Lunfarda

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

 

        A la memoria de Aníbal Sampayo

 

 

Como todo burócrata sos triste y grisòn. La oficina y su fauna se aprendieron de memoria tu cara de tamango, tus frases de pelotudo ontológico, tu desfachatez de renegado.

Ahora sos un jerarca progresista y esa changa no es cocoa.

Cuando te tirás del sobre vas derechito a la escoba. Relojeás el piso y amontonando las pelusas, de un viandazo las escondés debajo de la alfombra.

Son el único cachito sano que le va quedando a tu manzana.

Pero a vos eso te da verguenza, te sentís un franela entre la pesada.

La carrera es a codazo limpio y gana el cogollo más chico. No te cabe llegar segundo.

Apurate huevón, que ya es hora de agarrar para el conchabo.

Llegás, abrís la puerta de tu despacho, campaneás canchero a la secretaria y te arrellanás en el sillón. Por debajo corre un hilito de sangre que apartás con la punta del mocasín. Es la de tus viejos compañeros, los que dejaron el cuero en la estaca para que vos, que siempre fuiste un chabón, puedas pelechar como un bacán. 

Qué boludos, decís para tus adentros. No saben lo que se perdieron!

Y seguís, haciendo la tuya, churrasqueando con las sobras, chapaleando sangre; miserias en las que sin  embargo andás cómodo.

     

 

Gonzalo Solari

 

 

 

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