Panamá: Gobernar desde la corrupción

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

Fuente: Demetrio Olaciregui Q  |  2012-06-01

97023-75782.JPGCuando Ricardo Martinelli gritó que se prolongará en el poder para impedir que ‘bandidos sigan manejando este país’ estaba expresando un hecho conocido: el ladrón juzga por su condición. Lo mismo ocurre cuando etiqueta a sus enemigos como perversos, canallas, ruines, sinvergüenzas, egoístas, mezquinos y mentirosos. Son epítetos que se le revierten, porque habla como si estuviera mirándose en ese espejo. Apareció desenfrenado en recientes actos públicos clamando como disco rayado que va a ‘repetir, repetir, repetir en el 2014’. Pero la verdad es que solo uno de cada cinco panameños votaría nuevamente por Martinelli, un escaso 14% respaldaría al CD y más del 85% rechaza la reelección.

Martinelli se jacta de haber hecho en tres años lo que otros gobiernos no hicieron en 40. Hay que darle la razón. En solo tres años ha saqueado el país y los bienes del Estado, ha envilecido la política, prostituido las instituciones y se ha convertido en un peligro para la democracia y la libertad ciudadana.

Martinelli no se hace cargo de los crímenes, tragedias y desgracias que representa para el país la corrupción en todas sus formas. Sus posturas son esquemas de poder dirigidas a dominar sobre el resto de los ciudadanos. Su mística es el afán insaciable por devorarlo todo. Pretende que el país se ponga de rodillas, como si fuera un dios y el Estado su propiedad.

“Es como una enfermedad psíquica que lo lleva a obsesionarse con robar y golpear a todo el que objete o critique su forma de actuar”, opinó Roberto Eisenmann, la víctima más reciente de los atropellos martinellistas.

De acuerdo a Eisenmann la voracidad de Martinelli no conoce límites. “La mayoría de su tiempo lo dedica a hacer negocios multimillonarios y hacer negocios peseteros”. Aseguró que Martinelli determina cómo reparte el botín de la corrupción, porque preside un gobierno que hace un uso mafioso del poder. Demandó que “Martinelli y su combo dejen de robar’, porque ‘de las obras que está haciendo se está robando la mitad”. 

Martinelli ha borrado la frontera entre los público y lo privado y ha convertido al gobierno en el terreno de los negocios familiares, empresarios socios, ministros y amigos cercanos al poder.

El castigo para el país es que no hay una figura que rescate la moralidad en el gobierno actual. Todos se han envilecido como su jefe y en el gobierno nadie se atreve a contradecirlo, porque les conoce y exacerba todas sus debilidades.

A Martinelli no le importa darle un barniz de transparencia al sistema. Si ha demostrado un uso corrupto y una absoluta irresponsabilidad en el manejo de los recursos públicos, qué puede hablar de fondos de ahorro. Cambia constantemente las reglas del juego para endeudar más al país y contar con recursos para alimentar su rapiña y despilfarro.

La falta de disciplina fiscal no la comprende la mayoría ciudadana, pero sí el efecto de la carga de impuestos y la inflación que repercute en el alza permanente de la canasta básica, el principal problema para tres de cada cinco panameños. Es sintomático, además, que cuatro de cada cinco esté convencido de que Martinelli solo piensa en incrementar en forma patológica su patrimonio personal. Semejante espectáculo en vez de apaciguar los ánimos, los caldean. Ninguna economía es capaz de digerir eternamente esas reglas, sin alterar el equilibrio social.

El estilo de ejercer el poder en forma brutal representa una locura mentirosa y dañina para el país y un obstáculo para la plena realización de un proyecto de Nación incluyente y solidario.

Lo que se anticipa es que más escándalos saldrán a la luz a medida que se termina el mandato y vaya reduciéndose la aparente invulnerabilidad que Martinelli exhibe en el presente. Pero lo seguro es que la historia —en este extracto que no tiene precedentes por la arbitrariedad y que se sostiene por la soberbia, la imposición y el miedo— no augura un final feliz a Martinelli y la banda gansteril que se ha instalado en el poder.

(*) Periodista panameño

El pais de Costa Rica

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