MANIFIESTO DE LA RED DE RESISTENCIA ALTERNATIVA

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

por difusamente

Resistir es crear.

Contrariamente a la posición defensiva en la cual se encuentran a menudo los movimientos y grupos contestatarios o alternativos, nosotros pensamos que la verdadera resistencia pasa por la creación, aquí y ahora, de los lazos y las formas alternativas iniciadoras de movimientos, grupos y personas que, a través de una militancia por la vida, superan al capitalismo y a la reacción. Nosotros creemos que, a nivel internacional, asistimos hoy al comienzo de una contraofensiva, después de un largo tiempo de dudas, marchas atrás y destrucción de las fuerzas alternativas. Este retroceso ha sido aprovechado ampliamente por las fuerzas del neoliberalismo y el capitalismo para destruir una buena parte de lo que cientocincuenta años de luchas revolucionarias habían construido. Así, resistir es crear las nuevas formas, las nuevas hipótesis teóricas y prácticas que estén a la altura del desafío actual.


Resistir a la tristeza

Vivimos una época profundamente marcada por la tristeza. No sólo la tristeza de los llantos sino, y sobre todo, la tristeza de la impotencia. Los hombres y las mujeres de nuestro tiempo viven en la certeza de que la complejidad de la vida es tal que lo único que podemos hacer, so pena de aumentarla, es someternos a la disciplina del economicismo, el interés y el egoísmo. La tristeza social e individual nos corroe y nos convence de que no tenemos más los medios de vivir una verdadera vida y así nos sometemos al orden y a la disciplina de la sobrevida. El tirano necesita la tristeza porque así, cada uno de nosotros se aísla en su pequeño mundo, virtual e inquietante, pero a la vez los hombres tristes necesitan del tirano para justificar su tristeza. Nosotros creemos que el primer paso contra la tristeza (la forma en que existe en nuestras vidas el capitalismo) es la creación de lazos solidarios y concretos. Romper el asilamiento, crear solidaridades es el principio de un compromiso, de una militancia que no funciona más “contra” sino “por” la vida, la alegría, a través de la liberación de la potencia.


 Resistencia es multiplicidad

La lucha contra el capitalismo, que no puede reducirse a la lucha contra el neoliberalismo, implica prácticas de multiplicidad. El capitalismo ha inventado un mundo único y unidimensional, pero ese mundo no existe “en sí”.  Para existir exige nuestra sumisión y nuestro acuerdo. Ese mundo unificado, que es un mundo devenido mercancía, se opone a la multiplicidad de la vida, se opone a las infinitas dimensiones del deseo, de la imaginación y de la creación. Se opone, fundamentalmente, a la justicia. Es por eso que nosotros creemos que toda lucha que se pretenda global o totalizante contra el capitalismo queda atrapada en la estructura misma del capitalismo, es decir, la globalidad. La resistencia debe partir y desarrollar las multiplicidades mediante la creación de lazos de solidaridad y ayuda, pero en ningún caso una dirección o estructura que globalice, que centralice estas luchas.


Resistir es un centro difuso

Una red de resistencia que respete la multiplicidad es un círculo que posee,  poética y paradojalmente, su centro en todas partes.


Resistir es no desear el poder

Ciento cincuenta años de revoluciones nos enseñaron que, contrariamente a la visión clásica, el lugar del poder, los centros de poder, son a la vez centros de mínima potencia  o bien de impotencia. El poder se ocupa -por así decirlo- de la gestión, y no tiene, en sí mismo, la posibilidad de modificar desde arriba la estructura social si la potencia de los lazos reales en la base no se lo permiten. La potencia se encuentra así tendencialmente separada del poder constituido. Es por ello que nosotros pensamos que lo que sucede “arriba” es del orden de la gestión y la política, en el sentido noble, es lo que sucede “abajo”, en el ámbito del poder constituyente. Es por ello que la resistencia alternativa será potente en la medida en que abandone la trampa de la espera, es decir, el dispositivo político clásico que posterga, invariablemente a un “mañana”, a un después, el momento de la liberación. Los “amos liberadores” nos piden la obediencia hoy en nombre de una liberación que veremos mañana, pero mañana es siempre mañana. Es por esto que nosotros proponemos a los amos liberadores (comisarios políticos, dirigentes burocratizados y otros militantes tristes) la liberación aquí y ahora y la obediencia, mañana.


Resistir a la serialidad

El poder mantiene y desarrolla la tristeza apoyado en la ideología de la inseguridad. El capitalismo no puede existir sin serializar, sin dividir, sin separar. Y la separación  triunfa cuando, poco a poco, la gente, los pueblos, las naciones viven obsesionados por la inseguridad. Nada es más fácil a disciplinar que un pueblo de ovejas convencido de que son, todos y cada uno, un lobo para otro. La inseguridad y la violencia son reales, pero solamente en la medida en que lo aceptemos; es decir, que aceptemos esta ilusión ideológica que nos hace creer que somos, cada uno de nosotros, un individuo aislado del resto. Vive el hombre triste como si hubiera sido arrojado a un decorado; los otros son figurantes. La naturaleza, el mundo y los animales son “utilizables”, y cada uno de nosotros, el protagonista central y único de nuestras vidas. El individuo no es ya una persona, el individuo es una ficción, una etiqueta; la persona, en cambio, es cada uno de nosotros pero a condición de abrir los ojos a la realidad de nuestra pertenencia a este todo sustancial que es el mundo. Se trata de rechazar las etiquetas de: profesión,  nacionalidad, estado civil, desocupados, empleados, discapacitados, etc., detrás de las cuales el poder intenta uniformar y aplastar la multiplicidad que cada uno de nosotros es. Pero nosotros somos multiplicidades mezcladas con multiplicidades. Es por eso que el lazo social no es algo que haya que construir sino, más bien, asumir. Los individuos, las etiquetas, viven y refuerzan el mundo virtual. Reciben noticias de sus propias vidas a través de la pantalla de la televisión. La resistencia alternativa implica dar un lugar al real de los hombres, las mujeres, la naturaleza. Los individuos se encuentran como tristes sedentarios atrapados en sus etiquetas y roles. Es por ello que la alternativa implica asumir un nomadismo libertario.


Resistir sin amos

La creación de una vida diferente pasa, fundamentalmente, por la creación de alternativas, de modos de vida, de modos de desear. Si nosotros deseamos lo que posee el amo, si nosotros deseamos de la misma manera que el amo, estaremos condenados a repetir las famosas revoluciones pero, esta vez,  en el sentido que en la física tiene la palabra “revolución”, es decir, una vuelta completa a un mismo punto. Se trata así de inventar y de crear en lo concreto nuevas prácticas e imágenes de felicidad. Si nosotros pensamos que solamente se puede ser feliz a la manera individualista del amo y pedimos una revolución que nos de satisfacción estaremos condenados eternamente a cambiar de amos. Hay que crear un comunismo no de la necesidad sino del goce que da la solidaridad. No se debe compartir a la manera triste, es decir, porque estemos obligados. Hay que descubrir el goce de una vida más plena, más libre. En la sociedad de la separación, de la atomización, es decir, en la sociedad capitalista, los hombres y las mujeres no encuentran lo que desean, deben contentarse con desear lo que encuentran. La separación es separación así de los unos con los otros, de cada uno de nosotros con el mundo, del trabajador con su producto, pero a la vez de cada uno de nosotros, separados, exiliados de nosotros mismos. Es la estructura de la tristeza.


Una política de la libertad

En efecto, la política, en su sentido profundo, se conecta con las prácticas emancipatorias, con las ideas y las imágenes de felicidad que derivan de ellas. La política es la fidelidad con una búsqueda activa de la libertad. En contra de esta idea de la política se alza la política como gestión de la situación tal como aparece dada.

La gestión es un momento, es una tarea, es un aspecto. Pero este elemento se pretende el todo. Se reclama el todo de la política. Demanda toda la atención y jerarquiza las prioridades, limitando, frenando e institucionalizando las energías vitales que la rebasan. La gestión es representación, y la representación, como tal, es solo parte del movimiento real. Este -movimiento real- no necesita de la representación para vivir, y ésta -presentación-, en cambio, tiende a acotar la potencia de la presentación.

La política revolucionaria es aquella que persigue en todo momento la libertad pero no en tanto asociada esencialmente a hombres o instituciones, sino como un devenir permanente que no acepta atarse, fundirse, encarnarse ni institucionalizarse. La búsqueda de la libertad se vincula con la constitución del movimiento real, de la crítica práctica, del cuestionamiento permanente y del desarrollo ilimitado de la vida.

En este sentido la política revolucionario no es lo contrario de la gestión. En todo caso a lo que se opone la política es a la separación y la reificación de la gestión. Esta, como parte del todo, es parte de la política. La gestión como queriendo ser el todo de la política, en cabio, es precisamente el mecanismo de la virtualización que nos sumerge en la impotencia.

La política como tal no es sino la armonía de la multiplicidad de la vida en conflicto permanente contra sus propios límites. La libertad es el despliegue de sus capacidades y potencias, la gestión es solo un momento limitado y circunscrito en que este despliegue se representa.


Resistencia y contracultura

Resistir es crear y desarrollar contrapoder y contracultura. La creación artística no es un lujo del hombre, es una necesidad vital de la cual las inmensas mayorías se encuentran privadas. En la sociedad de la tristeza, el arte fue separado de la vida, más aún, el arte está cada vez más separado del arte mismo, porque está poseído, gangrenado por los valores mercantes. Es por ello que los artistas entienden, quizás mejor que muchos, que resistir es crear. A ellos también nos dirigimos, para que la creación supere la tristeza, es decir, la separación, para que la creación pueda liberarse de la trampa del dinero y recupere su lugar en el seno de la vida.

 Resistir a la separación

Resistir es, a la vez, superar la separación capitalista entre teoría y práctica, entre el ingeniero y el obrero, entre la cabeza y el cuerpo. Una teoría que se separa de las prácticas se transforma en una idea estéril. Es así como, en nuestras universidades, existen miríadas de ideas estériles, pero a la vez las prácticas que se separan de la teoría se condenan a desaparecer por fatiga en una suerte de autoreabsorción. Resistir, entonces, es crear los lazos entre las hipótesis teóricas y las hipótesis prácticas, que todo aquel que sepa hacer algo sepa también transmitirlo a aquellos que desean liberarse. Creamos así  las relaciones, los lazos que potencian teorías y prácticas de emancipación, de espaldas a los cantos de sirena que nos proponen “ocuparnos de nuestras vidas” y, de esa manera, respondemos que nuestras vidas, porque no son más sobrevidas, se extienden más allá de los límites de nuestra piel.


11. Resistir a la normalización

Resistir significa, a la vez, deconstruir el discurso falsamente democrático que pretende ocuparse de los sectores y la gente excluida. En nuestras sociedades, no existen los “excluidos”; en nuestras sociedades, estamos todos incluidos de maneras diferentes, de maneras más o menos indignas y terribles, pero incluidos. La exclusión no es un accidente, no es un exceso. Lo que ellos llaman exclusión e inseguridad es lo que nosotros debemos ver como la esencia misma de esta sociedad que ama la muerte. Es por esto que luchar contra las etiquetas implica nuestro deseo de contactarnos con las luchas de los denominados “anormales” o discapacitados. Nosotros decimos que no hay hombre o mujer anormal, no hay hombre o mujer discapacitados. Existen personas y modos de ser diferentes. Las etiquetas actúan como minicampos de concentración donde cada uno de nosotros está definido por un nivel dado de impotencia. Lo que nos interesa es la potencia, la libertad. Un discapacitado existe solamente en una sociedad que acepta la división entre fuertes y débiles. Si nosotros rechazamos esto, que es la barbarie, no podemos guardar el encasillamiento, la selección del capitalismo. Es por ello que la alternativa implica un mundo donde cada uno de nosotros asume su fragilidad y donde cada uno de nosotros desarrolla lo que puede, con los otros y por la vida. Conocemos, por ejemplo, la increíble riqueza de la cultura sorda, creada una vez que hombres y mujeres de coraje han sabido hacer estallar la prisión de la taxonomía médica, de la misma manera la lucha contra la psiquiatrización de la sociedad, y tantas otras luchas que, lejos de ser pequeñas luchas por un poco más de espacio, son verdaderas creaciones que enriquecen la vida. Por eso, invitamos también a resistir con nosotros a los grupos de lucha contra la normalización disciplina médico-social.

Otro tanto sucede con las formas de disciplinamiento propia de los sistemas educativos. La normalización opera aquí como una amenaza permanente de fracaso o desempleo. Existen en cambio experiencias paralelas, alternativa y diversas respecto de la escolarización en las que los problemas ligados a la educación se despliegan en una lógica diferente.

Discapacitados, desocupados, jubilados, culturas marginadas, homosexuales, son todas formas de clasificación sociológica que operan separando y aislando a partir de la impotencia, de lo que no pueden hacer, tornando unilateral y pobre, lo múltiple, lo rico, lo que puede ser visto como pleno de potencia.


12.  Resistir al repliegue

Resistir es, también, rechazar la tentación de un repliegue de identidad que separe nacionales de extranjeros. La inmigración, los flujos migratorios no son un problema, son una profunda realidad de la humanidad, desde siempre y para siempre. No se trata de ser filantrópicamente bueno para con los extranjeros, se trata de desear la riqueza que el mestizaje produce. Resistir es crear lazos entre los “sin”, sin techo, sin trabajo, sin papeles, los sin dignidad, los sin tierra, todos los sin que no poseen el “buen color de piel”, la buena práctica sexual, etc. Una unión de sin, una fraternidad de los sin, no para ser “con” sino para construir sociedades donde no existan más los sin y los con.


13. Resistir a la ignorancia

Nuestras sociedades que se pretenden culturas científicas son, en realidad, desde un punto de vista histórico y antropológico, el modo de sociedad que ha producido el máximo grado de ignorancia que la epopeya humana haya conocido. Si en toda cultura los hombres poseían técnicas, nuestra sociedad es la primera propiamente poseída por la técnica. Noventa por ciento de nuestros contemporáneos son incapaces de saber lo que pasa entre el momento en que ellos aprietan los botones y el momento en que el efecto deseado se produce. El noventa por ciento de nuestros contemporáneos ignoran la casi totalidad de los resortes y mecanismos del mundo en el cual viven. Así, nuestra cultura produce hombres y mujeres ignorantes que, al sentirse exiliados de su medio, pueden destruirlo sin más. La violencia de este exilio es tal que, por primera vez, la humanidad se encuentra frente a la real y concreta -quizás inevitable- posibilidad de su destrucción. Nos dicen que dada la complejidad de la técnica los hombres deben aceptarla sin comprenderla, pero el desastre ecológico muestra que aquellos que creen comprender la técnica están lejos de manejarla. Es urgente crear colectivos, núcleos, foros de socialización del saber para que los hombres puedan nuevamente hacer pie en el mundo real. Hoy en día, la técnica de la genética nos pone al borde de una selección entre los seres humanos de acuerdo a criterios de productividad y beneficio. El eugenismo, en nombre del bien, inhumaniza la humanidad. Nos dicen, desde las pantallas que ordenan nuestras vidas, que ya podemos proceder a la clonación de un ser humano, y nuestra triste humanidad desorientada ignora qué es un ser humano. Estas son cuestiones profundamente políticas que no deben quedar en manos de los técnicos. La res pública no debe devenir en res técnica.


14. Resistencia permanente

Resistir es afirmar que, contrariamente a lo que pudimos creer, la libertad no será nunca un puerto de llegada. Paradojalmente, la esperanza nos hunde en la tristeza. La libertad y la justicia existen solamente aquí y ahora, en y por las vías que la construyen. No hay amo bueno ni utopía realizada. La utopía es el nombre político de la esencia misma de la vida, es decir, el devenir permanente. Es por esto que el objetivo de la resistencia no será jamás el poder. El poder y los poderes están ellos condenados a no alejarse demasiado de lo que un pueblo desea. Es por ello que es siempre una actitud de esclavo creer que el poder decide el real de nuestras vidas. Es por ello que el hombre triste -decíamos- necesita al tirano. No es suficiente pedir a los hombres que ocupan el poder que dicten tal o cual ley, separadas de las prácticas de la base social. No podemos, por ejemplo, pedir a un gobierno que dicte leyes de solidaridad con los extranjeros si en la base social no construimos esta solidaridad. La ley y el poder, si son democráticos, deben reflejar el estado de la vida real de la sociedad. Es por esto que nuestro problema no es que el poder sea corrupto y arbitrario. Nuestro problema y nuestro desafío es la sociedad que este poder refleja, es decir, nuestra tarea, como hombres y mujeres libres, es que existan los lazos de solidaridad, de libertad y amistad que impidan realmente que el poder sea reaccionario. No hay más libertad que las prácticas de liberación.


15. La alternativa es lucha

 No se puede realmente ser anticapitalista y aceptar, al mismo tiempo, las imágenes de felicidad y realización que el mismo sistema genera. Si se desea ser como el amo,  tener lo que el amo tiene, se está en la posición del esclavo. El camino de la libertad es incompatible con el deseo del amo. Precisamente de la resistencia surgen otras imágenes de la felicidad y de la libertad, imágenes alternativas, ligadas a la creación y al comunismo.

Desear el poder del amo es lo opuesto a desear la libertad. Y la libertad es devenir libre, es lucha.

La composición de lazos aumenta la potencia, la separación capitalista la disminuye. La lucha por la libertad es ya lucha comunista por recuperar y aumentar la potencia. En cambio el capitalismo opera por abstracción, por serialización y reificación, descomponiendo lazos y sumergiéndonos en la impotencia. Por eso la lucha por la libertad y la democracia son devenir permanente que no encuentran encarnación definitiva. Por eso la lucha es siempre por encontrarse con la potencia, por componer lazos, por alimentar el deseo de la libertad en cada situación concreta.


16. Resistencia obrera

La resistencia y la creación de sociedades nuevas exige que pensemos a la vez la cuestión del llamado sujeto revolucionario, es decir, la clase obrera, personaje mesiánico dentro del historicismo moderno. Contrariamente a lo que pretenden los sociólogos posmodernos de la complejidad, la clase obrera no tiende a desaparecer. Simplemente, la función obrera se desplaza y se ordena geográficamente. Así, si en los países centrales numéricamente hay menos obreros, la producción se ha desplazado hacia los llamados países periféricos, donde la explotación brutal de hombres, mujeres y niños garantiza enormes beneficios a las empresas capitalistas. Así, en los países centrales, mediante la evocación de  la inseguridad y el miedo, se proponen a las clases populares alianzas nacionales para mejor explotar al tercer mundo. Nosotros decimos que la producción capitalista es una producción difusa, desigual y combinada. Es por ello que la lucha, la resistencia debe ser múltiple, pero a la vez solidaria. No existe liberación individual o sectorial. La libertad se conjuga solamente en términos universales, o dicho de otra manera, mi libertad no termina donde comienza la libertad de otro, sino que mi libertad no existe sino bajo la condición de la libertad del otro. Nosotros pensamos que si bien no existe un sujeto revolucionario, existen, de todas maneras, sujetos múltiples revolucionarios. Hoy en día, vemos florecer coordinadoras, colectivos y grupos de trabajadores que desbordan en sus reivindicaciones ampliamente las luchas sectoriales. Estas luchas deben en cada singularidad, en cada situación concreta, superar los encasillamientos del amo, es decir, rechazar la separación entre empleados y desocupados, entre nacionales y extranjeros. No porque el empleado, el nacional, hombre, blanco sea caritativo con el desempleado, el extranjero, la mujer, el discapacitado, el menor, sino porque toda lucha que acepte y reproduzca estas diferencias -hay que decirlo, claramente y de una buena vez por todas- es una lucha que, por más violenta que sea, respeta y refuerza el capitalismo.

Pero la función obrera también se desplaza en otro sentido. De la fábrica clásica como espacio físico privilegiado de constitución de valor a la fábrica social, en que el capital asume la tarea de coordinar y subsumir todas y cada una de las actividades sociales. El valor se difumina por toda la sociedad. Circula a través de las múltiples formas del trabajo. La acumulación capitalista se amplía al todo de la sociedad y, por tanto, puede ser saboteada en cualquier punto del circuito, mediante actos de insubordinación. El trabajo valoriza al mundo de formas múltiples mediante la combinación de un complejo de tareas puramente técnicas, profesionales, administrativas y creativas sean manuales o intelectuales. En la base de todo el proceso está la potencia de la cooperación como la fuerza productiva del valor.


17. Trabajo y no trabajo

Parte de la construcción de las jerarquías y clasificaciones que se nos imponen parten de la confusión de la división técnicas del trabajo y la división social del trabajo. Es que bajo la noción de trabajo entendemos dos cosas diferentes. Por un lado una actividad constitutiva, antropológica u ontológica del hombre, el conjunto de las relaciones sociales que nos conforman, la perspectiva materialista de la sociedad y la historia. Pero por otro lado el trabajo es ese deber, alienante, esa esclavitud moderna bajo la que el capital nos separa en clases. Es aquello que nos hace sufrir cuando lo tenemos y cuando no lo  tenemos. Abolir el trabajo en este último sentido es realizar las posibilidades de la idea comunista del trabajo, la del primer sentido.

Las jerarquías que se fundan en la unimidimensionalización de la vida en la cuestión del trabajo alienado, en el empleo, son las que deben quedar disueltas en la apertura a la multiplicidad de saberes y prácticas de la vida.

El trabajo, desde el punto de vista ontológico, el conjunto de las actividades que efectivamente valorizan al mundo (técnicas, científicas, artísticas, políticas)son, a la vez, una fuente de democratización radical y un cuestionamiento definitivo y total del capitalismo.


18. Resistir es construir prácticas

Resistir no es, entonces, tener opiniones. En nuestro mundo, contrariamente a lo que se cree, no hay “pensamiento único”; hay cantidades de ideas diferentes. Lo que ocurre es que opiniones diferentes no implican prácticas realmente alternativas y por lo tanto esas opiniones son solo opiniones bajo el imperio del pensamiento único o sea, de la práctica única. Hay que parar con este mecanismo de la tristeza que hace que tengamos opiniones diferentes y prácticas únicas. Romper con el mundo del espectáculo significa no ser más espectadores de nuestra vida, espectadores del mundo. Atacar al mundo virtual, este mundo que necesita para disciplinarnos, para serializarnos, que estemos todos y cada uno a la misma hora frente al televisor para informarnos, no es, entonces, decir cómo debe ser el mundo, la economía, la educación de manera abstracta. Resistir es construir millones de prácticas, de núcleos de resistencia que no se dejen atrapar por lo que el mundo virtual llama “seriedad”. Ser realmente serio no es pensar la globalidad y constatar nuestra impotencia. Ser serios implica construir, aquí y ahora, las redes y lazos de resistencia que liberen la vida de este mundo de muerte. La tristeza es profundamente reaccionaria. Ella es comprensible pero no deja de ser reaccionaria. La tristeza nos hace impotentes. La liberación, finalmente, es también liberación de los comisarios políticos, en síntesis, de todos estos agrios y tristes amos liberadores. Es por esto que resistir es también esta invitación a crear las redes que nos saquen del aislamiento. El poder nos quiere aislados y tristes, sepamos ser alegres y solidarios.

Es en este sentido que nosotros no reconocemos la militancia como una elección individual. Todos tenemos un determinado grado de compromiso. No existen los no militantes o los independientes. Todos estamos ligados. La cuestión es saber por un lado qué grado de compromiso se tiene y, por otro, saber en que lado de la lucha está uno comprometido.


19. Conectarse es potenciarse

Resulta imprescindible reflexionar sobre nuestras prácticas. Pensarlas, volverlas visibles, inteligibles, comprensibles. Poder conceptualizar lo que hacemos es parte de la legitimidad de nuestras construcciones y, además, de la socialización de saberes entre quienes pensamos haciendo y hacemos pensando. Ser nosotros mismos lectores, pensadores y teóricos de nuestras prácticas para evitar que nos empobrezcan con lecturas normalizadoras. Ser capaces de apreciar el valor de nuestro trabajo.


20. Resistir es crear lazos.

Este manifiesto es una invitación no a adherir a un programa o menos aún a una organización. Invitamos simplemente a los hombres y las mujeres, a los grupos y colectivos que se sientan reflejados en estas preocupaciones a tomar contacto con nosotros, a contarnos vuestras experiencias e inquietudes para comenzar aquí y ahora a destruir el aislamiento.

Nosotros pedimos a quienes en los distintos países llegue por diferentes medios este manifiesto fotocopiarlo o difundirlo por los medios que disponga.

De nuestra parte, sin privarnos ni rechazar métodos como internet, pensamos que sería mejor que este manifiesto pueda circular de manera mas concreta de mano en mano.

Todos aquellos que solos o juntos quieran producir comentarios, propuestas o relatos que nos los  hagan llegar. Nosotros nos comprometemos a hacerlo circular por la RED DE RESISTENCIA ALTERNATIVA.

Al no proponernos construir un centro o dirección ponemos a disposición de los compañeros y amigos el conjunto de los contactos de la  R.R.A. para que éstos, proyectos y diálogos no se hagan de forma concéntrica.


21. Colectivo de colectivos

Muchos de nuestros colectivos  y grupos poseen revistas o publicaciones. En ellas se encuentran a menudo experiencias y saberes que pueden ser provechosos para los otros grupos. La RRA se propone acumular y poner a disposición  de los otros grupos estos saberes libertarios que puedan ayudar y potenciar la lucha de los compañeros.

Cientos de luchas se agotan por aislamiento o por falta de apoyo. Cientos de luchas se ven obligadas, por así decirlo, a empezar de cero. Y cada lucha que fracasa no es sólo una “experiencia”, cada fracaso refuerza,  vacuna al enemigo. De ahí la necesidad de ayudarnos,  de crear “retaguardias solidarias” para que cada persona, que en cualquier lugar del mundo luche a su manera, en su situación, por la vida y contra la opresión pueda; contar con nosotros, como nosotros esperamos contar con ustedes.


22. Anticapitalismo activo

El capitalismo no caerá desde arriba.  Es por esto que en la construcción de las alternativas no hay proyecto chico o proyecto grande.

Desde el otoño de Buenos Aires, 1999.

Firmas:

Colectivo Situaciones (Argentina)

Asociación Madres de Plaza de Mayo (Argentina)

Colectivo Amauta (Perú)

Malgré Tout (París-Francia)

Fuente: http://difusamente.wordpress.com

 

Tomado de

Semanario Alternativas

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