Uruguay; Caducidad: También hay que saber ganar - Por Fernando Moyano

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

 

basta-de-impunidad.jpgLentamente y a los bandazos va el trámite parlamentario para algo parecido a anular la ley de caducidad. El Senado aprobó el proyecto de ley interpretativa que la vuelve inaplicable pero no la quita del orden jurídico. Mecanismo confuso y contradictorio que puede tener resultados inciertos. Helios Sarthou ha hecho un estudio de las fallas del texto de esta ley interpretativa, la conclusión sería que en los procesos judiciales haría más mal que bien.

Pero hablando en plata: Apruebe lo que apruebe el parlamento los militares acusados van a interponer todos los recursos legales que puedan, presiones y chantajes. Claro que recurrir nosotros a algo tan inconsistente como esta ley interpretativa les facilita las cosas. Pero aunque el parlamento corrija y elimine todo resquicio y haga un texto impecable, va a pasar más o menos lo mismo.

La ley de caducidad ya es en los hechos, inaplicable. Las denuncias contra los militares requieren la consulta al Poder Ejecutivo, pero éste hoy deja todos los casos fuera de la ley de caducidad, o se interponen recursos de inconstitucionalidad que la Suprema Corte acepta diciendo que esa ley es inconstitucional. Lo que hay en la práctica es que algunos procesamientos contra militares siguen adelante pero con obstáculos, entre ellos la ley de caducidad, que ya no es insalvable.

De hecho, no mucho va a cambiar aunque ahora sea al revés. Serán ellos los que interpongan recursos de inconstitucionalidad contra le ley interpretativa, y las cosas terminarán también en la SCJ. Los procesos seguirán con obstáculos parecidos. Aunque el parlamento anulase la ley en forma más prolija los abogados de los militares también interpondrían diciendo que las leyes no se pueden anular. Aunque ahora sean recursos más sesudos o eficientes (por los agujeros de la ley interpretativa) eso no va a alterar el resultado final porque igual la ley de caducidad no se va a volver a aplicar. Los procesos contra los militares van a seguir avanzando lenta y tortuosamente, e irán al geriátrico VIP o similares, o a prisión domiciliaria.

Si las cosas se complican la presidencia irá a su proyecto de canjear perdón por información, si no le complica más las cosas todavía dentro del FA, y si no es contraproducente para los militares si alguno de ellos (estúpidos y cobardes) habla más de la cuenta.

No es en el laberinto jurídico donde está la clave del problema

Todos estos vericuetos y escándalos parlamentarios (renuncias, indisciplinas) más los presidenciales (video, visita a Dalmao, reunión con los mandos militares) no hacen más que ir desprestigiando al parlamento, al FA y al gobierno. En este momento y condiciones esta vergüenza no abona el peligro de un golpe de Estado, ni un retorno inmediato de la derecha tradicional burguesa, ni un viraje hacia un "gobierno fuerte".

Una vez más, como ocurrió -aunque de un modo diferente- durante el gobierno de Tabaré Vázquez, el tema de la impunidad se despega de los otros. Pueden no estar claras las cosas para la gente en salario, empleo, deuda externa, inversión extranjera, educación, salud, vivienda, temas en que sigue la ilusión: "Este es un buen gobierno, hace todo lo que puede y si algo más no hace es porque no hay forma de hacerlo, porque el mundo es así".

Pero es en los pactos y complicidades con los militares violadores de los derechos humanos donde este gobierno queda al desnudo ante su propia base electoral y buena parte de la militancia frenteamplista. No hay forma de escapar, porque el 90% de los votos frenteamplistas fueron rosados, y el 90% de los votos rosados fueron frenteamplistas.

La mayoría y la razón

En el balbuceo incoherente de los parlamentarios, el argumento principal esgrimido contra la ley interpretativa es que va "contra la voluntad de la mayoría de la ciudadanía".

No hemos visto que esto haya sido debidamente contestado. El colmo es que salga Tabaré Vázquez diciendo que "no siempre la mayoría tiene la razón".

No tiene sentido contestar un sofisma con otro, y menos argumentando por excepción y aceptado "en general" lo que se quiere cuestionar.

Razón y mayoría son cosas totalmente diferentes. El criterio de DECIDIR POR MAYORÍA no tiene nada que ver con suponer que la mayoría tenga la razón, una idea que además de falsa es reaccionaria e ignorante. ES AL REVÉS. El concepto es que, en igualdad de derechos para todos, quien tenga la razón tiene la oportunidad de convencer a la mayoría.

Por eso es que el mecanismo de decisión por mayoría incluye determinadas GARANTÍAS DEMOCRÁTICAS: discusión previa, libertad de ideas e información, igualdad de oportunidades. Cuando eso no ocurre se objetan las decisiones aunque sean mayoritarias. La opinión mayoritaria no sacraliza, es solamente un método de trabajo.

En política no existe "la mayoría", ya lo explicó Gramsci. La política es SIEMPRE disputa entre diferentes minorías. El resultado numérico de una votación es la medida de la eficiencia que tuvo cada minoría para llegar y convencer.

Es sabido y usado por los especialistas de la máquina política que no solo cuentan los argumentos racionales. Para que imperen las razones hay equiparar oportunidades e impedir el abuso de los factores distorsionantes: amedrentamiento, mentiras, soborno, fraude, costosos aparatos.

¿Ganamos o perdimos?

En el plebiscito de octubre de 2009 LA MAYORÍA VOTÓ CONTRA LA IMPUNIDAD. Por pequeño margen esa mayoría no fue suficiente para anular la ley en una normativa MUY EXIGENTE que ni siquiera se respetó (no hubo papeleta por el NO). Pero mostró la voluntad mayoritaria de anularla.

En ese plebiscito enfrentamos al enemigo más difícil: la apatía y la desinformación. Su causa es el creciente deterioro del tejido social, peligro para toda la convivencia social. Por eso la actitud demagógica de hablar de "voluntad mayoritaria" confundiendo deliberadamente las cosas es una completa irresponsabilidad. Por eso es más importante mantener la lucha por los valores éticos que hacen posible la convivencia social.

No tuvimos contra ese enemigo oscuro la eficiencia como para juntar un 2% más y activar la reforma constitucional. Es un hecho puntual que se agota en sí mismo.

Tuvimos en cambio la eficiencia para juntar el 48% de las voluntades, mucho más que los que quieren que la ley de impunidad quede, aunque no sepamos exactamente cuantos son porque no han tenido el coraje de dejarse contar. Y eso lo hicimos por la razón, el diálogo democrático y sin trampas.

No es un hecho puntual, continúa, y es la presión sobre el parlamento que sigue sosteniendo el tema.

Bretch le hace decir a Galileo: "La razón solo se impone en la medida en que la defendamos. El triunfo de la razón solo puede ser el triunfo de los razonables".

Galileo tenía claro que la mayoría no tiene razón. Es su tiempo las cuestiones científicas se discutían en latín, él publicó su libro en italiano y por eso lo condenaron. Fue un subversivo porque en vez de manejarse entre "sabios que tienen razón" salió a convencer a la mayoría por medio de la razón.

Plebiscitos y DDHH

Los derechos humanos no se plebiscitan” decían algunos compañeros y ponían el ejemplo de un plebiscito HIPOTÉTICO para instalar la esclavitud. Hoy ya no es una especulación, el proyecto de plebiscitar la BAJA DE LA EDAD DE IMPUTABILIDAD es realidad.

¿Qué vamos a hacer? ¿Negarle a la gente el derecho a decidir sobre sus derechos, argumentar que el código penal no se puede tocar porque lo hizo gente que sabía más que la gente; que además son los mismos “sabios” que pusieron allí el delito de sedición? Se contesta: "Para avanzar sí pero para retroceder no”. ¿Y quién decide y discierne una cosa de la otra?

No hay más que un camino: CONVENCER A LA GENTE. La única garantía contra el retroceso social es el avance de conciencia de las grandes mayorías. Los “revolucionarios” no podemos tener dudas sobre eso.

El paralelogramo de las fuerzas

Además de las fuerzas que empujan hacia la anulación de la ley de caducidad (la opinión de la mayoría de los que opinan, la base y votantes frenteamplistas incluidos, las presiones internacionales, la acción de pequeños grupos activistas), empujan en otra dirección los compromisos del gobierno con los militares, los intereses mezquinos de los parlamentarios frenteamplistas, etc. La resultante es una suma de fuerzas desviada: la ley interpretativa.

La distorsión entre lo que salió y lo que debería salir la podemos ver sobre el eje jurídico de las cosas. Pero sobre el eje político vemos la diferencia entre ANTES y DESPUÉS y medimos el golpe dado a la impunidad. Solo es parcial, la ley de caducidad sigue.

Pero es un golpe contra la impunidad porque:

  • La desprestigia todavía más. Ya no hay quien la defienda directamente, solo por medio de subterfugios atacando LA FORMA en que se la quiere suprimir.

  • Desnuda lo peor. Ya se habla públicamente de un pacto entre tupamaros y militares , cosa que hasta hace poco era tema de "iniciados".(*)

  • Aumenta las contradicciones entre ellos.

  • Da continuidad al plebiscito del 2009 y permite recuperarnos de ese revés. Aventa el temor de que la derrota enterrase el tema y que se la usase para justificar la permanencia de la ley de caducidad.

Si ponemos esto de ahora en perspectiva y lo juntamos al plebiscito y todo lo anterior, lo que surge es que la lucha contra la impunidad continúa avanzando.

El oportunismo parlamentario es un actor secundario. Si solo contase la intención de mantener la impunidad ¿por qué aprobaron esta ley cuando alcanzaba con no hacer nada?

Y si miramos hacia adelante, la tensión que generan esas deformaciones y contradicciones es la fuerza que permitirá nuevos avances.(*)

Si la SCJ declara inconstitucional la ley interpretativa, no debemos ver en eso una tragedia sino una OPORTUNIDAD.

No esperábamos nada mejor

Evaluar caminos tácticos es comparar. En este caso queremos comparar plebiscito contra anulación parlamentaria.

El reclamo de anular la ley de caducidad por vía parlamentaria viene de muy atrás. Soy uno de los que prefirió la opción plebiscitaria. Cuando comenzamos esa campaña, nos hicieron la objeción del riesgo que implicaba.

El plebiscito era una apuesta a todo o nada. Podía perder, pero no corría el peligro de ir cambiando de contenido y desvirtuarse. Si preferimos (en nuestra visión personal) ese camino es porque nunca tuvimos ninguna confianza en el parlamento, y consideramos que el riesgo de de dejar en sus manos la redacción de lo que saliese era peor todavía.

De la vía parlamentaria se supuso que es rápida y directa, pasando por alto el peligro de que el resultado final pudiese ser peor que no tener nada. Los hechos demostraron que la supuesta rapidez era falsa. Se llegó antes a juntar las firmas y los votos en las urnas que los votos en el parlamento.

Estamos convencidos además que si no fuese por la alta votación en las urnas nunca se hubiese llegado a nada en el parlamento, por malo que sea. El plebiscito concentró el repudio contra la ley, y la frustración del resultado adverso reabrió la herida.

La mano de Suárez

Pero vamos a hacernos cargo de habernos embarcado en el plebiscito y el riesgo de la derrota.

El riesgo es inherente a la lucha. No entendemos al que solo quiera dar batallas que estén previamente aseguradas. Pongamos el ejemplo del penal de Suárez en el partido contra Ghana.

Partido empatado, último minuto. El tipo comete un penal. No tenía forma de saber qué iba a pasar con el tiro de ghanés. Ni siquiera podía estar seguro de evitar el gol contra Uruguay metiendo la mano. Lo único seguro es que iban a cobrar un penal y que a él lo iban a expulsar. Si hubiese habido un gol de Ghana alguien hablaría luego del error de Suárez.

Cuando se tira al arco, puede también dar en el palo. La diferencia entre adentro y afuera puede estar en dos centímetros. Arrancamos ese partido absolutamente de atrás, con el juego desarmado. Hubo que remontar toda la cancha, embarrada y con viento en contra. Llegamos al área y tiramos. La pelota dio en el palo. Por dos centímetros no entró.

Eso fue lo que hicimos en el plebiscito. Y nuestro “error” fue arriesgarnos a perder olvidando la primera ley de la Historia: que los que pierden nunca tienen razón.

Prepararse para lo peor... pero dar manija para lo mejor!!

Hemos supuesto la peor hipótesis: que la ley interpretativa sea considerada inconstitucional. Pero en realidad, ni siquiera tienen por qué llegar las cosas a ese punto.

Me pongo en el lugar de un juez con dos dedos de frente y sin ser defensor a ultranza de la impunidad que deba atender un caso de militares acusados de desaparición forzada, tortura o asesinato durante la dictadura militar.

¿Está obligado a declararse obligado a ver las cosas como dice la ley interpretativa que debe verlas (lo que es declararse tonto y pusilánime también) y arriesgarse a que le impugnen la sentencia? ¿Acaso no puede simplemente dentro de su propia competencia adherir a la DOCTRINA en que se apoya el CONTENIDO de esa ley (que nadie discute) sin hacerse cargo de sus posibles vicios de forma? Si no menciona expresamente esa ley no se expone a que le presenten un recurso de inconstitucionalidad. Y si procesa a los acusados como si tal cosa ¿qué puede pasar?

Por supuesto, el abogado de los militares acusados pondrá el grito en el cielo porque se ha salteado la consulta al PE a la que obligaría la ley de caducidad si acaso fuese aplicable, pero ese sería SU PROBLEMA. Presentará un recurso. ¿Y? ¿Acaso la SCJ entenderá que debió activarse un mecanismo que ella misma ya ha considerado inconstitucional?

Por mamarracho que sea, la ley interpretativa alivia de hecho la presión sobre los jueces, que pueden remitirse a las leyes penales ordinarias y dejar que todo ese embrollo caiga por sí solo.

Bueno, ¿y qué hacemos ahora?

Lo primero es concentrarnos en nuestro objetivo.

Los traidores son traidores por pasarse al bando del enemigo pero el enemigo sigue siendo el enemigo, la lucha contra los traidores solo tiene sentido como parte de la lucha contra el enemigo. No por ajusticiar a algún traidor vamos a dejar que el enemigo escape.

En este caso lo primero es multiplicar y alentar las DENUNCIAS contra los violadores de los DDHH. La advertencia sobre los defectos de la ley interpretativa y la critica a los intereses espúreos que los originan debe ser hecha, pero NO en forma tal de DESALENTAR las denuncias contra los militares porque quede la idea de que serían inútiles.

Al mismo tiempo hay que preparar el siguiente paso, por si ocurre lo peor.

No hay que quedarse quietos esperando. Hay por allí una teoría absurda y destructiva, la teoría del "costo político". Dice más o menos así: dejemos que ocurra lo peor, ellos pagarán el costo político.

¿Y por qué vamos a suponer que pagarán ellos algún costo si el asunto es que somos nosotros los que no podemos cobrarlo?

En mi opinión, hay que retomar la idea de la LEY POR INICIATIVA POPULAR que propuso Sarthou en otra oportunidad, pero esta vez no como una "ley ómnibus" que reúna muchas reivindicaciones diversas sino monotemática: ANULAR LA LEY DE CADUCIDAD. Redactar un proyecto sólido y completo y empezar la etapa de discusión, convocatoria y preparación de la logística.

Si en las denuncias en curso, los acusados presentan recursos de inconstitucionalidad contra la ley interpretativa, y si la SCJ llega a declararla inconstitucional para UN CASO, allí tendremos el disparador y el momento de iniciar la campaña de recolección de firmas.

Tengamos en cuenta que el 90% de la gente dispuesta a anular la ley de impunidad es gente que votó al FA. Y el FA dice que quiere inhabilitar la ley de impunidad. Nuestra campaña es para hacer lo mismo que el FA no logró hacer, un proyecto de anulación ante el mismo parlamento.

¿Es difícil una campaña de recolección? Claro que lo es. Pero si la SCJ declara inconstitucional la ley interpretativa en un caso, los militares van a repetir el recurso en todos los demás, y cada uno será una nueva frustración de la base frenteamplista y una vergüenza para sus parlamentarios.

A modo de conclusión

Algunos aspectos de este problema invitan a una discusión más general.

Entre nuestros compañeros es habitual el énfasis en la metodología de denuncia y agitación.

Nuestro organismo recibe innumerables excitaciones de todo tipo, y normalmente responde. Pero después de una noche de juerga no hay excitación que valga.

El organismo agotado o saturado no responde a la excitación. Nuestro organismo social hoy ya no responde a la injusticia y la opresión como lo hacía hace unos años. ¿Por qué? Porque los seres humanos no somos perros de Pavlov.

El ser humano tiene la capacidad de anticiparse a lo que va a pasar con las cosas que hace. Hoy es necesario algo más que excitación para que la gente salga a luchar: una perspectiva. La gente tiene que saber en qué va a invertir.

Se necesita la movilización de la gente, pero el progresismo se ha encargado de desarticular todo el movimiento social.

Tal es el argumento de nuestra izquierda radical.

ES AL REVÉS. Es la desarticulación del movimiento social lo que ha dado alas a la socialdemocracia progresista. Esa desarticulación tiene muchas causas, internas y externas.

La traición de los que estuvieron a la cabeza de un proyecto pretendidamente transformador o revolucionario es indignante. Pero la indignación no debe impedirnos pensar, porque opera también un gran desconcierto.

Cuando perdimos cada uno de los plebiscitos contra la ley de caducidad nos dijeron: HAY QUE SABER PERDER.

El problema no es que no hayamos sabido perder, es que NO PERDIMOS. Y ese problema lo tienen ellos. No hemos obtenido un triunfo definitivo ni resonante, ni siquiera uno importante que nos asegure el curso futuro, la impunidad sigue en pie, no nos podemos comer el verso triunfalista.

Pero también es cierto que muy lentamente, somos nosotros los que vamos ganando a pesar de las dificultades.

Cada modesto triunfo, aun indirecto, tiene enorme importancia, no tanto por su peso de pequeño triunfo, sino por el hecho de que se obtiene A PESAR de la traición.

Aún queda por delante aprender a aprovechar y articular los pasos entre sí, hacer caudal del triunfo anterior en cada nuevo paso.

Es absurdo que no hayamos sabido hacer caudal del resultado de octubre 2009. Se demostró que los temores que había de que la lucha quedase enterrada luego de no lograr la mayoría absoluta (un temor que además hizo que algunos no se sumasen a la iniciativa) no estaban justificados. ¿Y qué hecho vino a demostrar eso? Esta votación en el parlamento que tanto denostamos, y con razón.

Como no somos nosotros quienes tenemos el control hoy, el camino solo puede ser de a pequeños pasos. Pero para aprender a dar la lucha aprovechando cada pequeño triunfo, tenemos que empezar por reconocer cada pequeño triunfo como lo que es, eso.

FERNADO MOYANO

 

(1) Estaba tratando de resumir este largo texto cuando salta este asunto del pacto de los dos angelitos. Pensaba que los hechos me iban a dar la razón. No pensé que tan pronto. de modo que este texto sale así como está, disculpen.

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