Toma en Arquitectura y Urbanismo de la U de Chile: Más allá de las nuevas formas de protestar

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

 

 

El viernes pasado se desarrolló en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (Fau) de la Universidad de Chile, el Segundo Festival por la Educación, que congregó a diversos artistas que, voluntariamente, inyectaron fuerza a la ocupación que ya cumple casi un mes y medio. Aquí, aprovechamos de conocer cuál es la organización interna del espacio, cómo ven la actual etapa de movilizaciones y las motivaciones más profundas de una Facultad que ha sido destacada en los medios masivos por impulsar las “nuevas formas de protestar”.

 

Un Festival sin alcohol, con una entrada de mil pesos que da derecho a ver las diversas presentaciones musicales y de participar en un conversatorio con el académico y Premio Nacional de Historia, Gabriel Salazar (organizada por los funcionarios), la toma de la FAU ha sido una interesante experiencia de reflexión y acción de parte de los estudiantes de Arquitectura, Diseño y Geografía, que la conforman.

 

Diego Pinto es estudiante de ésta última carrera, en proceso de titulación y Nicolás Urrea cursa cuarto año de Arquitectura y es consejero de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (Fech). Ambos son voceros de la Asamblea de Estudiantes por Chile, que materializó la toma FAU el 12 de junio pasado.

 

Comentan que la Facultad no se tomaba desde 2003, y caracterizan el 2005 y 2006 como momentos altos de movilización, a diferencia del año siguiente. Sin embargo, afirman que desde 2009 se desarrolló un proceso interno de maduración que tuvo su punto álgido en 2010 (se recuerda, incluso, una polémica intervención de Carabineros en la Facultad, donde éstos utilizaron balas de pintura para ‘marcar’ a los manifestantes) y que hoy se concreta en la decisión de tomar el espacio donde cotidianamente se desenvuelven como estudiantes.

 

En un primer momento, las autoridades académicas rechazaron la forma de protesta y se negaron a cualquier forma de diálogo. Por estas críticas, una semana después del inicio se convocó a una nueva votación, donde el 90% de los participantes confirmaron la toma. “Con el pasar de las semanas, las autoridades reconocieron a los estudiantes la instalación responsable a nivel país de nuestras demandas”, explica Pinto.

 

Comentan que hay un sector de, a lo menos, 30 profesores que apoyan las movilizaciones; otro tanto, lo hace con la toma. Pero también hay sectores que no se pronuncian u otros que han pedido la intervención policial.

 

“El decano –Leopoldo Prat- no apoya la toma, ya que tiene la presión de los ‘mandos medios’ (directivos de carrera…) que la rechazan, pero se ha mostrado abierto a conversar, ya que sabe que “en su momento fue apoyado por nosotros, cuando se produjo una re-estructuración hace un par de años”, afirma el futuro geógrafo.

 

Urrea señala que la crítica a la toma era que con ella se negaba el derecho a la educación de otros compañeros. “Es una crítica sesgada y cortoplacista. La gente que hoy puede estudiar aquí son personas de sectores socioeconómicos altos, con capacidad de pagar los altos aranceles. Nosotros defendemos el derecho universal de acceder a la educación superior”, explica.

 

NUEVAS FORMAS, MISMO FONDO

 

Los voceros reconocen que la toma significa un gran desgaste físico. Sin embargo, han buscado las maneras de generar actividades que les permitan tanto recrearse como seguir impulsando la conciencia y motivación.

 

Para esto, han organizado el trabajo en comisiones. Está el Colectivo Fauna, que realiza videos informativos. La Comisión Serigrafía -continuación de la Comisión Mano Alzada, nacida en 2005- que crea afiches de agitación alusivos al movimiento, con esta técnica de impresión.

 

Se encuentra, por cierto, la Comisión de Cocina, que mantiene vivas las fuerzas de los ocupantes; la Comisión de Carnaval, que se encarga de preparar bailes y figuras, esculturas, u objetos, que se utilizan en las marchas (dragones, toppin de Frei, Lagos, Bachelet, Pinochet…); una Comisión de Comunicaciones, que se contacta con otras universidades y con los secundarios; y una Comisión del Lazo Azul, que simboliza con una figura de este color el deseo por una educación pública.

 

Los voceros ponen énfasis en la Comisión del Domo, instancia de coordinación de la apertura de la Universidad hacia los territorios. Así, estudiantes de medicina, veterinaria, derecho, y arquitectura se han desplazado hasta poblaciones a ofrecer sus conocimientos, y a informar y dialogar con los pobladores.

 

Diego Pinto afirma que las actividades dentro y fuera de la toma hacen que las personas estén constantemente reflexionando y motivándose. “Hoy está la conciencia que, de aquí para adelante, esto debe ser una movilización permanente, asambleas permanentes, que los trabajos aquí dentro y en los territorios continúen en el largo plazo”.

 

“Nuestra formación sólo apunta a generar individuos, expertos; no apunta a las necesidades de la sociedad, o de la mayoría de ésta, que son los más pobres. Y esto pasa porque es el mercado el que manda”, continúa el estudiante.

 

“Lo que ocurre hoy en Dichato es el drama que significa entregar al mercado la solución para miles de familias. Se privilegia lo cuantitativo por sobre lo cualitativo y esta es una manera que está haciendo crisis”, sentencia Urrea.

 

Por eso este lunes una comitiva viajó hasta la localidad de la Octava Región para apoyar las necesidades de los damnificados e impulsar instancias de socialización  y autogestión.

 

Por otro lado, señalan que como eje estratégico la toma ha desarrollado varias actividades culturales, lo que les ha valido ser reconocidos a nivel mediático dentro de lo que se ha llamado “nuevas formas de protestar”.

 

“Consideramos necesario diversificar las maneras de manifestarse, desde nuestras propias capacidades, para así aumentar la información y difusión de nuestras demandas”, comenta Pinto.

 

“Estas nuevas formas buscan llegar a sectores más amplios de la sociedad, pero eso no significa que condenemos otras maneras de manifestarse o no salgamos a la calle a marchar”, afirma Urrea.

 

Y lo dice en relación a los episodios violentos. “Siempre va a ser fácilmente condenable un vidrio o un paradero roto, pero los medios presentan los hechos violentos de manera aislada, no explican que la violencia tiene un origen. Los jóvenes que se manifiestan con violencia responden a la violencia. La violencia tiene un origen y esa relación se calla”, argumenta.

 

 

UNA SALIDA GLOBAL

 

Los voceros comentan que, a pesar de ciertas críticas, apoyan la gestión de la Confech, ya que son parte de ella. Sin embargo “las Federaciones, en especial la de la Universidad de Chile, no deben ser una trinchera gremial o partidista, sino un paraguas de las demandas de todos los sectores sociales”, opina el estudiante de arquitectura.

 

En el análisis más macro, para el Consejero de la Fech este momento de efervescencia social está ligado a lo que ocurrió tras la vuelta de la democracia. “A 20 años de Concertación, y habiendo confiado en que podría haber cambiado las cosas negativas dejadas por Pinochet, lo que hizo fue sólo administrar un modelo que hoy está en crisis”.

 

Considera que ha habido un cambio generacional importante y que un Gobierno de derecha genera más rechazo directo que la Concertación. Hoy los sectores movilizados estarían haciéndose cargo de exigir los cambios que la Concertación no hizo: Asamblea Constituyente, re-nacionalización de los recursos naturales…

 

“Más allá de la salida de las demandas del movimiento estudiantil, estamos instalando hoy los temas que de aquí a 5 o 10 años nosotros mismos tendremos que resolver; y que no son sino las demandas históricas del movimiento popular chileno”, afirma.

 

Además puntualiza que la clase política obligó al movimiento a ir madurando en la manera de responder a sus demandas. “Hoy nosotros pedimos educación gratuita y decimos que eso se logra re-nacionalizando el cobre, los recursos naturales. Hoy somos capaces de decir de dónde sale la plata para resolver lo que pedimos y, en este sentido, hemos visto alianzas históricas, por ejemplo, con los trabajadores de cobre”, señala Urrea.

 

Sobre las proyecciones del conflicto, consideran que el cambio de Ministro no significa ningún cambio real, aunque califican como un ‘descaro’ que Lavín tuviera a cargo la cartera y que, además, fuese removido justo cuando debe aclarar sus vínculos económicos con la Universidad del Desarrollo, a propósito de una petición hecha por estudiantes en la Contraloría General de la República.

 

Sobre la propuesta de un plebiscito se muestran escépticos, “ya que se deja en manos de la clase política, que no merece ninguna confianza”. Sin embargo, les parece muy importante el Gran Acuerdo Social que se ha anunciado desde la Confech, “que esperamos quede en algo esta vez. Si existe un real compromiso de todas las fuerzas sociales y de que el espacio madure, y ofrezca una alternativa política real, eso es muy positivo”, dice Urrea.

 

 Además concluye: “Hoy asistimos a la crisis del paradigma capitalista de desarrollo, lo que implica que como latinoamericanos debemos construir una alternativa propia”.

 

Y respecto a la toma, expresa que, “si se dan las condiciones a nivel de los compañeros, nosotros estamos dispuestos a sostenerla por cinco meses más”.

 

Por Cristóbal Cornejo

El Ciudadano

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