Tradición y cultura crítica.- por Néstor Kohan

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

 

 

Según Antonio Gramsci las tradiciones político-culturales se conforman y se mantienen vivas a lo largo del tiempo a partir de la continuidad de los grupos intelectuales. ¿Qué sucede cuando determinados colectivos intelectuales han sido disgregados y la mayor parte de sus cuadros políticos orientadores y sus exponentes más radicales han sufrido la tortura, la cárcel, el exilio, el secuestro, el asesinato o directamente la desaparición? ¿Se corta y desaparece la tradición? ¿Es posible recuperarla o recrearla en el transcurso de una nueva fase histórica? ¿En qué términos y bajo qué modalidades?

 
Habitualmente la noción de “tradición” ha sido confrontada con la de “vanguardia”, cuando se define a esta última como su opuesto invertido, es decir, como la ruptura y el enfrentamiento con la tradición. Asumir una actitud de vanguardia, en el terreno de la cultura, implicaría y presupondría entonces romper amarras con el pasado y defender una actitud parricida, el gesto instintivo que aparentemente caracterizaría a cada nueva generación que se precie de tal y que busque su lugar en el mundo.
 
Ahora bien, ¿qué sucede cuando no hay con quien ser parricida? ¿Cómo replantearse el problema del pasado cuando ese pasado (el que aquí nos interesa, el que expresa el momento revolucionario en nuestra historia social y cultural) ha sido aplastado, triturado, negado o, en el mejor de los casos, cauterizado, neutralizado, fagocitado y finalmente —ya despojado de toda peligrosidad— deglutido por el poder?

 

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