Los obispos de EE UU llaman a la rebelión contra la reforma sanitaria de Obama

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

La iglesia católica rechaza cubrir los gastos de anticonceptivos de sus empleados

Miles de párrocos piden a sus fieles que presionen al Capitolio para revocar la norma

El cardenal Donald Wuerl, arzobispo de Washington, rocía la basílica de la Inmaculada Concepción con agua bendita, el 24 de abril de 2011. / Alex Brandon (AP)

En la homilía del domingo, los curas norteamericanos llamaron a la insurrección. Una semana después de que el Gobierno de Barack Obama ratificara una norma según la cual exigirá a organizaciones caritativas, hospitales y universidades de afiliación religiosa que cubran los gastos de anticonceptivos a sus empleados, numerosos obispos y párrocos católicos emplearon sus púlpitos para criticar duramente la medida. Pidieron además a los fieles norteamericanos que se unan a una campaña de presión sobre el Capitolio, para que éste detenga los planes de la Casa Blanca.

“Al tomar esa decisión, la Administración ha apartado a un lado la primera enmienda de la Constitución de Estados Unidos, negando a los católicos la libertad fundamental y primordial de nuestra nación, la de la libertad religiosa. Como resultado, a menos que se logre anular esa decisión, los católicos nos veremos obligados a violar nuestra conciencia o negar la cobertura sanitaria a nuestros empleados”, dijo el obispo de Phoenix, Thomas Olmsted, en una carta leída en las 92 parroquias que dependen de él el domingo. “No podemos cumplir -y no cumpliremos- con esa ley injusta”.

Hay en Estados Unidos unos 50 millones de católicos, aproximadamente un 25% de la población, según diversos estudios. Un análisis de la Universidad Católica de América mantiene que 15 millones de ellos acuden semanalmente a misa. Numerosas parroquias leyeron cartas similares a la del obispo Olmsted en la pasada misa dominical. Además, llamaron a los fieles a participar en una campaña de envío de cartas al Capitolio, para que los congresistas aprueben una enmienda a la constitución que ilegalice el aborto y, con él, métodos anticonceptivos como la píldora del día después.

El cardenal Donald Wuerl, arzobispo de Washington, se reunió el 19 de enero con Benedicto XVI en el Vaticano, para expresarle la profunda preocupación de los curas norteamericanos por lo que calificó de “ataques contra la libertad religiosa” por parte del Presidente Obama. Los calificó de “grave amenaza contra el testimonio público y moral de la Iglesia, presentada por un secularismo radical que encuentra una mayor presencia en las esferas política y cultural”, según el arzobispado de Washington.

El Departamento de Sanidad de EE UU aprobó el pasado mes de agosto una normativa, dentro de la reforma sanitaria de Obama, por la cual obliga a organizaciones caritativas, centros médicos y universidades a ofrecer a sus empleados pólizas de seguro que cubran métodos anticonceptivos. Ante la presión de la conferencia episcopal y otros grupos religiosos, el Gobierno abrió un plazo de reconsideración de la norma, que cerró el pasado 20 de enero. Entonces, la Secretaria de Sanidad, Kathleen Sebelius dijo que mantenía el requerimiento. Sólo quedarán exentos de ella los templos y las escuelas religiosas de primaria y secundaria.

“Hemos tomado esta decisión después de una consideración muy pormenorizada, dadas las objeciones que algunos han expresado, relativas a la libertad religiosa”, dijo entonces Sebelius. “Creo que esta norma mantiene el equilibrio adecuado entre el respeto a la libertad religiosa y un mayor acceso a los métodos de prevención”. Aun así, Sebelius decidió darle a las organizaciones religiosas más tiempo para implementar la nueva norma. Deberán ofrecer la cobertura de anticonceptivos a partir de agosto de 2013, un año después de lo inicialmente previsto. La medida incluye también métodos de esterilización, como las vasectomías y el ligamiento de trompas.

Una de las organizaciones que más activamente se ha opuesto a esa exigencia es Catholic Charities of America, una red de 171 organizaciones católicas de caridad, que cada año ofrece servicios médicos y sociales a 10,3 millones de personas. Es una gran red que gestiona hospicios, hospitales y comedores, entre otros, y que emplea a 70.000 personas. Ha amenazado al Gobierno con el cierre de numerosas instalaciones, con los consiguientes despidos masivos. Se trata de un prospecto dañino, dado el desempleo del 8,5% en EE UU y que en el país no hay una red pública nacional de hospicios u hospitales para indigentes.

 

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