Perú: Muerte en el Pentagonito

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

 

 
 
 
 

ESPECIAL

Las muertes en los sótanos del Pentagonito

El escalofriante caso de los sótanos del Servicio de Inteligencia del Ejército (SIE) sale del olvido con el dictamen que permitiría juzgar a Fujimori por la desaparición forzada de tres detenidos en el Pentagonito

 
  
Por Ricardo Uceda

A fines del 2004, cuando publiqué un libro sobre crímenes políticos, pensé que uno de sus descubrimientos corría el riesgo de ser rápidamente olvidado. Con ese temor, le puse al libro el nombre del capítulo correspondiente: "Muerte en el Pentagonito". Narraba allí cómo tres presuntos senderistas habían sido secuestrados en Lima en momentos distintos, llevados al Cuartel General del Ejército y asesinados con arma de fuego. Antes los habían torturado, y, después, sus cadáveres fueron incinerados en un horno habilitado para tales propósitos. Todo esto en 1993, durante el apogeo de Fujimori y Montesinos.

Mi creencia se fundaba en la falta de evidencias. Nunca se encontrarían los cuerpos, como en el caso de los desaparecidos de La Cantuta, que debe su impacto al macabro hallazgo de los cadáveres por periodistas de "Sí", en 1993. No había asesinos con nombre y apellido, como los del Caso Barrios Altos, individualizados desde la primera crónica de la matanza, también publicada por "Sí" en 1992. Tampoco habría un testigo clave. La fuente principal del libro, el agente del SIE Jesús Sosa, decidió desaparecer, y hasta hoy no es habido.

Por último, estaba el anonimato de las víctimas: Justiniano Najarro, panadero ayacuchano, y los estudiantes Kenneth Anzualdo y Javier Roca, ambos de la Universidad Técnica del Callao (UTC). Sus desapariciones nunca ocuparon las primeras planas, e incluso, luego de la publicación del libro, cedieron lugar ante revelaciones de otros capítulos y desgracias de otras víctimas. Por ejemplo, ante el caso del primer huésped fatal del sótano del SIE, el espía ecuatoriano Enrique Duchicela, ejecutado extrajudicialmente en 1988.

Aun ahora, cuando el dictamen de la fiscal Mónica Maldonado se conoce completamente, los expedientes del sótano del SIE han pasado casi desapercibidos. Sin embargo, sustentan una de las acusaciones más graves que enfrentará Fujimori --la desaparición forzada puede merecer 35 años de cárcel-- si la Corte Suprema de Chile concede la extradición por los tres casos.

 

MUERTES EN EL SIE
Primero desapareció Justi-niano Najarro, a la edad de 50 años. Fue secuestrado el 6 de julio de 1993 mientras regresaba a pie a su casa en San Juan de Miraflores. Cuando lo interceptaron, iba acompañado por su sobrino, Melitón Ochoa, de 14 años. Varios hombres los metieron a un Volkswagen celeste que enrumbó al Pentagonito, del cual el panadero jamás volvió a salir. En cambio el muchacho solo estuvo un día. Encapuchado como entró, fue sacado en un auto y obligado a bajarse en Miraflores. Después dijo que estuvo encerrado en un lugar desconocido, desde donde escuchó a su tío gritar.

El segundo secuestrado, Javier Roca, tenía 27 años y estudiaba Economía en la UTC. El 5 de octubre del mismo año fue inmovilizado por agentes del SIE cuando se acercaba a su casa, en la urbanización Medalla Milagrosa. Introducido a un auto, fue llevado al Pentagonito y recluido en el sótano del SIE. Allí también lo escucharon gritar, hasta llorar, aunque esto se conocería mucho después, por circunstancias imprevisibles.

El 16 de diciembre, Kenneth Anzualdo, de 25 años, iba en un bus rumbo a su casa, de regreso de sus clases de Economía en la UTC. Unos policías que investigaban un supuesto robo subieron al vehículo e hicieron descender a varios sospechosos, entre ellos al estudiante. Una vez abajo, los sospechosos --en realidad agentes del SIE-- se volvieron contra él y lo metieron en un auto, que media hora después ingresó al Pentagonito por la puerta 3. Hasta hoy nadie dijo haber visto o escuchado al estudiante en el sótano del SIE.

Todos los detenidos murieron en el Pentagonito como resultado de sendos balazos en la cabeza. Los cadáveres fueron incinerados en el horno que cinco años atrás calcinó el cuerpo sin vida de Duchicela.

Los hechos anteriores, tal cual están descritos, me fueron narrados por el ex agente del SIE Jesús Sosa, quien afirmó haber participado en los secuestros. Las circunstancias, fecha y hora de las acciones descritas por Sosa coincidieron exactamente con los detalles brindados para mi investigación por testigos y familiares. Dos testigos no citables corroboraron los hechos de dos de las tres operaciones de secuestro y confirmaron también la ocurrencia de las ejecuciones y la posterior incineración de los cadáveres. Sin embargo, no presenciaron las muertes.

Todo esto puede permitir hacer una historia periodística, ¿pero sirve mucho para que un fiscal investigue o un juez señale culpabilidad? De hecho, hasta hace solo año y medio, la Procuraduría Ad Hoc ni siquiera había documentado el caso.

EL EXPEDIENTE RESUCITA
En noviembre del 2005, cuando Fujimori llegó a Chile desde Japón, el expediente denominado "Sótanos del SIE" estaba basado en las supuestas torturas a Susana Higuchi y Leonor La Rosa, ambas falsas, como ya está demostrado. Otras acusaciones se referían al secuestro de Samuel Dyer, Gustavo Gorriti, Hans Ibarra y las mencionadas La Rosa e Higuchi. De estas, solo las de Dyer y Gorriti tenían base, tanto así que fueron las únicas que sobrevivieron al control de calidad y resultaron respaldadas por la fiscalía chilena como delitos comprobados, aunque inhabilitados por prescripción. Pero, además, el expediente pretendía acusar a Fujimori por desaparición forzada y homicidio calificado "de un número indeterminado de personas". ¿Cuántas y cuáles? No lo decía.

En fin, el caso era tan pobre que fue uno de los dos que la Corte Suprema del Perú rechazó del grupo de 19 que la Procuraduría Ad Hoc le envió para pedir a Chile la extradición de Fujimori. Entonces Javier Ciurlizza, presidente de una comisión de la cancillería para procesos jurisdiccionales en el exterior, le encargó a un abogado de su equipo revisar el caso de los sótanos del SIE. ¿Podría resucitarlo o se le consideraba desahuciado? Dio la casualidad que este abogado, Víctor Quinteros, había trabajado en la investigación del libro "Muerte en el Pentagonito", y guardaba apuntes de sus entrevistas con los familiares de Najarro, Anzualdo y Roca.

El caso revivió cuando Quinteros estudió tres cuadernos que contenía el expediente, debidamente autenticados, con anotaciones de ocurrencias en el SIE entre 1993 y 1994. El Cuaderno 1 registraba al personal que ingresaba a los calabozos. El 2 estaba dedicado a memorandos del servicio de custodia. El 3, a documentos del SIE2, el Departamento de Contrainteligencia. Había información copiosa, aunque los detenidos no estaban identificados sino señalados con números y letras: 5C, B2. Sin embargo, constaba la fecha de ingreso de un prisionero, en algunos casos sin registro de salida. Constaban las horas...

Quinteros buscó en "Muerte en el Pentagonito" la fecha y hora del secuestro de Javier Roca y comprobó que eran compatibles con el registro de ingreso del detenido 5C, según el Cuaderno 2. En los días siguientes las notas daban cuenta de sus gritos, sollozos e imprecaciones.

Quinteros buscó luego los datos de la desaparición de Anzualdo, y también eran compatibles con los de la fecha correspondiente del Cuaderno 1. Después se dedicó al Cuaderno 3, donde encontró las huellas de la permanencia de Najarro en el Pentagonito. El parte del 6 de julio de 1993 indica el ingreso de un detenido no identificado. Pero el número de detenidos está tachado y junto a la corrección se escribió el número 1. Es obvio que la tachadura se debió al intento de desaparecer el número original, 2, pues Najarro llegó con su sobrino, luego liberado.

Toda esta evidencia permitió demostrar que los estudiantes y el panadero habían estado en el Pentagonito. Así, a última hora, la procuraduría pudo enviar a Chile el pedido de añadir sus casos a los motivos de extradición.

 

LA VISITA DEL DOCTOR
Establecido el hecho de que Najarro, Anzualdo y Roca estuvieron detenidos en el sótano del SIE, las preguntas restantes son quién decidió su suerte, hasta qué punto estaba involucrado con estas decisiones Vladimiro Montesinos y cuánto de todo sabía o aprobaba Fujimori. Si finalmente procede la extradición por desaparición forzada, este será un aspecto fundamental del juicio al ex mandatario. Al respecto, el Cuaderno 1, correspondiente al 11 de octubre de 1993, es sumamente revelador. Ese día estaba aún con vida Javier Roca. Una de las anotaciones dice así:

Servicio: 11/10/93
Hora: 19:50
Ocurrencia: Coronel Oliveros, Dr. Montesinos y Tc. Rojas visitan a los detenidos (hora de salida 21:30)

La anotación se refiere a Montesinos, al jefe del SIE Enrique Oliveros y al comandante Rojas (Tc. equivale a teniente coronel). La presencia de Montesinos atañe a la responsabilidad de Fujimori, quien según el dictamen de la fiscalía chilena tuvo participación culpable por su "dominio de hecho" en el caso de las tres desapariciones forzadas. Es decir, porque "por sí o por otros que dependen de él, ha estado en situación de determinar el curso causal de los hechos que condujeron a la comisión de esos delitos". Tenía esta capacidad porque el SIN y Montesinos le rendían cuentas, y porque, de acuerdo con la legislación por ambos impulsada, los servicios de inteligencia del Ejército, Marina y Aeronáutica pasaron a depender operativamente del SIN desde julio de 1992.

En otras palabras, cuando Montesinos estuvo ante el estudiante Javier Roca --había sido interrogado el día anterior y, según el Cuaderno 2, ya empezaba a enloquecer--, desde un punto de vista institucional eran los ojos de Fujimori los que lo veían. ¿Cómo despacharían respecto de tales asuntos ambos personajes? Es posible que el juicio futuro arroje un rayo de luz sobre las escenas.

"El 'Chito' Ríos y Leonor La Rosa conocen mucho de estos casos"
Miembro del Grupo Colina pero aún no juzgado por su condición de prófugo, Jesús Sosa Saavedra participó en las operaciones de secuestro de Justiniano Najarro, Javier Roca y Kenneth Anzualdo. Esta es la breve entrevista que concedió para esta nota:

 

4¿Cuál es su opinión sobre el dictamen de la fiscal chilena Mónica Maldonado que permitiría juzgar a Alberto Fujimori por la desaparición forzada de Justiniano Najarro, Javier Roca y Kenneth Anzualdo?
Los hechos se produjeron, pero no me puedo pronunciar respecto de si Fujimori los conoció o no. No me consta. Esas operaciones las manejaba el jefe del SIE, el coronel Enrique Oliveros.

4 ¿Pero cómo podría seguir la investigación en el Perú, sin testigos? Usted, por ejemplo, está prófugo.
Ahora no existen condiciones para que yo tenga una buena defensa. Pero hay otras personas que no tienen mis juicios, que pueden colaborar.

4 ¿Por ejemplo?
El 'Chito' Ríos y Leonor La Rosa.

4 ¿Por qué Miguel Ríos?
Porque él participó en el secuestro de Javier Roca. Él trabajaba para el SIE en 1993, reportando al SIE1. Él puso a Roca al SIE. Roca era senderista. Cuando Roca salía de la universidad, Ríos indicó quién era al grupo del SIE que lo iba a secuestrar. Yo estaba allí.

4 ¿Y por qué Leonor La Rosa?
Porque ella participó en el seguimiento a Justiniano Najarro, que también era senderista. Estoy seguro de que se debe acordar. Estuvo vigilándolo el día mismo de su secuestro, el 5 de octubre de 1993.

4 Es difícil que alguien que haya participado en estas operaciones lo declare, pues se incrimina.
No veo por qué. ¿Acaso trabajar para el SIE es un delito? ¿Acaso hacer el seguimiento a un senderista es un delito? Ejecutar a alguien ya es otra cosa, pero hacer seguimiento o dar información para la captura de alguien es parte del trabajo de un agente o un informante.

http://elcomercio.pe/edicionimpresa/html/2007-06-10/ImEcPortada0736730.html

 

   
MUERTE EN EL PENTAGONITO.
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El diminutivo «Pentagonito»
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"Kerosene" echa a Alan

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31-7-2008 - El ex Colina Jesús Sosa Saavedra, principal fuente del libro Muerte en el Pentagonito de Ricardo Uceda, confirmó ayer en el juicio a Fujimori lo que ya había declarado al periodista: que el origen de Colina fue el grupo “Escorpio”, formado durante el gobierno de Alan García originalmente para eliminar al espía ecuatoriano Enrique Duchicela:

“Fui llamado por el coronel Oswaldo Hanke para realizar este trabajo. (Hanke) me informó que esta era una orden expresa del presidente de la República, Alan García Pérez, me acuerdo que esto fue en mayo o junio de 1988″, dijo.

“Al término de la misión yo fui a conversar con el coronel Hanke a su despacho, estando allí por el videoteléfono lo llama el comandante general y es felicitado por haberse realizado con éxito la operación y le expresa las felicitaciones del presidente de la República (Alan García Pérez) lo cual me consta porque yo estaba en la oficina del coronel Hanke“, contó ‘Kerosene’.

Además, acusó directamente a los dos Comandantes Generales del Ejército que fueron sus jefes en los años 1991 y 1992, uno de ellos, Hermoza Ríos.

A ver.

Dejando a un lado la acusación contra Alan (a quien la CVR pasó por agüita bieeeennn tibia), Kerosene pone en aprieto a ambas partes.

Por un lado, la acusación está basada en que Fujimori aprobó la implementación de una política de guerra sucia, pero Sosa confirma que esta política viene de antes. Por supuesto, Fujimori permitió, avaló y encubrió los crímenes de Colina pero -como insisten Nakasaki y Ricardo Gómez Palma, su cheerleader el corresponsal de RPP - esos no son los cargos, pues.

Pero Nakasaki está en un dilema. Este testigo carga contra Hermoza Ríos, quien, uy xuxa, también es su cliente. Pamela Acosta, reportera que sigue el juicio, ha publicado un post/reseña/análisis y cuenta que el defensor estrella, insólitamente, no quiso declarar la prensa. Nakasaki no sabe qué hacer con Sosa. Y, la verdad, si alguien sabe, deje un comment.

 http://utero.pe/2008/07/31/kerosene-echa-a-alan/utero

 

Hermenegildo Fernandez:Quién es Alan García

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¿Quién es Alan García?

 

Alan Garcia

Alan García

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Quién es éste personaje?. Alan García Pérez nació en Lima el 23 de mayo de 1949. Es casado dos veces, tiene cuatro hijos y mide un metro con 93 centímetros. Hizo sus estudios secundarios en el colegio nacional José María Eguren de Barranco. Posteriormente hizo sus estudios superiores en las universidades Católica y San Marcos, en esta última se recibió como abogado.

Posteriormente viajó a España para hacer el doctorado en la Universidad Complutense de Madrid. Luego viajó a Francia donde estudió sociología en el Instituto de Altos Estudios de América Latina de París. Ahí en la ciudad luz (Paris) fue lavaplatos y se dedicó de lleno, sin ningún éxito, a cantar y tocar guitarra en la entrada de los metros. Su compinche de trovador callejero fue Víctor Polay Campos, el “comandante” del MRTA que en la actualidad reniega de su pasado “guerrillero”.

Alan García se desempeñó como secretario de organización del Partido Aprista Peruano. En 1978 fue constituyente y en 1980 diputado. En 1985 fue elegido presidente del Perú.

García Pérez fue presidente del Perú entre 1985 y 1990, cuyo gobierno ha quedado en la memoria del pueblo como uno de los más corruptos y criminales de la historia peruana. Nadie podrá olvidar los cerca de 10 mil muertos a causa de la política contrainsurgente del gobierno aprista. Y nadie podrá olvidar los 12 millones de peruanos hundidos en la pobreza y extrema pobreza del periodo alanista. En 1991, cuando Alan García ya no estaba en el gobierno, fue acusado por el parlamento por diversos delitos, entre ellos enriquecimiento ilícito, contra la fe publica, coimas en la compra de aviones de guerra (Mirage 2000), y otras graves acusaciones. García frente a sus inquisidores, de la misma forma que lo hiciera años después Fujimori, salió huyendo del país para salvarse de la sanción penal que le esperaba. Mas adelante, gracias a un arreglo entre el fujmorismo, el APRA y otros grupos políticos corrompidos, pudo “blanquear” sus delitos contra el Estado y la nación, y regresar al Perú limpio de “polvo y paja”. Entre 1990 y el año 2000 el APRA mantuvo estrechas relaciones secretas con el Servicio Nacional de Inteligencia Nacional (SIN) y el gobierno de Fujimori. Agustín Mantilla, alto dirigente de este partido y hombre de confianza de Alan García fue el encargado de hacer las coordinaciones con Vladimiro Montesinos jefe del SIN y agente de la CIA americana, de quien recibió apoyo económico para sostener al APRA.

El 14 de agosto de 1985, García tenia un mes en el gobierno cuando una patrulla del ejercito dirigida por el teniente Telmo Hurtado asesino a 69 campesinos en Accomarca (Ayacucho). Entre los campesinos eliminados había niños, ancianos y mujeres. Telmo Hurtado justifico esta matanza y el gobierno lo ascendió a capitán. De ahí para adelante, la política de seguridad interna del gobierno aprista se basaría en el crimen, la tortura, el secuestro y la ejecución clandestina organizada desde el Estado. En octubre de 1985 bajo la responsabilidad del gobierno la policía quemó vivos a 34 prisioneros de guerra recluidos en la prisión de Lurigancho (Lima). En junio de 1986, el gobierno aprista ordenó la matanza de 300 prisioneros en las cárceles de Lurigancho, El Frontón y Santa Bárbara.

El régimen de García Pérez fue el primero en organizar grupos paramilitares que se encargaron de secuestrar y ejecutar clandestinamente a los enemigos del gobierno. En 1988 en el seno del Servicio de Inteligencia del Ejercito (SIE) se creo el grupo clandestino llamado “Escorpio”, cuya objetivo fue realizar operaciones clandestinas de secuestro y asesinatos contra supuestos subversivos y opositores al régimen. El grupo Escorpio tenía el apoyo del gobierno y del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas. Casi en el mismo periodo, Agustín Mantilla, aprista, ministro del Interior y brazo derecho de Alan García, organizó el comando “Rodrigo Franco”. Este grupo en el que participaban el jefe de la policía antiterrorista de ese entonces (el general Reyes Roca), y militantes apristas como el “chito” Ríos, y otros, fue responsable de una centena de acciones terroristas clandestinas y del secuestro y muerte de dirigentes sindicales, profesionales, abogados, dirigentes políticos, estudiantes, periodistas, y otros. Algunas de sus victimas fueron el abogado Manuel Febres y Saúl Cantoral dirigente sindical de la Federación Minera del Perú.

Cuando el General Mori Orzo elaboró el plan Huancayocc (que tenía como objetivo capturar y/o destruir a los terroristas) éste contaba con el aval del presidente de la República. No hay que olvidar que Alan García era el Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas del Perú.

La aplicación del plan Huancayocc tuvo como triste final el asesinato de 69 pobladores del poblado de Accomarca, en la sierra del Perú.

Continuando con su política de quemar todo y arrasar todo y sintiéndose débil ante el avance de la guerra popular en el Perú, Alan García ordena el asesinato de 300 prisioneros de guerra en las cárceles de El Frontón, Lurigancho y Santa Bárbara. Este crimen que fue encubierto por la prensa peruana, por la Internacional Socialista, y por todo el aparato del estado peruano ha quedado impune hasta ahora.

Pero Alan García no sólo es responsable de esos genocidios, la lista es extensa, y nunca se deberá olvidar las masacres de Pucayacu, Umaru, Bellavista, Parcco, Pomatambo, Cayara, Santa Ana, Pampamarca, Chumbivilcas y Calabaza, todas éstas masacres han sido incluso expuestas al público por la «Comisión de la verdad» y a pesar de los detalles escalofriantes de las denuncias registradas en los documentos de ésta «comisión», Alan García, aún está impune.

Alan García ha dejado más muertos que Belaúnde y que Fujimori. Las cifras de Aprodeh lo muestran:

Alan García también es encubridor y cómplice de la existencia del comando paramilitar «Rodrigo Franco». Como se sabe, éste comando tuvo como tarea, asesinar en la oscuridad a todo aquel sospechoso de pertenecer al Partido Comunista del Perú o de apoyar a la guerra popular y opositores. A pesar de las denuncias nadie ha sido sancionado por los crímenes atroces cometidos por éste comando. Incluso, en 1986 El Diario fue víctima de un cobarde ataque con un coche bomba que tuvo como objetivo silenciar este medio de comunicación. Posterioremente, en 1989, su director, el periodista Luis Arce Borja estuvo en la lista del “Comando Rodrigo Franco” para ser asesinado.

¿El presidente García tenia conocimiento de esto?

Alan García sabía perfectamente lo que hacía «Rodrigo Franco»

«Todo estaba coordinado. El presidente García sabía todo, y las altas esferas del partido sabían de la existencia del comando»

…«Una vez, cuando vine de Tingo María, estaba en la sala, y un muchacho Vásquez, al que le decían Cobra, todo vestido de negro. Estaba el \”Pato\” Usquiano y me dicen: \”Bronco, te llama Erico\”. \”Toma este teléfono: este es de García y este de Agustín, en caso de que nos pase algo»…

…«Ese cojudo de Arce Borja está que jode y ayer lo esperamos hasta las 5 de la mañana y no llegó\”…

…«Al día siguiente, el 2 de octubre de 1987, el comando intentó colocar un explosivo en el diario Marca, el vocero de Sendero Luminoso. El tiro salió por la culata. La bomba explotó en el wolkswagen en el que iban los atacantes, y murió uno de ellos: Humberto Usquiano, conocido como \”el pato\”»…

…«Yo estaba en el carro pero bajé porque iba a una fiesta. A la hora en que el Pato iba a poner un explosivo en el carro, vio que justo salían unos de El Diario; regresó pero el explosivo ya estaba activado. El iba en la parte de atrás. Entonces explotó y Chito salió disparado. El Pato murió instantáneamente.»…

«El Chito fue llevado al hospital de policía en donde fue internado con otro nombre. Días después, escapó»…

Datos: Los relatos aquí citados son de Miguel Aurelio Exebio Reyes, ex suboficial de La Marina, y uno de los jefes de inteligencia del comando criminal «Rodrigo Franco». Estan informaciones fueron recopiladas por el periodista César Hildebrant en su artículo: Testimonio de ex agente del comando Rodrigo Franco inculpa a Mantilla (publicado el 19 de mayo del 2002)

Para culminar con la triste historia del genocida García, luego del autogolpe fujimoresco de 1992, Alan García se asiló en Colombia, aunque es conocido por todos que realmente residió en Francia.

Alan García pretende hacerse pasar por el corderito tierno, sin fauces, inocente, y al lado del pueblo. Es por eso que resulta importante tener siempre en mente y servirse de la historia de los hombres para reconocer al lobo y evitar que vuelva a meterle al Perú un puntazo en el culo como lo hizo con el indefenso ciudadano Jesús Lora.

http://www.eldiariointernacional.com/spip.php?article2101

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