Sobre la ineficacia de la protesta. (3 de algo mas) Por Meyer Lozano Quintana

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

Cerbero

 

cerbero101lh8.jpgEl mítico can de tres cabezas que custodiaba las puertas del hades y que se aseguraba que los muertos no salieran y que los vivos no pudieran entrar, parece salido de una sublimación del poeta sobre los tres poderes que se trenzan y confabulan para la sujeción del individuo desde el momento inmediato de su nacimiento. Estas tres cabezas serían: La escuela, el Estado (propiamente dicho) y la iglesia.

 

Luego de la formación primaria que ofrecen los padres, traspasando su cultura, ideario social, emocional y conductual, el sujeto pasa a manos de un segundo ente, todopoderoso, omnipotente y omnipresente que se encarga de poner el remache final a sus grilletes: el Estado.

 

El Estado es la estructura organizacional más grande – conjuntamente con la iglesia – creada por el hombre para poner e imponer límites a su Libertad. Es una maquina autoalimentada, que se nutre de libertades ofrendadas voluntariamente por la mayoría de sus víctimas. La estafa del voto es el mecanismo perfecto de opresión, pues le brinda al sujeto la sensación de estar interviniendo en su futuro, cuando la realidad se basa en todo lo contrario.

 

Su primera fase (después de una familia objetivada y sugestionada) es la escuela. Allí el individuo es despojado del todo – o al menos una gran parte – de su imaginación, productividad auténtica y de las Libertades básicas. La estructura que debiese estar orientada a brindar la más amplia información, fomentar la crítica, la investigación, la espontaneidad, la autoafirmación, la cultura, entre otras muchas cosas, se dedica fundamentalmente a brindar formación en su más amplio espectro. Se admira la subordinación, se premia la adulancia y se exalta el gregarismo, es decir la homogeneidad del grupo.

 

Pero, sí somos ontogenética y filogenéticamente diferentes ¿Por qué debemos hogeneizarnos? ¿Por qué debemos diluirnos en una masa lerda y gris? Simple y sencillamente porque el pensar y el obrar diferente es peligroso para el statu quo. El hombre que decide separarse de esa masa, por lo general cae en uno de los dos polos, o es amado con locura o es despreciado hasta la muerte. Se puede convertir,  por así decirlo, en un líder. Pero el líder descubre tempranamente que es muy difícil desligarse del sistema. Desde la misma escuela comienza a ser aislado psicológicamente, separándolo del colectivo y uniéndolo a la masa.

 

Saben (de manera inconsciente) que si este individuo “contamina” con su espontaneidad y seguridad al resto del colectivo – cosa que ya probó Vigotsky – pudiese generarse esa masa incontrolable llamada “colectivo”. Así que el individuo se exalta por sobre los demás, a los que no les quedará otra que subordinarse a una escala menor, a un segundo liderazgo dentro de su socius. Pero ¿qué pasaría si se les brindase a todos la oportunidad de “ser lo que son”? ¿Cuantos “lideres” habría por escuela? O tal vez la palabra líder desaparecería del idioma.

 

Igualmente los mecanismos están diseñados para “valorizar” a los individuos en base a razones de Estado. El patriotismo, el nacionalismo, los regionalismos, los “valores morales” son condiciones sine qua non en la escuela moderna, con sus consiguientes resultados, la xenofobia, la misoginia y el racismo. La enseñanza de la historia, por ejemplo, se restringe a fechas, batallas y personajes, cosas que tienen una importancia moderada. El proceso histórico – lo más importante –  es dejado a un lado. Se critica al hombre pero no a la evolución histórica. ¿Por que? Porque llevaría irreductiblemente al individuo al análisis y a la crítica de su propio proceso histórico, divagaría sobre la causa de la problemática moderna y posiblemente se desligaría de toda comunión forzosa o sistemática.

 

Cumplen su objetivo a través de una serie de una serie de “valores castradores” que colocan al individuo en la dolorosa disyuntiva de ser amado o de amarse a sí mismo. De ser sujeto o individuo. De ser o no ser. Esos “valores” – afortunadamente en decadencia – solo nos aíslan del colectivo y nos unen como borregos a la masa. La individuación se extingue paulatinamente en favor del gregarismo, y se deja de sentir el valor social por comunión al sustituirlo por la sumisión al deseo de la autoridad. En resumen, en la escuela nos enseñan a pensar que es peligroso pensar.

 

Meyer Lozano Quintana

"Individuo colectivista"

23/08/11

 

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