¿Por qué los rusos no votan?

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

 

24 de noviembre 2011

Boris Kagarlitsky
Por Boris Kagarlitsky

 

 

Las elecciones a la Duma del Estado rara vez generan mucho interés entre los votantes rusos. La Duma no tiene autoridad real ni poder para controlar al gobierno. Cuando el vocero de la Duma, Boris Gryzlov, hizo la declaración escandalosa que "el Parlamento no es lugar para el debate"solamente dijo lo que ya todos saben: No hay nada ni nadie para discutir en la Duma.

Y sin embargo, nunca como ahora  el público
 está tan indiferente a las elecciones de la Duma. Hace cuatro años, muchos discutían por quién votar en las elecciones a la Duma. Ahora, lo que se preguntan es si deben votar o no.


Algunos, por ejemplo, sostienen que la mejor opción es invalidar el voto poniendo una gran "X" sobre todos los nombres, mientras que otros insisten que el acto mismo de votar en estas seudo elecciones es convalidar la farsa y no es muy digno de ciudadanos que sientan respeto por sí mismos. Las propias autoridades no se preocupan demasiado por cómo la gente vote porque el resultado final es casi un hecho.

Lo que realmente les interesa, sin embargo, es el número de votantes. Cuanto menos gente vota, se hace más difícil para el Kremlin sostener que las elecciones fueron "legítimas". Por otra parte, menos votos en las urnas significará que los funcionarios electorales tendrán que trabajar mucho más para manipular los resultados.


Por lo tanto, una baja participación electoral es la única cosa que podría incomodar al Kremlin. Esta es una razón por lo que boicotear las elecciones se ha convertido en una opción de protesta popular.

Estas elecciones en muchos aspectos se asemejan a las elecciones en Egipto antes de las revueltas de la primavera árabe. Es una situación "Trampa-22", los candidatos que no representan a los partidos del gobierno no tienen ninguna posibilidad de ser electos, ya que muchos de sus seguidores no se molestarán en votar. Una situación similar ocurrió en Egipto y condujo a la elección de un parlamento con un 90 por ciento de las bancas ocupadas por miembros del partido del presidente. Esto privó al Parlamento egipcio de cualquier legitimidad a los ojos de la gente y fue un gran factor que alimentó los disturbio populares.

Irónicamente, la única cosa que salva al Kremlin de caer en una trampa similar es el Partido Comunista, que se apoya en el mismo tipo de votantes inertes y apolíticos (pero todavía leales) que el partido oficialista Rusia Unida. Al participar en las elecciones, los comunistas dan al Kremlin lo que quiere: la impresión de que hay al menos algo de pluralismo en la Duma.

Por supuesto, muchos rusos todavía irán a votar el 4 de diciembre. Un gran porcentaje de ellos sin duda votará por Rusia Unida. Pero darán su voto, no porque tengan una fuerte convicción política o un sentido de deber cívico, sino simplemente por costumbre. Las encuestas muestran que las personas que votan son en gran medida apolíticos, no ven ninguna conexión entre las decisiones que toman y el rumbo político y económico del país y en general no consideran el voto como una función democrática.

Así, estamos en una situación paradójica. Los que están más interesados ​​en la política tienden a ser los más desconformes con el gobierno en su conjunto y, en consecuencia, no votan.

Por el contrario, los rusos que están menos interesados ​​en la política, es más probable que voten. Para ellos, el acto de dejar su voto en la urna es un ritual rutinario, como decorar el árbol de Navidad o regalar flores a su mujer en el Día de los Enamorados. La única diferencia es que el voto es menos agradable.

 

Publicado en The Moscow Times, traducción Fernando Moyano

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