URUGUAY Mayo La cuarta semana (2)

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

Escribe: Enrique Cuadrado 

 

memoria.jpgLos ojos de la gente, miedos e incertidumbres

Los pueblos tienen memoria sí. En general los individuos la tienen. A veces la memoria lo retrae al último beso de la única mujer que en sus vidas verdaderamente amaron… al último plato de tallarines caseros de la vieja, cuando aún estaba viva, o a la fiesta del campeonato de fútbol, que el cuadro de sus amores, conquistó.

 

Pero la memoria también, les juega malas pasadas. Les recuerda los eventos ocurridos en los años de la dictadura, las desapariciones de amigos y familiares, la pérdida del empleo, los relatos de las madres que visitaban a sus hijos y las hijas que visitaban a sus padres.

 

El fin de la dictadura, los relatos de los sobrevivientes y el retorno de los brujos; todo eso les sigue dando mucho miedo. De que pueda volver a pasar. De que la historia pueda repetirse y mal.

Al principio en el barrio todos estaban esperanzados de que nunca mas volvería a pasar una cosa de esas, con la vuelta de la democracia.

 

Todos ellos depositaban mucha confianza en los políticos, que habían vuelto a los barrios marginales, con sus caravanas y sus discursos inflamados por la recuperación de las instituciones. La esperanza se fue apagando con el correr de los días, los meses, y los años. Los nuevos gobiernos uno atrás de otro, fueron pateando la esperanza para adelante.

 

Muchos de los vecinos se han ido a vivir en otros barrios distantes del país, o de otros países. Mucha gente acabó por no verse más. Todos viven lejos, uno del otro. En el nuevo barrio, los vecinos no se conocen entre sí. Y no hay ambiente para caceroleadas, o reuniones. Solo los niños ríen sin parar. Los grandes tienen el gesto seco y arisco de la desconfianza. Es imposible volver a parir hermandades, como antaño.

 

Los empleos han desaparecido. Los que hay… pagan 5 o 6 mil pesos mensuales, por jornadas  de 10 o 12 horas. Pero desde allí hasta el local de trabajo, el ómnibus, ida y vuelta todo el mes, sale unos 1.600 pesos.

 

Algunos han intentado movilizarse en bicicleta, pero todas las semanas aparece alguien lastimado, en el tránsito caótico de la ciudad. Y el vehículo endeble y mal señalizado, en las madrugadas y por las noches, también sufre averías difíciles de reparar, o queda prácticamente inservible.

 

La solución se limita a las changas cuando aparece alguna, o ir a la feria a vender los pocos trapos de los gurises que han crecido y ya no los van a poder usar más.

 

Algo insólito, porque los gobernantes les habían prometido el oro y el moro; y cada vez están peor. Sin fuerzas para reaccionar y arrinconados por el poder de turno, que solo habla de los bajísimos índices del desempleo, de las fabulosas cifras que alcanzaba la economía y del paisito que marca su presencia en el primer mundo….

 

Apenas los ojos de los hombres y de las mujeres, delatan el miedo de lo que podría pasar con ellos, vestidos con sus ropas gastadas, humillados por otros pobres de uniforme, que invaden sus viviendas quebrando todo a su paso para comprobar su pobreza total y eliminar la posibilidad de ventas de productos prohibidos, o cualquier atisbo de informalidad.

 

Confundidos con acontecimientos no deseados, prefieren refugiarse en la memoria, sin expresarla abiertamente. Sus ojos, son la única pista que permite ver, la miseria infinita en que están sumergidos.

Algunos, ya empezaron a sospechar que las pesadillas del pasado no han terminado aún.

 

Una buena parte de la población está despertando, y llegando a la conclusión que se les fue la vida, acreditando en el cuento del tío contado por los políticos. A algunos les molesta escuchar hablar de democracia, o en democracia. Ya que  quienes llenan con sus nombres, las listas de votación cada 5 años, resultan ser los menos proclives a practicarla.

 

Los más veteranos recuerdan las reuniones en el sindicato, donde los activistas insistían en la lucha de clases. Una herramienta que las clases más humildes y desprotegidas han perdido, ante el avance de amortiguadores,  como las religiones alternativas, el deporte, la timba, y la televisión.

 

Parte de ese pan y circo cotidiano que los gobiernos colocan al alcance de los individuos, nunca mas ciudadanos; apenas contribuyentes, para que eviten sacar cuentas y se enteren de que les cuesta el equivalente a u$s 1,50, viajar de pie, los veintitrés  quilómetros, entre Solymar y el centro de Montevideo.

 

Y si cualquier día de estos, los pronósticos de los aprendices de brujo, no se cumplen… la inflación se dispara sin control, y el dólar se va al espacio… ¿Qué va a pasar?

 

Yo no lo sé; pero sospecho que algunas figuras cercanas al gobierno van a recibir información privilegiada y anticipada, para engordar un poco más el colchón.

 

Los pobres y humildes que son los que votan y eligen; que sobreviven en los barrios marginales, en los portales de los comercios del centro, en plazas, asentamientos “irregulares”, en predios abandonados… o en las acomodaciones que la elite pequeño-burguesa provee para hospedarlos… quien sabe puedan olvidar los nombres de los políticos que novan a durar para siempre y se animen a retomar la lucha de clases, como herencia para las generaciones venideras.

 

Seria un buen recomienzo!

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