Redes de corrupción y trata de personas en Pará, Brasil. / Contra o tráfico de pessoas e a exploração sexual no Pará, Brasil

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

Testimonio de Henriqueta Cavalcante

Redes de corrupción y trata de personas en Pará, Brasil

En Pará y Amapá la mayor cantidad de tráfico de personas se hace hacia fuera de Brasil y tiene por fin la explotación sexual. Las víctimas son llevadas principalmente para Surinam y Cayena.


Testimonio recogido por Joana Moncau en Belém, Pará, Brasil

Trata de Personas

 

 

Soy la hermana Henriqueta Cavalcante, tengo 50 años y coordino la Comisión Justicia y Paz en la Regional Norte de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil (CNBB), que comprende los estados de Pará y de Amapá. Por enfrentarse a la explotación sexual y a la trata de personas, que forman parte de una cruel realidad en esta región, la Comisión ha ganado mucha credibilidad y reconocimiento. Éstos son dos crímenes cometidos por redes bien organizadas y muy fortalecidas y que están relacionadas con otros dos sistemas: el tráfico de drogas y el tráfico de armas. Mi trabajo supone mucho riesgo, porque se trata de enfrentar esas redes y hace más de dos años que recibo amenazas de muerte por ello.

Lo que encontramos es una realidad muy dura y cruel, una situación de abandono y de miseria, un gran número de niños y niñas violentados sexualmente por las redes de traficantes. Descubrimos muchas irregularidades que son causadas por los propios funcionarios de esos municipios y por la absurda inexistencia de políticas públicas: no existe control de los recursos que entran ni del servicio que deben brindar los funcionarios. No queda duda alguna de que ello también fortalece la entrada de niños, niñas y adultos en la dinámica, en la arquitectura de esas redes de criminalidad, porque la miseria es muy grande. La desigualdad social hace que sean los propios niños y niñas quienes busquen un modo de sustento. Ésa es una realidad.

Es una gran afrenta para las redes criminales el trabajo preventivo que hacemos con los talleres y con las campañas de divulgación de materiales que ayudan a las personas a encaminar sus denuncias. El resultado de todo esto también es peligroso. Es un trabajo que nos deja en una situación de vulnerabilidad muy grande, tanto a las familias que denuncian, como a nosotros, defensores de derechos humanos. Es justamente lo que pasa hoy en mi vida.

Comencé a recibir amenazas en el 2009, como respuesta a nuestra lucha contra de la explotación sexual de niños, niñas y adolescentes. La Comisión es un espacio abierto para acoger denuncias y encaminarlas, y esto acabó por incomodar. Incomodó a personas grandes, poderosas del estado de Pará, y trajo para mí una situación de riesgo y de peligro. Empecé a ser amenazada.

Recibo amenazas de muerte directamente por teléfono, o indirectamente. Los amenazadores crean una manera de eliminarnos, son inteligentes y tienen estrategias. Utilizan diferentes maniobras: mandan decir que los estoy incomodando; me envían recados de diversos modos, pero siempre nos enteramos.

No cabe duda, estas redes del crimen tienen un gran deseo de que, de algún modo, yo sea responsabilizada y, para ellos, eso significa que yo pague por haberlos denunciado.

Evidentemente las amenazas se dan en respuesta a los resultados satisfactorios que hemos tenido con nuestro trabajo. Por ejemplo, la condena a 21 años de prisión de una persona influyente de Pará, un ex diputado. Lamentablemente él fue condenado, pero está suelto porque esa es la cultura de la impunidad en que estamos. Aquí, la justicia sólo se aplica a aquellos que no tienen dinero. Los que lo tienen nunca van a la prisión.

Fue un caso muy emblemático, pensábamos que varias de las autoridades estaban fortaleciendo el derecho de los niños, niñas y adolescentes, pero todo lo contrario, estaban fortaleciendo las redes de criminalidad. En específico tenemos un caso muy representativo, una persona poderosa en el estado de Pará que llegó a prestar testimonio y la justicia constató con todas las pruebas y con todo el resultado del inquisitorio policial, el involucramiento de esa autoridad en la red de explotación sexual. Fue con eso que mi situación de seguridad en relación con la red criminal comenzó a estar comprometida.

Lamentablemente desde entonces ya no tengo la libertad de moverme con tranquilidad, sé que puedo ser sorprendida por alguien que ellos enviaron. Mi caso lo hemos hecho público y la prensa le dio visibilidad, pero ya no quiero dar detalles porque no me siento tranquila para hablar de ello. Cuando tuve la valentía de llevar adelante esta denuncia ante la “justicia” del estado, para que una de las personas que me había amenazado pudiera ser interrogada e investigada el caso fue ocultado, así que prefiero no decir nada más.

Lo que me da fuerza para seguir, es la búsqueda incesante de las familias que vienen a pedir socorro. Porque aquí todavía es un espacio de confianza, donde ofrecemos credibilidad para las familias. Es posible mirar la desesperación de la madre que está al otro lado del teléfono, en otra ciudad y que te está contando como el juez no condenó al pedófilo que violentó a su hija porque ella es una persona con discapacidad mental. Esas madres me llaman para pedir ayuda, preguntando qué deben hacer. Y hay que encontrar un modo. Creo que es la propia situación de abandono que viven muchas de esas familias, ¡eso es lo que nos da fuerza!

Los niños y niñas me dan fuerza. Las propias víctimas adultas me dan fuerza, cuando ellas se desesperan por encontrar justicia. Pero no cabe duda que la fuerza mayor viene de Dios. Dios es el sustento, es él en quien creo, en quién encuentro respuestas para seguir luchando y creer que todo lo que nosotros hacemos no es en vano, que es un trabajo necesario y que un día vamos a ver resultados. Porque en la justicia de Pará no se puede creer más.

Nosotros recibimos diariamente denuncias, ¡diario! No hay un solo día en que no recibimos una denuncia de explotación sexual, en muchos casos relacionadas a la trata de personas. En Pará la incidencia de la trata de personas con fines de explotación sexual es enorme, una de las más grandes del país.

Sin embargo, no existe un referente estadístico sobre este delito (la trata de personas), porque muchas familias aún no denuncian y muchas víctimas siguen silenciadas por el miedo. Si denuncian ¿cómo se quedan después? ¿Quiénes les darán protección en contra de estas redes tan poderosas y organizadas? También sucede que muchas veces la familia sabe lo que está ocurriendo y no lo consideran un crimen.

Muchas personas, víctimas de trata, son engañadas con falsas promesas de empleo y de crecimiento económico; cuando llegan al lugar “de trabajo” se dan cuenta de que la realidad es distinta, que es otro el escenario. Muchas veces, para aumentar su sorpresa, incluso el pasaporte y el boleto, que les había llegado con mucha facilidad, se convierte en deuda. Tienen que trabajar, trabajar y trabajar para poder pagar esa deuda, la cual, en vez de disminuir crece ya que les hace falta pagar para dormir y comer. La deuda de esas personas no tiene fin. Además de haber sido víctimas de trata, pasan a vivir bajo la condición de trabajo esclavo y así el sufrimiento de estos hombres y mujeres pasa a ser todavía peor.

Aquí, en esta región del Pará y Amapá, la mayor cantidad de tráfico de personas se hace hacia fuera de Brasil y tiene por fin la explotación sexual. Las víctimas son llevadas principalmente para Surinam y Cayena (capital de la Guayana Francesa). Estuve en Surinam y me quedé sorprendida, la mayoría de las personas que habían sido víctimas eran del Pará. En Amapá hay una ruta todavía más fácil, casi todas las jovencitas salen por el Oiapoque y ya de ahí es mucho más fácil llegar a Cayena. También muchas de ellas van hacia otros países: Holanda, Francia, etcétera.

La trata de personas con fines de explotación sexual, el tráfico de drogas y el tráfico de armas, son crímenes relacionados entre sí y tienen una muy fuerte presencia aquí en Pará. Nuestro trabajo ha sido intensivo sobre todo en la promoción de la prevención. Hemos invertido mucho en la región del Archipiélago de Marajó, en los 16 municipios, con un trabajo informativo intenso en el que involucramos a diversos sectores.

La sociedad civil tiene un potencial enorme para contribuir a combatir esas redes, pero necesitamos también de la participación de los órganos institucionales competentes; necesitamos de un Estado que cumpla con su papel, con sus competencias y responsabilidades.

Eso sí, lo que no podemos hacer es quedarnos como una sociedad que tolera. La tolerancia es peligrosa. La mejor manera de adelgazar los sistemas de criminales es logar que nadie entre a formar parte de ellos, que nadie responda a sus deseos. Creo que cuando las personas están informadas y tienen claridad, ellas mismas pueden contribuir a adelgazar esas estructuras del crimen.

Para esto realizamos campañas de información. Nosotros queremos fomentar acciones de prevención, pero también de represión del crimen. Necesitamos lograr que los delincuentes sean responsabilizados de sus acciones. Tenemos denuncias aquí de redes de criminalidad que esta ganando mucho dinero. Según datos de la ONU, la trata de personas es la segunda actividad, después del tráfico de drogas, que más ganancias aporta, a estos sistemas de delincuencia organizada.

Mi consciencia no me permite estar callada ante un crimen como este, en el cual la vida de las personas se convierte en una mercancía barata. El cuerpo de la gente es tratado como una cosa. Pareciera que las vidas humanas están en los estantes de los supermercados y con un valor muy bajo, o peor aún, sin ningún valor.

 

Contra o tráfico de pessoas e a exploração sexual no Pará

Henriqueta Cavalcante: “Parecem vidas sem valor nas prateleiras do supermercado”

No Pará e Amapá a maior quantidade de tráfico de pessoas é para fora do Brasil e tem por fim a exploração sexual. As vítimas são levadas principalmente para Suriname e Caiena.

Depoimento recolhido por Joana Moncau em Belém, Pará, Brasil.

Tráfico de pessoas

Me chamo irmã Henriqueta Cavalcante, e coordeno a Comissão Justiça e Paz do Regional Norte 2 da CNBB, que abrange o Pará e o Amapá. A Comissão tem ganhado muita credibilidade e reconhecimento pelo enfrentamento da exploração sexual e do tráfico de pessoas. Uma realidade cruel aqui no Pará. São dois crimes interligados, com redes organizadas, constituídas, muito bem fortalecidas e que estão interligadas com mais duas outras redes criminosas, que é o tráfico de drogas e o tráfico de armas.

Esses crimes interagem, se interligam, e tem uma atuação muito forte aqui no Pará. Nosso trabalho tem sido intensivo no eixo da promoção, da prevenção, onde temos investido na região do arquipélago do Marajós, nos 16 municípios, um trabalho informativo intenso, envolvendo vários atores.

O que encontramos é uma realidade muito dura e cruel, é uma situação de descaso, de abandono, de miséria. Além de um grande número de crianças violentadas sexualmente, traficadas, nós encontramos muitas mazelas que são causadas pelos gestores desses municípios. Isto é, pela absurda inexistência de políticas públicas: não existe controle dos recursos que entram, não existe controle social, não existe controle financeiro, não existe controle do serviço desses gestores. Não há dúvida nenhuma que isso também fortalece a entrada de crianças e adultos na dinâmica, na arquitetura dessas redes criminosas, porque a miséria é muito grande. A desigualdade social faz com que as crianças busquem uma outra forma de se auto sustentarem. Essa é uma realidade.

Meu trabalho traz muito risco, porque você tem que enfrentar essas redes. É um afronto para as redes criminosas, o trabalho preventivo que fazemos através das formações, das iniciativas de campanhas, caminhadas, divulgação de material para ajudar as pessoas a ficarem mais esclarecidas, até mesmo no encaminhamento de denuncias. O resultado disso tudo é também perigosos. É um trabalho que nos deixa em uma situação de vulnerabilidade muito grande. Tanto as famílias que denunciam, como nós, defensores de direitos humanos. E é justamente o que vem acontecendo hoje na minha vida.

Ameaçada

Comecei a receber ameaças em 2009, por conta do enfrentamento da exploração sexual da criança e adolescentes que elas começaram. Somos um espaço aberto de acolhimento de denuncias e encaminhamento delas, isso acabou incomodando. Incomodou pessoas grandes, poderosas do Pará, e trouxe para mim uma situação de risco e de perigo. Passei a ser ameaçada mesmo. Ameaçada de morte.

Não tenho dúvida nenhuma que as redes criminosas têm um desejo muito grande que, de alguma maneira, eu seja responsabilizada por eles e a responsabilização deles significa que eu possa pagar por ter denunciado. Esse é um fator que me leva hoje a sofrer ameaças de morte por telefone, indiretamente, diretamente. Os ameaçadores arquitetam uma maneira de nos eliminar, porque eles são inteligentes, eles são estratégicos. Assim como são estratégicos em mandar dizer que eu estou incomodando-os, eles usam várias maneiras de mandar recados, a gente acaba sabendo.

Reposta a resultados.

Não há duvida de que as ameaças são em resposta a um resultado satisfatório que foi a condenação de uma pessoa influente do Pará. Infelizmente ele foi condenado, mas está solto. Porque esse é o estado marcado pela cultura da impunidade. Aqui a justiça desse estado só serve para quem não tem dinheiro. Quem tem dinheiro não vai para cadeia.

Existe um caso muito emblemático nesse estado de várias autoridades que, inclusive nós da Comissão, pensávamos que estavam fortalecendo o direito da criança e do adolescente e, pelo contrário, estavam fortalecendo as redes criminosas. Um caso emblemático de uma pessoa poderosa desse estado que chegou a prestar depoimento e a justiça comprovou com todas as provas, com toda a materialidade, com todo o resultado do inquérito policial, o comprometimento dessa autoridade na rede de exploração sexual. Foi quando minha situação de segurança em relação a essa rede criminosa começou a ficar comprometida.

Desde então, lamentavelmente, já não tenho a liberdade de me locomover com tranquilidade, porque sei que de alguma maneira eu posso ser surpreendida por algum mandado de alguns deles. Esse caso veio a público, foi divulgado, a imprensa deu visibilidade, mas eu não quero mais falar com detalhes, porque não me sinto mais tranquila para falar disso. Quando eu tive a coragem de levar para frente a denuncia na Justiça aqui do estado, para que uma das pessoas que me ameaçou pudesse responder, o caso foi abafado. Então prefiro nem falar mais.

Motivação para seguir

O que me dá força para seguir, acho que é a busca incessante das famílias que vem pedir socorro. Porque aqui ainda é um espaço de confiança, onde damos credibilidade para as famílias. Você vê o desespero da mãe no telefone que está em outra cidade e que o Juiz não condena o pedófilo que violentou sua filha porque ela é portadora de deficiência mental. Essas mães me ligam para pedir ajuda, perguntando como fazer. Aí você tem que arrumar um jeito. Acho que a própria situação de descaso, de abandono, que muitas dessas famílias que nos procuram vivem, é o que nos dá força.

As crianças me dão força. As próprias vítimas adultas me dão força quando elas se desesperam por justiça. Não há dúvida que a força maior vem de Deus. Deus é o sustento, nele que acredito, que encontro resposta para continuar lutando e acreditando que tudo que nós fazemos não é em vão. Que é um trabalho necessário, que, de fato, um dia nós vamos, nem que seja somente de Deus, nós vamos ter o resultado. Porque na justiça do Pará não dá mais para acreditar.

O cotidiano de luta

Aqui diariamente nós recebemos denúncias, diariamente. Não há um dia sequer, que nós não recebemos denúncia de exploração sexual, em muitos casos interligados com o tráfico. Infelizmente, no Pará a incidência de tráfico de pessoas para fins de exploração sexual é enorme.

O Crime que envolve o tráfico de pessoas, nós ainda não temos um referencial estatístico, porque muitas famílias ainda não denunciaram, muitas vítimas ainda estão silenciadas, porque tem medo. Porque denunciam, mas e depois? Quem vai dar proteção contra essas redes que são poderosas e organizadas? Muitas vezes família sabe, mas ainda não considera isso como um crime.

Muitas pessoas que são traficadas são enganadas com promessas de emprego, de crescimento econômico, e, quando chegam no local de destino, a realidade é outra, o cenário é outro. Para surpresa de muitos, até o passaporte, a passagem, que chega com muita facilidade, é dívida. E quando chega lá tem que trabalhar, trabalhar, trabalhar para poder pagar essa dívida. Essa dívida só aumenta, porque é preciso dormir e comer. A dívida da pessoa não tem mais fim. Além de traficada, ela passa a viver na condição de trabalho escravo. Aí o sofrimento da pessoa passa a ser ainda pior.

Aqui nessa região do Pará e Amapá, a maioria do tráfico de pessoas é para fora do país e para exploração sexual. Principalmente para o Suriname e Caiena (capital da Guiana Francesa). Estive em Suriname e fiquei pasma, a maioria das pessoas que eram traficadas eram paraenses. No Amapá tem uma rota ainda mais fácil, a maioria das meninas sai pelo Oiapoque, de lá é muito rápido chegar tanto em Suriname como em Caiena. Mas muitas vão também para outros países: Holanda, Fança…

Reação

A sociedade civil tem um potencial enorme de contribuição, mas somente nós, não contemplamos o que é preciso para acabar. Precisamos dos órgãos competentes, precisamos de estado que possa entrar com o seu papel, com sua competência e responsabilidade. O que não podemos fazer é ficarmos com o perfil de uma sociedade que tolera, a tolerância é perigosa. A melhor maneira de enfraquecer essas redes criminosas é ninguém entrar nelas, ninguém responder aos desejos delas. Acho que quando as pessoas tem informação, são esclarecidas, elas podem enfraquecer.

E é isso que nós precisamos desvendar, por isso vamos realizamos campanhas de informação. Nós queremos com isso fomentar ações de prevenção, mas também de repressão, precisamos fazer com que esses criminosos sejam responsabilizados. Temos denuncias aqui de redes criminosos que esta ganhando muito dinheiro. Segundo dados da ONU o tráfico de pessoas é o segundo que mais dá lucro, está perdendo apenas para o tráfico de drogas.

Minha consciência não me permite ficar calada diante de um crime como esse, onde a vida das pessoas se tornaram mercadorias baratas. O corpo da pessoa é mercadoria, parece que as vidas humanas estão na prateleira dos supermercados e com um valor muito baixo, ou sem nenhum valor.

 

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