La resistencia desde la vulva y la palabra para construir el contra/amor

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

Cuando Emma abrió su cuerpo y se convirtió en mandrágora: La resistencia desde la vulva y la palabra para construir el contra/amor.


“Que nada nos defina. Que nada nos sujete. Que la libertad sea nuestra propia sustancia”

Simone de Beauvoir


Quiero comenzar este compartir de verbos, pidiéndoles a las mujeres mandrágoras que cohabitan este espacio se presenten con un canto; -sí- escucharon bien, con un gorgorito, un gemido musical, gesto vocal del cuerpo que permita regocijarnos de ser mujer disolutas, desparpajadas, indecentes o apostatas (que delicia) maravillosas putas impuras y/o gozosas malignas.

Que si no te han trazado bajo esta construcción social, no importa, para esta invitación es necesario saberse humano en búsqueda, aunque de pronto es pertinente indagar ¿Qué es un hombre? ¿Qué es una mujer? Al fin y al cabo construcciones ideológicas, pero… regresando al punto: ¿Por qué en lugar de escuchar una ponencia me invita a cantar?

Sencillamente por el placer de contagiar la zona de un nuevo susurro de rebeldía, de una tuerca que se rebele al fuero academicista y desde nuestros desafinos preguntarnos: ¿Cómo me posiciono frente a la Medusa o Lilith?

Explico: Narra una versión a cargo de Ovidio (mitos siempre patriarcales que nos presentan a Atenea Parthenos como la virgen y la decapitada Medusa, como su sombra [1]) que había una cabalgata de tres hermanas gorgonas —Medusa, Esteno y Euríale. De ellas, Medusa era originalmente una hermosa mujer humana y por ende mortal. Poseidón se enamoró de ella y la violó en un templo dedicado a Atenea. Ambos dioses eran rivales desde que compitieran por el patronazgo de Atenas y los habitantes de la ciudad preferían el olivo de Atenea que los caballos de Poseidón. Por ello, en lugar de posicionarse de lado de Medusa, Atenea –envidiosa- la condena y describe su castigo como justo y merecido, de ahí que está gorgona representa la lujuria, transformándola en un monstruo con abundantes serpientes de cabellera que además de acuerdo a la interpretación freudiana aduce al peligro masculino de la castración. Es una mujer salvaje, impura y maléfica, es una mujer que el único modo de ser aparentemente domesticada es a través de recluirla en el lugar de la ignominia, con el peligro adicional de ser el trofeo para que los hombres dispuestos a demostrar su virilidad fuesen a matarla. Una búsqueda de someter a la belleza con el miedo y la fuerza astuta del guerrero.

Por su parte Lilith es parte de los mitos sumerios y judíos y en ambos hablamos de una mujer de la oscuridad, la anti Penélope que en lugar de esperar, abandona. Mujer que en todo momento participa de las tareas del paraíso, se descubre gozosa y reclama equidad, pero sobre todo disfruta, es su cuerpo cuna de placer y no renuncia a vivirlo, de ahí que Adán se queje, que Dios se enoje, que ella se vaya.

En el libro Yalqut Reubeni (Libro antiguo babilónico) dice que “Adán y Lilith nunca encontraron la paz juntos, pues cuando él quería acostarse con ella, Lilith se negaba, considerando que la postura recostada que él exigía era ofensiva para ella. ¿Por qué he de recostarme debajo de ti? -Preguntaba- Yo también fui hecha de polvo y, por consiguiente, soy tu igual”. Adán permanece intransigente, entonces Lilith “invoca el nombre mágico de Dios, quien le da alas y ella se aleja, volando, del lado de Adán” [2].

La historia cuenta que Adán se quejó con Dios de haber sido abandonado por su compañera [3], por lo que ordenó a los ángeles Senos, Sansenoy y Semangolef que la buscaran para llevarla de vuelta. La encontraron junto al mar Rojo, región de demonios lascivos y tras amenazarla de muerte si no volvía con Adán, ella les dijo: “¿Cómo puedo volver y vivir como un ama de casa honesta después de mi permanencia junto al mar Rojo?”

No, ella no regresa y por tanto, está maldita, hermosa puta que será nombrada con desdén en el Antiguo Testamento. Cito: “Los chacales se encontrarán con las hienas y el macho cabrío llamará a su compañero. Lilith morará allí tranquila y encontrará su lugar de reposo” [4].

El punto importante narrado hasta ahora –entre otros- es la disidencia de Lilith y Medusa, dos mujeres de uno u otro modo a través de su cuerpo, desafiaron un modo de ser organizado desde la tragedia del papel histórico, y que desde la vulva pudieron hablar de contra-amor.

Para continuar dejemos claro una postura: El amor desde esta voz que ahora se multiplica en espejos, no se considera como una locución metafísica que permite la felicidad humana, o la luz de vida que da fuerza a los humanos para la sobrevivencia, ni el nirvana que unirá como quinto elemento. Y más aún, damos cuenta de la inefabilidad fuera –por ahora- de la urgencia de la poesía.

¡No! Hablamos del amor como estructura discursiva que ha sido bosquejada y rearmada históricamente desde los tres primeros decenios del siglo XII y resulta como parte del camino que se trazó con el amor pasión y después el amor cortés en la Alta Edad Media con la legitimación de los contratos de arreglo económico y con su consolidación a través del amor romántico en el siglo XVIII donde se introduce el aspecto novelesco llamándose “romántico” precisamente por la emergencia de la novela al modo de romance, volcándose una forma narrativa de edificar la vida privada.

Dicha estructura obedece a premisas fundamentales que le dan sentido:


1) El estatus de cohesión donde es posible que se complete y permita volver plena la vida del amado y amante, generado cotidianamente por ese flechazo del “amor a primer vista” (piénsese en la media naranja y en la sumatoria de uno más uno que sigue siendo uno) ¿Cuál autonomía pues?

 

2) La idealización de la persona amada, incompatible con la lujuria y la carnalidad terrenal, este amor navega más allá de las pieles y chupadas, es la fundición de dos espíritus que lucharán contra la adversidad y se espera de ellos la identificación proyectiva.

 

3) El reforzamiento del ideal de madre y esposa como figuras que consolidan un amor cortés, siendo cualidades de la personalidad de las mujeres, desde la pureza, la entrega, y todo el marcaje del sacrificio, y la entrega incondicional.

Dice el misógino e imponente filósofo Hegel: “El varón representa la objetividad y universalidad del conocimiento, mientras que la mujer encarna la subjetividad y la individualidad, dominada por el sentimiento. Por ello, en las relaciones con el mundo exterior, el primero supone la fuerza y la actividad, y la segunda, la debilidad y la pasividad” [5].

 

4) La importancia de la separación de las esferas de lo público y lo privado con la necesario subordinación a las tareas del hogar por parte de la mujer y el papel social del hombre que permita la amalgama de la supervivencia amorosa, en este camino las mujeres se volvieron –de acuerdo a Anthony Giddens- especialistas del corazón [6], donde las historias de príncipes y princesas salvadas y redimidas eran la clave del sometimiento, mientras la revolución industrial y el posterior capitalismo se organizaba a través de la incipiente regulación de la ahora llamada mano de obra barata.

 

5) Este amor es resultado de una conquista, que como todo acto especista de caza lleva precisamente al casa–miento, como un modo de perpetuar el trofeo y darle al ethos amoroso su ciclo. Y ojo, una vez encontrado, nos dijeron que es PARA SIEMPRE.

Nacer > crecer > amar > noviar(sic) > casar y de ahí > familia > Hijos > Monogamia >Trabajo > Envejecer > Morir

 

6) Es un amor, donde además los hombres han sucumbido al poder femenino del reino de la intimidad y aunque aparentemente él fue quien salió a la conquista, resulta una paradoja dado que se siente atrapado en el misterio y la seducción de las mujeres (véase la vagina dentada) que desde Freud a Baudrillard se edifica otro discurso de lo incognoscible y por ende de lo peligroso de las mujeres o específicamente de ese femenino que cautiva.

Cito a Aristófanes: “Estas mujeres son imposibles ¿Cómo relacionarnos con ellas? El poeta estaba en lo cierto: No es posible vivir con estas malditas mujeres, pero tampoco sin ellas”.

Ante dicha tragedia era necesario atendiendo a la naturaleza masculina, renovar conquistas, triplicar trofeos que permitan revelar el misterio, todo ello sumada a la urgente interacción social donde hay que jugársela, dado que el juego del poder insiste en la dialéctica del amo y el esclavo.

 

7) Y… ¿la disidencia sexual, los que somos bisexuales, lesbianas, homosexuales, trans… etc? Lo sentimos, el amor romántico desde Occidente no tiene un lugar para ti, pásenle sólo heterosexuales que puedan formar familia nuclear y descendencia. El capital necesita de sus producciones y plusvalía. Y de ahí el campo abierto para el heterosexismo. Dice Ulrich Beck: “El amor es el comunismo dentro del capitalismo. Incluso a los más avaros les da por regalar y se sienten por ello totalmente felices”.

 

8) Además este discurso amoroso tiene un carácter trágico pues a pesar del sacrificio, las pruebas de amor, incluso el olvido de sí para estar y ser para el otro(a), hay un destino, casi un oráculo que para que el amor guarde este carácter sagrado, importante, verdadero, debe terminar.


Como vemos, en conjunto todos los ingredientes mitifican al discurso amoroso y lo colocan como el centro de la vida del ser humano apostando por frases como: “el amor es el amor” o la importancia de “creer en el amor”, etc., en donde se derrama metafísica, fe, respeto por lo incognoscible, dios, o elementos de ese tipo que se encaminan a la ilusión de una simbiosis que permite al ser humano –nos dijeron- respirar y moverse, formando así, entre ambos, un mundo nuevo que salva de la mundanidad.

Sin duda parece maravilloso, sin embargo –paradójicamente- este discurso sobre el amor romántico está firmemente anclado al individualismo propio de la víctima trágica, donde además nos han enseñado a despojar al otro no sólo de su identidad, sino de su carácter de sujeto, estableciendo una relación objetualizable que lo justifica todo; coloquialmente se afirma con contundencia: “en la guerra y el amor todo se vale”.

Esta amalgama, sin embargo, no cuestiona de ningún modo la manera de relacionarnos, sino abre espacios a posibilidades de enajenación, que hacen del príncipe azul y la pasiva rosa, la media naranja, el amor verdadero, imposible, sacrificado o eterno como paradigmas de relación. Dialéctica del amo y el esclavo. ¿Servidumbre voluntaria?

¿Por qué es el amor un tema “esencial”? ¿Cuáles son las entrelíneas que se tejen en cada pareja que se conforma y recibe la bendición de todas las instituciones, ¡Ah! porque eso sí, en temas del amor, iglesias, parlamentos, escuelas y jueces se unen para reglamentar los horarios y formas, los números y lo que debe ser.

Y… ¿Qué es lo que debe ser? Esa es una pregunta clave de los contra amorosos que ponen las manos abiertas para tocar otros discursos donde el amor deje de ser ese fetiche rojo, ese sangrado de cantatas que suspiran, ese fierro para marcarse el cuerpo y suspirar.

¿Rechazamos la monogamia, el heteropatriarcado, la bonita vida de la familia feliz con el anillito de hasta que la muerte nos separe? Sí.

La razón es demasiado sencilla, ¿a ti te consultaron para crear estas instituciones que como tales te ponen un cinturón, te homogenizan y sueltan verdades? A mí no, a nosotres, no, a todes no. Por ello esto se llama desobediencia, resistencia, ruiseñor que escupe la cara de la moral victoriana y se proclama sin tanto eufemismo como distinta, distintos que con-forman con otrxs, diversos proyectos y otras decisiones ¡oh, qué importante es decidir!

¿Para cuándo la tarea de la deconstrucción? ¿Cuándo la reflexión de otras relaciones donde no se entrañe la violencia, sino la libertad, la autonomía y el regocijo del estar juntxs?


Y desde las voces de las resistencias se escucha a la Goldman diciendo: Un cambio social real nunca ha sido llevado a cabo sin una revolución… Revolución no es sino el pensamiento llevado a la acción.

“Los que hablan de revolución y de lucha de clases sin referirse explícitamente a la vida cotidiana, sin comprender lo que hay de subversivo en el amor y de positivo en el rechazo de las obligaciones, -citando a Vaneigem- tienen un cadáver en la boca” [7].

Esta es en síntesis la propuesta. La posibilidad urgente de repensar el modo de relacionarnos y diseccionar cómo también desde las emociones y la construcción que hemos hecho de éstas, es el lugar más imponente para ejercer poder sobre y contra el otrx. Y esta tarea no es nueva y las mujeres desde el siglo XVIII lo plantearon, desde los ruidos incómodos para la época Mary Wollstonecraft y William Godwin o todas las propuestas libertarias con eco genuinos de Bakunin, Malatesta, y por supuesto Emma Goldman, Kollontay, Emile Armand y una Karla que intenta una y otra vez resignificarse con todo y las traiciones y su patita rota, un Julio que vive en cada amor, una vida, y por ello dice que casi se le acaba, sin embargo cuestiona, habla, organiza, y siempre honesto y nudista. Y que ganas de hablar de la contradictoria Rok, o la empoderada Kari, todas ellas, ellos, viven su revolución, se equivocan, y vuelven a rebelarse contra esos estribillos del discurso de amor romántico, pero también del discurso de su propia autoinmolación.

Cito:

Es el amor libre (…) algo más que un mero cambio en los lazos formales o externos que unen a la pareja, no como un cambio en la forma de relación sino en el contenido de la misma. Se caracteriza por negar los supuestos derechos de propiedad que el amor burgués concedía sobre el cuerpo y el alma de la persona amada. Muy al contrario, la unión libre se basa en el mutuo respeto de la individualidad y de la libertad del otro. En este sentido entraña el rechazo de la subordinación de la mujer dentro de la pareja y de la hipocresía de la doble moral. [8]

Desaprender la violencia, escuchar, escuchar mucho, discutir y aprender a hacerlo como un acto de compartir experiencias, no de ganar territorios, ni jugar como si fuese la última partida, ser camaradas, cómplices, infiernos o lagunas pero ojos cercanos. Saberse libres y ser honestxs con ello, y otra vez desaprender los estereotipos y prejuicios de géneros, los colores antes que los verbos, las nuevas narraciones antes que los mitos. Desmontarnos y volver a armar, y no una vez, sino las que sean necesarias para el respeto, libertad y disfrute.

¿Te interesa el goce de la autonomía?

Se trata una ruptura epistemológica diferente a las convenciones comunes de la revolución. Nos lo han enseñado los anarquistas, continúan en ese camino lxs zapatistas y muchas de las vicisitudes de los movimientos altermundistas. No es un simple cambio de paradigmas. No es una nueva “visión del mundo” a partir de que salga otro sol. No son blancos, ni oscuros. ¿Quién sino nosotrxs el más cruento torturador? ¿No albergamos en nuestro cuerpo también la barbarie del estado? Aprendido o no, también hemos sido cómplices.

Se trata de trabajar desde nuestros caleidoscopios y aprender como las mandrágoras a sobrevivir entre la hierba y desierto. ¿Cuál será el alcance de la revolución en la vida?, no de una revolución cualquiera que cumple su teleología, sino la que se mira como puente.

La libertad no es un concepto o una mera categoría filosófica sino un actitud o más allá un modo de caminar y crear puentes o como dice Emma “el mismo hecho (…) de que una persona tenga conciencia de sí misma, de ser diferente a los demás, crea el deseo de actuar libremente. El ansia de libertad y auto-expresión es un rasgo dominante y fundamental [9] “.

¿Que no seguimos sosteniendo las feministas que también a pesar de las auto-prisiones es nuestro cuerpo el primer territorio liberado, trinchera de nuestros deseos, bastión de los goces compartidos?

Llámalo amor libre, contraamor, poliamor, etc., etc., y no tiene un fin político, es ya un quehacer político, no persigue eslabones o propone metas, sino reflexiones, miradas críticas.

Por ello, Lilith, Medusa, Emma, Artemisa o Juana, somos mujeres rabiosas, tenemos pelos en las axilas y que cuando decimos ¡YA BASTA! nos sale espuma por la boca y no porque sea un tan recurrido panfleto, sino por todas las líneas que no se dicen, que no alcanzan cuando a cada momento desaprendemos y reaprendemos a establecer relaciones con lxs otrxs, que antes de tener títulos nobiliarios se llaman relaciones de libertad, aprender o desaprender a ser madres o a no serlo, a ponernos un vestido blanco o mejor quitarnos el género, a denunciar a la farmacopornografia pero hacer nuestra propia embestida orgiástica; en fin, amazonas que están en la marcha por la no violencia activa y no más sangre, o con los indignados en España o la intifada en Palestina, u organizando los colectivos LGBTTT en Cuba, y el movimiento en Túnez y Egipto y desde las resistencias en los diferentes mundos.

Todos tenemos desencanto por la clase política, los partidos, las instituciones y las hegemonías, -desde hace un siglo se teorizó al respecto, apenas desde hace poco se confirma- sin embargo, de otros modos, algunxs ya se cuestionan y se organizan desde muchos frentes y el amoroso, el contradiscursivo es uno de ellos.

Ecathe y Kali salen desnudas y sacuden sus senos con la fuerza de la clara luna, mientras Perséfone sale un rato del inframundo para amarlas y enarbolar juntas a través de la lluvia de arena posibilidades de contra amor, algunxs le llaman democracia radical, ellas le nombran: revolución desde la vulva.

“Las conexiones con, y entre las mujeres, son las más temibles, más problemáticas, y las fuerzas más potencialmente transformadoras del planeta.”

 


Adrienne Rich

Por Diana Marina Neri Arriagada

México D.F.


NOTAS

[1] Sendón de León Victoria, en … “nuestra fuerza más viva, la energía propia del arquetipo de ‘la mujer salvaje’”

[2] Aparece en el pasaje de Isaías 34,14, citado por Aldunate Morales Victoria, La obsesión de Lilith: No más violencia

[3] Lilith, la primera feminista. La leyenda de una mujer. Karla Ivonne Mora García

[4] Op. cit.

[5] Hegel Guillermo, Filosofía del derecho, Porrúa, México, 1978, p, 209.

[6] Giddens, Anthony: “La transformación de la intimidad. Sexualidad, amor y erotismo en las sociedades modernas”, Cátedra, Madrid, 1995, p, 61

[7] Vaneigem Raoul, Tratado del saber vivir para uso de las jóvenes generaciones, Anagrama, Argentina, 1998, p, 28.

[8] Kollontay Alexandra, La mujer nueva y la moral sexual y otros escritos. Prólogo de Carmen Parrondo, Madrid, Ayuso, 1976, p, 78.

[9] Tomado de Ateneo Virtual, Emma Goldman, Habla Emma La Roja.

Texto -de origen externo- incorporado a este medio por (no es el autor):

Cristián Andrés Sotomayor Demuth

Tomado de

El Ciudadano

 


 

Relacionado

Emma Goldman: Una mujer sumamente peligrosa

Comentar este post