La resistencia de las mujeres suecas a la Defensa Civil (1935-1956)

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

Internacional de Resistentes a las Guerras (IRG-WRI) - Domingo.19 de junio de 2011

Por Majken Jul Sørensen, Internacional de Resistentes a la Guerra (WRI-IRG)

A inicios de 1956, una mujer llamada Barbro Alving pasó un mes en la cárcel por negarse a participar en un entrenamiento en defensa civil. Conocida con el sobrenombre de Bang, era escritora y una periodista conocida (entre muchas otras cosas, había sido la periodista que informó directamente sobre la Guerra Civil española en uno de los periódicos más importantes de Suecia). La condena representaba el final de un largo periplo. La primera vez que Barbro Alving se negó a participar en las tareas de formación en defensa civil había sido cuatro años antes, en 1954, cuando la convocaron a un entrenamiento en el escenario hipotético de un ataque aéreo. Tuvo que pasar por dos interrogatorios policiales antes de que emitieran el veredicto a fines de 1954. [1]

Ante el tribunal que juzgó su caso en Estocolmo, declaró:

Hay momentos en la vida cuando una acción que parece negativa –un “no”– puede ser positiva. Nuestras obligaciones en el tema de la defensa civil me sitúan en una posición conflictiva como mujer y como pacifista. Ninguna de las personas que estamos aquí podemos influir en absoluto en lo que se decide en Washington y Moscú, en Londres y Pekín. Pero sí somos responsables de lo que hacemos con nuestra propia vida. Y yo me he dado cuenta de que la única acción que mi conciencia me permite llevar a cabo es ayudar a promover la idea (con todo, compartida por millones de hombres y mujeres) de que debemos negarnos a participar en aquello que vaya contra la razón y que pueda apuntar a un suicidio de la humanidad. [2]

Su acción se producía en el contexto de después de la Segunda Guerra Mundial, cuando había aumentado la sensibilización de la población al tema de las devastadoras consecuencias que tendría una guerra nuclear, y la amenaza de una tercera guerra mundial –es el “suicidio de la humanidad” al que se refiere.

En un artículo que escribió sobre defensa civil en 1955 [3], su crítica a los entrenamientos para la defensa civil se centraba en la locura de la guerra nuclear, y en la falta de coherencia de las autoridades a la hora de explicar cuestiones de guerra y defensa. Explicaba que el que fuera obligatorio que las mujeres participaran en las fuerzas para la defensa civil demostraba que un sistema militar moderno no podía funcionar ya sin la activa participación de las mujeres. La guerra es ahora total, y la “defensa” también. Las mujeres, por tanto, deberían asumir la responsabilidad de reflexionar y determinar cuál sería su reacción más correcta ante un sistema absurdo que va contra toda razón. Si para las autoridades el escenario es de guerra total, la respuesta de Alving es objeción total: no participar en ningún tipo de entrenamiento relacionado con el sistema militar, además de rechazar radicalmente la lógica de la guerra total y de la defensa total.

Algunas de las críticas que recibió fueron que negándose a formarse en primeros auxilios estaba negándose a ayudar a las víctimas de la guerra. Respondiendo a esto, escribió:

Existe otro bloque de preguntas al que se enfrenta una objetora al servicio para la defensa civil. Pensemos en esto: ¿Qué harías si estallara la guerra? ¿Te cruzarías de brazos? ¿Qué harías si una persona herida cae a tus pies?

Ayudar –respondes.

Entonces ¿no sería mejor prevenir, para ser así mucho más eficaces? –con cierto tono triunfalista.

No –respondes–. Aquí hay dos cuestiones diferentes, sobre dos situaciones diferentes (…) En tiempos de paz aún disfrutamos de la libertad para decidir por qué cosas queremos luchar (…). Con todo el poder a tu disposición, luchas contra lo que tu conciencia más profunda te dice que no debería ser posible jamás: la guerra nuclear. Y eso se hace negándose a ser succionada por el sistema militar. No puedes, voluntariamente además, es decir, prestándote a participar en esos entrenamientos, ayudar a sostener el mito de que la guerra moderna es permisible en nombre de la defensa, cuando sabes por tu experiencia en la vida que la única manera de salvar vidas en situaciones difíciles es luchando contra la propia guerra. [4]

La negativa de Barbro Alving se basaba en creencias pacifistas que había mantenido a lo largo de varias décadas. Irene Andersson, historiadora sueca que escribió sobre Alving y el movimiento por la paz de antes de la Segunda Guerra Mundial, explica: “Pienso que la razón por la que Barbro Alving mantuvo su lucha contra la defensa civil en la década de los años cincuenta fue por la identidad como pacifista y objetora que se había forjado en las dos décadas anteriores”. [5]

En 1935 Barbro Alving participó en la organización del “Levantamiento mo armado de mujeres contra la guerra”, que generó una red informal en Suecia de pacifistas radicales. En aquel entonces ella tenía 25 años, y admiraba profundamente a Elin Wägner, otra periodista y escritora que desempeñó un papel fundamental en numerosas organizaciones e iniciativas por la paz en el país durante los años veinte y treinta, incluidos los entrenamientos para el Levantamiento No-armado. Wägner era pacifista radical; inspirada por Gandhi, convertía el pacifismo en una fuerza activa a través de la resistencia noviolenta a la guerra. Más de 20.000 mujeres suecas participaron de alguna manera en la acción. El 3 de agosto de aquel año, el Levantamiento No-armado apareció en la portada del semanario Tidevarvet, con texto de Elin Wägner. [6]

Esta declaración radical urgía a todas las mujeres suecas a negarse a participar en la maquinaria de la guerra rechazando la lógica de la defensa civil: se les pedía que se posicionaran personal y públicamente contra las máscaras de gas, los refugios antiaéreos y demás supuestos “métodos de protección”. Como en caso de un ataque con gas iba a ser imposible proteger a todo el mundo, las mujeres deberían negarse a salvarse a costa de otras personas. La declaración reflejaba el estado de las cosas entonces, donde los hombres controlaban los puestos de poder: si las mujeres se negaban a participar en entrenamientos de refugios antiaéreos y con máscaras de gas, esto influiría en que algunos hombres entraran en razón y se pusieran a trabajar por nuevas formas de coexistencia entre la gente, pues se darían cuenta de que era imposible defender a todo el mundo del tipo de armas que habían desarrollado.

Aunque la mayoría de las organizadoras del Levantamiento No-armado estaban afiliadas a diferentes grupos y organizaciones, acordaron firmar sólo en su nombre, y no como representantes de ninguna organización. La negativa tenía que ser necesariamente un acto de responsabilidad individual, de cada una de las personas, y no algo vinculado a ser parte de partidos políticos u organizaciones. Se pedía a las lectoras de la revista que nominaran a representantes para una asamblea, que sería el “Parlamento de un día” de las mujeres. La acción resultó tener mucho más seguimiento del esperado. Recibieron más de 700 nominaciones, y unas 80 mujeres salieron elegidas. La asamblea se celebró en Estocolmo el 1 de septiembre de 1935, sólo un mes después de la publicación de la declaración inicial. Había cuatro ponentes y a la acción seguiría un debate.

En su discurso Elin Wägner amplió los temas de su declaración. Entre muchas cosas, manifestó: “Toda ama de casa que se niegue a vaciar su ático, a proteger la madera con sustancias a prueba de fuego, a cubrir los suelos con una capa gruesa de arena, a sellar su despensa para evitar que entre el gas y proteger el congelador para evitar el envenenamiento de la comida, se habrá convertido automáticamente en una objetora, lo sepa o no”. [7] Al final de la jornada, la asamblea adoptó una resolución y se eligió una delegación para que viajara a Ginebra a presentar este texto en la Liga de las Naciones y en una reunión internacional de la Liga Internacional de las Mujeres por la Paz y la Libertad (conocida internacionalmente como WILPF, del inglés). El Levantamiento No-armado fue una respuesta a la militarización de la vida cotidiana, y al hecho de que, con nuevas armas como los gases químicos, ya no era posible distinguir entre el frente bélico y la población civil. Además, es posible ver las conexiones de esta acción con la obra griega Lisístrata, escrita por Aristófanes hace más de 2.000 años. La obra fue traducida al sueco en 1932, y estrenada en Estocolmo en 1934. [8] En ella, las mujeres se niegan a mantener relaciones sexuales con sus esposos hasta que éstos pongan fin a la guerra del Peloponeso.

En los años posteriores, tanto Babro Alving como Elin Wägner continuaron con su lucha contra la preparación de la guerra y contra la succión de la población civil por la maquinaria de la guerra. Sin embargo, a medida que se intensificaba el peligro de que estallara el conflicto, se fue haciendo más difícil encontrar apoyo entre las mujeres. En 1938 se había organizado un Entrenamiento General para el caso de bombardeo aéreo en la capital, Estocolmo. Babro Alving y Elin Wägner, con algunas mujeres más, hablaron de organizar una acción: abandonar la reunión en silencio, formando una manifestación que se dirigiera a otra parte de la ciudad, donde se finalizaría con la lectura de un manifiesto contra la preparación de la guerra. Sin embargo, como no encontraron apoyo con antelación, no lo intentaron.

Lo que sí consiguieron hacer fue incluir en la protesta contra la preparación de la guerra el tema emergente de cómo se trataba a la población refugiada en Suecia. Una proclamación llamada “Un acto que libera”, firmada por 50 personas, apareció en prensa el día después del ejercicio del bombardeo. En el texto manifestaban que el sistema de defensa civil que Suecia había decidido construir no generaba seguridad, ni reducía el miedo; de hecho, la inseguridad y el miedo eran consecuencia directa del sistema de la guerra. Proteger a la población refugiada, en contraste, sí era una obligación moral y sí que fortalecería la democracia y la confianza en la humanidad. Consecuentemente, hacían un llamamiento a que Suecia modificara sus políticas con la población refugiada. [9]

El siguiente extracto de la declaración del “Levantamiento no-armado de mujeres contra la guerra” (1935) sirve para ilustrar los análisis aportados por sus creadoras al movimiento pacifista sueco.

Gracias a Irene Andersson por su ayuda con el presente artículo. La traducción del sueco al inglés es de Majken Jul Sørensen.

Notas

[1] Andersson, Irene "En civilförsvarsvägran med rötter i 1930-talet" (Objetora a la defensa civil desde los años 30) en "När Alving blev Bang" (Cuando Alving se convirtió Bang), editado por Marcos Cantera Carlomagno, Historiska media, 2001 p. 33.

[2] Alving, Barbro (Bang), “Civilförsvaret” in “Hertha” 42(1955):3 p. 5.

[3] Alving, Barbro (Bang), “Civilförsvaret” in “Hertha” 42(1955):3 p. 5-6.

[4] Alving, Barbro (Bang), “Civilförsvaret” in “Hertha” 42(1955):3 p. 6.

[5] Andersson, Irene "En civilförsvarsvägran med rötter i 1930-talet" en "När Alving blev Bang", editado por Marcos Cantera Carlomagno, Historiska media, 2001 p. 42.

[6] Andersson, Irene "En civilförsvarsvägran med rötter i 1930-talet" en ”När Alving blev Bang”, editado por Marcos Cantera Carlomagno, Historiska media, 2001 p. 37.

[7] Wägner, Elin "Vad tänker du, mänsklighet" (En qué estáis pensando, especie humana), selección de Helena Forsås-Scott, Norstedts 1999.

[8] Andersson, Irene "Kvinnor mot krig – Aktioner och nätverk för fred 1914-1940" (Mujeres contra la guerra: acciones y redes por la paz 1914-1940), Historiska institutionen vid Lunds universitet, 2001, p. 159.

[9] Andersson, Irene "Kvinnor mot krig – Aktioner och nätverk för fred 1914-1940", Historiska institutionen vid Lunds universitet, 2001, p. 270-275) y "En handling som befriar" [Un acto que libera], Socialdemokraten, September 9, 1938, p. 9.

Levantamiento no-armado de mujeres contra la guerra (1935)

Mujeres, unámonos, para exigir a todos los hombres que reflexionen sobre dónde están conduciéndonos a la especie humana. Los más sabios son capaces de entenderlo, y ya están intentando cambiar el rumbo: apoyémosles, insistamos en ayudarles, pero ¡exigiendo también que abandonen las armas! ¡Sólo así abandonaremos nosotras las nuestras! Neguémonos a participar en la maquinaria de la guerra: no participemos en los entrenamientos [para la defensa civil] sobre cómo usar los refugios antiaéreos y las máscaras antigas.

Mujeres, expliquémosles que no creemos ni en las máscaras antigas, ni en los refugios antiaéreos, ni en las demás “herramientas de protección”. Expliquémosles lo absurdo que es decir que se pretende proteger a (absolutamente) todo el mundo, cuando la cruel realidad es que un grupo sería el elegido para ser rescatado y el resto moriría. Contémosles que no deseamos sacrificar a las niñas y los niños exponiéndoles a fuegos y gases venenosos cuando estén fuera de refugios atestados de gente, y que tampoco deseamos ser rescatadas a costa de otras personas, para además habitar un mundo arrasado. Hagamos esto para que en virtud de sus instintos innatos, los hombres también se sumen a la construcción de una defensa que respete nuevas formas de coexistencia entre las personas.

Pasaje del “Levantamiento No-armado de mujeres contra la guerra”, citado en Andersson, Irene, “Women’s Unarmed Uprising Against War: A Swedish Peace Protest in 1935” (El levantamiento no-armado de las mujeres contra la guerra: una acción protesta pacfista de 1935 en Suecia), en el Journal of Peace Research, vol. 40, nº 4, 2003, pp. 404-405.


Publicado en Objetoras de conciencia. Antología

http://www.wri-irg.org/es/node/13109

 

Tomado de

Grupo Antimilitarista Tortuga

 

Ver también

Mujeres objetoras de conciencia en Estados Unidos y Reino Unido durante la segunda guerra mundial

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