es más, los seguidores de esta creencia sostienen que la única manera de contrarrestar esta amenaza no es combatir al mal con el bien, sino con otro mal que sea más poderoso.

¿Dónde está el secreto detrás del éxito impresionante de esta religión del mal? En que libera al hombre común de toda responsabilidad por su vida y acciones. No le prometo capacidad para influir en el curso de la historia, ni siquiera de ser el dueño de su propias acciones. En lugar de promover la idea de que las personas no son más que rebaños, este sistema de creencias es un resultado natural para las aquellas personas que ya se consideran en esa condición.

Esta creencia en una conspiración que todo lo abarca no sólo refuerza la tendencia de las personas a verse a sí mismos como poco más que rebaños, sino que también les permite un aire de satisfecha suficiencia de sí mismos para rechazar el pensamiento de la iluminación y la razón. Lo que es peor, consideran cualquier intento de cambiar la sociedad desde abajo, incluyendo la protesta social, como algo sin sentido.

Esta tendencia del pensamiento a que la gente se pacifique y racionalice su propia pasividad es lo que finalmente transforma completamente a la gente en rebaño.

Al modo de aquel chiste del psicólogo: "El tratamiento fue un éxito: El paciente continúa mojando la cama, pero ahora se siente orgulloso de hacerlo."

Boris Kagarlitsky es director del Instituto de Estudios de la Globalización.

 

Traducción Fernando Moyano

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