Una historia gore y de sexo duro en la Biblia

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

Antonio Aramayona. Religión

 

Esto es un resumen en versión libre de los capítulos 19, 20 y 21 del Libro de los Jueces, integrante de la Biblia judeocristiana, y por consiguiente, inspirado –según sus seguidores- por Yahvé, su dios. En cualquier caso, quien desee leer estos capítulos en su literalidad debe ser consciente de que para los adeptos al judaísmo y cristianismo se trata de la palabra de dios. Ni más ni menos que cualquier otro libro de la Biblia. Queda por saber por qué explicaban y siguen explicando en las iglesias solo historias como la de Moisés y las tablas de la ley con sus diez mandamientos o las bienaventuranzas de Jesucristo, y no dieron ni siguen dando noticia de esta historia, presuntamente sagrada, pero también una historia gore y de sexo duro. Seguramente, tras la lectura, las mujeres se sentirán con razón especialmente indignadas y cabreadas.

 

Capítulo 19. Érase una vez un levita que se casó con una mujer de Belén de Judá, cuya principal virtud no era precisamente la fidelidad conyugal: al poco tiempo, le fue infiel y lo abandonó, teniendo que volver a la casa de su padre en Belén  Como el levita seguía enamorado de su mujer, fue en pos de ella, llevando consigo a un criado y dos asnos, para hacerla volver. Finalmente, el levita convenció a su mujer y  logró ponerse de regreso a casa con ella.

Cuando el sol se estaba poniendo, llegaron a la ciudad de Loma, cuyos habitantes pertenecían a la tribu de Benjamín. El levita, que, al parecer, no destacaba por tomar iniciativas rápidas, se quedó en la plaza de Loma, esperando que alguien les invitase a pasar la noche en su casa. Allí permanecieron hasta que un campesino anciano, al verlos allí, tan cansados y pasmados, formuló al levita la pregunta filosófica por antonomasia: "¿De dónde vienes y adónde vas?" , y tras una breve conversación, les invitó a pasar la noche en su casa, dio de comer a los asnos y sus huéspedes se lavaron los pies, comieron y bebieron.

Todos estaban pasando un rato agradable, cuando los hombres de la ciudad rodearon la casa y comenzaron a golpear la puerta, diciendo al anciano campesino: "Sácanos afuera al hombre que entró en tu casa para que tengamos relaciones sexuales con él". Pero el dueño de casa les dijo: "No, hermanos míos, no obréis tan perversamente, porque ese hombre es mi huésped. ¡No cometáis esa infamia!”.

El anciano, hombre de gran corazón, queriendo evitar que sus convecinos abusaran sexualmente del levita, les hizo otra proposición: “Yo tengo a mi hija, que es virgen: os la voy a sacar y abusáis de ella y hacéis con ella lo que queráis. Pero no cometáis semejante infamia con ese hombre".

Sin embargo, como aquellos hombres de Loma no quisieron escuchar al anciano, el levita, que no tenía nada que envidiar a su anfitrión en generosidad y altruismo, tomó a su mujer y la sacó afuera. Ni que decir tiene que aquellos hombres de Loma se aprovecharon de ella y la maltrataron durante toda la noche hasta la madrugada. Cuando ya amanecía, la soltaron. La mujer llegó arrastrándose hasta la casa donde su marido dormía como un lirón y se desplomó a la entrada de la casa. Allí quedó hasta que clareó.

Por la mañana, su marido se levantó, abrió la puerta de la casa y salió para continuar su camino. Al ver a su mujer, que estaba tendida a la puerta de la casa, le dijo: "Levántate, vamos". Pero como ella no respondía, el hombre la cargó sobre su asno y reemprendió el camino hacia su pueblo. Seguramente, su mujer estaba ya muerta o medio muerta.

Cuando llegó a su casa, agarró un cuchillo, cogió el cadáver de su mujer y partió en doce pedazos su cuerpo. Luego los envió a cada una de las tribus de Israel.

Capítulo 20.  El marido compareció entonces ante la asamblea de Israel y dio una versión de los hechos algo sesgada: “Mi mujer y yo llegamos a Loma de Benjamín para pasar la noche. Los del pueblo se levantaron contra mí, rodearon la casa de noche intentando matarme, y abusaron de mi mujer, que de resultas murió.”

A los israelitas entonces no se les ocurrió otra cosa mejor que consultar a su dios, Yahvé, cuál de las tribus debía ir a la guerra contra los benjaminitas (=pertenecientes a la tribu de Benjamín).  Dios, ni corto ni perezoso, en lugar de aconsejar la paz y recordar su mandamiento de “no matarás”, lo deja bien claro: “Judá”.

Tras mucho luchar, acaban muriendo en la batalla 20.000 israelitas, por lo que vuelven a consultar a Yahvé: ”¿Volvemos a presentar batalla a nuestra tribu hermana de Benjamín?” Y Yahvé responde con seguridad y aplomo: “Atacad”. Nueva batalla y 10.000 israelitas muertos. Nueva consulta a Yahvé, y final y felizmente los israelitas ganan la batalla, dejando 25.100 benjaminitas muertos, tras de lo cual entran en Loma y pasan a cuchillo a toda la población. A renglón seguido, persiguen al resto del ejército derrotado y matan a otros 25.000 soldados benjaminitas. Redondean su marcha guerrera triunfal, pasando a cuchillo a todo lo que encontraban, “desde las personas hasta el ganado”, e incendiando todas las ciudades que encontraron.

Capítulo 21. Sin embargo, los israelitas (como se ha visto, hombres de bien donde los hubiera) se plantearon un grave problema de conciencia: “si hemos exterminado a todas las mujeres de Benjamín, ¿cómo proveer de mujeres a los supervivientes benjaminitas?”. Como los israelitas habían jurado no entregar a sus hijas a los benjaminitas, dieron entonces a estos las siguientes instrucciones:

“Como está cerca la fiesta del Señor que se celebra cada año en la ciudad de Silo, apostaos en las viñas que circundan la ciudad y cuando las jóvenes de Silo salgan a danzar en coros, salid de las viñas y raptad cada uno a una muchacha. Os las lleváis y de inmediato volved a vuestra tierra”.

Y así lo hicieron. Y todo y todos quedaron en paz.  Y colorín colorado.

Palabra de dios.

 

 en titulares destacados - Izquierda Digital, OpinionDigital.es

Como dice al inicio del texto, es una versión libre, pero  si no tienen una biblia a mano, pueden  ver la versión en los “documentos de apoyo” de Catholic.net


Capítulo 19: Jueces 19


Capítulo 20: Jueces 20


Capítulo 21: Jueces 21

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