Palestina. Freedom riders, apartheid y desobediencia civil

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

Crónica de Palestina

Freedom riders, apartheid y desobediencia civil

Escrito por: María M Delgado*
Palestina. Foto: AFP
Palestina. Foto: AFP

 

 

Cinco hombres y una mujer palestinos lograron una semana atrás su objetivo de abordar un autobús israelí con destino a Jerusalén de la compañía Egged, que opera el sistema de transporte segregacionista en los territorios palestinos ocupados. Los autobuses conectan las colonias israelíes entre sí y con Israel, pero la población palestina no puede hacer uso de ellos.
 
En una acción de desobediencia civil anunciada varios días antes por Internet, los activistas se propusieron mostrar al mundo el régimen de discriminación que Israel aplica al pueblo palestino en los territorios ocupados. La iniciativa, según dijeron, se inspiró en las acciones de desobediencia civil llevadas a cabo hace medio siglo por activistas afroamericanos en el sur de Estados Unidos, cuando se embarcaron en una campaña contra las leyes racistas e injustas, abordando autobuses segregacionistas.

En recuerdo de esa campaña, los palestinos llamaron también "freedom riders" ("viajeros de la libertad") a esta iniciativa. El día elegido para llevarla a cabo (15 de noviembre) es la fecha en que el Consejo Nacional Palestino -órgano máximo de la olp- proclamó la independencia de Palestina, en 1988. El destino de este viaje: entrar en Jerusalén este, su capital y ciudad santa adonde el pueblo palestino tiene prohibido entrar (excepto con un permiso especial de la autoridad israelí que raramente se obtiene).

La acción se proponía, además, dejar en evidencia a dos de las grandes compañías que lucran con las políticas de apartheid y ocupación, y exhortar a la sociedad civil mundial a boicotearlas y dejar de invertir en ellas. La compañía de transporte israelí Egged y la francesa Veolia operan docenas de líneas segregadas que atraviesan Cisjordania y Jerusalén este. Las dos, además, tiene que ver con el tren ligero de Jerusalén, que conecta las colonias ilegales asentadas en Jerusalén este con la parte oeste de la ciudad.

Según anunciaron en la breve conferencia de prensa ofrecida en el Centro Cultural de Ramalah antes de partir, ésta es la primera de una serie de iniciativas no violentas y de desobediencia civil que se proponen realizar para exigir el fin de la ocupación israelí y el desmantelamiento del régimen de apartheid que ese país les impone. La convocatoria provino de varios grupos de base y no se identifica con ningún partido político: Juventud contra los Asentamientos, Comité de Coordinación de la Lucha Popular, Campaña contra el Muro, jóvenes que participaron en el movimiento del 15 de marzo (por la unidad política), y cercanos al movimiento Boicot, Desinversión y Sanciones (bds). Cuando un periodista les preguntó explícitamente si la acción tenía el apoyo de la Autoridad Nacional Palestina, la vocera del grupo dijo que suponían que sí, pero que no habían tenido ningún contacto.

Por ser ésta la primera tentativa, sólo seis personas participaron en ella (entre ellas, el reconocido académico y activista Mazim Qumziyeh, y representantes de luchas civiles populares en Al-Walaja (Belén), Tel Rumeida (Hebrón) y la propia Ramalah. La única mujer y vocera del grupo, Huwaida Arraf, es una palestina con ciudadanía estadounidense e israelí, pero en el momento de ser arrestada presentó el pasaporte honorario que la Autoridad Palestina le otorgó por participar el año pasado en la Flotilla de la Libertad que intentó romper el bloqueo a Gaza. Las seis personas ya han sufrido varios arrestos en su corta vida por participar en acciones de protesta pacífica contra la ocupación. Como le dijo uno de los participantes a la corresponsal del diario Haaretz Amira Hass: "Ser arrestados es parte integral de nuestra existencia como palestinos bajo la ocupación israelí. Nosotros no somos especiales".

Tal como anunciaron antes de partir, las expectativas con respecto a cuál sería la reacción de las fuerzas de ocupación eran inciertas: podían impedirles abordar el autobús, podían ser agredidos por los colonos al intentarlo o después de abordarlo, podían ser arrestados, reprimidos o incluso pagar con su vida.

Una larga caravana de activistas palestinos, israelíes e internacionales, así como de cientos de representantes de medios de comunicación de cuatro continentes, partió de Ramalah acompañando a los seis activistas hasta la estación de autobús de la colonia israelí Kokhav Ya'akov. Al llegar allí, la gran cantidad de público y el inusual atuendo de las seis personas en ese lugar (con kuffiyehs palestinas y camisetas blancas con las palabras en inglés: "libertad", "justicia", dignidad", "resistir el apartheid", "desobedecer las leyes injustas") llamaron la atención de los colonos residentes que pasaban en sus vehículos o esperaban en la estación.

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Increíblemente, las fuerzas de seguridad no estaban preparadas para reaccionar e impedir la acción. Lenta y tardíamente fueron llegando primero un jeep militar, luego otro de la policía de frontera militarizada, luego un par de vehículos de la policía civil. Pero ninguno parecía saber qué hacer ante la enorme cantidad de periodistas registrando todo con cámaras de todo tipo y tamaño.

Al llegar el autobús 148, la multitud se aglomeró alrededor de los seis activistas, que inmediatamente lo abordaron, acompañados de decenas de periodistas sin que hubiera resistencia. La caravana de vehículos se apresuró a seguir al autobús de Egged en su breve trayecto hasta el checkpoint de Hizmeh, una de las entradas a Jerusalén exclusiva para israelíes.

Cuando el autobús arribó al checkpoint, una gran cantidad de policías y soldados ya esperaba para hacer bajar a los pasajeros judíos, pero todavía parecían no saber qué hacer con los freedom riders y la gran cantidad de periodistas que los acompañaban. Mientras tanto, otros activistas se apostaron junto al autobús, frente a los vehículos que pasaban, con grandes carteles que reproducían las consignas de los seis.

Finalmente el autobús fue conducido hasta un estacionamiento a unos cien metros del checkpoint, y allí continuó la espera. Policías de distinto rango y unidades subían y bajaban sin saber qué hacer con los incómodos "viajeros"; intentaron hacerlos bajar, pero se negaron. Había demasiadas cámaras y testigos como para hacer uso de la fuerza.

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Al cabo de una hora -ya había oscurecido- vimos llegar a varios vehículos policiales y militares, y por primera vez con actitud enérgica entraron en el autobús (después de desalojar a los periodistas) y fueron sacando uno por uno a los seis freedom riders y llevándolos arrestados hacia los vehículos policiales. La multitud rodeaba y registraba la acción de cerca; los flashes destellaban y se oían consignas contra la ocupación y por el fin del apartheid.

El argumento para arrestarlos, como siempre, era formal: "No tienen el permiso correspondiente". Pero al día siguiente ya habían sido liberados. Nadie duda de que la acción ha sido un éxito rotundo: lograron el objetivo de abordar el autobús y de llegar a Jerusalén, sin represión ni riesgo para sus vidas, como es habitual. Y sobre todo, lograron atraer la atención mundial y denunciar el régimen de segregación y las restricciones a la libertad de movimientos que la ocupación impone al pueblo palestino.

Y para que no quedaran dudas sobre el sentido de su iniciativa, los freedom riders aclararon en su proclama: "Al realizar esta acción, como palestinos no buscamos poner fin a la segregación en los autobuses de los colonos, porque la presencia misma de estos colonos y la infraestructura construida a su servicio es ilegal, y debe ser desmantelada. Como parte de nuestra lucha por libertad, justicia y dignidad, los palestinos exigimos el derecho de viajar libremente por nuestras propias carreteras, en nuestra propia tierra, incluyendo el derecho de viajar a Jerusalén".

* Activista uruguaya que trabaja en Cisjordania como observadora internacional. El martes 15 estuvo en la caravana que acompañó a los seis freedom riders desde Ramalah a Jerusalén.

Brecha.com.uy

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Néstor 11/28/2011 21:18


Las actitudes y el comportamiento de Israel es cada vez mas un émulo del nazismo en sus peores versiones.


Hasta cuando Israel hará lo que se le cante con los palestinos, no es hora de tomar medidas drásticas contra estos arrogantes personajes, no hay quien le ponga coto a tanta infamia e injusticia.


Como es posible que un pueblo soporte tanto manoseo, atropello, despotismo, como es tolerable hacerles perder en masa la dignidad como personas, como es posible que reediten lo que a ellos el
nazismo les aplico de forma vil y despiadada.


Como se entiende tanta impunidad, tanta tolerancia y hasta complicidad por el resto de la humanidad ante esta barbarie que comete a diario el estado de Israel.


Es un atentado continuo a los "DERECHOS HUMANOS"...o me equivoco?????