Uruguay: Campo y lucha de clases

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.


Escribe Gonzalo Abella *


Marcha-contra-aratiri.jpgUNO DE LOS GRANDES objetivos de la masonería batllista fue manipular la Educación Pública con una falsa imagen de laicidad.

A través de la Educación Pública intentó persuadirnos, generación tras generación, de que somos un país totalmente diferente al resto del Continente.

Y uno de los falsos conceptos que el batllismo logró introducir en la sociología burguesa, y que luego repitieron como loros las ONGs, es que en el Uruguay no existe el campesinado.

Hagamos un poquito de teoría para enfrentar esta teoría.

Cien años atrás Lenin retomó el concepto de Engels sobre la alianza obrero campesina como fuerza motriz de los procesos de liberación nacional hacia la revolución socialista.

Teniendo en cuenta que el marxismo tiene como una de sus tres "fuentes" la economía política inglesa, su análisis sobre plusvalía y revolución se centró, como es lógico, en la contradicción principal entre los asalariados modernos y el capital.

Siguiendo consecuentemente este punto de vista, podemos entender que un empleado de servicio, un oficinista o un policía son asalariados del capital privado(o del Estado capitalista) pero no son clase obrera, porque no crean riqueza y por lo tanto no generan plusvalía.

Un almacenero minorista o un zapatero son "pequeñoburgueses" pues no explotan trabajo asalariado pero poseen sus medios de producción, a diferencia del proletariado que posee sólo su fuerza de trabajo.

En el seno de la "pequeño burguesía" y los sectores de "capas medias" que incluyen al estudiantado, han surgido importantes apoyos a la alianza obrero-campesina, pero también han salido de su seno sectores procapitalistas.

Por otra parte tampoco hay que creer que la clase obrera es homogénea en sus opciones, aunque tiene la mayor potencialidad organizativa, la mejor experiencia social y las razones fundamentales para la lucha.

Hoy, con la automatización y robotización de los procesos productivos, se refuerza una "aristocracia obrera" de salarios privilegiados, traidora a su clase, y por otro lado un nuevo proletariado que suma a su condición de explotado la incertidumbre por la inestabilidad laboral; lo cual lo obliga a combinar el trabajo cada vez más zafral con estrategias de supervivencia en el mercado informal.

¿Y en el campo?

Siguiendo el análisis leninista, un asalariado rural que participa en procesos productivos no es un campesino: es un proletario.

En términos "uruguayos" un cortador de caña, un empleado de tambo, un trabajador forestal o un peón rural son obreros y no campesinos aunque vivan en el campo.

El moderno trabajador forestal ni siquiera vive en el campo, sino en tugurios suburbanos de donde es recogido por el camión.

Pero alcanza con recorrer el "santoral" de Canelones, y los departamentos de San José, Colonia y Montevideo rural para comprobar que todavía hay campesinos.

Y más cerca aún, en Villa Colón, vemos las huertas de personas con múltiples oficios pero con corazón campesino.

Cada vez son menos, es cierto; pero el proceso de exterminio campesino que aplica el gobierno Astori- Mujica es el mismo en toda esta parte de América Latina todavía sometida al imperio.

En el plano de las definiciones todo se complica cuando un asalariado rural, permanente o zafral, tiene además un pequeño terreno donde hace agricultura de subsistencia, vende su excedente, o engorda lechones para Nochebuena.  

En este sentido el marxismo ha trabajado con prudencia conceptual. Si los ingresos principales de un hogar provienen predominantemente del trabajo asalariado, se entiende que es un hogar proletario.

Si el ingreso o la subsistencia dependen de su trabajo en el predio, estamos en presencia de una familia campesina.

Para el marxismo clásico los campesinos se dividen en "pequeños", "medianos" y "grandes", pero no hay una definición específica más allá de que todos ellos poseen su medio de producción (herramientas, o herramientas y predio propio) y no son grandes empresarios, aunque los "medianos" y los "grandes" a veces contratan mano de obra zafral.

Si tiene mano de obra asalariada permanente, más de dos asalariados, ya son empresarios rurales.

"Campesino" y "agricultor" no son sinónimos, aunque la sociología burguesa se empeñe en afirmarlo.

Lo primero tiene que ver con su condición de clase, lo segundo con el rubro en el que se trabaja.

Un criador de cabras que tiene tres hectáreas en Cerrillos, que trabaja con su mujer y vende quesos a una cadena hotelera, es un campesino y no un empresario, aunque las categorías de nuestros censos agropecuarios digan lo contrario.

Una persona que tiene cien cuadras de campo en la ruta 27, allá por Cerro Pelado o Moirones, tiene la misma cabeza campesina y el mismo nivel de vida que un chacarero con 5 hectáreas en los fértiles campos que todavía quedan en Soriano.

Aquel contrata gente para la esquila, y puede tener un "peón p'a todo" en las casas, pero es mucho más campesino "medio" que empresario.

Un esquema falsamente marxista mete en una misma bolsa a todos los propietarios de tierras del país.

Olvida que desde tiempos coloniales los grandes hacendados vivían en Montevideo y que en cambio, en el campo, los hacendados "cimarrones" trabajaban a la par con sus pocos peones, desafiando junto a ellos la ley monopólica de España.

Los hacendados "cimarrones" participaron en el Éxodo de 1811. Los grandes terratenientes se quedaron cómodamente instalados en el Montevideo español: eran los "malos europeos y peores americanos" cuyos hijos, casados entre sí, gobiernan el país desde 1830 hasta hoy.

La no comprensión de esta mentalidad campesina, de campo, que tienen muchos productores rurales chicos y medianos, permitió a José Batlle y Ordóñez acusar a Aparicio Saravia ante los  intelectuales y artesanos urbanos de ser un agente de los latifundistas, cuando en realidad los latifundistas del Partido Nacional entre Batlle y Saravia prefirieron al primero como mal menor.

Hoy, cuando los monocultivos y la minería salvaje ponen en pie de lucha a la gente de campo (a la gente "de campo", no a la gente "con campos"), esta reflexión sobre el campesinado deja de ser simple tema teórico para volverse vital en la nueva ofensiva de la lucha social.

La gente "de campo" tiene mucho para enseñarnos.

En cambio la gente "con campos" latifundistas está en la vereda de enfrente, en el agronegocio, alquila a los sojeros, pone sus monocultivos al servicio de las trasnacionales.

En las marchas a caballo contra Aratirí hay gente muy humilde, peones y chacareros, y hay campesinos medios y empresarios pequeños con buenas camionetas 4x4.

Estos últimos se unen aterrorizados porque la minería imperialista amenaza todo su patrimonio.

Pero entre ellos no hay latifundistas.

Los latifundistas están con la Asociación Rural, venden o alquilan sus tierras para el saqueo ambiental, y siguen criando ganado de raza y caballos para exportación sin importarles que ahora deban hacerlo a ración (por falta de pasturas de rotación) subiendo por ello los costos del consumo. Ellos siempre ganan.

Hoy nuevos sectores del campo se suman a la lucha.

Si no comprendemos los anhelos y el lenguaje campesino se nos dificultará la lucha contra el saqueo ambiental, por la liberación nacional y el socialismo.

 

 

Gonzalo Abella.

* Profesor, investigador, integrante del Coordinador Nacional de la Asamblea Popular


Tomado de

Diario La Juventud - Ates y Sublevada

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paola tames parra 07/21/2011 23:02



qué se entenderia por trabajador asalariado rural y cuáles son sus ambitos de trabajo?



Facundo 05/23/2011 23:55



Excelente análisis. Es muy necesario hacer estas difereciaciones entre los diferentes sectores del campo. Es algo dificil, pero este análisis lo describe muy bien.


Un grande como siempre don Gonzalo Abella.


Debemos estar unidos contra los gobiernos entregadores y las multinacionales del saqueo y la contaminación.


Saludos