Uruguay: Convocatoria para convertir la memoria en cosecha nueva

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

A 23 AÑOS DE LA MUERTE DE RAÚL SENDIC. A 50 AÑOS DE LA TOMA DE CAINSA Y DE LA PRIMERA MARCHA CAÑERA. A 1 AÑO DEL DESALOJO DE NEY THEDY.

Los porfiados hechos viven en nosotros, hoy y aquí.


Los hechos -los porfiados hechos de la historia, los hechos imborrables del pueblo trabajador- valen más que un manifiesto o una proclama.

Recordarlos no es solo hacer memoria y homenajear merecidamente a los que por desgracia ya no están físicamente.

Es convertir la memoria en cosecha nueva de reafirmación de valores que nacieron y fueron creciendo en la siembra cierta del ejemplo, en el sacrificio y en el dolor.

Pero también en la alegría vital del saber con certeza plena que otros brazos y otras almas se adueñarán del legado de la lucha con el fervor y la fe que únicamente germinan y perduran entre los que sufren la humillación y un buen día descubren que el pasado deja de ser pasado al ganarnos la convicción de que él signó nuestros destinos para siempre.

Reunirnos para re-vivenciar cosas que pasaron cuando muchos todavía no existíamos, o cuando apenas podíamos enterarnos de la realidad como se va enterando hoy muchísima gente -de a puchitos y en el boca a boca-, es volver a fertilizar el semillero del que debemos sentirnos herederos espirituales y celosos custodios, más allá de esperables ridiculizaciones y las que no pudo imaginar nuestra perdida ingenuidad.

Hoy, cuando medio siglo parece una eternidad y algunos desean en vano empañar la lucha actual de los obreros rurales que ya no tienen en sus campamentos a Raúl Sendic, rememorar aquel frío y cálido lunes 2 de abril de 1962 no es un tributo a la nostalgia.

 Ese lunes de otoño trafoguero, una decidida columna humana que había estado 3 meses comiendo charque maloliente a orillas del Itacumbú -en una inusual huelga de cañeros analfabetos y harapientos henchidos de buen orgullo obrero-, le dobló el codo y el cogote a una banda de empresarios que en aquellos tiempos eran los inversores yanquis que nos venían a salvar de la pobreza y el subdesarrollo.

Ese día tuvieron que agachar las guampas los que gozaban de los favores del gobierno y la protección de milicos y capangas, los representantes de la multinacional monopólica de la siembra y la cosecha de la caña azucarera y de su industrialización y comercialización, que pagaba salarios infames bajo formas que eran la medida de la podredumbre moral de los "salvadores" de los ´60 y sus protectores "criollos".

Con una sencillez asombrosa, sin sellos rimbombantes de comisiones agrarias ni grandilocuencias burocráticas, aquellos peludos -ya hombres y mujeres grandes- que aprendían a leer y a escribir guiados por un maestro-abogado que no era ni una cosa ni la otra, dejaron el Itacumbú, y, armados de razón y coraje, enfilaron hacia la multinacional Cainsa con una entereza que se aprende en la dura fragua del manoseo diario.

Entraron a la planta principal como una mole indestructible, se llevaron por delante a empujones a capangas y botones obsecuentes, y los primeros en llegar se instalaron en las oficinas de los "gringos" para decirles que de ahí no se movía nadie -ni inversores ni cañeros- hasta que se pagaran los sueldos que se debían, con plata y no con pedazos de papel mugriento para canjear por alimentos en el "súper" de Cainsa.

No se habló de "secuestro" ni de "rehenes", no hubo discursos, pero a todo el mundo le quedó claro que, a 3 meses de padecer de todo mientras patronal y gobernantes se mataban de la risa alentando la violencia peluda y subestimándola, esas obreras y esos obreros no darían marcha atrás soñando con "instancias de negociación" o la intervención de un parlamento que la venía balconeando cómplice y desvergonzado.

Ahí mismo se empezó a cobrar lo adeudado, en efectivo y con la supervisión del "peludo" más odiado por los gringos, el maestro chúcaro y de pocas palabras, que no era maestro ni abogado, sino apenas procurador, convertido en "cajero" que liquidaba sueldos bajo durísimas miradas peludas apuntando a los "amos" como fusiles listos para escupir insospechadas balas justicieras.

Ahí mismo, también, empezaba a palpitar otro país, otra historia, como un resurgir de voces y lanzas cimarronas que recogían el eco bravío de viejas y olvidadas luchas anticolonialistas y libertarias, por una Tierra para quien la Trabaja, surgidas en la ebullición de dignidad de los más pobres, en harapos, comiendo salteado y descreyendo de los discursos de los poderosos de adentro y de afuera de principios del siglo XIX.

Un mes después de la toma de Cainsa, el sábado 4 de mayo de 1962, Montevideo fue invadido por esa misma turba que llegaba desde el norte -desde ese Artigas que tiene bien puesto su nombre- para darnos vuelta la cabeza y hacernos sentir que aquí también se podía soñar con el "poder popular" y con hacer oir las palmas encendidas del pueblo en las orejas sordas del latifundismo vendepatria.

Ese sábado siguiente al 1° de Mayo de 1962, hace exactamente cincuenta años, la Primera Marcha Cañera de nuestra historia, la llegada de 200 peludas y peludos al grito de "¡UTAA, UTAA, por la tierra y con Sendic!!!", fue la luminosa alarma que nos enteró de que el movimiento obrero contaba en sus filas con una fuerza hasta entonces subestimada, que venía a la capital para que sus hermanos de clase supiéramos de su existencia y de una voluntad de pelea que medio siglo después no podría ser ignorada más que por los que han heredado del pasado la soberbia de los necios.

 Esa fuerza humana del pueblo pobre -después de cuartelazos y cacerías humanas ordenadas por hacendados e inversores salvadores- está de nuevo en las calles y los barrios humildes del país para hacernos sentir parte sustancial de la lucha por tierra y para ayudarnos a comprender que esta lucha lo es del pueblo oriental y de sus trabajadores organizados...

Que sus banderas flamean para ser como los dedos y los puños de la emancipación social que no conquistaremos arrodillándonos ante los que siguen retribuyendo nuestra miseria con papeles mugrientos, tarjetas y bonos alimenticios canjeados en el súper, más saqueo y corrupción.

 Las obreras y los obreros del campo y las ciudades olvidadas, los sucesores del peludaje de los `60, han venido este 28 de abril del 2012 para rendirle honor a Raúl Sendic Antonaccio en el 23 aniversario de su muerte y a un año exactamente del desalojo del colono-cañero Ney Thedy Pintos, premiado por el poder, justo este día, con la persecución y el despojo por ser uno de aquellos que apuraron a los gringos hasta hacerlos temblar y por predicar con lo que les enseñó el maestro-abogado que no fue ni maestro ni abogado: el ejemplo de los hechos, el compromiso de la práctica, el valor de los que la consigna TIERRA PA´L QUE LA TRABAJA la tienen impresa en el alma y en la piel, para contagiarla y hacerla razón poderosa de todos los trabajadores de esta "banda oriental" que no olvidará ni perdonará que se nos siga robando nuestro bien social más entrañable, en el que han anidado los más queridos sueños de justicia e igualdad desde Artigas y su inconclusa Revolución de harapientos.

 ¡Viva UTAA!!! ¡Viva la lucha del campo y la ciudad! ¡Viva la memoria palpitante de Raúl Sendic y todas y todos los caídos por TIERRA PARA QUIEN LA TRABAJA Y TIERRA PARA VIVIR!!!

Coordinación "Todos con la lucha de Bella Unión" / Plaza Raúl Sendic,

La Teja, Montevideo, 28 de abril de 2012

enviado por gabriel.carbajales@gmail.com

 

Red Latina Sin Fronteras

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