Malvinas: El informe Rattenbach y la lucha por la soberanía.

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

UN GENERAL VALIENTE QUE DIJO EN PLENA DICTADURA LO QUE MUCHOS CALLARON EN DEMOCRACIA

EL INFORME RATTENBACH FUE CREADO DURANTE EL GOBIERNO DE FACTO DE REYNALDO BIGNONE PARA EVALUAR EL DESEMPEÑO DE LAS FUERZAS ARMADAS DURANTE LA GUERRA DE MALVINAS Y HASTA AHORA NUNCA FUE PUBLICADO POR NINGÚN GOBIERNO. NI SIQUIERA EN DEMOCRACIA.


El miércoles 1º de febrero, la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner anunció que daría a conocer dicho Informe, en el marco de la escalada diplomática con el Reino Unido (1).
Ni bien se conoció esa intención política, Augusto Benjamín Rattenbach, hijo del teniente general que tuvo a su cargo la elaboración de dicho informe que evaluó la responsabilidad de los militares en la Guerra de Malvinas, expresó su satisfacción por la decisión Presidencial de levantar el secreto de Estado que pesaba sobre ese documento. “Fue una gran alegría escuchar a la Presidenta ordenar que se haga público el documento cuya elaboración presidió mi padre, el teniente general (R), Benjamín Rattenbach”, dijo  el hijo del militar que lideró la comisión que investigó la responsabilidad de los altos mandos en la guerra que en 1982 enfrentó a la Argentina con Gran Bretaña.

Recordó que desde hace años él mismo venía reclamando al Estado la apertura de este documento, ya que consideraba que su padre lo había elaborado con el deseo de “darle a los argentinos una explicación sobre la guerra de Malvinas”.

El llamado informe Rattenbach comenzó a elaborarse el 1º de diciembre de 1982. Estuvo listo en un año, pero en vez de hacerse público, se archivó bajo la carátula de “Secreto de Estado”, por un período de cincuenta años. Ahora quedó desclasificado.

Un poco de historia

El 2 de diciembre de 1982, el gobierno militar de Reynaldo Bignone por Resolución Nº 15/82 decidió la creación de una Comisión de Análisis y Evaluación de las responsabilidades políticas y estratégico militares en el conflicto del Atlántico Sur.

Esa comisión estuvo integrada por representantes de las tres Fuerzas: el Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea.

Representando al Ejército, estaba el General (R) Benjamín Rattenbach y el General de División (R) Tomás Armando Sánchez de Bustamante.

Representando a la Armada el Almirante (R) Alberto Pedro Vago y el Vicealmirante (R) Jorge Alberto Boffi.

Y representando a la Fuerza Aérea el Brigadier General (R) Carlos Alberto Rey y el Brigadier Mayor (R) Francisco Cabrera.

Cabe aclarar que esta comisión recibió amplios derechos para solicitar todo tipo de información a cualquier organismo público y personas físicas o jurídicas públicas o privadas quienes estaban obligados a proporcionar la información bajo apercibimiento por ley si no lo hiciere.

La comisión entregó el resultado de su trabajo en un informe escrito de cinco capítulos, a saber:

1) Introducción
En la introducción se describen los fundamentos legales y las razones de la investigación, sus fuentes, su nomenclatura y la estructura del informe.

2) Antecedentes del conflicto

Se analiza detalladamente los pasos realizados por el gobierno para solucionar el conflicto así como el momento internacional y regional en que tuvo lugar el enfrentamiento.

3) Evaluación y análisis crítico
Se investiga el accionar de las fuerzas armadas argentinas durante la guerra en base a informes solicitados a los oficiales que cargaban responsabilidad en los hechos. Es un análisis crítico y hecho en un lenguaje objetivo que a veces puede parecer hiriente. Las fallas son nombradas y analizadas.

4) Determinación de las responsabilidades
Se listan las responsabilidades de los estamentos militares y civiles durante la guerra, entre otros de: la Junta Militar, Poder Ejecutivo y gabinete, cada uno de los comandantes de las Fuerzas Armadas y Estado Mayor Conjunto, entre otros. Asimismo encuadra las responsabilidades en el marco jurídico argentino.

5) Experiencias y enseñanzas

Nombra concretamente las recomendaciones en: Organización de la Nación para la Guerra, Política Militar, Código de Justicia Militar, Servicio Exterior, Inteligencia Estratégica, Acción Psicológica, Doctrina Conjunta, Debilidades de las FFAA en el conflicto.

Por último se redacta el Acta de constancia de finalización de la comisión, donde se nombran los destinatarios de los diez ejemplares firmados del informe, estos son: la Junta Militar, los Comandantes en jefe de las tres ramas de las Fuerzas Armadas y un ejemplar para cada uno de los seis miembros de la comisión.

El documento nunca ha sido publicado oficialmente por ningún gobierno, pero se sabe que allí se recomendó penas graves para los responsables de llevar adelante el conflicto.

Tras la derrota en la Guerra de las Malvinas, la Junta Militar, en un intento por tomar otra vez la iniciativa política perdida por el descontento popular y el descrédito absoluto de las Fuerzas Armadas especialmente en el campo de los Derechos Humanos, creó una comisión encargada de analizar y evaluar el desempeño de dichas fuerzas en el conflicto bélico del Atlántico Sur.

Se trata de uno de los “documentos más objetivos y fidedignos sobre la responsabilidad de los jefes militares y subalternos, que podría ser la base para un futuro juicio por la verdad sobre este conflicto bélico” (2).

En el decreto que creó a la Comisión se definió que la investigación tuviera como fin conocer las funciones y las responsabilidades emergentes respecto de la conducción política y estratégico militar de la Guerra de Malvinas.

El informe Rattenbach recomendó penas graves para los responsables de lo que calificó como una “aventura militar”, pero fundamentalmente sepultó desde el punto de vista político e histórico cualquier intento de los militares y civiles de la época para encubrir o relativizar sus responsabilidades.
Incluso, según testimonio del hijo de Rattenbach, el informe fue adulterado para proteger a los jefes militares, eliminándose referencias a los cargos “en lo penal militar” de los altos jefes y a la rendición sin combatir en Georgias (4).

Filtraciones


Si bien el Informe Rattenbach tiene hasta el momento la clasificación de Secreto de Estado, hubo muchas filtraciones e incluso se llegó a publicar primero de manera parcial y luego en formato de libro completo.

La revista semanal Siete Días en sus ediciones Nº 858 y 859 (del 23 y 30 de noviembre de 1983) le dedicó su tapa y gran parte del número a dicho documento. Luego se publicó en forma de libro al menos en dos ocasiones. Actualmente se puede acceder a la versión no oficial a través de diversas páginas web.

La posición de dar a conocer este informe no es una originalidad de la Presidenta, aunque su decisión debe ser valorada en su magnitud. En abril de 2007, los diputados nacionales Federico Storani y Pedro Azcoiti presentaron un proyecto de ley para proceder a la publicación del informe (5).

El Informe Rattenbach


EL ARGENTINO presenta algunos párrafos del Informe Rattenbach. Por ejemplo, en el Capítulo XIV “Las lecciones del conflicto”, se sostiene: “Ha quedado demostrada la falta de preparación y organización del país para caso de guerra, debido a la carencia de una legislación necesaria en materia de defensa nacional, a la deficiencia de las estructuras orgánicas adecuadas y a la falta de procedimientos convenientes que permitan prever, planificar y ejecutar, en forma oportuna y eficaz, la movilización de la Nación para atender las exigencias de una confrontación bélica”.

Con respecto a la política militar, expresó: “La República Argentina no posee oficialmente una política militar orgánica, cuyos fines y modos de acción claramente establecidos, armonicen, presupuestos, estructuras y estrategias entre las tres FFAA, y entre éstas y el conjunto del quehacer político, económico y social del Estado Nacional. Así, por ejemplo, se careció de una armónica política presupuestaria que, debidamente integrada en nuestra real capacidad tecnológica, económica e industrial, atendiera las necesidades de mejorarlos medios aéreos, submarinos, de defensa aérea y electrónicos.

“El personal que se desempeñaba en los cargos superiores del Ministerio de Relaciones Exteriores, salvo honrosas excepciones, no acreditó en las tareas de estudio y de asesoramiento correspondiente al campo integral de las relaciones internacionales, el alto nivel de eficiencia profesional que exigía el conflicto. Tal situación reclama, para ese ámbito, la urgencia de una mejor y más exigente capacitación y selección de los funcionarios para sus promociones y destinos orgánicos”.

En 1984, el propio general Rattembach descubrió que algunas de las páginas del Informe faltaban o estaban adulteradas. Se trataba de las páginas que hacían alusión a la decisión de rendirse sin combatir que tomaron el Capitán de Corbeta Luis Carlos Lagos y Alfredo Astiz cuando estaban en las islas Georgias; actitud considerada como un delito desde el punto de vista militar.

La Guerra de Malvinas fue una planificación de una Junta Militar dictatorial, genocida y por eso hoy esa planificación se la considera una obra de arte de la cobardía más trágica de Argentina. Luego de Malvinas, los militares soñaron con quedarse en el poder; pero además de no evaluar lo ocurrido en el Atlántico Sur tampoco tuvieron en cuenta que tenían demasiados ataúdes debajo de sus uniformes.
El cinismo también se cultivó en la democracia, porque si bien se iniciaron varios monumentos a los Héroes de Malvinas, no hay que olvidar que hubo una política planificada para desmalvinizar y una desatención de los ex combatientes, de los soldados, muchos de ellos suicidados.

Hay que destacar la valentía y la honestidad del teniente general Benjamín Rattenbach, dado que se atrevió a decir en plena dictadura lo que muchos en democracia callaron.

Lejos de ocultar, Rattenbach fue al fondo de la cuestión. Y lo dice en su informe final: “La fuerza, empleada equivocada e inoportunamente, no es el medio idóneo para hacer valer los derechos frente al adversario y ante la comunidad internacional”.

En los considerandos ya se establece que el clima no era el mejor para iniciar la invasión ya que “existía en numerosos países, particularmente en los países europeos, un rechazo hacia el gobierno argentino, por la cuestión de los derechos humanos”. Este concepto describe un contexto que era fundamental.

Además de calificar como una “improvisación irracional de la dictadura”, sostiene que “las capacidades del enemigo han sido consideradas en forma poco profunda, al igual que el análisis de la probable reacción británica, no existiendo certeza acerca de qué documentos o funcionarios fueron consultados”.
También denunció que “no hubo tiempo para alistar a las unidades militares y por eso se enviaron a tropas sin el adiestramiento ni el equipamiento adecuado”. Se expresan claramente las “fallas de coordinación entre comandos”, la “falta de preparación del personal y material” y la “falta de información del enemigo”.

Luego, el informe califica a las medidas de las tres armas como “irreflexivas y precipitadas” que la convirtieron “en una aventura militar, sobre todo cuando se hizo efectiva la reacción bélica británica”.
Pero el dictamen de la comisión investigadora no se reduce a la responsabilidad de los militares sino también de los medios de información argentinos “que contribuyeron a una pérdida generalizada de oportunidad”.

Se refiere también a las fanfarronadas oficiales, absolutamente irracionales, como cuando Galtieri dijo desde el balcón de la Casa Rosada: “Si quieren venir que vengan, les presentaremos batalla”, o la de Costa Méndez, el canciller argentino que dijo: “La Bandera Argentina no será arriada mientras corra una gota de sangre por las venas del último soldado argentino que defiende las islas Malvinas”. La historia enseña que el primero en arriarla fue el general Mario Benjamín Menéndez, el comandante de la isla. Las fanfarronadas de Galtieri y Costa Méndez costaron la vida de centenares de jóvenes, los únicos héroes de esta historia.

Para Rattenbach fue “irresponsable” iniciar una guerra cuando “la clase 1963 no había completado su instrucción básica ni se había completado la instrucción elemental de tiro y combate”.

“No se previeron las necesidades de orden logístico” que “fue causa de serios problemas de desnutrición” de los soldados. Además de la “falta de capacidad integral de la flota”. El 60 por ciento de las bombas argentinas sobre buques británicos “no explotaron porque no tenían su tren de fuego preparado para blancos navales”.

Con respecto al comandante militar de Malvinas, el general Menéndez, hay una frase en el Informe que lo avergüenza para siempre: “Observamos un escaso empleo de lo que nuestra doctrina señala como un arbitrio esencial para la conducción: la presencia del comandante. No exhibió ni evidenció las aptitudes de mando y arrojo indispensables en la emergencia, y no fue en esa oportunidad –única en su vida militar– el ejemplo y la figura que la situación exigía frente a las tropas”.

Finalmente se encuadra en lo penal a Galtieri, Anaya, Mabragaña y Reposi en delitos que merecen la pena de muerte o reclusión por tiempo indeterminado. Y propone otras penas para Alfredo Astiz “por haberse rendido sin oponer resistencia”. Es decir, el delator de las Madres de Plaza de Mayo y de las monjas francesas quedó como cobarde en la investigación de los propios militares.

El Informe Rattenbach exhibe como pocos documentos oficiales ordenados por la propia dictadura, toda la obscenidad de aquellos tiempos del Proceso de Reorganización Nacional y de desaparición forzada de personas.


No hay otro camino: el Estado nacional y las Provincias deben editar y repartir este libro para que la historia sea contada en toda su magnitud.

Fuentes
1) El 25 de enero de 2012, la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner anunció la creación de una “comisión que proceda a la apertura y conocimiento público del Informe Rattenbach”, que está como secreto de Estado y no podía ser desclasificado antes que pasaran los cincuenta años, es decir, 2032.
2) Malvinas: investigación militar podría ser la base para el juicio por la verdad, en www.scba.gov.ar.
3) Decreto 15/82 firmado bajo la presidencia de facto de Reynaldo Bignone.
4) Augusto Rattenbach: “El informe Rattenbach fue adulterado”, en La Nación del 2 de abril de 2006 y “El Informe Rattenbach, adulterado para proteger a los jefes militares”, Clarín del 7 de abril de 2007.
5) Cámara de Diputados de la Nación, Expediente 1350-D-2007. Ver http://www1.hcdn.gov.ar/proyxml/expediente.asp?fundamentos=si&numexp=1350-D-2007.

Nahuel Maciel

 

BOLETÍN ARGENTINO

Primer Boletín de Noticias de los Argentinos en el mundo - Director: Osvaldo Parrondo

Malvinas Argentinas

6 febrero, 2012
José Luis Callaci L.

Realmente sorprende que un importante medio de la prensa nacional haya publicado un artículo titulado “Las Malvinas son Británicas”. No por el título en si, ni por un determinado punto de vista sobre el conflicto entre el Reino Unido y la Argentina que viene acentuándose en los últimos meses, sino por lo superficial e irrespetuoso de sus contenidos.
Cabría preguntarse si la legislación que protege y permite hacer salvedades por las opiniones vertidas, exime de responsabilidad al medio por haber dejado pasar por sus rigurosos filtros de la página de opinión, tanta perogrullada.
Dicho lo anterior pasamos a referirnos al temerario artículo, con su atractivo título, que el supuesto autor depone en sus contenidos. Juzgarán los lectores si lo que caracteriza el tono empleado y las propias aseveraciones, algunas de carácter xenofóbico, al afirmarse en forma despectiva, sic. “Imagínense un mundo que hubiera sido gobernado por más de dos siglos por un imperio español, un imperio ruso, alemán o un imperio japonés…“, son propias de un costarricense o de alguien que no lo es; o que siéndolo se prestó para publicar algo elaborado allende los mares, por los que reinciden en dar declaraciones que ponen la historia al revés, en boca del principal que hoy habita en el número 10 de Downing Street.
No se puede negar la historia, aunque sí revisarla, lo que no ha sido necesario en el caso de Las Malvinas ya que los hechos, conocidos y reconocidos, son muy claros y han servido para que, desde los inicios del conflicto, se diera un contundente apoyo internacional al derecho de soberanía de Argentina sobre el archipiélago de Las Malvinas, acentuado recientemente con acciones concretas y solidarias de países de la región.
Desde ya hace varias décadas las Naciones Unidas, atendiendo los reclamos, viene solicitando a las partes que se sienten a negociar. Sin embargo esto no ha sido posible. Quien las hace las teme, es el dicho, y son cada vez más los que hoy se preguntan por qué razón el Reino Unido se niega a aceptar ese insistente llamado del máximo organismo internacional.
Pero volviendo al mencionado artículo. Hablar de antecedentes históricos omitiendo partes importantes de los mismos que no favorecen una determinada posición, constituye no solo una falta de honestidad sino un indebido acto, inadmisible y censurable.
Las disputas de las potencias europeas, España, Francia e Inglaterra por las tierras del nuevo mundo fueron múltiples y duraron varios años. Estuvieron matizadas por ocupaciones violentas contra las poblaciones nativas y con arrebatos, de unas a otras, de las establecidas colonias. Un ejemplo de esto último, son las invasiones inglesas de principios del siglo XIX para intentar apoderarse de las colonias españolas del Río de la Plata, las cuales terminaron en rotundos fracasos. El valor y la eficacia de las fuerzas del imperio español, las milicias criollas y la activa participación de la población, lograron expulsar a los invasores, en dos ocasiones.
La posesión definitiva de Las Islas Malvinas por parte España son el resultado de acuerdos históricos, validados en 1771 por el propio Samuel Jhonson, la más distinguida figura de letras de la historia inglesa. Con la Independencia, lo que era de España pasó a formar parte de los nuevos países, y el archipiélago de Las Malvinas pasó a ser una legítima posesión de Argentina, la cual estableció allí una guarnición militar y un importante número de colonos que se sumaron a la escaza población nativa.
La usurpación británica de las Islas Malvinas se dio en circunstancias de un conflicto comercial entre Argentina y los Estados Unidos que provocó fuertes enfrentamientos. El 28 de diciembre de 1831 la corbeta Lexington, de bandera norteamericana, ataca Puerto Soledad so pretexto de proteger el comercio de los Estados Unidos. Destruye las defensas militares y se hacen prisioneros a varios colonos. Debilitada la presencia argentina, el 3 de enero de 1833 los ingleses aprovechan para apoderarse de las islas, tomando por sorpresa al gobierno argentino con el cual el Reino Unido mantenía relaciones de paz.
El capitán inglés, al mando de la operación, cuyo nombre era John Onslow, le ordena a las autoridades de las islas arriar la bandera argentina para luego, al mejor estilo inglés, entregarles un escrito que en su último párrafo decía lo siguiente:
Siendo mi intención izar mañana el pabellón de la Gran Bretaña en el territorio, os pido tengáis a bien arriar el vuestro y retirar vuestras fuerzas con todos los objetos pertenecientes a vuestro gobierno.
Soy, Señor, vuestro humilde y muy obediente servidor.
J. Onslow
A esta “cordial” y “respetuosa” “solicitud”, sorprendente tal vez para algunos lectores, le siguió la debida obediencia al mandato de la Corona: izar primero la bandera británica y luego arriar la argentina. Los ingleses desalojan por la fuerza a las autoridades y soldados de la guarnición militar y a gran parte de la población civil argentina allí asentada.
Estos son los antecedentes de una historia de justos y permanentes reclamos por la parte despojada por la violencia que algunos califican de simple acto de piratería, y de prepotencia y soberbia imperial, por la otra. Son hechos irrefutables que el autor del artículo de marras, o solo prestador del nombre, se los brinca de olímpica manera. Se podría continuar hablando sobre las posteriores sublevaciones de los criollos gauchos y nativos de la tribu charrúa que quedaron en las islas o sobre la principal clase de personas que conmutadas sus penas fueron trasportadas en los años siguientes para establecer, lo que el autor llama la “colonia permanente”, luego de aceptar ciertos acuerdos y condiciones.
Con seriedad y rigor analítico y sin caer en charlatanerías, se pueden abordar estos temas tan sensibles, por la vía político-diplomática y a través del debate público respetuoso y mesurado. Para aclarar, por ejemplo, las dudas en cuanto a la potestad argentina sobre el archipiélago y la natural e inmodificable geología que lo hace parte del continente al estar situado sobre la plataforma continental y a tan solo 480 Km de la Patagonia argentina, o por qué hoy las Islas Malvinas se volvieron tan importantes para los intereses de la corporatocracia internacional.
Y si se desea y de igual manera, sobre los actuales habitantes de una factoría militarizada que emite certificados y licencias internacionales de explotación de riquezas energéticas y minerales. Y si quisiéramos agregar más, sobre los intereses geopolíticos estratégicos de las grandes potencias mundiales en un lugar tan distante. Pero todo esto con altura, sin caer en garrulerías, superficialidades, descalificaciones e insultos, o echando mano a cuentos chinos que además, como en este caso, fueron muy mal contados.
Ignoramos que tipo de motivación pudo tener este admirador del imperio británico, que suscribe lo absurdo y lo ofensivo. Para decir por ejemplo, que gracias a la “dama de hierro” cayó la dictadura argentina???.  Deliberada provocación, intento de denigrar o simple estulticia, lo cierto es que la realidad se impone; la que nos habla de un pueblo estoico que supo resistir una feroz dictadura planificada desde los centros de poder durante la guerra fría, que, como otras en la región, cometieron genocidios tolerados por los que hoy se presentan como paladines en la tutela de la democracia y de los derechos humanos. Quisiéramos saber que hacía la “dama de hierro” citada, y a todas luces admirada, mientras las madres y abuelas de Plaza de Mayo eran agredidas, secuestradas y desaparecidas por reclamar la devolución de sus hijos, vivos o muertos, o de sus nietos arrebatados de los brazos de padres moribundos.
Pareciera que cuando se trata de defender los poderosos intereses, en cuenta los que se aferran al pasado colonial, para la perversidad humana – tan bien asumida por la codicia enamorada del poder y la riqueza – no existen ni principios ni valores, ni serios argumentos, se recurre a cualquier cosa. Aunque, en este caso no habría que descartar que ante tanto desbarro aparezca por ahí algún reclamo parecido a aquello de “mejor no me defiendas compadre”. Las Islas Malvinas son de su legítimo propietario, el pueblo argentino, y no de quienes se introdujeron en ellas por la fuerza.. Los usurpadores.
Mientras se escriben estas líneas la arrogancia inglesa hiere una vez más los sentimientos de pertenencia del pueblo argentino. En un claro acto provocativo realiza un desplante militar en las islas, esta vez con la publicitada participación de un miembro de la Corona. El artículo publicado en uno de los principales medios de Costa Rica titulado “Las Malvinas son Británicas” no expresa en lo más mínimo el sentimiento y las convicciones del pueblo costarricense que ha dado y seguirá dando su activa solidaridad con los justos y soberanos reclamos del hermano pueblo argentino.
* José Luís Callaci Leguizamo nació en Argentina. Arribó a Costa Rica, poco después de terminar sus estudios superiores en Europa.

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