Somalia: mujeres en el abismo

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

Por Julio Morejón *

mama-somali.jpgLa Habana (PL) El derrocamiento del presidente Mohamed Siad Barre no aportó esperanzas al desarrollo socioeconómico de la mujer somalí, sino que le complicó su supervivencia, al apretar un doble nudo, la guerra y la discriminación.

  En 1991, las acciones guerrilleras contra la administración de Barre finalizaron con la caída y fuga del exgobernante, quien partió hacia el exilio, tras fracasar sus coqueteos políticos tanto con la izquierda como con la derecha. El final de la autoridad central desembocó en una gran disputa por el poder.

Siad Barre murió en 1995 y pasó a la historia como el último representante del Estado fallido en que devino Somalia, hundida aún en un total desequilibrio económico-político-social, en el camino hacia el colapso y que ahora sufre una etapa en la cual las pugnas políticas son confusas y donde otros atavismos -como los extremismos- cobran fuerza.

En ese ámbito subsisten millones de mujeres somalíes, que tras más de 20 años de conflicto armado intermitente integran uno de los sectores más afectados por la contienda armada, ahora disputada entre una fuerza internacional africana y la organización radical Al Chabab.

Si bien la retórica de Siad Barre sobre la igualdad femenina resultó un señuelo demagógico, tras el agotamiento de ese discurso se ahondó física y espiritualmente la crisis de géneros, la continuación de la guerra y la imposición de formas extremas contra las mujeres crearon el ambiente opresivo en que aún se debaten las somalíes.

Ellas nunca recibieron saldo alguno tras el paso de dos décadas, pues con la destrucción del modelo capitalista dependiente de Barre, desapareció también el estatus que en su momento les concedió algún beneficio social, y luego el caos concluyó la historia.

EXODO

De una población estimada de nueve millones y medio, Somalia tiene una alta cifra de refugiados en el exterior, una de las mayores del continente, la cual puede ser de más de un millón de personas.

Datos de 2006 mostraba una relativa igualdad porcentual en la estructura de la población del país entre habitantes de uno y otro sexo en las edades de cero a 64 años, un indicador a tener en cuenta pese a la actual dinámica migratoria.

La más importante afectación climática en años sufrida en la zona del Cuerno de Africa (Somalia, Etiopía, Djboutí y Eritrea) es la sequía que hace padecer a más de 12 millones de personas, la cual exacerba el éxodo que resta fuerza de trabajo y capacidad de sustento.

Conociendo que en la cultura africana las mujeres son ejes permanentes del equilibrio familiar general, ellas y los niños bajo su amparo integran el grupo más vulnerable en las sociedades como Somalia.

Sobre el derecho a la salud reproductiva en ese país, perecen mil 200 mujeres por cada 100 mil niños nacidos vivos, una de las peores proporciones a nivel mundial.

SUBORDINACIÓN FEMENINA

Un artículo de Laura Azuara y Eva Pellicer indica cómo la subordinación femenina, sobre todo a la posibilidad económica del hombre y el respaldo que la familia concede al matrimonio, legitima un acto en condiciones anormales que, en definitiva, convierte al amor en transacción comercial.

Así la entrega de una dote, un acto de relaciones de intercambio y cuya formulación parece primitiva, es una compensación en un ámbito en el cual prevalece la inclemencia de la naturaleza, donde se vive pendiente de la escasez de alimentos y largos años de sequía durante la que perece el ganado, base de la reproducción económica rural.

"Las mujeres son actores económicos claves en Somalia y participan en pequeñas empresas a fin de mantener a sus familias, por lo que su participación es vital para el desarrollo económico del país", destaca Khadija O. Ali, exmiembro del Parlamento Nacional transitorio, al considerar que la exclusión femenina empeora la crisis en el país.

Aparejado a la ausencia de una autoridad central, aflora una fuerte economía informal, principalmente en el sector ganadero, también en la transferencia de remesas financieras y en las telecomunicaciones, lo cual algunos podrían considerar paradójico en un ambiente de guerra.

Pero la situación de conflicto, con sus necesidades apremiantes de supervivencia, en la práctica supedita a eso toda demanda de orientar a la sociedad hacia la institucionalidad y la pluralidad en cuanto a la participación femenina en los asuntos decisivos. Todo se percibe ahora como problema de vida o muerte, y lo demás se verá luego, afirman los líderes.

Esa promesa encubre una franca marginación del sector en la vida política del país, donde su participación en la consolidación de la paz es un derecho y no un favor que a ellas les conceden.

"El Gobierno Federal de Transición (GFT) excluye a las mujeres de los niveles de decisión. Aparte de la formalidad de mencionar a mujeres y niños como notas al pie de los discursos de las Naciones Unidas y el Gobierno, Somalia lleva a cabo negocios como de costumbre", dice Khadija O. Ali.

En el articulado del acuerdo de transición somalí se garantiza una cuota del 12 por ciento para las mujeres en el Legislativo, pero de los 550 parlamentarios federales, sólo 38 sólo son mujeres, 0,8 por ciento.

La inclusión femenina en los asuntos oficiales también mejoraría el proceso de reconciliación nacional, partiendo de que las mujeres son actores importantes como elementos de comprensión que han contribuido a resolver conflictos en las comunidades (clanes), claves en la arquitectura de la sociedad en Somalia.

Si bien es cierto que ellas son víctimas de las contiendas armadas y de otros tipos de violencia, ése no es el único protagonismo; su proyección hay que estimarla de alcance multidimensional.

En la Revista Pueblos, Fatuma Ahmed reafirma que los roles de la mujer en la guerra son múltiples por la variedad de acciones que puede emprender, los cuales confirman sus potencialidades, fuera del papel de víctimas, de poder promover y construir puentes de paz, así como sugerir con acierto modelos de seguridad en todos los renglones de la vida.

LIBERACIÓN POSTERGADA

Esa sociedad, básicamente rural, se rige por estrictos patrones internos, a la vez que mantiene las prácticas poco favorables a los derechos de las mujeres. Esto se considera un efecto afín con la ausencia de un gobierno que refuerce la legalidad.

En esa cultura moldeada por la guerra, las interpretaciones populares de la ley (sea tradicional u oficial) no son generalmente favorables al sexo femenino e incluyen la aceptación acrítica de la ya muy cuestionada práctica de la mutilación genital.

"Las mujeres están subordinadas sistemáticamente por la cultura patriarcal extendida por todo el país. La poligamia está permitida, pero no la poliandria. Según las leyes aprobadas por antiguos gobiernos, las niñas podrían recibir herencias, pero solamente la mitad de los bienes a los que tienen derecho sus hermanos", destaca el sitio digital afrol.com.

Según esa fuente, entre los problemas del sector femenino somalí está el bajo nivel de instrucción; poco más del 14 por ciento fueron alfabetizadas, pero ese índice es de hace siete años, por lo cual se estima que en la situación actual del país esa cifra haya sufrido serias variaciones.

Otra forma de agresión afecta a las mujeres y a la casi totalidad de la población somalí; cerca de ocho millones de personas se encuentran en la pobreza extrema, que se vincula con el hambre y otras necesidades primarias.

"La situación sigue siendo crítica", manifestó la asistente de la Secretaría General de Naciones Unidas para Asuntos Humanitarios, Catherine Braga. En el contexto somalí, la liberación total de la mujer ha quedado postergada.

*Periodista de la Redacción Africa y Medio Oriente de Prensa Latina. arb/mt

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