Uruguay: Impunidad. Un balance desapasionado también es necesario. Por Fernando Moyano

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

Justicia ya

Decía el gran maestro de ajedrez Tartakower que TÁCTICA es saber lo que hay que hacer cuando hay algo para hacer, y ESTRATEGIA es saber lo que hay que hacer cuando no hay nada para hacer.


Recapitulando sobre la lucha en curso contra la impunidad y las batallas libradas me parece que un balance es necesario. Debería implicar una discusión amplia y a fondo. Quiero señalar tres cosas.

1. La mezquindad, vacilaciones y tardanzas de todos los sectores del Frente Amplio han sido extremas y despiertan la justa indignación de todos los que deseamos verdad y justicia. Los resultados no solo han demorado hasta el límite, siguen además siendo incompletos.

2. Pese a todo, no se puede desconocer el hecho fundamental: La ley de impunidad ha caído, aunque reste aun terminar con la impunidad real en sí misma que está y estuvo siempre más allá de la ley. 

3. Este triunfo ES NUESTRO. Fue el pueblo uruguayo el que lo consiguió. Y el jalón más importante de esta lucha ha sido el plebiscito de octubre de 2009

Por eso en primer lugar quiero reivindicar la herramienta plebiscitaria. 

Se ha argumentado largamente, y hoy lo repite hasta el presidente de la Suprema Corte de Justicia, que los plebiscitos no pueden desconocer los derechos humanos. Ese es el concepto correcto, y no que los derechos humanos no se puedan plebiscitar, lo es distinto e iría contra la experiencia histórica y contra la lógica. 
La idea de que hay leyes no escritas contra las cuales no puede ir tampoco la voluntad general nos viene desde Aristóteles y un poco antes, las agraphoi nomoi de Antígona, "no tienes ... el poder de transgredir los decretos divinos que nunca fueron escritos y que son inmutables". Y aunque Ari tendría algún boletín atrasado en el siglo XXI su idea general tiene plena vigencia. 

Estamos plenamente de acuerdo con ella, o sea: tampoco una mayoría ciudadana puede anular los derechos básicos del ser humano. Pero eso no tiene nada que ver con el tema de si recurrir o no a la herramienta plebiscito.

Las Naciones Unidas definieron en 1970 los delitos de lesa humanidad, y desde entonces los Estados están obligados a perseguir y castigar esos delitos. 

Pues bien, yo, que impulsé en dos ocasiones sendos plebiscitos para anular la ley de caducidad, no considero haber violado ninguna resolución de Naciones Unidas ni haber vulnerado principios básicos sobre derechos humanos ni leyes no escritas.
 
Esa resolución de Naciones Unidas obliga A LOS ESTADOS  A PERSEGUIR LOS DELITOS. Nosotros, los ciudadanos de a pie, cuando el Estado no lo hace, cuando viola los derechos humanos y ampara a los delincuentes, cuando los llamados representes son cómplices por acción u omisión, tenemos pleno derecho a recurrir a una herramienta política de "a todos, a todos, a todos" como es entre otras la herramienta plebiscitaria. 

Bueno sería que además de desconocer el derecho a la verdad y la justicia se nos negase también -Y EN NOMBRE DE LOS DERECHOS HUMANOS- el derecho a recurrir a la decisión de la gente...
 
También se ha objetado ese uso del plebiscito desde el punto de vista TÁCTICO: porque si llegamos a perder...
  
Son dos argumentos muy diferentes y en realidad el primero, si se aplica a rajatabla, invalida al segundo.

La objeción táctica de que un camino conduciría a la derrota, es válida y tiene pleno sentido pero solo si al mismo tiempo se propone un camino alternativo que conduzca o pueda conducir a la victoria. De otra manera NO ES UN PLANTEO TÁCTICO, sería solamente la actitud pusilánime de pretender una lucha sin riesgos.
 
Hoy, a la luz de los hechos, cuando tanto se dijo sobre el riesgo de perder el plebiscito de 2009 agregando tanta previsión de que eso significaría un entierro irrecuperable de la lucha contra la impunidad o brindar una excusa para mantenerla, debemos decir claramente que ese temor no estaba justificado. 
 
En ambos casos, 1986-1989 y 2007-2009, ante el obstáculo sin remover de la ley de impunidad, ante la inoperancia de todos los otros caminos, y porque aún HABÍA ALGO PARA HACER, lo hicimos.
 
Táctica es saber cómo usar los recursos que se tienen en una situación dada haciendo el mayor esfuerzo posible para obtener una victoria. Y decimos los recursos que se tienen, aquello de lo que se puede disponer y mandar efectivamente al combate hoy y aquí, porque no estamos hablando de los recursos con que soñamos contar algún día.
 
En eso está precisamente el "gran descubrimiento" de Tabaré Vázquez, su contribución a la ciencia de la guerra y la estrategia que deja pálidos a Clausewiitz y Sun Tzu: No se puede mandar a la guerra una fuerza que no se tiene.
  
Por eso en 2007 como en 1986 fuimos a lucha con el recurso que teníamos. En ambos casos dimos la mejor pelea que podíamos dar.

En 1986 no había otra. Era eso o quedarse mirando. Reivindicar la pureza de principios quizá conformase a los moralistas.

Aquél fue tal vez el hito más importante y la movilización más generalizada -después de la Huelga General de 1973 contra el golpe militar- en la lucha política del pueblo uruguayo de los últimos años, por su alcance, penetración, duración, inclusión de la juventud, estilo de auto-organización, escuela de militancia, y aprovechamiento de la cultura democrática uruguaya como herramienta de trabajo de masas.

Cuando el Frente llegó al gobierno y su cúpula se comprometió a mantener la impunidad, hubo que buscar también un camino. La lucha por verdad y justicia continuaba, pero tenía nuevos obstáculos. Estaba el disciplinamiento vertical contra toda disidencia que se instaló en esa fuerza política, pero también el voto de confianza que le dieron en un primer momento amplios sectores de la población.

Es así que la alternativa tardó bastante en germinar e ir madurando, y tomó, como ocurre muchas veces en los procesos sociales de gran componente espontáneo y dirección débil, una semejanza con su principal precedente. Así comenzó en 2007 la propuesta de anular la ley de caducidad por un nuevo plebiscito. De a poco, esa alternativa comenzó a arrastrar a la militancia frenteamplista, parte de sus mandos medios y algunos sectores. Que hubiese allí varios intereses políticos menores, es simplemente la realidad de la vida.

Remontando todos esos obstáculos, la iniciativa plebiscitaria continuó adelante A PESAR de la gran resistencia que le opuso la cúpula frentista. Estaba allí mezclada también la "rebelión posible" de algunos sectores intermedios y vacilantes.

También a ese respecto podríamos discutir mucho sobre táctica y estrategia. Solo quiero recordar algo que decía Mao. Tenemos que consolidar las fuerzas propias, ganarnos a los sectores intermedios y vacilantes, y aislar al enemigo. Y lo que no hay que hacer -infiero yo- es facilitarle las cosas al enemigo, ahuyentar a los intermedios y vacilantes, y aislarnos nosotros.

Fue en esas condiciones que dimos la pelea. No pudimos obtener una victoria inmediata, el voto rosado no alcanzó. Pero tampoco estuvo tan mal la cosa como para que nos hiciesen desaparecer del mapa. Ganamos un terreno más que suficiente para una nueva ofensiva, como los hechos siguientes lo comprobaron.
 
Un terreno que no se podría haber ganado de ninguna otra manera. 

La presión por verdad y justicia, pese a todo, no pudo ser totalmente bloqueada. Porque una parte de la estructura política del Frente, sus bases, parte de sus mandos medios y sectores, ya se había visto involucrada en la lucha contra la impunidad a partir del plebiscito del 2007-2009.  O bien lo impulsaron, o bien se vieron arrastrados a la lucha sin poder evitarlo. 

Pero mucho más importante aun es que ese plebiscito había sido una oportunidad de "unidad de acción por la base" de militantes frenteamplistas y no frenteamplistas. Una oportunidad que podría haberse aprovechado MUCHO MÁS Y MEJOR de lo que se hizo.

La presidencia sigue embarcada en un pacto con los militares defendiendo abiertamente la impunidad. Al mismo tiempo el Frente tiene mayoría en el parlamento, el 90% del voto frentista fue rosado, y el 90% del voto rosado fue frentista. Esa era de hecho la situación planteada.

Casi de inmediato comienzan las señales de despegue, como el voto en blanco en mayo de 2010, o la multitudinaria marcha del 20 de mayo de 2011 luego del "sempronazo". Eso, lo que muestra, es el despliegue de las contradicciones que señalamos.

La ley que ahora se votó surge de esa situación contradictoria. Es el resultado de la presión social sobre las instituciones, y de la presión política de la opinión pública frenteamplista sobre el Frente mismo. Una presión que podría haberse diluido, pero el plebiscito de 2009 actuó como multiplicador.

Por supuesto, dada esta situación contradictoria los resultados son más pobres de los que hubiésemos deseado. Pero -justo es decirlo- en todo este último período la izquierda extra-frentista no estuvo ni de cerca a la altura de las circunstancias. A la hora de evaluar resultados también corresponde preguntarnos: ¿y dónde estábamos cuando más nos necesitaban?

Por ejemplo: hoy hay varias objeciones sobre las insuficiencias del texto de la ley aprobada. Son muy correctas. Pero el texto constitucional propuesto en el plebiscito era mucho más sólido y contundente. Faltaron 50.000 votos para consagrarlo. ¿Se hizo en aquel momento DE NUESTRA PARTE todo esfuerzo necesario? Y si no fue así, ¿por qué?

En esta última etapa, la de la negociación palaciega frenteamplista para encontrar una solución a ese problema pendiente, el movimiento social no tenía nada para hacer. No es nuestro terreno, hubiese sido una mala estrategia ponernos de claque.

En cambio, el esfuerzo se centró en otros objetivos como la acumulación de denuncias, y varias formas de aumentar la presión social sobre la justicia y otros sectores del Estado.

Cuando "no hay nada para hacer", cuando estamos fritos y sin salida, lo primero es entender POR QUÉ hemos llegado a esa situación, cuáles son los flancos que habíamos dejado abiertos, qué es lo que no supimos hacer. Si hacemos bien ese análisis, si lo profundizamos, nos llevará también a ver los puntos débiles del enemigo, y por donde empezar el contraataque. Eso es estrategia.

Pero Tartakower también estaría de acuerdo en que ESTRATEGIA es saber lo que NO HAY QUE HACER cuando no hay nada para hacer.

Cuando la realidad nos deja sin opciones puede ser tentador descolgarse, condenar desde el punto de vista moral y quedarse allí. Es correcto e indispensable incluir la moral en la consideración política, pero la política no se agota en la moral porque la política es acción, y encontrar un camino para la acción.

Como muy bien se ha señalado, la ley aprobada ahora en el parlamento deja algunos huecos que pueden ser usados por el enemigo. Es correcto tenerlo en cuenta. Pero cuando analizamos el tablero para ver las jugadas posibles del enemigo, no es para perder sino para ganar, es para ver LAS RESPUESTAS que tenemos que dar a esas jugadas.

Tomemos ese problema tan mencionado: al no haberse anulado expresamente la ley de caducidad, la defensa de estos criminales puede aducir el beneficio de la ley más benigna y la no retroactividad de la ley penal. 

Pero al considerar esa posibilidad hay un "detalle" que no debemos olvidar. Esa presunta "ley más benigna", la ley de caducidad, es INCONSTITUCIONAL, y fue declarada inconstitucional en numerosos casos por la Suprema Corte. No es razonable suponer que ahora, con la presión social "al mango", la acumulación de denuncias y la mayor exposición del tema, la SCJ vaya a desandar el camino andado. Y en todo caso no se lo debemos permitir, y tenemos todo lo necesario para no permitirlo.

De modo que aquí el criminal puesto en jaque dirá: -Bloqueo el jaque con este alfil: la ley de caducidad. -No te hagas el vivo -diremos nosotros- ese alfil no lo tenés más, ya lo perdiste.

Lo mismo cabe sobre el argumento de la no retroactividad de la ley penal. Si se crease hoy un NUEVO delito, no se podrían castigar por eso las conductas pasadas. Pero lo que hicieron estos criminales son delitos desde que el mundo es mundo, no son cosas que se hayan inventado ahora. Lo de "delito de lesa humanidad" es una forma de CALIFICAR el delito que ya existía, no la creación de un nuevo delito.

Es muy claro que esto es así. El concepto de delito de lesa humanidad se introduce en 1945 cuando los Juicios de Nüremberg contra los jefes nazis por crímenes que se habían cometido durante la guerra. Es una forma de calificar el delito al momento de JUZGARLO.

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Hemos usado deliberadamente acá la fría metáfora del ajedrez. La reivindicación apasionada de nuestros planteos es válida y necesaria, más que nunca si hablamos de verdad y justicia. Pero la indignación por las claudicaciones, demoras, vacilaciones, incluso las traiciones, no nos pueden hacer perder de vista ¡DE QUÉ LADO ESTAMOS!!!

La lucha contra la impunidad obtuvo hoy un TRIUNFO. Ni es definitivo ni tampoco esperábamos que lo fuese. Pero una pieza cobrada es una pieza cobrada. 

Lo que más importa ahora es trabajar para que el pueblo reconozca en este triunfo SU PROPIO TRIUNFO, porque eso es lo que da sentido a su lucha. 

¡Claro que es insuficiente! Todo triunfo sobre el papel será siempre insuficiente, y todo texto legal es, a lo más, un triunfo sobre el papel. Ningún triunfo sobre el papel alcanza. Y en ese sentido toda ley SIEMPRE es una trampa, si no la llevamos a los hechos.

Este, y todo triunfo sobre el papel, servirá siempre para mostrar que un triunfo sobre el papel no alcanza. Y eso es estrategia.

Fernando Moyano

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