México: Reformas constitucionales benefician a la iglesia

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

Cuernavaca
Amenazan acabar con el Estado Laico

*Reformas constitucionales benefician a la iglesia
El Sol de Cuernavaca
17 de febrero de 2012


Israel Mariano Ramírez

Cuernavaca, Morelos.-

estado laicoCiudadanos autodenominados liberales manifestaron su inconformidad por las reformas al articulo 24 de la Constitución Política Mexicana, que fueron aprobadas el pasado 15 de diciembre en la cámara baja, las cuales dicen que abren las puertas para acabar con el Estado laico, por lo tanto, acudirán ante los senadores y hacerles ver la gravedad y el retroceso que implicaría en materia de derechos sociales el aprobarlas.

A nombre de las logias y ritos de masones en la entidad, Adolfo Viazcán Rebollo, explicó que muchos de los diputados federales están comenzando a entender la gravedad de lo que hicieron porque todo ocurrió en la última sesión del 2011. Para el próximo 18 de marzo, fecha significativa de Benito Juárez, realizarán una gran asamblea con los senadores morelenses, donde explicarán los alcances de estas reformas.

Y es que Morelos, dijo junto con cinco estados de la República es de los pocos que tiene reconocida la condición de laico por decreto, a pesar de esta situación el pasado 15 de diciembre, en el Congreso de la Unión fue aprobada una reforma al articulo 24 de la Constitución Política, "lo que pone en grave peligro la laicidad del país y pone sobre el camino del estado confesional, que durante 200 años ha pretendido recuperar el clero político".

En su opinión no pueden aceptar el estado laico porque ha sido larga la lucha para alcanzar a ser un estado laico, "no hemos perdido de vista el avance de las fuerzas de derecha desde 1988; y hemos decidido ayudar para que los ciudadanos se enteren de lo que están pretendiendo hacer los legisladores, menos las repercusiones del texto que aprobaron el 15 de diciembre".

Desde esa fecha hasta hoy, dijo Viazcan Rebollo, los legisladores se han retractado luego de hablar con ellos y han reconocido su equivocación por haber dado su voto a favor; un punto a favor de su lucha es que la ley aún no ha sido aprobada por el senado y en razón de ello, "creemos que estamos a tiempo para evitar que esta reforma se llegue a consolidar en todo México, porque en caso de consolidarse un Estado confesional los partidos políticos, no tendrían más allá de diez años de vida y los avances sociales y políticos serán revertidos".

Por eso, los llamados liberales en Morelos, criticaron el objetivo de la reforma, por medio de la cual, los religiosos solicitan ser propietarios de medios masivos de comunicación, tener acceso y evangelizar al Ejército Mexicano, construyendo capillas y curas en cada uno de las zonas militares, ser votados sin renunciar a la representación clerical, "es decir, que de aprobarse después de este sexenio, el próximo presidente podría ser un obispo o cura, pero además piden ser asesores morales en hospitales, orfanatos y asilos, el más grave quizás, es que piden que en todas las escuelas públicas haya un ministro de culto pagado por el Gobierno federal".

 

 

 

Reforma constitucional en México: ¿Son laicos los senadores?

Rodolfo Echeverría Ruiz

Los senadores tienen en estos días bajo su responsabilidad histórica y ética un asunto crucial para la democracia y las libertades en México. Resolverán muy pronto si con sus votos mayoritarios consolidan y robustecen al Estado laico y multiplican con ello las garantías y los derechos ciudadanos o sí, por el contrario, abren la puerta al retorno triunfal y revanchista de la hegemonía del alto clero católico obsesionado como está con la idea de recuperar su ilegítimo poder político. Esa es la magnitud del desafío lanzado por la derecha montaraz a la conciencia republicana y a la estirpe laica del Senado.

Durante el período ordinario de sesiones en curso deberán dictaminar, discutir y votar dos minutas procedentes de la Cámara de Diputados. Una (la reforma del artículo 40 constitucional) está encaminada a consolidar al régimen jurídico laico de la República, con todo su significado político, reivindicador de la suprema autonomía del Estado. La otra (reforma del 24 del mismo ordenamiento máximo) atenta -con lenguaje confuso y sibilino e inocultable intención restauradora del fuero eclesiástico- contra el concepto democrático de laicidad característico de todo nuestro texto constitucional.

Ese concepto de laicidad es consustancial a la noción moderna del Estado. Atrás de ese principio, vigente en México desde hace 150 años, se encuentran las grandes coordenadas de la segunda independencia nacional protagonizada y consumada por Juárez y la generación de la Reforma.

El artículo 40 podría ser enriquecido en el Senado si insertaran en la definición estructural de la República una palabra clave -laica- capaz de reafirmar su carácter intrínsecamente secularizador. Por el contrario, la propensión antilaica de la pretendida reforma del 24 -inspirada por la entrometida Nunciatura Apostólica, la cúpula episcopal y los sectores más duros de las derechas aliadas con la encumbrada jerarquía eclesiástica- daría marcha atrás a todo lo conseguido a lo largo de nuestra historia y destruiría el conjunto de libertades ciudadanas ganadas a partir de la promulgación de las Leyes de Reforma hace siglo y medio.

Aceptar en el Senado las modificaciones al 24 constitucional como provienen de la colegisladora equivaldría a fomentar el discurso político hegemónico oriundo del poder eclesiástico católico. Y ello en perjuicio irreparable de otras iglesias, de otros creyentes o de los no creyentes: todos ellos juntos suman casi 20 millones de compatriotas.

La teoría clásica del federalismo bicameral define al Senado como instancia presumiblemente moderadora de los hipotéticos excesos cometidos por los diputados. Los senadores deberían entenderlo: la malversación del 24 anularía la democrática reforma del 40. Si aprobaran la del 40 y dictaminaran y votaran en contra la del 24, la República saludaría a un genuino Senado laico.

En nuestro país los conceptos históricos y jurídicos, políticos y culturales de República y de laicidad son inseparables y complementarios. Unos alimentan a los otros. Se sostienen de manera recíproca. El Senado mexicano es laico por su naturaleza, por la respetable densidad de sus anales históricos, por su manera de consustanciarse con la idea primigenia de República. Por eso se llama Senado de la República.

La reforma del 24 fue innecesaria, pero no inofensiva. Y no obstante que al final del accidentado debate escenificado en la Cámara de Diputados no quedó ese artículo como pretendían la derecha y el episcopado, lo grave, lo verdaderamente grave, estriba en su tan notoria como aviesa intención: se dejaría abierta la puerta para imponer educación católica en las escuelas públicas y concesionar medios de comunicación al clero político e integrista, amén de otros muchos privilegios que exigirían sin cesar.

La reforma al artículo 24 se hizo de manera sorpresiva y a empujones. Literalmente a empujones. Toca ahora al Senado deshacer ese peligrosísimo entuerto, mantener a salvo el carácter laico de nuestra Constitución y dictaminar y votar de manera favorable la reforma del artículo 40.

Y aunque es verdad que en el malhadado y ambiguo debate del 15 de diciembre de 2011 se evitó que la derecha y el clero político se salieran con la suya, es flagrante su designio antilaico.

Con sosiego republicano y apego estricto al carácter laico de nuestra Constitución, los senadores deberán, por un lado, impedir el intento de reforma del artículo 24 y, por el otro, consolidar y robustecer a nuestro Estado laico a través de la aprobación de la reforma al artículo 40 constitucional.

El concepto mexicano de laicidad va de la mano de una categoría democratizadora por excelencia. Es el principio de la secularización progresiva de un sociedad libre integrada por ciudadanos cada vez más libres y autónomos. El grado de secularización de un país describe la intensidad y el valor de su vida democrática.

También son inseparables las ideas de laicidad y modernidad. La de laicidad viene, sí, de la Ilustración y, desde luego, de nuestra reforma juarista, pero hoy es fundamental motor y sostén de la convivencia democrática en el siglo XXI.

El Estado laico garantiza la autonomía moral y la conciencia autolegisladora del ciudadano.

Los senadores deben hacer honor a su condición republicana, a sus antecedentes históricos liberales y asegurar, con sus votos mayoritarios, la naturaleza y el futuro laico del Estado mexicano.

 

Periodistas en español

sociedad de la información - derechos humanos

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