Uruguay: Destinatarios de la cólera

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

 

A medida que nos hacemos más hombres y estamos más de vuelta, van quedando, para nosotros, menos cosas y hombres respetables; pero los respetamos más.

                                                                                            

                                                                                               CARLOS VAZ FERREIRA

 

 

 

 

Allá en el Uruguay de los de los años sesenta, los jóvenes de mi generación y de mis gustos los descubrieron pronto. Fueron nuestros monjes de la adolescencia. Dieron las cartas en el terreno de la admiración y el afecto y nadie se esperaba que en la última mano nos cambiaran la baraja.

Diligentes funcionarios que se ponen de pie cuando pasa el gerente de turno que se pone de pie cuando pasa su gerente de turno que se pone de pie cuando pasa el gerente de siempre y de todos ellos en fila. Sublime escalafón en el que impera la ley del gallinero y al que se aferraron con uñas -algunos guitarrean- y dientes, porque tenemos que comer y en los manteles oficiales se migajea como dios (no te ofendas por la minúscula, oncólogo de nombre charrúa) como dios manda, decía.

Predicaban con intransigencia la revolución y para poder entrar en sociedad dejaron caer la primera letra.

Y también la papeleta rosada, pero eso es harina de otro costal - el izquierdo- y ustedes con ése no quieren saber nada y nosotros con ustedes, tampoco.

Hoy son los felpudos del poder. Se conforman con alguna sacudida esporádica que les lave la cara arrugada de ensayar sonrisitas. Miserable condecoración provinciana, maquillaje de segunda, blanqueada de brocha gorda, Espadol en la rodilla gastada.

"Es tan bueno y servicial", diría la tía vieja. "El sueño de su padre", agregaría mamá.

Miran para otro lado cuando la mano amiga- que hace rato dejó de ser compañera- revolea la misma cachiporra contra sus hermanos. Cambiaron de vereda sin darse cuenta de que el sol está del mismo lado y que el problema es el rumbo. Son la brújula del rebaño, vanguardia de la renuncia, retaguardia de la opresión.

Y son pragmáticos, razonables y maduros hasta la senilidad. De tan maduros se caen de podridos.

No, no son los de siempre; los que tuvieron a lo largo de nuestra historia su rubro asegurado en el presupuesto de la infamia.

Son fauna plumífera, humanidad desvencijada, escombros de si mismos. Moderno orgullo progresista bien afeitadito y perfumado como le gustaba a tía.

Son algunos de los otrora llamados "cantores de protesta"; son algunos de los "escritores comprometidos"; son algunos de los "intelectuales" de pacotilla que nos confirman, cada vez que vemos volar un insignificante puñadito de cenizas, que aquella metáfora les queda grande: "El alma de fuego bajo la ceniza de los años".

Sus canciones, sus libros y sus reflexiones en general, despiertan un sentimiento de nostálgico rechazo. Son ese chupete usado que a fuerza de babeo y mordiscón, en algún momento le arrebatamos a nuestros hijos y va a parar a al basurero porque a esa altura ya huele feo. Claro, tiene su lado afectivo: Es el chupete del nene; pero no es un alfajor ni un bombón. Es, lisa y llanamente, un gastado pedazo de goma en descomposición y como tal, da asco.

Esta pesada le aguantaría la mirada a Zitarrosa, a Aníbal o a Osiris si por un momento volvieran entre nosotros?

Se la aguanta a Yamandú cuando  lo cruza ahí en Montevideo?

Claro, tiene baquía a la hora de cambiar vereda.

Y a Onetti, el más grande escritor uruguayo de todos los tiempos junto con Felisberto Hernàndez?

Ellos no escribieron invocando a ninguna revolución pero a su manera, revolucionaron la escritura desde una altura estética y estilística que en nuestras comarcas rioplatenses solo puede ser comparable a la obra de Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Roberto Arlt o Leopoldo Marechal.

Hay mucho colesterol obstruyendo esas venas que a nosotros se nos antojan abiertas, mucha viga en el ojo propio más que paja en la cola del país, para no darse de cuenta de que un uruguayo bien nacido no puede ser indigno ladero de la celulosa aunque haya escrito algunos libros, y que siempre será más prolijo e higiénico un alambrador experiente que un desalambrador arrepentido.

Ustedes nos enseñaron a ser irreverentes e implacables cuando hay que serlo y cuando el torero se busca la embestida.

Que el toro te dé tu merecido, progresista infeliz, mentiroso y renegado de lo que nunca fuiste.

Vendedor de mensaje como si fuera maní a la salida del cine.

Me sueno los mocos con tus libros falsos y tus canciones fallutas.

Me queda la nostalgia de tu vieja mirada rebelde y luminosa.

Y la tristeza, claro, de tus ojos embotados, tu manito fláccida, tus cada vez menos algo más.

 

Gonzalo Solari

 

En un avión de Pisa a Lubeck despidiendo el 2010, revirado y de noche.

 

 

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