Noam Chomsky: "Aniversarios de la “nohistoria” / Anniversaries From "Unhistory"

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

 Aniversarios de la “nohistoria”


Noam Chomsky
NYT/Truthout


Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens


Volando bajo el control de radar con un B-66 Destroyer, la Fuerza Aérea de los pilotos de F-105 Thunderchief bombardear un objetivo militar a través de las nubes bajas sobre la península de sur de Vietnam del Norte. 14 de junio 1966. (Foto : Lt. Col. Cecil J. Poss, USAF)



George Orwell acuñó el útil término “nopersona” para personas a las que se niega el estatuto de personas  porque no acatan la doctrina estatal. Podemos agregar el término “nohistoria” para referirnos a la suerte de nopersonas, expurgadas de la historia por motivos semejantes.

La nohistoria de las nopersonas se recuerda a lo largo de los los aniversarios. Los importantes generalmente se conmemoran con la debida solemnidad cuando resulta apropiado, como por ejemplo Pearl Harbor. Pero otros no se conmemoran y podríamos aprender mucho de nosotros si los sacamos de la nohistoria.

Ahora mismo no conmemoramos un evento de gran significación humana: el 50 aniversario de la decisión del presidente Kennedy de lanzar la invasión directa de Vietnam del Sur, que pronto se convirtió en el crimen más extremo de agresión desde la Segunda Guerra Mundial.

Kennedy ordenó que la Fuerza Aérea de EE.UU. bombardeara Vietnam del Sur (en febrero de 1952, se habían realizado cientos de misiones); autorizó la guerra química para destruir cultivos con el fin de hambrear hasta la sumisión a la población rebelde; y activó programas que acabaron llevando a millones de aldeanos a tugurios urbanos y a campos virtuales de concentración, o “Aldeas Estratégicas”. Allí los aldeanos serían “protegidos” contra las guerrillas indígenas a las cuales, como sabía el gobierno, apoyaban voluntariamente.

Los esfuerzos oficiales para justificar los ataques eran escasos y la mayor parte fantasiosos. Uni típico fue el apasionado discurso del presidente ante la Asociación Estadounidense de Editores de Periódicos el 27 de abril de 1961, cuando señaló que “en todo el mundo se nos opone una conspiración monolítica e implacable que se basa primordialmente en medios clandestinos para expandir su esfera de influencia”. En las Naciones Unidas, el 25 de septiembre de 1961, Kennedy dijo que si esa conspiración lograba sus objetivos en Laos y Vietnam “las puertas quedarán abiertas”.

Los efectos a corto plazo fueron mencionados por el altamente respetado especialista en Indochina e historiador militar Bernard Fall, que no era pacifista, pero se preocupaba por la gente de los países atormentados.

A principios de 1965 calculó que unos 66.000 sudvietnamitas murieron entre 1957 y 1961; y otros 89.000 entre 1961 y abril de 1965, en su mayoría víctimas del régimen cliente de EE.UU. o “del peso aplastante de los blindados, napalm, bombarderos jet y finalmente gases vomitivos estadounidenses”.

Las decisiones se mantuvieron ocultas, así como las espantosas consecuencias que persisten. Para mencionar solo una ilustración: Scorched Earth de Fred Wilcox, el primer estudio serio del horripilante y continuo impacto de la guerra química en los vietnamitas, apareció hace algunos meses –y probablemente se sumará a otras obras de la nohistoria. El núcleo de la historia es lo que sucedió. El núcleo de la nohistoria es “borrar" lo que sucedió.

En 1967, la oposición a los crímenes en Vietnam del Sur había llegado a un grado importante. Cientos de miles de soldados de EE.UU. causaban estragos en Vietnam del Sur y se sometían las áreas pobladas a intensos bombardeos. La invasión se había propagado al resto de Indochina.

Las consecuencias habían llegado a ser tan horrendas que Bernard Fall predijo que “Vietnam como entidad cultural e histórica… está amenazado de extinción… (mientras)… el campo literalmente muere bajo los golpes de la mayor maquinaria militar jamás desatada contra un área de ese tamaño”.

Cuando la guerra terminó ocho devastadores años más tarde, la opinión dominante estaba dividida entre los que la llamaban una “causa noble” que podría haberse ganado con más dedicación y en el otro extremo, los críticos, para quienes había sido “un error” que resultó demasiado costoso.

Faltaban todavía los bombardeos de la remota sociedad campesina del norte de Laos, con tal magnitud que las víctimas vivieron en cuevas durante años para tratar de sobrevivir; y poco después el bombardeo de Camboya rural, sobrepasando el nivel de todos los bombardeos aliados en el escenario del Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial.

En 1970, el consejero nacional de seguridad de EE.UU., Henry Kissinger, ordenó “una masiva campaña de bombardeo en Camboya. Cualquier cosa que vuele sobre cualquier cosa que se mueva” –un llamado al genocidio de un tipo raramente encontrado en los archivos conocidos.

Laos y Camboya fueron “guerras secretas”, porque la información fue poca y los hechos todavía son poco conocidos por el público en general o incluso por elites educadas, quienes sin embargo pueden recitar de memoria cada crimen real o supuesto de los enemigos oficiales.

Otro capítulo en los anales desbordantes de la nohistoria

Dentro de tres años podremos –o no podremos– conmemorar otro evento de gran relevancia contemporánea: el octavo centenario de la Carta Magna.

Ese documento es el fundamento de lo que la historiadora Margaret E. McGuiness, refiriéndose a los Juicios de Núremberg, aclamó como un “tipo particularmente estadounidense de legalismo: castigo solo para quienes se pueda demostrar que son culpables, por medio de un juicio justo, con una panoplia de protecciones de procedimiento”.

La Carta Magna declara que “ningún hombre libre” será privado de derechos “excepto por el juicio legal de sus pares y por la ley del país”. Los principios se ampliaron posteriormente para aplicarlos a todas las personas en general. Cruzaron el Atlántico y entraron en la Constitución y en la Declaración de Derechos de EE.UU., señalando que no se puede privar de derechos a ninguna "persona" sin el debido proceso y un juicio rápido.

Los fundadores, claro está, no querían que el término “persona” se aplicara a todas las personas. Los americanos nativos no eran personas. Tampoco los esclavos. Las mujeres apenas eran personas. Sin embargo, concentrémonos en la noción central de la presunción de inocencia, que se ha arrojado al olvido de la nohistoria.

Otro paso del debilitamiento de los principios de la Carta Magna fue cuando el presidente Obama firmó la Ley de Autorización de la Defensa Nacional, que define la práctica Bush-Obama de detención indefinida sin juicio bajo custodia militar.

En la actualidad ese tipo de tratamiento es obligatorio en el caso de los acusados de ayudar a fuerzas enemigas durante la “guerra contra el terror”, u opcional si los acusados son ciudadanos estadounidenses.

El alcance es ilustrado por el primer caso de Guantánamo que llegó a proceso bajo el presidente Obama: el de Omar Khadr, un ex niño soldado acusado del horrendo crimen de tratar de defender su aldea afgana cuando fue atacada por fuerzas de EE.UU. Capturado a los 15 años, Khadr fue encarcelado durante ocho años en Bagram y Guantánamo, luego llevado ante un tribunal militar en octubre de 2010, donde se le dio la alternativa de declararse inocente y permanecer en Guantánamo para siempre, o de declararse culpable y permanecer solo 8 años más. Khadr prefirió esto último.

Muchos otros casos iluminan el concepto de “terrorista”. Uno es Nelson Mandela, sacado de la lista de terroristas solo en 2008. Otro fue Sadam Hussein. En 1982 Irán salió de la lista de Estados que apoyaban el terrorismo para que el gobierno de Reagan pudiera suministrar ayuda a Hussein después de que invadió Irán.

La acusación es caprichosa, sin revisión o recurso, y refleja comúnmente objetivos políticos, en el caso de Mandela para justificar el apoyo del presidente Reagan a los crímenes del Estado del apartheid en su defensa contra uno de los “grupos terroristas más notorios” del mundo: el Congreso Nacional Africano de Mandela.

Lo más importante está consignado en la nohistoria.

© 2011 Noam Chomsky

Distributed by The New York Times Syndicate.

© 2011 The New York Times Company

El libro más reciente de Noam Chomsky, en colaboración con Ilan Pappe, es "Gaza in Crisis." Chomsky es profesor emérito de lingüística y filosofía en el Massachusetts Institute of Technology en Cambridge, Mass.

Fuente: http://www.truthout.org/anniversaries-unhistory/1328369965

Anniversaries From "Unhistory"

 

by: Noam Chomsky, Truthout | Op-Ed

Flying under radar control with a B-66 Destroyer, Air Force F-105 Thunderchief pilots bomb a military target through low clouds over the southern panhandle of North Vietnam. June 14, 1966. (Photo: Lt. Col. Cecil J. Poss, USAF)

George Orwell coined the useful term “unperson” for creatures denied personhood because they don’t abide by state doctrine. We may add the term “unhistory” to refer to the fate of unpersons, expunged from history on similar grounds.

The unhistory of unpersons is illuminated by the fate of anniversaries. Important ones are usually commemorated, with due solemnity when appropriate: Pearl Harbor, for example. Some are not, and we can learn a lot about ourselves by extricating them from unhistory.

Right now we are failing to commemorate an event of great human significance: the 50th anniversary of President Kennedy’s decision to launch the direct invasion of South Vietnam, soon to become the most extreme crime of aggression since World War II.

Kennedy ordered the U.S. Air Force to bomb South Vietnam (by February 1962, hundreds of missions had flown); authorized chemical warfare to destroy food crops so as to starve the rebellious population into submission; and set in motion the programs that ultimately drove millions of villagers into urban slums and virtual concentration camps, or “Strategic Hamlets.” There the villagers would be “protected” from the indigenous guerrillas whom, as the administration knew, they were willingly supporting.

Official efforts at justifying the attacks were slim, and mostly fantasy. Typical was the president’s impassioned address to the American Newspaper Publishers Association on April 27, 1961, where he warned that “we are opposed around the world by a monolithic and ruthless conspiracy that relies primarily on covert means for expanding its sphere of influence.” At the United Nations on Sept. 25, 1961, Kennedy said that if this conspiracy achieved its ends in Laos and Vietnam, “the gates will be opened wide.”

The short-term effects were reported by the highly respected Indochina specialist and military historian Bernard Fall – no dove, but one of those who cared about the people of the tormented countries.

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In early 1965 he estimated that about 66,000 South Vietnamese had been killed between 1957 and 1961; and another 89,000 between 1961 and April 1965, mostly victims of the U.S. client regime or “the crushing weight of American armor, napalm, jet bombers and finally vomiting gases.”

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The decisions were kept in the shadows, as are the shocking consequences that persist. To mention just one illustration: “Scorched Earth,” by Fred Wilcox, the first serious study of the horrifying and continuing impact of chemical warfare on the Vietnamese, appeared a few months ago – and is likely to join other works of unhistory. The core of history is what happened. The core of unhistory is to “disappear” what happened.

By 1967, opposition to the crimes in South Vietnam had reached a substantial scale. Hundreds of thousands of U.S. troops were rampaging through South Vietnam, and heavily populated areas were subjected to intense bombing. The invasion had spread to the rest of Indochina.

The consequences had become so horrendous that Bernard Fall forecast that “Vietnam as a cultural and historic entity ... is threatened with extinction ... (as) ... the countryside literally dies under the blows of the largest military machine ever unleashed on an area of this size.”

When the war ended eight devastating years later, mainstream opinion was divided between those who called it a “noble cause” that could have been won with more dedication; and at the opposite extreme, the critics, to whom it was “a mistake” that proved too costly.

Still to come was the bombing of the remote peasant society of northern Laos, with such magnitude that victims lived in caves for years to try to survive; and shortly afterward the bombing of rural Cambodia, surpassing the level of all Allied bombing in the Pacific theater during World War II.

In 1970 U.S. National Security Advisor Henry Kissinger had ordered “a massive bombing campaign in Cambodia. Anything that flies on anything that moves” – a call for genocide of a kind rarely found in the archival record.

Laos and Cambodia were “secret wars,” in that reporting was scanty and the facts are still little-known to the general public or even educated elites, who nonetheless can recite by heart every real or alleged crime of official enemies.

Another chapter in the overflowing annals of unhistory.

In three years we may – or may not – commemorate another event of great contemporary relevance: the 900th anniversary of the Magna Carta.

This document is the foundation for what historian Margaret E. McGuiness, referring to the Nuremberg Trials, hailed as a “particularly American brand of legalism: punishment only for those who could be proved to be guilty through a fair trial with a panoply of procedural protections.”

The Great Charter declares that “no free man” shall be deprived of rights “except by the lawful judgment of his peers and by the law of the land.” The principles were later broadened to apply to men generally. They crossed the Atlantic and entered into the U.S. Constitution and Bill of Rights, which declared that no “person” can be deprived of rights without due process and a speedy trial.

The founders of course did not intend the term “person” to apply to all persons. Native Americans were not persons. Neither were slaves. Women were scarcely persons. However, let us keep to the core notion of presumption of innocence, which has been cast into the oblivion of unhistory.

A further step in undermining the principles of the Magna Carta was taken when President Obama signed the National Defense Authorization Act, which codifies Bush-Obama practice of indefinite detention without trial under military custody.

Such treatment is now mandatory in the case of those accused of aiding enemy forces during the “war on terror,” or optional if those accused are American citizens.

The scope is illustrated by the first Guantanamo case to come to trial under President Obama: that of Omar Khadr, a former child soldier accused of the heinous crime of trying to defend his Afghan village when it was attacked by U.S. forces. Captured at age 15, Khadr was imprisoned for eight years in Bagram and Guantanamo, then brought to a military court in October 2010, where he was given the choice of pleading not guilty and staying in Guantanamo forever, or pleading guilty and serving only 8 more years. Khadr chose the latter.

Many other examples illuminate the concept of “terrorist.” One is Nelson Mandela, only removed from the terrorist list in 2008. Another was Saddam Hussein. In 1982 Iraq was removed from the list of terrorist-supporting states so that the Reagan administration could provide Hussein with aid after he invaded Iran.

Accusation is capricious, without review or recourse, and commonly reflecting policy goals – in Mandela’s case, to justify President Reagan’s support for the apartheid state’s crimes in defending itself against one of the world’s “more notorious terrorist groups”: Mandela’s African National Congress.

All better consigned to unhistory.

© 2011 Noam Chomsky

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Alejandro 02/19/2012 19:50


No se sabe si Chomsky incurre en inocentes despistes o es mal intencionado. Un historiador puede manifestar sus conclusiones frente a los hechos con las que uno puede o no estar
de acuerdo, lo que no debe es falsear los hechos. Chomsky asegura que durante la presidencia de Kennedy EE.UU. intervino militarmente en Vietnam, cosa que absolutamente falsa; a Kennedy lo
liquida una conspiración de inteligencia militar porque no estaba dispuesto a intervenir en forma directa. Su política apuntaba a mantener un frente de asesoramiento militar, contingentes de
apoyo defensivo y para maniobras conjuntas con las fuerzas aliadas de la zona. Lo cual iba contra los intereses del gobierno en las sombras que unos años antes había denunciado Eisenhower
llamándolo “aparato militaro – industrial”.



Chomsky escribe: “...el 50 aniversario de la decisión del presidente Kennedy de lanzar la invasión directa de Vietnam del Sur...” Luego sigue: “Kennedy ordenó que la Fuerza Aérea de
EE.UU. bombardeara Vietnam del Sur (en febrero de 1952, se habían realizado cientos de misiones)... En la versión en inglés la fecha es “1962”. La pregunta es: ¿De dónde Chomsky sacó
semejante disparate? Disparate que no deja de serlo ni se atenúa considerando cualquiera de las fechas (la de la versión en español o la que aparece en inglés). Lo peor es que la barrabasada se
la manda intentando instalar el concepto de “nohistoria”, siendo que la frase antes citada es todo un dechado de “nohistoria”.



¿Qué dicen los hechos históricos sobre la invasión de EE.UU. a Vietnam?


Kennedy dio apoyo al golpe que derrotó al, a su vez, también golpista Ngo Dinh Diem y en lugar de éste asumió, apoyado por Kennedy, el pelele Nguyen Van Thieu. Esto ocurría en el
año ’63, hasta ese momento USA, en un principio, había apoyado las incursiones de Francia que pretendía retornar al status quo anterior a la 2º GM, o sea volver a convertir a Vietnam en colonia
francesa, o sea a los tiempos de la Cochin China o Cochinchina (1864 – 1949).


Ese apoyo a Francia duró hasta 1954, año en que los franceses se declaran vencidos y los acuerdos de Ginebra comenzaron el proceso de descolonización de la región, otorgándoles la
independencia a Camboya, Laos, Vietnam del Norte y Vietnam del Sur.


USA mantuvo su presencia militar a título de asesor de las fuerzas de las naciones que se encaminaban a la independencia, pero, por acuerdos internacionales y porque sus propias
leyes así lo establecían, no intervenía en forma directa.


USA se oponía ferozmente a la unificación de los dos Vietnam, veía peligroso al norte apoyado por China, los norteamericanos sabían que un Vietnam unido sería aliado de aquélla,
lo que significaba pérdida de influencia en la región y hacerle el campo orégano a la expansión soviética. Para sostener su posición, los norteamericanos enfrentaban un duro escollo: En los
acuerdos de Ginebra del ’54 se había establecido que en el año 1958 Vietnam del Sur celebraría un referéndum en el que el pueblo decidiría si seguía separado o se unía a Vietnam del Norte, como
el resultado del referéndum arrojaría lo segundo, el gobierno de USA instruyó y apoyó a Diem para que diese un golpe de estado que desmantelara los mecanismos de representación con lo que se
truncó el proyecto de los comicios (parecería que las convicciones de los adalides de la democracia son sólidas en unos casos y en otros decaen). El presidente de USA de entonces era “Ike”, el
héroe de la II GM: Eisenhower (ojo, Kennedy todavía no pinta).


Ante el golpe, los vietnamitas del Norte se calentaron y comenzaron a apoyar a la oposición nacida en el Sur, cuyo frente de resistencia al dictador Diem se llamó “Vietcong”, los
que comenzaron la insurrección con guerra de guerrillas en 1960 (aún faltaba un año para que Kennedy llegara a la presidencia).


Hanoi apoyaba con logística, combatientes y armas a los Vietcongs, lo cual no era mera solidaridad ya que Ho Chi Minh aspiraba a la unificación del país y además a hacer realidad
el eterno anhelo vietnamita de unificar, bajo su dominio, toda la Indochina.


El apoyo de Hanoi a los Vietcongs daba muy buenos resultados debido a la corruptela que campeaba en el régimen de Diem, que había puesto al frente de la contrainsurrección a
ineptos cobardes de su entorno. Es debido a esto que en 1963 el gobierno de Kennedy orquesta un golpe contra Diem, pero Van Thieu, que reemplazó al depuesto, fue tanto o más corrupto e inepto que
el anterior. En 1964 los Vietcongs tenían bajo su control el 60% de Vietnam del Sur. El 3 de agosto de ese año los norteamericanos dicen que los vietnamitas del norte le atacaron un destructor en
el Golfo de Tokin, una gran patraña hollywoodense que procuraba una excusa para la invasión, el presidente Lyndon Jhonson haciéndose el enfurecido le pide escupidera al Congreso de los EE.UU.
para que le autorizaran la intervención directa en Vietnam del Norte y el envío de tropas de refuerzo, la “autorización” la obtuvo en tiempo récord y, rápidos para los mandados, el 5 de agosto
los norteamericanos atacan la flota norvietnamita y las instalaciones petrolíferas de Hon Gai. Después todos sabemos cómo sigue la historia.


Esto viene a cuento para recordar que cuando los EE.UU. atacaron a los norvietnamitas, Kennedy hacía dos años que se hallaba entre unas tablas a la sombra de su sepultura, lugar
al que llegó con cierta antelación, justamente por negarse a la intervención directa, le seguiría su hermano que una de sus promesas de campaña era dar fin a la intervención en Vietnam...