Neoliberalismo, pobreza y destrucción ecológica: el programa del Banco Mundial para África

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

Poco después del lanzamiento en febrero del documento de estrategia para la próxima década del Banco Mundial, “El futuro de África y el Apoyo del Banco Mundial”, se produjo una nueva ola de demagogia sobre el desarrollo.


Por Patrick Bond (*) – Revista Sin Permiso / IARNoticias

En menos de tres meses, se extendió un mini-tsunami de afro-optimismo: la perspectiva económica para el Africa Subsahariana del Fondo Monetario Internacional, el optimista estudio de la Comisión Económica sobre Africa, el informe sobre la competitividad del Foro Económico Mundial de Africa, y el descubrimiento del Banco Africano para el Desarrollo, de una extensa “nueva clase media” (creativamente definida incluyendo al 20% de los africanos cuyos gastos son de $ 2-4/día).

Borrachas en su propia retórica neoliberal, las  organizaciones multilaterales se desmayan ante las supuestamente excelentes perspectivas de exportación y de crecimiento del continente, restando importancia en este proceso a las opresiones estructurales subyacentes de las que son cómplices: las relaciones de poder corruptas, la vulnerabilidad económica, el empeoramiento de la “maldición de los recursos”, la apropiación de tierras y las amenazasde caos ambiental y enfermedades.

Estos temas son sólo mencionados de pasada en la Estrategia para África del Banco – el más completo de estos panfletos del revival-neoliberal – pero un análisis sincero, honesto del papel del autor es inconcebible, incluso después de un cáustico informe interno del Grupo Independiente de Evaluación sobre los errores de los últimos tiempos. Ese esfuerzo, el Plan de Acción para África 2005 (AAP), se asoció con la Cumbre del G-8 en Gleneagles, con grandes promesas y pocos resultados.

El Banco reconoce que la AAP fue un “ejercicio de arriba hacia abajo, preparado en un corto período de tiempo con poca consultas con los clientes y las partes interesadas”, y que se echaba en falta la “actuación del Banco en la región”. Es revelador que el Banco confiese: “La gente que tuvo que aplicar el plan no tenía mucho compromiso con el Plan de Acción para Africa, y en algunos casos ni siquiera lo conocían.”

Tiranos y demócratas

Aunque en 2021 probablemente se dirá lo mismo de esta estrategia, el Banco afirma que su antídoto es “debates cara a cara con más de 1.000 personas en 36 países.” Sin embargo, como demuestran las declaraciones de los asistentes, el Banco reprodujo sólo los comentarios más banales.

Tampoco la Estrategia propone nuevas alianzas importantes (por ejemplo, con la Fundación Gates). Sólo hay una rápida referencia a dos socios de la sociedad civil, el África Capacity Building Foundation (Harare) y el Consorcio de Investigación Económica de África (Nairobi), que en conjunto han educado a 3000 neoliberales locales, según comenta el Banco con orgullo.

Vergonzosamente, el Banco rápidamente se inclina a apoyar tres instituciones continentales: la Unión Africana (UA), la Nueva Alianza para el Desarrollo de África (fundada por el ex presidente de Sudáfrica Thabo Mbeki, en 2001) y el Procedimiento Africano de Evaluación (African Peer Review Mechanism, 2003). Los dos últimos son por lo general considerados como fracasos rotundos. En cuanto al primero, hubo una vez grandes esperanzas de que la UA respondería a las aspiraciones socio-políticas y económicas de África, pero Muammar Gaddafi ejerció un fuerte control como Presidente de la UA y causó un clientelismo no desdeñable.

Horace Campbell señaló otras contradicciones en el liderazgo africano (Pambazuka News, marzo):

“Que los líderes actuales de África puedan apoyar la elección de Teodoro Obiang Nguema, como presidente de esta organización indica que la mayoría de estos líderes como Denis Sassou-Nguesso de la República del Congo, Robert Mugabe de Zimbabwe, Omar al-Bashir de Sudán, Paul Biya, de Camerún, Blaise Compaoré de Burkina Faso, Meles Zenawi, de Etiopía, Ali Bongo de Gabón, el rey Mswati III de Swazilandia, Yoweri Museveni, de Uganda, Ismail Omar Guelleh, de Djibouti, y Yahya Jammeh, de Gambia, no son serios traduciendo la letra del Acta Constitutiva en realidad. “

Este tipo de gobernantes son los ejecutores lógicos de la estrategia del Banco. Ninguna cantidad de falsas consultas con la sociedad civil puede disfrazar la acumulación de deudas odiosas para las sociedades africanas ocasionadas gracias al Banco, al FMI y sus aliados los prestatarios fuertes.

Sin embargo, los presidentes citados están lejos de ser tan fuertes como el Banco asume. En un mapa, elaborado recientemente por una consultoría, de los países considerados con niveles “bajos” de “fragilidad estatal”, se incluye a Túnez y Libia – justamente cuando acaba de caer la antigua tiranía del primero y el segundo está viviendo revueltas.

Por el contrario, la Estrategia para África no hace mención alguna de los molestos, los demócratas de la sociedad incivil que se oponen a los dictadores aliados del Banco.

Firoze Manji, editor de Pambazuka, comenta:

“Su ira se manifiesta en el nuevo despertar que hemos presenciado en Túnez, Egipto, Libia, Yemen, Costa de Marfil, Argelia, Senegal, Benin, Burkina Faso, Gabón, Djibouti, Botswana, Uganda , Swazilandia y Sudáfrica. Estos despertares son sólo una fase en la larga lucha de los pueblos de África para reafirmar el control sobre nuestros propios destinos, para reafirmar la dignidad y para luchar por la autodeterminación y emancipación. “

Inadecuado enfoque en África

El Banco continuará poniendo obstáculos financiando opresores, y la Estrategia para África será algo estructuralmente enfermo y cursi. Usando una metáfora arquitectónica, el documento señala: “La estrategia tiene dos pilares – la competitividad y el empleo, y la vulnerabilidad y la resistencia – y tiene una base – la gobernanza y la capacidad del sector público.”

Dejando a un lado la retórica hipócrita sobre la gobernanza, el primer pilar se derrumba, porque con frecuencia una mayor competitividad requiere la importación de máquinas para reemplazar a los trabajadores (por esa razón la tasa de desempleo en Sudáfrica se duplicó con la reestructuración económica posterior al apartheid). Y el consejo del Banco para todos los países africanos a hacer lo mismo – ¡a exportar! – exacerba la saturación de minerales o de cultivos comerciales, como se experimentó desde 1973 hasta el boom de las materias primas de 2002-08.

La Estrategia del Banco también se enfrenta a “tres riesgos principales: la posibilidad de que la economía mundial experimente una mayor volatilidad; los conflictos y violencia política; y el hecho de que los recursos disponibles para aplicar la estrategia puedan ser inadecuados.”

Estos no son sólo riesgos, sino certezas, habida cuenta de que los administradores de la economía mundial dejaron sin resolver todos los problemas que causaron la crisis 2008-09; los conflictos por los recursos naturales aumentarán a medida que comiencen a escasear (especialmente el petróleo como se muestra en el Golfo de Guinea), y los donantes recortarán los presupuestos de ayuda al desarrollo durante los próximos años. Sin embargo, mientras que el Banco mantiene “cierta confianza en que estos riesgos pueden ser mitigados”, su estrategia en realidad los amplifica.

El Banco actúa en su propio interés – pero no como estrategia para África – al promover nuevas exportaciones de países africanos que ya sufren extrema dependencia de los productos básicos. Económicamente, la estrategia es insostenible, con los países europeos en graves dificultades y haciéndose morosos, Japón estancado, los EE.UU. probablemente entrando en una recesión de doble caída, y China y la India compitiendo como locas con empresas mineras occidentales y con empresas de bio-ingeniería por los recursos de África y por la apropiación de sus tierras . En ninguna parte se puede encontrar ninguna intención real de ayudar a África a industrializarse de una forma equilibrada.

Más adelante el Banco hace una consideración suave: “Mientras que África, siga siendo una parte relativamente pequeña de la economía mundial, poco puede hacer para evitar tal contingencia. La presente estrategia está diseñada para ayudar a las economías africanas a lidiar con estas circunstancias mejor que antes.” Pero no se trata de “circunstancias” y “contingencias”. Son las características principales de la economía política Norte-Sur de las que África debería ser protegida.

El neoliberalismo, la pobreza y la destrucción ecológica

Un ejemplo penoso es el cálido respaldo del Banco hacia el comercio de flores cortadas de Kenia, a pesar de que empeora la escasez de agua, la inestabilidad de los precios de los productos básicos y las exigencias del impuesto sobre el carbono. “Entre 1995 y 2002, la exportación de flores cortadas de Kenia creció un 300 por ciento” – mientras que la agricultura campesina cercana sufrió una escasez paralizante de agua, un problema que no vale la pena mencionar en la propaganda del Banco.

¿De dónde viene el almacenamiento de agua y electricidad? La política del Banco promocionando gigantescos embalses (como Bujagali en Uganda o en Inga en la República Democrática del Congo) hace caso omiso de la incapacidad de los pobres para pagar por la energía hidroeléctrica, por no hablar del empeoramiento de la evaporación relacionada con el clima, la sedimentación o las emisiones de metano tropicales.

Otros silencios son reveladores, como expresa esta confesión previa del Banco con “mentalidad de silo” [1] : “Centrarse en la salud ha llevado al descuido de otros factores como el agua y el saneamiento que determinan la supervivencia infantil”. La razón por la cual el agua no se financió suficientemente, según el famoso informe macroeconómico de Jeffrey Sachs de 2001 para la Organización Mundial de la Salud se debió en parte a que sus analistas no evaluaron correctamente por qué $ 130 mil millones invertidos en perforación y conducciones de agua, resultaron un fracaso en la década de 1980 a los 90: los subsidios para cubrir los déficit de operación y mantenimiento fueron insuficientes.

La falta de subvenciones para infraestructura básica es un problema constante, en parte debido a que “la promesa del G-8 de duplicar la ayuda a África se quedó corta en aproximadamente $ 20 mil millones.” Así que como resultado, “la estrategia actual hace hincapié en las asociaciones con los gobiernos africanos, el sector privado y otros socios para el desarrollo”, a pesar de que las asociaciones público-privadas rara vez funcionan. La mayoría de los sistemas privatizados de agua de África se han desmoronado.

Sudáfrica ha tenido muchos experimentos fallidos de ese tipo, prácticamente en todos los sectores. El último préstamo del Banco a Pretoria, por $ 3,75 mil millones (el préstamo para un proyecto más grande de su historia) es en sí mismo una refutación a gritos de la teoría de la Estrategia según la cual “el programa del Banco en África apoyará la infraestructura sostenible”. El enfoque va más allá de simplemente cumplir con las garantías medioambientales. Pretende ayudar a los países a desarrollar estrategias de energía limpia que elijan la combinación adecuada de productos, tecnologías y ubicación para promocionar tanto la infraestructura como el medio ambiente. “

Ese préstamo produjo además una desigualdad extrema en los precios de la electricidad y legitimó prácticas corruptas del Congreso Nacional Africano en las ofertas de construcción.

Esto generó la condena del gobierno por sus propios investigadores y los del Banco, incluso, por un periódico de negocios de Johannesburgo, que por lo general era un buen aliado.

Los trabajadores sudafricanos también mostraron su desacuerdo con una declaración del Banco: “La regulación del trabajo (por ejemplo en Sudáfrica) a menudo limita a las empresas… En algunos países, como Sudáfrica (donde la tasa de desempleo es del 25 por ciento), una mayor flexibilidad en el mercado de trabajo aumentará el empleo.”

Esta opinión, expresada en varias ocasiones por Shanta Devarajan, economista jefe del Banco para África, agresivamente neoliberal, no es refutada sólo por los 1,3 millones de puestos de trabajo perdidos en 2009-10, sino además por el análisis de la consulta al Artículo IV del Fondo Monetario Internacional de septiembre de 2010, que sitúa a Sudáfrica en la parte superior de la Clasificación de la flexibilidad laboral en el mundo, sólo detrás de los EE.UU., Gran Bretaña y Canadá.

Hay otros dogmas neoliberales, por ejemplo, “Las microfinanzas, cuando hay crecimiento, tienen un enorme potencial sin explotar en África.” El Banco al parecer no se enteró de la crisis mundial de las microfinanzas, simbolizada por la destitución de Muhammad Yunus, como ejecutivo del Grameen Bank (justo cuando se publicó la Estrategia), las muchas controversias sobre las tasas de interés usurarias, o los 200.000 suicidios de pequeños agricultores en Andra Pradesh, India, en los últimos años debido a las cargas insoportables de sus microdeudas.

El Banco también apoya teléfonos móviles, que supuestamente “están llegando a ser el activo más valioso de los pobres. La adopción generalizada de esta tecnología – en gran parte debido al entorno reglamentario y el espíritu empresarial – abre la posibilidad de que pudiera servir como un vehículo para transformar la vida de los pobres”. El Banco se olvida de los grandes problemas vividos en los mercados nacionales de teléfonos móviles, incluyendo la propiedad y el control por parte de empresas extranjeras.

Y en relación con “el cambio climático, la mayor amenaza a África a causa de su impacto potencial, también podría ser una oportunidad. La adaptación tendrá que abordar la gestión sostenible del agua, incluidas las necesidades inmediatas y futuras de almacenamiento, la mejora de las prácticas de riego, así como el desarrollo de mejores semillas”. Los peligros de inundaciones y sequías para los campesinos y los administradores urbanos, con una subida probable de 7 grados, son subestimados, y las oportunidades de una visión más amplia de una Africa post-carbono, no se tienen en cuenta, ni tampoco la importancia del pago de la deuda climática hacia Africa por parte del Norte (incluyendo al propio Banco Mundial).

¿”Consenso de África”?

Si descontamos la financiación del Banco para mega-proyectos locos como el de 3750 millones de dólares prestados a Sudáfrica para construir la cuarta mayor planta eléctrica de carbón del mundo en abril pasado, no hay mucho en juego en la cartera de la Estrategia con 2,5 mil millones de euros /año para la década.

Sin embargo, la arrogancia de la Estrategia para África es peligrosa no sólo por alejarse tanto de la realidad, sino por buscar un camino de la Estrategia del Banco hacia “un consenso africano.” El Banco se compromete a “trabajar en estrecha colaboración con la UA, el G-20 y otros foros para apoyar la formulación de la respuesta política de África a los problemas globales, tales como la reglamentación financiera internacional y el cambio climático, porque hablar con una sola voz tendrá mayor impacto. “

¿Necesita África una voz única neoliberal predicando “consenso”, que habla desde lo alto de unos pilares apoyados en inestables cimientos basados en premisas falsas y en procesos corruptos, pilotando proyectos insostenibles, aliada con tiranos incurables, impermeables a las exigencias de democracia y justicia social? Si es así, el Banco tiene una estrategia que ya se está desarrollando.

Y si todo va bien, manteniéndose la situación actual, las predicciones de la Estrategia para 2021 incluyen una disminución en la tasa de pobreza en un 12 por ciento y al menos cinco países que se incorporarán a las filas de las economías de ingresos medios (los candidatos son Ghana, Mauritania, Las Comores, Nigeria, Kenia y Zambia).
Lo más probable, sin embargo, es que se agrave el desarrollo desigual y la creciente irrelevancia del Banco mientras que los africanos siguen protestando valerosamente contra el neoliberalismo y las dictaduras, en busca tanto de libertades políticas como de la liberación socio-económica.

 

Tomado de

La poca madre de los poderosos

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