Reelección de Mauricio Macri en 2011. Una red de puticlubs pagó la campaña electoral del alcalde de Buenos Aires

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

De pie y abrazados, el juez Norberto Oyarbide y el proxeneta Raúl Luis Martins. | La Alameda

De pie y abrazados, el juez Norberto Oyarbide y el proxeneta Raúl Luis Martins. | La Alameda

DE LOS SERVICIOS A LOS PROSTIBULOS

El ex espía que se convirtió en proxeneta

Raúl Martins fue agente de la SIDE durante 13 años y se lo considera uno de los mayores zares de la prostitución en la Ciudad de Buenos Aires y en Cancún, la turística ciudad mexicana. Tal como reveló el lunes Página/12, la semana pasada su hija, Lorena, denunció ante la Justicia argentina la intrincada red por la que Martins engaña a chicas locales, prometiéndoles puestos de recepcionista o de modelo en el país azteca. Luego les retiene el pasaporte y las deriva a sus prostíbulos mexicanos. Según detalló su hija, el ex espía mantiene siete locales del ramo en Argentina, mediante coimas que abona a dependencias policiales e inspectores porteños. La joven denunciante sufrió un intento de asesinato en octubre pasado y vive custodiada por la Gendarmería. Hoy, el juez que subroga el caso, Ariel Lijo, podría tomarle declaración.

Luego de que su padre no enviara más dinero al resto de la familia, afincada en España, y tras descubrir que disimulaba su fortuna entre testaferros, Lorena comenzó a investigar y descubrió una red internacional de trata, tal como denunció a la Unidad Fiscal de Asistencia en Secuestros Extorsivos (Ufase). Según fuentes judiciales, la hija de Martins aportó pruebas y habría incluso planillas donde consta que él pagaba mensualmente 35 mil pesos de coimas a once dependencias policiales en Buenos Aires.

El ex espía tiene muchas causas en Argentina por regentear prostíbulos. Una llegó a juicio oral y ese es uno de los motivos por los que evita regresar al país, ya que espera que prescriba esa causa. Sin embargo, su conexión con los prostíbulos mexicanos resulta nueva para la Justicia argentina. Según denunció su hija, Martins engañaba con promesas a muchas de sus empleadas y bailarinas, tanto a las que no ejercían la prostitución como a otras que sí, con promesas de una nueva y mejor vida en tierras mexicanas.

“Les prometen trabajo de recepcionista o de modelo, diciéndoles que pueden hacerles ganar muchísimo dinero. Les pagan los pasajes aéreos, les dan hospedaje y les prometen documentación para residir legalmente en México. Con la excusa de que necesitan los pasaportes para hacer los trámites migratorios y para asegurarse de que salden la deuda del pasaje, les retienen los documentos”, contó Lorena a este diario.

Sin embargo, cuando se instalaban en aquel país el trato cambiaba rotundamente. Primero Martins, junto a su socia y amante Estela Percival, les iban retirando las ayudas más básicas: el hospedaje, por ejemplo. También les complicaban la situación migratoria. “A este proceso, mi padre lo llama ‘quebrar chicas’ y deriva en que van aceptando prestar ‘servicios’. Martins se queda con la mitad de lo que cobra cada chica”, contó su hija. La metodología no se diferencia en nada de la trata de personas para fines sexuales: los supuestos mecenas se transforman en cruentos prestamistas.

Según consta en el expediente, una vez que la chicas entraban al circuito de prostíbulos mexicanos que Martins regentea –el principal se llama The One, como el que tiene en el centro porteño–, el ex espía atesora la mitad de la paga que reciben ellas. “Las chicas cobran por los servicios que hacen según una planilla identificada con número y de acuerdo con unas tarjetas. Por ejemplo, uno y dos son distintos tipo de baile; tres es baile con algo de sexo, por ejemplo, sexo oral; cuatro, es la chica que pasa y tiene sexo con el cliente en los cuartos”, se detalla en la causa abierta la semana pasada.

Con esas tarjetas rinden las cuentas las chicas luego. Incluso las multan o por rechazar un cliente, citarlo fuera del prostíbulo o sólo por sacarles más dinero. “Ellas no pueden retirarse si desde adentro y por handy no dan la autorización al de seguridad de la puerta para que las dejen salir”, relató Lorena en su denuncia. “En verdad están privadas de su libertad”, apuntó. “A las chicas argentinas, tanto Martins como su pareja, Percival, las hacen salir de modo obligado y con una tarifa total de 3 mil pesos mexicanos (alrededor de 200 dólares) con los narcos con los que quieren quedar bien. Las chicas que se niegan son multadas”, agregó Lorena.

Ante cualquier inconveniente que tengan las mujeres argentinas, sea un problema de consumo problemático de drogas o simplemente porque no rinden lo esperado, Martins las echa sin dejarle dinero para que puedan regresar. En México ya son conocidas e investigadas estas actividades y fueron fruto de un escándalo, al descubrirse la trama de complicidades que permitieron encubrir al ex espía, que conseguía con demasiada facilidad algunas visas para las argentinas explotadas sexualmente.

Su situación legal en México es compleja. Las autoridades saben que regentea los locales Divas, Ellegance, The One, Maxims (en Playa del Carmen) y Mix Sky Lounge. Aunque tiene una orden de expulsión, sus abogados presentaron varios amparos para frenar esa medida. Mientras tanto sigue libre.

Su hija, según denunció, recibió la visita de dos matones el 29 de diciembre pasado en su casa en la localidad bonaerense de San Isidro. El fiscal Marcelo Colombo de la Ufase dispuso que sea custodiada y, por los contactos que tiene su padre con la Policía Federal, se optó por asignar personal de Gendarmería.

El juez Lijo conoce bien el tema. A Lorena la representa alguien que conoce a su padre porque fue su abogado: Claudio Lifschitz. En 2006, este letrado se presentó ante Lijo y contó lo que hacía el ex espía en sus prostíbulos en Buenos Aires y en México, pero la causa no avanzó porque Martins estaba en el exterior. Lifschitz también vive custodiado.

 

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