Uruguay: Caducidad: Principio quieren las cosas de principios .- Por Fernando Moyano.

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

basta de impunidadBarajar y dar de nuevo, es necesario luego del fracaso del intento de anular (o lo que sea) la ley de caducidad por vía parlamentaria.
O lo que sea o haya sido. Muchas veces terminamos discutiendo sobre cuestiones de palabras y no cuestiones de hechos.
Por si la agarró empezada y no hay nadie que le cuente: El parlamento uruguayo consideró una ley interpretativa para declarar inconstitucional la "ley de caducidad" que deja impunes los crímenes de lesa humanidad de la dictadura militar. No salió, el 20 de mayo quedó empatada la votación final por la deserción de un diputado frentista que evitó la mayoría prestándose al sabotaje que la presidencia de la República hacía contra un proyecto de la propia bancada parlamentaria del mismo partido de gobierno. Inside Job.
Este retorcido juego dejó en descubierto el pacto inconfesable entre el núcleo político duro del actual gobierno socialdemócrata, núcleo de ex-guerrilleros y ex-presos políticos, y los militares criminales terroristas de Estado que fueron sus carceleros. Un pacto de complicidad y encubrimiento mutuo que sigue vigente "porque este es el mundo en que te tocó vivir". Ver al respecto nuestra nota "¿Y ahora qué?"
Pese al revés, la lucha contra la impunidad no ha cesado. Uno de los problemas que incide es que hubo dos intentos plebiscitarios no exitosos de anular la ley de caducidad. Por referéndum revocatorio en 1989, y por reforma constitucional en 2009. Se requería más del 50% más de los votos emitidos. Se obtuvo el 43% en 1989, y 48% en 2009. Esto fue por si la agarró empezada.
En este punto creo que debemos comenzar por un replanteo sistemático y exhaustivo de todos los aspectos del problema. Ya sabemos que hay una especie de alergia a la discusión apostando al activismo. Pero la experiencia dice que si activismo no nos sacó del problema antes, tampoco ahora.
Alergia o no alergia, vamos a empezar. No la discusión que empezó hace tiempo, sino un replanteo personal que pretende ser sistemático y exhaustivo hasta donde el cuero nos dé, de todos los aspectos de este tema. Principio quieren las cosas.
Comencemos precisamente por la cuestión de los principios. Está planteada desde hace mucho tiempo la idea de los PLEBISCITOS SOBRE DERECHOS HUMANOS implican un problema de PRINCIPIOS, es decir que no se debe resolver temas de Derechos Humanos por medio de plebiscitos.
En esta nota quiero exponer dos cosas:
Que recurrir o no a la herramienta PLEBISCITO en temas de Derechos Humanos es un problema de TÁCTICA o METODOLOGÍA POLÍTICA, y no hay impedimento de principios.
Que considerados desde lo táctico y metodológico y en sus resultados reales, esos dos plebiscitos han sido AVANCES en la lucha contra la impunidad.
1. NADIE SOSTIENE QUE HAYA UN IMPEDIMENTO DE PRINCIPIOS
Acabo de decir que hay quien sostiene que no se debe recurrir a la herramienta plebiscitaria en tema de Derechos Humanos por razones de principios. Ahora estoy diciendo exactamente lo contrario: que no hay nadie que sostenga eso.
Me explico:
Para empezar a discutir cualquier tema hay que ver cuales son las posiciones reales que están realmente confrontadas.
Es cierto que hay unos pocos compañeros muy consecuentes en su idea (equivocada, en mi opinión) que se mantuvieron totalmente al margen de los dos plebiscitos. Son tan poco políticamente importantes como mi propia postura. A su idea me referiré en el punto siguiente.
Dejo de lado también a otra pequeña minoría que no acompañó el último plebiscito pero NO por principios sino por especulación, apostaron a recaudar para sí cuando la herramienta fracasase.
Quiero referirme en cambio a aquellos que dicen DE PALABRA que no se debe recurrir a la herramienta plebiscito en materia de Derechos Humanos pero que EN LOS HECHOS la gran mayoría de ellos no han aplicado esa idea al acompañar los plebiscitos en la práctica.
Si algo es de principios, no es negociable.
Ha surgido últimamente el tema de la TORTURA, porque se lanzó una acusación vaga y sin dar nombres, de que algún preso político en el año 1972 podría haber participado de alguna manera en prácticas de tortura junto a los militares.
Muchos compañeros que podrían sentirse salpicados saltaron de inmediato, y con toda razón. Los socialistas revolucionarios rechazamos la tortura por una cuestión de principios. Eso no es negociable, el rechazo es total y en cualquier circunstancia.
No importa si era una colaboración indirecta o si las víctimas eran burgueses autores de delitos económicos. No importa si había un plan estratégico o alianza, y menos aún su teoría. Nada de eso justificaría nada, la tortura es aberrante y no admite concesión alguna.
Los defensores de la impunidad en el gobierno usar esta posición de principios con un burdo sofisma: si los milicos no quieren dar información no los podemos torturar.
Por supuesto, nadie admitiría torturar tampoco a los torturadores, es cuestión de principios.
Hace poco y con motivo de algunos conflictos con Argentina por el tema de las plantas de celulosa, aparecieron posiciones patrioteras demenciales. Supongamos que se fomentase una guerra "patriótica" contra Argentina, y que hubiese un gran fervor nacionalista y belicista y fuese muy impopular oponerse a la guerra.
Nosotros estaríamos totalmente en contra por cuestión de principios, sin importar los costos o beneficios del tema.
Por principios nos oponemos a la baja de la edad de imputabilidad por delitos comunes. No importa cual sea la "sensación térmica" del tema entre la gente.
Por lo tanto, si alguien se opone por una objeción de principios al uso de la herramienta plebiscito en el tema ley de caducidad, sería inadmisible que se sumase a esa campaña. No importa lo que opine la gente, ni la posición de su sindicato, ni nada.
Una objeción de principios que se arría un día porque hay clima a favor de una campaña plebiscitaria, y que se levanta otro día nuevamente porque la votación no alcanzó, NO ES UNA OBJECIÓN DE PRINCIPIOS. Los principios no se sacan y se ponen según las circunstancias.
En los hechos, los compañeros que vuelven a levantar una objeción que DICEN que es de principios porque la opción plebiscitaria no triunfó, están tratando el tema no como cuestión de principios sino como cuestión de táctica o metodología, o más llanamente, cuestión de CONVENIENCIA.
2. LA OBJECIÓN DE PRINCIPIOS ESTÁ HECHA DESDE EL PUNTO DE VISTA DEMOCRÁTICO-BURGUÉS.
Por DERECHOS HUMANOS se entiende las libertades, facultades etc. que tiene toda persona por el simple hecho de su condición humana, o sea con independencia del ordenamiento jurídico de la sociedad concreta en la que viva. Son inherentes, irrevocables, irrenunciables. Una ley que avasalle estos derechos es nula de por sí.
En función de esto, hay quien piensa que un plebiscito que someta a decisión un tema así podría considerarse un renunciamiento a esa condición de irrevocable. "Si lo someto a plebiscito estoy aceptando... ".
A veces se pone el ejemplo de una ley hipotética que estableciese la esclavitud, sería una ley ilegítima y debería caer por sí sola sin necesidad de ningún plebiscito revocatorio.
Hay aquí una mezcla de cosas. Las abstracciones y cuestiones de valores, con lo que tiene que ver con las condiciones concretas de la lucha política.
Como es fácil de ver, esa idea presupone que existe una valoración supra-normativa, una "norma 0" por encima de las normas, que es indiscutible y además se garantizaría a si misma. Es la mistificación de la democracia burguesa. El contrato social sería la garantía de sí mismo.
Lejos de estar garantizada por el simple hecho de nacer, la libertad es un resultado de la lucha. No ha sido la idea de los derechos humanos la que ha liberado a algunos seres humanos de la esclavitud en alguna de sus formas, sino la lucha a lo largo de la Historia que ha terminado por imponer el concepto de la libertad como un derecho inherente, que está aún lejos de ser realidad plena, y más de estar garantizado.
Lejos de ser una idea indiscutible, los derechos humanos son el resultado de la evolución civilizatoria y sus discusiones históricas.
Veamos por ejemplo el "derecho al trabajo". ¿Se habla acaso de mi derecho a pintar mi casa? No, no se está hablando del trabajo concreto. Es el derecho a acceder al trabajo ASALARIADO, a ser explotado dentro de las relaciones sociales burguesas. (Carta de DDHH de la ONU).
TODOS los derechos y facultades propios de la condición humana están mediados hoy por las formas de la sociedad burguesa, incluso los conceptos de vocación anti-capitalista como el de economía sustentable.
Lo que se hace con esto es una NATURALIZACIÓN de las relaciones propias de la sociedad burguesa (por ejemplo en relación al trabajo). Y cuando decimos que eso es inherente, irrevocable, irrenunciable, peor aún.
¿Qué pasa con el plebiscito? Es el derecho de la gente a tomar decisiones ("decisiones de la plebe") por medio de formas de democracia directa, un CORRECTIVO parcial a los límites de las instituciones REPRESENTATIVAS, que ya sabemos todas las trampas que tiene en la sociedad capitalista. Dentro la democracia burguesa es una CONQUISTA DEMOCRÁTICA, por más que haya sido usado algunas veces para fines reaccionarios.
Si le reclamamos la anulación a los parlamentarios -y no a otros 120 cualquiera- es porque los ponemos en la condición de representantes de la gente que los votó. ¿Por qué los representados no tendrían el derecho a corregir en forma directa las barbaridades de sus representantes? Si por la naturaleza de un tema no puede resolverse por plebiscito, menos aún por ley o decreto, o sentencia de un juez.
Quién hace uso de un plebiscito para resolver un tema de derechos humanos no renuncia a ningún derecho, usa un derecho.
Suponer que los principios básicos (libertad, igualdad) alcanzan por sí mismos y sin instrumentos políticos ni garantías, es suponer que SE VAN A APLICAR SOLOS, creerse el verso del "contrato social" como hecho espontáneo y puramente ideológico.
Si consideramos que no puede haber un plebiscito sobre la esclavitud, ¿se justifica en cambio un LEVANTAMIENTO ARMADO de los esclavos? Todos decimos que sí.
Pero si el triunfo en un plebiscito no está garantizado, en un levantamiento armado menos. Hubo innumerables levantamientos derrotados, y luego siempre hubo algún "¡No se debería haber tomado las armas!", alguien que venga a decir que fue un ERROR, dados los resultados.
Pero si los esclavos tienen derecho a hacer la guerra, tienen derecho a hacer la paz. Y para eso, también a negociar, hacer tratados, nombrar representantes, y ratificar los tratados por votaciones si es necesario. Y por supuesto que pueden ocurrir errores.
Son conocidos los casos de luchas por la independencia o autonomía, que a veces son violentas. En común que se termine proponiendo un plebiscito para zanjar el tema.
Todo orden institucional es resultado de una violencia fundante. Toda paz es resultado de una guerra. Y en cierta forma también, la paz es un período entre guerras. El voto es una condensación que las balas que se tiraron antes, sus condiciones reflejan la correlación de fuerzas con que terminó la guerra anterior. Y puede ser usado a veces como instrumento para la preparación política de la guerra que viene.
Lo mismo pasa con el derecho al trabajo. El derecho burgués empezó a incluir leyes laborales luego de grandes luchas de los trabajadores. Y lo hizo desde el punto de vista burgués. Un cambio importante comenzó tomando principios generales de dos constituciones, la soviética y la mexicana de 1917, ambas resultado de revoluciones armadas de los trabajadores contra la explotación capitalista, ambas frustradas luego.
"The Ballot or the Bullet", el voto o la bala decía Malcom X, son ambos INSTRUMENTOS. Su uso y en qué circunstancias depende de la CONVENIENCIA.
Por supuesto, como no somos maquiavélicos, hay límites y principios. No cometeremos crímenes de lesa humanidad ni aún en la guerra. Pero el uso en sí de estos instrumentos no es un tema de principios.
3. LOS PLEBISCITOS DEL 89 Y 09.
En el 86-89 NO HABÍA OTRA. Era plebiscito o nada. No había condiciones para recurrir a ninguna o otra opción de lucha real contra la ley de impunidad que acababa de aprobarse. No hacer nada y limitarse solamente al cuestionamiento ético de una pequeña élite sin tomar ninguna acción política, hubiese implicado un retroceso aún mayor.
El movimiento por la recolección de firmas y luego el voto, pero en especial las firmas, fue un instrumento de trabajo ideológico y de organización que penetró en la sociedad y tuvo fuertes consecuencias, pese al resultado final. El contexto era muy desfavorable: gobiernos reaccionarios, plena embestida ideológica del neo-liberalismo, fuerte retroceso internacional, y para peor, la llegada del Frente Amplio al gobierno de Montevideo que ofreció un espacio para el afianzamiento de los intereses oportunistas y contribuyó a acelerar el proceso de derechización.
Fue así que ese amplio movimiento social desde abajo que venía con el referéndum y otras luchas anteriores terminó ahogado por el retroceso general, y el impacto del resultado desfavorable demoró años en comenzar a revertirse.
El plebiscito del 2007-09 no tuvo la profundidad del anterior, como movimiento social. Apenas pudo rasgar el muro de silencio que se había impuesto, y solamente en las últimas semanas, tanto de la etapa de las firmas como del voto, logró movilizaciones masivas. Pese a ello también fue crucial pero de otra forma.
En este caso no era la única opción posible, pero era la mejor. Mejor que apostar al parlamento, al Poder Ejecutivo o los jueces, como quedó demostrado.
La presión extra-institucional a través de movilizaciones militantes ha estado presente todo el tiempo, y siempre es una herramienta válida. Pero está claro que ha sufrido el desgaste y que se ve enfrentada a un contexto muy desfavorable al que no logra revertir por sí sola.

La opción plebiscitaria, en cambio, logró movilizar a un cierto sector de militancia. Más pequeño y menos enérgico que en el 86-89, pero en otro contexto. Y pese a que tampoco en octubre 2009 se llegó al porcentaje requerido, esta vez eso no significó un aplastamiento.

Los elementos diferenciales eran:
No hubo papeleta por el NO, y el faltante para el 50% fue tan pequeño que resultó claro que los partidarios de anular la ley son muchos más que los contrarios.
No se está ante un gobierno de la derecha tradicional, sino ante un gobierno del Frente Amplio.
Y... el 90% de los votantes del Frente Amplio votaron por anular la ley.

Los mismos elementos que armaron la trampa podían generar el efecto contrario, y lo generaron. Son el fundamento de la presión de las bases frenteamplistas por la anulación, ya que el Frente tiene mayoría parlamentaria.
Estamos además en un contexto político diferente. Se ha agotado la embestida neoliberal y el desastre capitalista en el mundo. La causa internacional contra los crímenes de terrorismo de Estado ha avanzado mucho más. La situación política en el continente es otra.

En el país, el conocimiento público sobre los crímenes de la dictadura es mucho mayor. El procesamiento de algunos militares aventó los temores del 89. La corrupción de las FFAA se hizo también pública.

Y lo que es más importante, ya no estamos ante la etapa inaugural de la esperanza en el gobierno frentista, sino ante ese gobierno ya en desgaste, cuando la paciencia se agota y las contradicciones quedan cada vez mas expuestas. Se ha recuperado relativamente el nivel de la protesta social.

En esta situación, la presión de la masa de votantes rosados se canalizó hacia el parlamento, cosa que en el plebiscito anterior era imposible por falta de mayorías.

El nuevo intento de anulación también terminó siendo bloqueado. Pero, retrucando a Mujica en su lenguaje de truco, LES COSTÓ EL 2 DE LA MUESTRA. Tuvieron que sacrificar la carta más alta para hacerlo... ¿y ahora?

4. CONCLUSIONES

Las batallas pueden ser vistas cada una en sí misma, o en el curso de la guerra. Es claro que lo que verdaderamente importa es en el curso de la guerra (excepto para los manuales de táctica y los libros de Historia), pero también lo es que mientras la guerra no esté terminada cuesta un poco ver hasta qué punto esa batalla incidirá más o menos en un sentido o en otro.

Vistos como batallas aisladas, los dos plebiscitos son dos derrotas. Vistos en el curso de la guerra que no acaba, tuvieron el enorme valor de dar continuidad a la lucha, organizar las fuerzas, levantar la moral, incorporar a nuevas generaciones, desgastar al enemigo y acentuar sus contradicciones.

Del plebiscito del 89 el enemigo salió más fuerte que nosotros. En el 2009 fue al revés.

En lo inmediato, no está planteado un tercer plebiscito. Pero con el problema sin resolverse aún, nada se puede descartar.
Esta nota tiene por finalidad explicar por qué NO DESCARTAMOS ESA OPCIÓN, y contribuir a la discusión del tema.

Veamos el panorama político en su conjunto. La permanencia de la ley de impunidad sigue desgastando al enemigo, incluso más que otros temas.
"La cabeza del gobierno" (dice un senador frentista) ha hecho un enorme papelón. Pero además las cotradicciones se multiplican.
Mujica recurre al método guerrillero y abre otros frentes. En unas pintorescas declaraciones sobre las dunas de Cabo Polonio ha manifestado su filosofía de "irla llevando", en vez de hacer transformaciones de fondo para solucionar los problemas.
Lo traicionó su inconsciente, parece. En realidad es Mujica el que "la va llevando" y trata de salir del lío a golpes de astucia.
Incluso metido en este embrollo es probable que pueda acomodar el cuerpo y aguantar, ganarle la cuereada a las contradicciones internas que afloran, tirar algunas migajas y encontrar un parche para el tema impositivo, del agro, del proyecto minero, de la educación, la vivienda, y otros.
Pero con la impunidad tiene un serio problema. NO TIENE NADA QUE OFRECER, PERO ESTÁ OBLIGADO A SOSTENERLA.

Hay veces en el frente de batalla en que un herido es peor que un muerto.


FERNANDO MOYANO.

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