Perú: Carmen Cárdenas: Madre y Compañera

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

 La vida de "Carmencita" es la vida de una madre que nunca encontró justicia en nuestro país por el hijo  desaparecido a fines de los años ochenta en manos de los militares. Así como esos abnegados padres que hemos visto en los medios de comunicación, que ante el abandono de las autoridades van en busca del hijo, Carmen fue detrás del hijo sola, sin los medios necesarios para encontrarlo, porque el hijo probablemente fue acusado de subversivo y la vida de ellos no contaba.

 Años después la conocimos  como una asidua visitante de los penales Miguel Castro Castro y Chorrillos,  seguramente  veía en cada uno de esos cientos de jóvenes presos el rostro del hijo desaparecido. Era infaltable su visita y su "mochilita " de víveres, y cuando nos  faltaban alimentos salían junto a otras madres en campaña de recolección de víveres  por los mercados de la parada. Ya a estas alturas de su vida, el inconsolable dolor de madre se había convertido  en grito de justicia.

En 1987 vino el Papa Juan Pablo II a Perú y Carmencita se apuntó entre la primeras para entregar una carta de todas las madres de los desaparecidos y lo presos políticos, pero sus voces fueron acalladas, apenas ingresaron a la Catedral, fueron detenidas por la policía; sin embargo ella había podido evadirlos, y a la primera oportunidad fue a visitar a los presos y contarlo todo: "no respetaron nuestra condición de mujeres y madres... llevaron a golpes a once mamás ". Ese día Carmen fue la única que nos visitó con su " mochila" y multiplicó los panes.  

Otra noche de la década de los ochenta, la policía llegó a su casa por el esposo, ambos fueron trasladados a los sótanos de la avenida España, al oscuro y mal oliente Dircote, donde una pequeña herida se puede convertir en gangrena , donde  siempre es de noche y las bullas de las radios se confunden con los gritos . Allí llegó Carmen una noche de 1989 y fue allí donde sufrió una hemorragia que la aproximó a la muerte. Ella se fue al hospital y el esposo a la cárcel.    

Cuando el esposo salió de prisión ,ella siguió visitando a los presos, inclusive a los que ya habían salido y se encontraban enfermos  como los hay muchos  que ni siquiera tienen seguro social y esperan en algún rincón de la casa sus últimos días. La veíamos así hasta hace unos meses, visitando a los hombres y mujeres presos  que cumplen largas condenas. Parecía eterna esta mujer, que nunca iba "a fallar" a los presos con la misma sonrisa de siempre y su mochilita de alimentos. Pero esta vez sí les falló a sus hijos e hijas  en prisión, los miércoles y sábados están de luto.

¡Carmen Cárdenas...Descansa en paz! 
 
enviado por Roberto Villar

Red Latina Sin Fronteras

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