Uruguay: El cromosoma. ¿Qué crisis hay en el FA o en el PCU?.- Por Fernando Moyano

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

 

Los tres principios básicos del centralismo democrático son:

1. Papá siempre sabe lo que es lo mejor

2. Mantengámoslo dentro de la familia

3. Nunca delante de los niños

(Descripción del marxista inglés Cyril Smith)

 

ppp-uruguay.jpgHace un tiempo, mirando un informativo argentino, vi una entrevista a un dirigente peronista muy de derecha, Ruckauf, que en ese momento pertenecía a la fracción encabezada por Duhalde. En determinado momento opina sobre un tema, y el periodista le salta: "Pero Duhalde sobre ese mismo tema sostiene otra cosa". Ruckauf contesta: "Lo que pasa es que cuando en una organización política dos personas piensan exactamente lo mismo, hay una que no piensa".

Y yo pensé: "Pero ¿tiene que venir este FACHO DE MIERDA decirnos una verdad tan elemental?"

Hoy, la gran noticia política en Uruguay es que hay distintas opiniones dentro del gobierno del Frente Amplio sobre algunos temas, una opinión distinta en un sector del Frente, el Partido Comunista Uruguayo, dentro del cual a su vez hay distintas opiniones sobre cómo resolver estas diferencias con el Frente.

¡Vaya crisis! Como siempre, es asombrosa la estrechez mental de analistas, politólogos y periodistas que siguen el tema, para los cuales el gran problema es explicar por qué las cosas ocurren como deberían ocurrir. ¿Qué extraño fenómeno ha llevado a que el acontecer normal de la política sea considerado una "crisis", y por el contrario se considere lógico y deseable el "estado de excepción", el pensamiento único y la mano de yeso, la militarización del gobierno y el partido de gobierno? ¿Solo así se puede gobernar? ¿Para qué entonces hay parlamento, representación proporcional, y diversidad de opciones?

La transformación de los partidos, de herramientas de elaboración política a instrumentos de disciplinamiento político vertical para las necesidades de administración del gobierno, ¿por qué ocurrió? ¿Y por qué ahora eso se agota? Tal vez lo más asombroso de todo esto sea que en este debate se hable de "preservar la Unidad de Acción".

Pero empecemos por rastrear el fenómeno en su nacimiento.

El Frente Amplio, en gran medida, es el resultado de la estrategia social y las concepciones políticas y organizativas del viejo PCU de los 50-60: formato de "Frente Popular", planteo estratégico de alianza con un sector "progresista" de la burguesía, y rechazo de cualquier forma de lucha que se aparte de las instituciones burguesas.

El fundamento de esta estrategia es el concepto "etapista" según el cual ANTES de estar en condiciones de construir el socialismo en un país capitalista atrasado y dependiente (incluso al principio se hablaba de "semi-feudal") es necesaria una etapa de DESARROLLO CAPITALISTA NACIONAL que logre una acumulación previa de capital que sea retenida, o sea no succionada por el imperialismo. Ese concepto es el eje del programa del FA del 71.

Como hemos dicho más de una vez, ASTORI es el heredero más claro del planteo estratégico de Arismendi.

La forma política para llevar adelante esa estrategia es un FRENTE policlasista dentro del cual opera el “PARTIDO DE LA CLASE OBRERA”. Ese partido guarda para sí mismo la forma de monolitismo absoluto y unidad forzada, verticalismo, inexistencia de fracciones, "disciplina de hierro" (no era solo metáfora porque en aquellos viejos tiempos estaban los cadenazos), que es el formato MITOLÓGICO del partido obrero según el estalinismo.

En cambio en el Frente Amplio existe espacio para el "liberalismo burgués", diversidad de posiciones, debate político público, y libertad de acción. Esto es coherente con la forma política de frente "catch all" dirigida a captar "el electorado de centro", para ello era necesario que determinados sectores marcasen un perfil político diferenciado, del cual se hacía alarde. Hasta hace poco era común que los distintos sectores del Frente se moviesen en direcciones diferentes. La única restricción estatutaria es que los sectores frenteamplistas no hiciesen por su cuenta alianzas políticas con partidos políticos no frenteampistas.

Una restricción que se cumplía solamente en un sentido formal. En la reforma constitucional de 1996 que introdujo el ballotage (y retrasó en cinco años la llegada del Frente al gobierno) un sector frenteamplista que incluía a Seregni y Astori votó junto con blancos y colorados, a favor de esa reforma, y en contra de la gran mayoría del Frente.

Numerosas veces alguna minoría frenteamplista no acompañaba a la mayoría. Sarthou y Cores votaron en 1991 contra el Tratado de Asunción que crea el MERCOSUR. Nuevamente Sarthou en 1994 se despega del resto del FA votando contra la "minireforma" que terminaría siendo rechazada en las urnas. Como vemos, esto podía ocurrir con posiciones políticas muy diversas a ambas bandas de espectro.

Sería importante aprovechar la oportunidad de esta crisis, y discutir sus causas profundas, su origen y su ascendencia genética.

Ahora el PCU quiere discutir si se está aplicando o no el programa del FA. Más que discutir si se cumple o se deja de cumplir, hay que revisar los conceptos mismos de ese programa en su origen. Si acaso era posible obtener dos objetivos contradictorios y excluyentes entre sí como son defender los intereses de los trabajadores por un lado, y apostar al desarrollo del modo capitalista de producción por el otro.

El MPP quiere discutir los conceptos de disciplina. Curioso, porque quiere aplicar en el FA el concepto de disciplina vertical monolítica propio del PCU, en tanto ha sido el MPP quien usó, en los ejemplos que citamos anteriormente, el derecho a la libertad de acción en la diferencia, despegándose de la mayoría.

Es claro que algo ha cambiado, pero ¿qué y por qué?

También los gobiernos blancos y colorados en el gobierno tenían problemas para asegurarse mayorías parlamentarias en algunos casos. Cuando el Poder Ejecutivo recurría a presiones para alinear a senadores y diputados, la izquierda opinaba (con toda razón) que esas interferencias atentan contra el principio de separación de poderes.

Estas son, sin embargo, moneda corriente en el mundo, y tampoco esto es solamente metáfora. Podemos recordar el sonado caso durante el gobierno de De la Rúa en Argentina en que se buscaba imponer una reforma laboral muy resistida, y en una reunión con jefes sindicales, un ministro, refiriéndose a los métodos que usaría para impulsar la ley, dice una frase que se haría famosa: "Bueno, para los senadores tengo la BANELCO".

Las cosas son diferentes en el pobre Uruguay donde no hay rubros para la compra directa de votos. La "no-banelco charrúa" trabaja "por la negativa".

Fue la llegada al gobierno lo que cambió las reglas en FA e introdujo la disciplina forzada.

El método de Tabaré Vázquez fue recurrir al reparto jerárquico completo. Todos los cabezas de lista de cada uno de los sectores quedaban con algún ministerio, y se repartía con cierta proporcionalidad a la fuerza de cada uno. A partir de los jefes se aseguraba la fidelidad de cada sector. Desde ese nivel top hacia abajo se comprometían los aparatos. La estrechez de la mayoría parlamentaria forzaba la participación de todos.

Era un método seguro, pero absolutamente rígido. Funcionaba solamente en un gobierno que marchaba en cámara lenta, hacía lo menos posible y dejaba lo más "para el próximo período".

Mujica tuvo que hacer algunos cambios para meter el acelerador. Repartir por áreas (la economía a la gente de Astori, la política para el núcleo duro de los ex-guerrilleros, las áreas secundarias para los demás), entrecruzar las jerarquías (ministro de uno, subsecretario de otro), y aunque se respeta la distribución entre los sectores se ponen técnicos sectorizados pero de importancia política menor en vez de los primeros jefes, así es más fácil removerlos sin romper el equilibrio.

Ahora se propone que el Frente "deje de ser una coalición", en el sentido de pasar a ser un partido centralizado y vertical. En realidad, el Frente ya hace mucho tiempo que ha dejado de ser un frente en el sentido estricto y es un partido plural pero unificado. Los sectores conservan un cierto grado de autonomía cada vez más pequeño, pero en los hechos han perdido la libertad de abandonar la estructura común, porque el costo político es tan alto que no sobrevivirían, como le pasó a "la 99" de Batalla.

La nueva propuesta, entonces, es pasar de partido plural a partido centralizado y vertical, un partido tipo "PC". Y quien hace la propuesta, entre otros, es el MPP, una organización de tradición "movimientista" e inorgánica, tipo olla de grillos. Y el PCU de la tradición de la "dictadura del proletariado" y partido único es el apela a los instrumentos del liberalismo político.

La Unidad de Acción, a su vez, es todo lo contrario. Es el acuerdo político entre organizaciones que conservan cada una su autonomía y no se subordinan a ninguna dirección común. Se ponen de acuerdo en trabajar juntas EN AQUELLO EN QUE COINCIDEN y no se obligan más que a eso. Por eso se llama así.

Hace unos días Esteban Valenti publicó en Bitácora un artículo llamado "El marxismo-leninismo, grave enfermedad del socialismo". Daría para una nota aparte, entre otras cosas atribuye la teoría del "partido único" al libro de Lenin "El estado y la revolución", lo que confirma lo que ya sabíamos, que los que "estudiaron marxismo" en las escuelas de la UJC nunca leyeron esos libros.

Lo mismo pasa ahora cuando otros discípulos de esas escuelas hablan de Unidad de Acción, hay tanto conocimiento en un caso como en el otro. Ese concepto fue usado por los bolcheviques para proponer formas flexibles de trabajo común sobre temas específicos entre los comunistas europeos y los socialdemócratas cuando NO SE PODÍA establecer un frente común, debido a diferencias estratégicas.

Aún si tomásemos esta idea en un sentido más amplio, está claro que se trata de "cerrar filas frente al enemigo", dejar de lado diferencias que pueden considerarse no fundamentales para unir fuerzas y evitar una derrota.

Ese sería el caso, por ejemplo, de la ley interpretativa con que se quería hacer caer la ley de caducidad. La apelación a la unidad sería dejar de lado las objeciones de método y unirse en torno al objetivo común para evitar otra derrota política. En ese caso se necesitaban 50 votos en Diputados, había una resolución orgánica y una disciplina partidaria. Semproni no la acató e hizo fracasar el proyecto.

Sin embargo, toda la discusión actual sobre los conceptos de disciplina partidaria no se desencadena por ese caso sino por la aprobación de la ley de participación público-privada que permite “joint ventures” entre empresas capitalistas y el Estado también capitalista. En este caso el PCU no acompañó la votación, y todo el cabildeo y el drama eran para encontrar la forma de que no votase en contra.

Lo primero que salta a la vista es lo desenfocada que está la discusión del tema de fondo. Las objeciones contra esa ley están en la posible enajenación del patrimonio estatal, un defecto que no tiene o no necesariamente tiene, mientras que se pasa por alto el verdadero problema, la subordinación de la inversión pública a la rentabilidad capitalista. Y en esta forma de objetar la ley coinciden, con diferencias de matiz, tanto el PCU como buena parte de la izquierda extrafrentista.

Preguntamos: ¿Serían mejor las cosas si el Estado realizase por su cuenta y en base a la propiedad pública toda la inversión en infraestructura para asegurar así el espacio económico capitalista en que las empresas privadas puedan obtener su rentabilidad? Eso es lo que hizo el Estado del Uruguay batllista, y lo hizo porque dada la debilidad del capital nacional privado y la limitada inversión extranjera que se podía captar en aquellas condiciones, era el Estado quien debía rellenar ese espacio vacío.

Hoy las cosas son al revés, el Estado busca rellenar el vacío de inversión que no puede asumir (por el peso de la deuda externa, y porque se niega a poner más impuestos al capital) con el aporte de la inversión privada; para ello necesita asegurarle la ganancia al capital, y también la posibilidad de repatriar las ganancias cuando son capitales extranjeros. Pero no nos resulta defendible la idea de volver hoy al planteo batllista, porque incluso dentro de los límites reformistas del desarrollismo capitalista las condiciones actuales de la dependencia son muchos más duras y no dejan espacio para una reproducción ampliada capitalista a escala nacional, como en los años del batllismo.

La inversión extranjera directa no le deja nada al país y no impulsa el desarrollo. Tampoco lo hará este tipo de joint ventures desparejas en que el Estado corre con los riesgos y los capitalistas privados con las ganancias. Pero el gobierno debe abrirse a estas inversiones porque necesita ser aceptado en el mercado financiero para emitir títulos de deuda pública, y necesita emitirlos para poder continuar con la calesita con la deuda externa, y necesita seguir en esa calesita porque no tiene otra forma de pagar el servicio de la deuda.

Por eso insistimos: más que discutir si se aplica o no el programa original del Frente, una especie de batllismo mejorado y reivindicar ESO, deberíamos ver si ese programa ES APLICABLE y a donde conduce.

Aunque este problema de fondo es crucial, no tenemos espacio para desarrollarlo aquí. Preferimos agotar primero el tema que trajo esta tormenta en un vaso de agua: la disciplina partidaria.

Hay una diferencia muy clara entre el caso de la ley de caducidad y la de participación público-privada. El voto del PCU no era necesario para hacer aprobar el proyecto del Ejecutivo. Que un sector minoritario no se alinease con el resto del Frente no tenía la consecuencia de una derrota frente a la oposición de blancos y colorados, porque estos estaban de acuerdo con el gobierno y votaban afirmativamente la ley. Es absurdo decir que el gobierno no puede gobernar por esa disidencia dentro del Frente, porque el gobierno cuenta igual con mayoría parlamentaria. La libertad de acción de los disidentes no es un obstáculo.

¿Por qué entonces se soslaya el caso en que el “desacato” es realmente un problema, y en cambio se hace todo un drama en el caso en que esto no tiene ninguna consecuencia?

La respuesta es evidente. Lo que importa a la cúpula frentista no es la realidad sino la APARIENCIA, no la política real sino el RITO, el ESPECTÁCULO. Lo que importa no son las consecuencias de las diferencias en términos de resultados, sino de REPRESENTACIÓN. El registro SIMBÓLICO es lo importante.

Pero ¿qué es lo que hace que LA REPRESENTACIÓN RITUAL DE LA UNIDAD pase a ser más importante que la unidad EFECTIVA Y PRAGMÁTICA? Porque es evidente que la votación disidente del PCU no tiene en este caso consecuencias EFECTIVAS, lo que importan entonces son sus consecuencias RITUALES, SIMBÓLICAS.

Lo que evidencia ese sobre-dimensionamiento de la REPRESENTACIÓN DE LA UNIDAD por encima de las consecuencias efectivas y prácticas de la unidad, es la necesidad de despojar a estos temas de su significado político, transformarlos en asuntos no políticos, puramente instrumentales, como quien discutiese el cambio de hora oficial al llegar el verano.

Vamos a aprobar un régimen de participación público-privado. Pero eso no es un tema político o ideológico sino solamente instrumental, y la prueba es que todos están de acuerdo, aún teniendo orientaciones políticas e ideológicas diferentes”.

La unanimidad es necesaria no para alcanzar una mayoría, sino para DESIDEOLOGIZAR el tema, ocultar su significación. En otras palabras, para CONTRABANDEARLO. Y el que abre la boca imprudentemente justo al momento de pasar por la aduana, es un delator.

Los gobiernos burgueses como los de blancos y colorados, aplican un programa neoliberal pero lo dicen abiertamente, asumen que son neoliberales. Si necesitan una mayoría parlamentaria buscan obtenerla, y recurren a todo tipo de medidas. Llegado el caso, como el gobierno de De La Rúa en Argentina, pueden usar “la BANELCO”.

Pero cuando tienen los votos necesarios, no pierden el sueño porque alguno esté en contra. Todo lo contrario, permiten la libertad de expresión de todas las minorías, y las escuchan democráticamente como quien oye llover, y hasta las muestran para que todos vean qué tanta libertad hay. Todo eso mientras esa libertad de las minorías no les impida gobernar y llevar adelante su programa.

Para los gobiernos socialdemócratas o estalinistas en cambio lo más importante no es hacer, sino que no se vea lo que hacen. EL enemigo a conjurar no es la oposición burguesa, porque con ella se han puesto de acuerdo, sino la aparición de una posible oposición dentro de la clase trabajadora.

Aunque aquí no se llegue a fusilar a los disidentes ni a hacerles firmar falsas confesiones, la esencia del problema es la misma.

No se trata entonces de la Unidad de Acción, sino de la UNIDAD DE FICCIÓN. En eso consiste la disciplina que le resulta imperiosa al gobierno del Frente Amplio.

La paradoja es que para atacar este "desacato a la disciplina" por parte del PCU (sin trascendencia y meramente simbólico, además) se recurre al concepto de disciplina del PCU. Este es un signo de la DECADENCIA de la hegemonía ideológica de la cúpula frentista, mientras más problemática pasa a ser hegemonía ideológica más imperiosa es la disciplina forzada.

Estábamos dando forma final a esta nota cuando la noticia es que la Mesa Política del Frente “ratifica la vigencia del compromiso político de 1971”. No hay sorpresas. Se trata de un ACTO RITUAL con el que se quiere exorcizar el peligro. No resuelve ninguno de los temas.

Sin embargo, ya se puede ver como vienen las cosas. La postergación el Plenario estuvo dictada por la necesidad de lograr un acuerdo previo en la MP y de esa manera acotar la discusión y disciplinar al propio Plenario. No se podía arriesgar una discusión abierta.

Es el viejo procedimiento del “centralismo democrático”. El Buró Político resuelve una posición única, los miembros que tengan diferencias deberán alinearse junto a la mayoría ante el Comité Central, que resolverá a su vez una posición única, y los que discrepen deberán ocultarlo a su vez ante el Congreso, que tendrá que resolver una posición única, y los delegados la trasladarán en forma unánime a los organismos de base, que resolverán todos lo mismo y presentarán un frente único ante toda la población.

Esta vez, difícil que el chancho chifle.

 

FERNANDO MOYANO

Caricatura Gervasio Umpierrez

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