Plagio

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

La legión de los plagiarios

plagio.jpgSi, lectores y amiguitas, cometeré la falta más grave que pueda existir para Nosotros, los ilustres miembros de esta sociedad secreta de imitadores y copiones: reconozco en público que también hurto – ¡no se imaginan cuanto! – a veces textualmente, literal, delictivamente,  las creaciones de otros. Soy un ladrón del intelecto, un cleptómano de ideas e influencias.

Es particularmente grave esta confesión porque, como podréis saber gracias a infantiles novelas detectivescas o aburridas conferencias de profesores universitarios que han perdido el cabello a punta de lidiar con miserables como yo, Nuestra Cofradía secreta no permite el menor asomo de franqueza. Un copietas que reconozca su falta instantáneamente se convierte en un imbécil arrepentido, en un pedazo de cucaracha que no merece siquiera un baño de insecticida: toda la fineza del robo intelectual, el nunca dimensionado cosquilleo morboso que supone un plagio, debe quedar tan oculto como esos lunares y puntos del cuerpo donde jamás entra la luz del sol, como esas pilatunas infantiles anónimas que enardecían a los vecinos cascarrabias o a los malos maestros; igual a una deliciosa vergüenza que disfrutamos escondiendo a todos. La doble faz del plagio implica una vergüenza oculta, un hurto descarado, que paradójicamente, debe ostentarse sin calificarse como tal.

(Bueno, para nadie es un secreto que Virgilio es un duplicado defectuoso de Homero, Borges es una imitación tipo baratija China de Blake; y que Gabito lo fue en su momento de Faulkner, luego de Carpentier y hasta de Kawabata. ¿Acaso todo el Quijote no es una mala versión de otras cientos y cientos de malas novelas de Caballerías; así como Soda Stereo es una versión mejorada de U2, Depeche Mode y The Cure y Estados Alterados es al tiempo una mala versión de Soda Stereo?; fijaos que al descubrirse el plagio, pierde la gracia)

Mis correligionarios, ahora que confieso con un poco de rubor esta cleptomanía, no dudarán en plagiar a su vez el final de una de esas novelas de detectives que mencioné y mi final es por lo tanto, predecible: una tenebrosa conspiración tramada por La Legión segará mis noches para siempre, pero nunca entenderéis bien los detalles del crimen hasta no encontrar el texto original del que fue transcrito.

Sé que como lectores mansos e ingenuos, os estaréis preguntando en este preciso párrafo de Cuál Otro he plagiado lo anterior, sé que estáis a punto de revelar el misterio de las influencias: “¿Tal vez se copia de ese famoso columnista excéntrico Turco que tanto le gusta? ¿Del genial Luis Tejada a quien imita siempre en estilo? ¿De Gabito en sus épocas arrechas de periodista? ¿De un poeta árabe, persa, marroquí?” ¡Vamos, pensad un poco con cabeza ajena! Un buen plagiario nunca revela sus influencias, su tesoro más preciado y oculto, para que otra picarilla u otro zopenco se lo robe a sus anchas tan fácilmente. Todas esas referencias a autores, esas citas, esos tramposos epígrafes y similitudes en el estilo, son pequeños escollos calculados, meticulosos fraudes evidentes para hacer zancadilla a los tontos. Un plagiario no da ni el menor asomo de sus víctimas y yo no os entregaré a vosotros mi secreto… ¡Debéis descubrirlo!

Entre Nuestra Cofradía hay prestigiosos intelectuales, maestros y doctores, grandes científicos, y hasta un cura – tampoco revelaré su identidad – que escribe una columna cada sábado con retazos de frases descolgadas de internet en un periódico local que tiene por nombre una parte del día que está más allá de la mañana (No teman mi oscuridad al escribir, es un rasgo distintivo sustraído de Otro). Tampoco falta el profesor que pretende justificar semejantes crímenes (vaya uno a saber, a lo mejor sus propios crímenes y plagios) argumentando que los copiones obedecen a criterios estéticos y creativos, o que el concepto de “autor” es relativamente tardío en occidente; por lo tanto, no todas las épocas han tenido conciencia de la propiedad intelectual. Uno de esos sinvergüenzas repetía en clase, como si fueran de la propia cosecha, las palabras del copión Quiroga: “Resiste cuanto puedas a la imitación, pero imita si el infujo es demasiado fuerte”. ¡A otro perro con ese hueso! lo que nos gusta simplemente es convertirnos en anarquistas y dinamiteros de los sagrados valores académicos, en enemigos rotundos de la propiedad intelectual. Somos pues, unos criminales, unos estafadores de la academia.

espejo.jpgYo mismo, en mis paseos por el intrincado bosque  de la escritura, me he descubierto más de una vez sustrayendo ideas y conceptos ajenos, apropiándome sin ninguna pena de lo que no me pertenece en este o aquel libro, desmejorando sin dolor lo que otro se esmeró años o décadas en edificar pacientemente. Yo, como cualquier amigo de lo ajeno que tiene un gusto irreprimible por las billeteras o las alhajas de oro.

¡Pero no imaginareis, queridos lectores, el terror morrocotudo, el miedo recóndito que embargó mi pecho  al descubrirme al final de mis líneas plagiándome a mí mismo, siendo una copia defectuosa de mi propio reflejo en el reflejo del espejo, sin poder dejar de ser lo que soy, sin abandonar mi identidad inalienable, mi particularidad absoluta que me hace único, inmundo, mareante, horrible, irrepetible! ¡Cómo cuesta dejar de ser lo que se es, No Ser, renunciar a lo irrenunciable! ¡Es imposible escapar de nosotros mismos, a pesar de todos los plagios, las malas copias, las terribles influencias!

Inteligentes lectores: ¿Me habéis descubierto?

 

Camilo de los Milagros.

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cami 06/21/2011 02:28



Gracias por comentar - era una sátira, ¿no? - Gracias a Ivonne, también...



Ivonne Leites. - Atea y sublevada. 06/21/2011 02:48



Otro para vos.



boris 06/18/2011 18:07



Joder! este tío plagia descaradamente a Orhan Pamuk!!!



juan-cito 06/16/2011 21:12



No pienso plagiarte pero reconozco que para plagiar es necesario haber leido y parafraseando a Borges (a quien llamas baratija china)... "el valor de un hombre se mide mas por lo que ha leido que
por lo que ha escrito"