Uruguay: Correo de la Tendencia.

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

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A empezar de nuevo

La noticia más esperada por el gobierno finalmente llegó este lunes de turismo.

La calificadora de riesgos Standard & Poors le subió la nota al Uruguay y recupera así el “grado inversor” que había perdido en el 2002. ¿Qué significa eso?, nuestro país tiene ahora la aprobación de los grandes inversores, es decir, cumple sin fisuras con los mandatos de los centros de poder financiero.

El gobierno podrá emitir así nuevos bonos de deuda pública a mejores tasas así como pedir nuevos préstamos también a tasas más favorables. La deuda que crece diariamente a niveles indecentes a pesar de los pagos, más indecentes aún, que se realizan cada año, subirá aún más a costillas de casi todos y para beneficio de unos muy pocos.

¿A quién beneficia que Uruguay tenga ese beneplácito del capital?

La realidad de cinco siglos de capitalismo en el mundo y de dos siglos de inversión extranjera en nuestro continente, demuestran exactamente lo contrario.

El crecimiento de la inversión capitalista nunca trajo progreso o desarrollo a nuestros países, y mucho menos bienestar a los trabajadores. Por el contrario, el descenso sistemático del salario real, la precariedad del empleo, el desmantelamiento de la legislación laboral y de las políticas sociales, han sido las condiciones previas y necesarias para «atraer» la inversión extranjera.

La ganancia capitalista es siempre consecuencia de la precarización del salario y las condiciones de trabajo.

En éste caso, la bonanza capitalista viene de la mano de la creciente desigualdad social y la concentración de la riqueza.

Aunque la pregunta más adecuada tal vez sería ¿cómo se logró esto?

Responderla es profundizar en los motivos del conflicto de la enseñanza, del rechazo a las PPP (empresas privadas con capitales del estado), del próximo paro de los maestros, de la vergonzosa alianza entre el gobierno municipal y la mayoría del ejecutivo de ADEOM para derrotar las posiciones clasistas y parar el conflicto de los municipales, de la terrible situación de la salud, de la cada vez más grave situación de la vivienda, del encarecimiento de los alimentos y la canasta familiar toda, del drama de los trabajadores del campo, los cañeros y los asalariados rurales y en general de todos y cada uno de los graves problemas de los trabajadores uruguayos para llevar adelante una vida digna y sin angustias cotidianas.

Responderla es, definitivamente, ubicar a este gobierno en su justo lugar, el mismo de todos los gobierno de la historia de nuestro país, son los administradores rentados de los intereses del capital y los capitalistas.

Porque “equilibrio fiscal” y “cumplimiento puntual de las obligaciones de la deuda externa” no es otra cosa que el recorte de los gastos y el presupuesto necesario para llevar adelante los servicios y tareas imprescindibles para la gente.

Evidente, no se equivocaron los poderosos del mundo cuándo aceptaron, sin mayor drama, que el Frente Amplio hiciera su experiencia de gobierno.

Era, en tal coyuntura, la opción más adecuada. Especialmente por su capacidad para manejar las expectativas de las grandes masas de trabajadores, conteniéndolas a fin de implementar las medidas necesarias para llegar a esto que finalmente llegaron.

Fue así que los partidos del progresismo han intervenido en el proceso histórico uruguayo, cooptando la dirección del movimiento sindical y popular institucionalizado como ningún otro gobierno de la historia, podría haberlo hecho.

Un movimiento popular que se caracterizaba, en términos generales, hasta mediados de los ‘90 por lo menos, por proponer e impulsar un programa de confrontación con el sistema y el orden imperante.

Controvertido, contradictorio las más de las veces, en demasiadas oportunidades obediente de los aparatos políticos a los que respondían las mayorías circunstanciales, perdiendo su independencia política, pero en definitiva actuando, aún con grandes fisuras y trabas burocráticas, en la lucha a favor de los intereses de los trabajadores, en la lucha de clases que mueve la historia.

En dos etapas, llevaron adelante esta alineación de la orientación mayoritaria de las organizaciones de masas al progresismo. Primero vaciaron de contenidos el programa de las organizaciones populares, un trabajo que les llevó mucho más que los 7 años que llevan de gobierno y que empezaron a imponer a modo de “cortada” que los arrimara al poder, un pasaporte que buscaba el sello de los dueños del dinero.

Así, sobre todo a partir del 8º congreso del PIT-CNT (2003), se fueron eliminando de las plataformas y programas la lucha de clases, el fin de la explotación, las estatizaciones, la reforma agraria, el no pago de la deuda externa, y tantas otras cuestiones imprescindibles para empezar a construir una sociedad sin impunidad, sin explotación ni opresión. Esta permanente y sostenida rebaja programática, le dejaba claro al que quisiera verlo, que la consigna de «país productivo con justicia social» iba a perder la segunda parte en el altar de lo posible en la reestructuración capitalista que estaba en curso.

Luego, una vez impuesto el programa funcional al gobierno del FA, vino el tiempo (en el que estamos) de promover a los dirigentes sindicales y sociales obedientes que luego serán los gobernantes útiles al sistema.

De este modo vienen imponiendo un freno y aislamiento enorme a las luchas populares, lo que es muy grave.

Pero más grave aún es la consolidación, que también vienen logrando, de una cultura de no confrontación y aceptación fatal del mundo tal cual es. Gobernantes, dirigentes sindicales, dirigentes sociales, periodistas, medios de prensa y centenares de “agentes culturales” en todas sus formas se meten sin permiso en todos los ámbitos de la sociedad para convencer a los trabajadores que todo está mucho mejor que antes, de la mejor manera que puede estar, con los únicos métodos que se pueden usar y a la espera de que el futuro sea “aún” mejor.

Mientras tanto el PIT-CNT y las conducciones mayoritarias de los sindicatos así como el resto de las grandes organizaciones sociales (FUCVAM, FEEUU, ONAJPU), están cada vez más contaminados de corrupción y ya no sólo no pelean a favor de las causas populares, por el contrario, actúan decididamente para frenar la lucha de los trabajadores y el pueblo.

Hoy la cúpula del movimiento sindical se une a las patronales y el gobierno para reclamar contra el «proteccionismo» de otros países en la región. En realidad en el mundo en que vivimos, la protección de las condiciones de vida del pueblo trabajador es una necesidad imperiosa. Solamente los cipayos pueden reclamar que se desmantele lo poco que pueda quedar de esa protección, en beneficio de los negocios del capital.

Es viejo y conocido que la burguesía uruguaya entreguista es tan solo un factor auxiliar de la penetración del capital extranjero en la región, pero la novedad ahora es la incorporación del sindicalismo oficialista a esa política.

Esto es un verdadero atentado a la solidaridad de clase y el internacionalismo porque la estrategia de la clase trabajadora nunca puede ser «defenderse» de los trabajadores argentinos y brasileños, aliándose al capital imperialista.

Demás está aclarar que en los últimos episodios como el del el Liceo 70, el gobierno dejó claro, una vez más, que está decidido a todo para frenar la lucha organizada, a mentir, a desprestigiar, a dividir, a amenazar y a reprimir con dureza. Sin embargo, cómo se habrá visto, aquellas organizaciones que dicen representar a los trabajadores no sólo no dieron ninguna solidaridad al conflicto sino que justificaron la represión y todos los atropellos.

Tendencia Clasista y Combativa no pretende ser la dueña de la verdad, pero 50 años de lucha a favor de los trabajadores y el programa del pueblo nos dicen que esto va por mal camino y que es necesario que los trabajadores se desprendan de las anclas que los mantienen expectantes y adheridos a organizaciones, y a estructuras sindicales y sociales que han dejado de defender los intereses populares para pasar a ser agencias de colocación de malos gobernantes.

Es tiempo de reagruparse, de que nos juntemos de otro modo todos aquellos que seguimos entendiendo la solidaridad, la independencia de clase, la democracia obrera, el internacionalismo, y la unidad para luchar, como principios esenciales para luchar por alcanzar las conquistas necesarias para el Pueblo Trabajador y para avanzar hacia la conquista de un orden social al revés del que nos están imponiendo.


Por un 1º de Mayo de Unidad

entre los que luchan!

Tendencia Clasista y Combativa

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