Un asteroide llevará el nombre de una estudiante desaparecida.

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

  
Publicado el 10 de Diciembre de 2011
 

Se llamará Anadiego, en honor a Ana Teresa Diego, secuestrada en 1976. La organización que decide la nomenclatura de los cuerpos celestes accedió al pedido que hizo la UNLP, donde estudiaba la joven de 22 años.
 
La Unión Astronómica Internacional acaba de bautizar un asteroide descubierto por un argentino con el nombre de Anadiego, en memoria de Ana Teresa Diego, estudiante de la Facultad de Ciencias Astronómicas y Geofísicas de la Universidad de La Plata desaparecida en septiembre de 1976.
El 25 de septiembre último, fecha en que se conmemoraron los 35 años de su desaparición, el decano de esa facultad, Adrián Brunini, inició la gestión ante la organización internacional, encargada de la elaboración de las reglas de nomenclatura de los diferentes cuerpos celestes.
Ana Teresa Diego era militante de la Federación Juvenil Comunista y fue secuestrada en las inmediaciones de su facultad, en la zona de La Plata conocida como El Bosque, por cuatro hombres de civil que le taparon la cabeza y ya no volvió a salir nunca más del encierro. Según cuentan sus compañeras de detención, estuvo siempre en la órbita de los campos de detención de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, cuyo responsable máximo era el coronel Ramón Camps y su segundo el comisario Miguel Etchecolatz.
Parte de su historia fue recopilada en el documental Polvo de estrellas, que se puede ver en YouTube. Sus familiares y amigos la recuerdan como una chica sumamente inteligente y simpática que desarrollaba tareas sociales en los barrios. “Lo más tremendo que pudo haber hecho fue pintar paredes de la facultad con aerosol”, dice su madre, Zaida Franz en el film. Nora Ungaro (hermana de Horacio, uno de los adolescentes secuestrados en La Noche de los Lápices) fue directora de Derechos Humanos de la Municipalidad de La Plata entre 2003 y 2007 y ahora es querellante y testigo en el megajuicio a los represores que actuaron en el llamado Circuito Camps. Nora fue, además, compañera de detención de Ana.
“Era solidaria hasta en los momentos más difíciles –recuerda–. Ella estaba compartiendo habitación con una chica chilena y cuando le preguntaron donde vivía, mintió la dirección para que no delatar a esa otra chica. Eso le valió una paliza, otra paliza más”, recuerda.
En el juicio a los 26 imputados por el Circuito Camps que se sustancia en el ex teatro de la AMIA, en 4 entre 51 y 53, el ex detenido Walter Docters también recordó que fue trasladado al tristemente célebre destacamento de Arana. Docters fue secuestrado junto con un grupo de policías sospechados de integrar una “célula terrorista infiltrada” en la Bonaerense y, en su testimonio, recordó la presencia de Ana en ese centro de detención. “También estaba una chica, Ana Teresa Diego, una militante comunista”, dijo.

PRIMERA VEZ. La idea de ponerle el nombre de Ana a un asteroide tuvo una interesante repercusión en el ámbito científico, donde constantemente se descubren cuerpos menores en el universo. El proceso habitual para su identificación es la asignación de números y letras. Los nombres quedan reservados para instancias particulares.
Es un trámite usual que las comunidades astronómicas soliciten bautizarlos con nombres de investigadores, pero no hay registros de que se le haya puesto el nombre de alguien vinculado a la lucha por los derechos humanos”, dijo a Tiempo Argentino el decano Brunini.
De hecho, en una comunicación emitida el 5 de diciembre, el profesor uruguayo Julio Ángel Fernández, miembro del Comité de Denominación de Astros Menores de la UAI, confirmó la noticia y agregó:
 
Es la primera vez que el nombre de un desaparecido por una de las dictaduras del Cono Sur se asigna a un cuerpo del sistema solar”. Y más adelante agrega: “Hoy, de las entrañas de la tierra, Ana Teresa renace para ocupar para siempre un lugar en el cielo, como símbolo y recuerdo de la barbarie de ayer y advertencia de que no se vuelva a repetir en el mañana.”
Por su parte, Brunini también considera que el recuerdo de la militante desaparecida en el cielo inmortaliza no sólo su presencia, sino su lucha y sus ideales.
“Uno de los astros que ella soñó algún día comprender llevará de ahora y para siempre el nombre Anadiego para que quien mire el cielo nocturno encuentre el recuerdo de su amor y de su  lucha –dijo Brunini a este diario–. El oprobioso genocidio cometido por las bestias infames sólo recibirá de la historia la más absoluta oscuridad.” 
 

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