Pobreza y dependencia en Puerto Rico

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

 

En el siglo XXI, Puerto Rico atraviesa por una etapa de grandes y graves interrogantes. El modelo económico que sirvió de plataforma para incorporar a un sector de la población en la movilidad social ascendente evidencia graves problemas estructurales y aquellos que no fueron incorporados en el crecimiento dependiente, hoy reclaman por distintos medios, su entrada al mundo prometido. A partir de 1975, uno de los mecanismos utilizados por el gobierno de Estados Unidos y los gobiernos de turno en Puerto Rico para contener las demandas y necesidades de los más vulnerables, fue la extensión de los programas de ayuda para la pobreza desarrollados en la metrópoli.  Estos condensan una política social elaborada en Estados Unidos inicialmente desde una perspectiva liberal, que con el paso del tiempo fue ajustándose cada vez más a las demandas conservadoras y alejándose de la visión que le dio origen.

Los programas asistenciales han tenido un fuerte impacto y representan el establecimiento de políticas sociales diseñadas en Estados Unidos bajo el programa del Nuevo Trato del Presidente Roosevelt. Estas políticas fueron transferidas a Puerto Rico, siempre de manera incompleta, sin permitir que los puertorriqueños diseñaran su política social acorde a sus necesidades. El resultado es que el gobierno de Puerto Rico se convirtió en un depositario y administrador de fondos federales destinados a reducir las tensiones que conllevan los altos niveles de desigualdad, desempleo y pobreza que se mantienen en la estructura colonial. El enfoque prevaleciente en el Estado utiliza los recursos económicos distribuidos entre los más necesitados para sostener políticas asistenciales que en muy poco contribuyen a eliminar las causas de la pobreza. En su lugar, generan una fuerte relación de dependencia del gobierno de Puerto Rico con los Estados Unidos para obtener fondos que le permitan mantener el orden dentro del caos generado por una estructura profundamente desigual.

De igual forma, se produce una relación de dependencia de los puertorriqueños con el gobierno local y el norteamericano. Su vida cotidiana está intervenida constantemente por las reglas y decisiones tomadas en Estados Unidos. Desde un punto de vista económico, los fondos destinados al PAN y a otros programas federales, representan millones de dólares que ingresan anualmente en la economía de Puerto Rico, sin ser producidos en ella y constituyen una indemnización y una prebenda o tributo para distintos sectores.

Para los grupos sociales más vulnerables, los fondos federales asistenciales representan la posibilidad de escapar al hambre que muchos recuerdan claramente, pero no la capacidad de salir de  la pobreza. La oportunidad para salir de la pobreza es estructural y esa generalmente no está accesible a través de la asistencia social. Se pueden obtener viviendas subsidiadas en los residenciales, becas de estudio o recursos para los sistemas educativos y de salud, pero la calidad y las condiciones que hagan posible el cambio a unas condiciones liberadoras de la pobreza y el acceso al trabajo, no están incluidas en el paquete de la asistencia. Esta apenas indemniza por los costos del enclave colonial. En cambio, atado al asistencialismo, viene el cobro del tributo pagado con lealtad y el miedo omnipresente a los federales. Los fondos exigen el apoyo incondicional al orden/desorden, que no permiten planificar el futuro acorde a las necesidades del país. Se tienen alimentos, pero apenas se produce el 10% de los que se consume. Barriga llena de alimentos muchas veces poco nutritivos, pero el corazón no está contento. Muchas personas se mueren de obesas, pero no tienen la paz y calidad de vida necesarias. El tributo es la dependencia y el estancamiento socioeconómico, que impide salir del deterioro social que a muchos destruye, pero con el que hay pánico a romper. El miedo y la incapacidad de pensar y proyectar el futuro es parte de la dependencia.

Sectores sociales de las estratas medias y altas también dependen de las ayudas gubernamentales. Unos porque son los empleados que distribuyen los fondos y otros porque son quienes importan, venden alimentos, educación y medicinas (muchas veces de baja calidad), y se enriquecen con los fondos federales. Los fondos tejen una tela de araña en la que quedan atrapados personajes de distinta talla y consistencia.

Tampoco podemos pasar por alto el impacto que tienen los fondos federales en el cuadre del presupuesto del gobierno de Puerto Rico y lo que ello representa para los partidos políticos que constantemente nos lo recuerdan. La presencia de los fondos federales atraviesa todas las ramas del gobierno. En el caso de algunas agencias es ínfima la cantidad de fondos que reciben, pero en otras como el Departamento de la Familia, representan más del 80% de su presupuesto. En todos los casos la existencia de los fondos obliga a la agencia a dejarse llevar por una reglamentación que debilita su capacidad de tomar decisiones y transfiere el poder al gobierno federal. Estos fondos también son utilizados como un instrumento de presión, de amedrentar y sujetar a las personas. Se les adjudica una proporción que no es real, pues suele incluirse en ella los fondos que reciben las personas como derechos adquiridos, (Seguro Social, pensiones, desempleo). A su vez, en la medida en que se deteriora la capacidad del gobierno de Puerto Rico de cobrar impuestos, y se reducen las inversiones, mayor es la desesperación de los gobernantes para obtener los fondos que se generan en el gobierno norteamericano para hacer frente a la crisis.

Mucho se habla de la dependencia en Puerto Rico y generalmente cuando se la menciona se hace para referirse a los sectores pobres, a quienes se les atribuyen todas las desgracias del país, o para hacer constar nuestra incapacidad de sobrevivencia sin la presencia norteamericana. Se entrelazan diversas “teorías” y mitos sobre las causas de la pobreza y la dependencia. A quienes viven en las condiciones de necesidad se les hace “responsables de su pobreza por no trabajar” y “preferir” vivir del Programa de Asistencia Nutricional. Se señala, entre otras cosas, que el desempleo es causado por el mantengo, que la gente no quiere trabajar porque le conviene más vivir de las ayudas del gobierno, que la mujeres tienen muchos hijos para que el gobierno los mantenga y que los pobres viven cómodos y saludables con las ayudas que reciben. Todos estos planteamientos forman parte de la ideología del liberalismo, en la cual los problemas de la pobreza son un derivado de la incapacidad individual de las personas de integrarse al mercado de trabajo y consumo. Su incapacidad es el resultado de problemas individuales: carencia de destrezas, problemas morales y éticos, enfermedades emocionales y falta de méritos, entre otras causas. En este contexto, la política social asistencialista tiene el propósito de ayudar a capear la tormenta, permitiendo la sobrevivencia, pero no salir de la misma. En los momentos de profundización de la crisis, la ideología antes expuesta se enfrenta a sus propias contradicciones; ya no son sólo los tradicionalmente pobres quienes tienen que acudir al estado benefactor, sino también aquellos provenientes de los sectores medios, cesanteados y carentes de ingresos.

La mayor parte de las personas desconocen las características de aquellos que reciben las ayudas y la dimensión del problema que da origen a la necesidad de las mismas. Tampoco conocen que quienes reciben esta ayuda, obtienen el equivalente de $1.19 por comida diario (2009) y que el promedio de ayuda recibido en el 2008 era $112.87 mensual por persona; equivalentes a $3.64 al día. Obviamente la existencia de las ayudas gubernamentales no es la causante de su desempleo y pobreza. Igualmente, las nociones comunes que restringen el problema de la dependencia a los sectores pobres, desvinculan de la misma a los demás grupos sociales cuyas condiciones de vida están favorecidas por la existencia de los fondos federales.

La dependencia en Puerto Rico, en primera instancia es un problema político y económico y su origen no se sitúa en el 1975, cuando se expandieron los fondos federales para la compra de alimentos. Está entrelazada con la relación colonial, primero con España y luego con Estados Unidos, a la que ha estado sujeto Puerto Rico. Temprano en el siglo XX, se estableció la plataforma que permitió la creación de una economía de enclave agro-exportadora de azúcar y tabaco con la consecuente destrucción de la capacidad productiva para la auto subsistencia. En los años posteriores se reprodujo una economía importadora de lo que se consume, supeditada y sometida a los mandatos y leyes del mercado y el gobierno norteamericano.

La determinación de la dirección que ha tomado la estructura económica y social de Puerto Rico, no es sólo la responsabilidad de los gobiernos que han pasado por el poder, sino también del Congreso norteamericano que en diversos momentos históricos ha impedido a los puertorriqueños establecer la ruta que mejor les convenga. Las políticas sociales del welfare norteamericano han contribuido a despolitizar a las masas, a mantener condiciones de trabajo onerosas en la empresa privada, (empleos de tiempo parcial y bajos salarios) y a no cuestionar la relación de dominio de los Estados Unidos. Los factores que definen la dependencia económica y política de Puerto Rico han sido muy estudiados y explicados por diversos economistas y estudiosos de la política, por lo que aquí no abordaremos estos temas con mayor profundidad. Baste con señalar que el balance entre lo aportado por el gobierno norteamericano y lo extraído en ganancias por las corporaciones arroja un saldo negativo para los puertorriqueños de todas las formas en que se le analice.

En el 2007 los pagos a individuos por derechos adquiridos (Seguro Social, Medicare, veteranos, pensiones, empleados federales) fueron de $8,902.5 millones, las regalías a individuos (PAN, Becas, Plan 8 y otros) de $1,927.5 millones y las aportaciones al gobierno y municipios $1,771.1 millones, para un total de $12,606. millones. Otros gastos del gobierno federal sumaban $1,197 millones. Si a esta totalidad se le restan los fondos por derechos adquiridos la suma restante era $4,902.5 correspondientes a fondos federales invertidos por el gobierno norteamericano en Puerto Rico en el 2007. Es importante destacar que en ese año la isla exportó $60 billones de los cuales el 76% iban dirigidos a Estados Unidos. A su vez importó $44.9 billones en mercancías, el 53% provenientes de ese país. A las cifras anteriores debemos sumarle una deuda pública que ascendía a $49,252 millones contraída con los bancos y entidades financieras norteamericanas cuyos intereses suman millones de dólares pagados anualmente (Banco Gubernamental de Fomento: 2007, Gallisá: 2010).

Como bien se observa en las cifras anteriores, el problema de dependencia con Estados Unidos va mas allá de los fondos federales e incluye toda la estructura económica del país sobre la cual se monta un discurso de incapacidad.

Finalmente, pero no menos importante, en el discurso cotidiano se desvincula la dependencia del problema psicológico y sociológico que se vive en la colonia. La dependencia es una consecuencia, aunque no exclusiva, del colonialismo; éste crea y reproduce al sujeto colonizado. La dependencia además de ser una realidad económica y política, también es una construcción psicológica y sociológica que produce condiciones de negación, depresión y poca autoestima que permiten la reproducción de las condiciones coloniales.

En las pasadas décadas la existencia de programas de ayuda a los sectores pobres tuvieron el efecto de profundizar la relación de dependencia de estos sectores con el Estado. Varias generaciones mantenidas al margen de la economía formal obtienen su subsistencia de tales programas y con ello perpetúan las condiciones de pobreza.


(*Extracto de la introducción del libro: Sobrevivencia, pobreza y mantengo, publicado con autorización de la autora a propósito de la jornada “Hablemos de Pobreza”, que lleva a cabo Prensa Comunitaria.)

FUENTE: Prensa Comunitaria, aliado de 80grados.

 

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