Uruguay: Misiones sociopedagógicas: páginas de lucha

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

 

EN MEMORIA DE JULIO CASTRO

Misiones sociopedagógicas: páginas de lucha

 

Gonzalo Abella

 

Julio-Castro.jpgEL INTELECTUAL revolucionario debe ser consecuente y sembrar su conocimiento al pueblo en los espacios que el pueblo ya tiene. No puede esperar en su terreno que el pueblo lo visite, al pueblo debe ir. Y debe hacerlo ante todo para sí mismo, por dos razones: primero, porque su saber es incompleto sin la luz popular, y segundo porque como dijo cierta vez Aníbal Ponce, "cuando la cultura se disfruta como un privilegio la cultura envilece igual que el oro".

Neruda no fue quizás en su vida personal un ejemplo de austeridad; pero le cantó a su Partido Comunista: "me has dado la fraternidad/ hacia quien no conozco; /me enseñaste a dormir/ en la cama dura de mis hermanos" y concluye. "me hiciste indestructible/ porque contigo no termino en mí mismo".

En su tiempo Pancho Villa repartió tierras y sembró escuelas para campesinos. Y entonces él, que no sabía leer, convocó a los intelectuales mexicanos a una nueva misión: la misión pedagógica.

Había una vieja memoria atrás del término "misión". Las Misiones jesuíticas en el siglo XVII habían sido evangelizadoras, pero en el recuerdo de los pueblos había quedado su relación con las comunidades, ese contacto que había cambiado la cabeza de muchos jesuitas, pues les había obligado a una relectura crítica de su propia doctrina.

Por eso el nombre "misiones" parecía adecuado para el nuevo tránsito de saberes entre el portador de un conocimiento académico y los que tenían hambre de él, los cuales a su vez poseían otros conocimientos, tradicionales y populares, igualmente imprescindibles.

El "intelectual al campo" se repitió en todos los laboratorios sociales del siglo XX. En la URSS del primer Plan Quinquenal, el Poder Soviético seleccionó a 25000 obreros voluntarios alfabetizados para que se desperdigaran por las vastas estepas ucranianas y por las aldeas rusas y bielorrusas, uno por aldea, para ayudar en la lucha de clases de los campesinos pobres (mujiks) contar los terratenientes (kulaks). El pedagogo soviético Makárenko también vio en las colonias agrícolas la célula de la nueva educación.

En la República Española de 1936 las Misiones Sociopedagógicas fueron el arma política más eficaz para lograr que las aldeas resistieran la manipulación del clero reaccionario que apoyaba el golpe fascista de Franco. Allí donde no pudieron organizarse las misiones, el espontaneísmo anarquista (saqueando iglesias y asesinando religiosos, incluso los más queridos y respetados) favoreció la contrarrevolución.

La campaña de alfabetización de Cuba en 1961 tomó el modelo de las misiones sociopedagógicas; el "brigadista" alfabetizador era sin duda la continuación histórica de aquellos obreros soviéticos ("los 25000") de la década de los 20. La "revolución cultural" en China en los sesenta lo planteó con los "médicos descalzos" brutalmente reprimidos por los derechistas que luego tomaron el poder. En 1951 en Pázcuaro (Michoacán, México) había nacido el Centro Regional para la Educación Fundamental en América Latina (CREFAL). Era un proyecto de las Naciones Unidas y de su programas UNESCO y FAO para impulsar la alfabetización continental. Por unos años en la CREFAL los tecnócratas fueron desplazados por los intelectuales revolucionarios, entre los cuales estaba el uruguayo Julio Castro. La experiencia mexicana fue fermental para todo el Continente.

El maestro Ruben Lena, autor de tantas letras que cantaron después Los Olimareños, contaba que fue en México donde entendió la necesidad revolucionaria de recuperar el cancionero popular oriental. Pero fue otro maestro uruguayo de origen barcelonés, Miguel Soler, el que aplicó más profundamente las enseñanzas de CREFAL y las tradiciones revolucionarias pedagógicas en suelo oriental. Él siempre se sintió alumno de Julio Castro.

Julio Castro había iniciado las Misiones Socio pedagógicas en nuestro suelo, en Tacuarembó. Fue el tiempo en que escribió su libro "La mesa fija y el banco colectivo", analizando las nuevas tendencias participativas en Educación. Miguel Soler emprendió las Misiones Sociopedagógicas en la década de los cincuenta en la frontera de Cerro Largo con el Brasil. En los caseríos de La Mina y Centurión se emprendió un trabajo sociopedagógico integral.

En torno a un puñado de maestros rurales con enorme mística se congregaron médicos, odontólogos, nurses, asistentes sociales, profesionales de otras áreas y las comunidades en pleno que vivieron la fiesta de la esperanza recuperada. El gobierno neo batllista de la época, en pleno viraje neoliberal, al principio vio con agrado los impactos pedagógicos de las Misiones. No estaba mal tener mano de obra calificada en el interior rural.

Los proyectos agroindustriales abaratarían así los costos de inversión contando con mano de obra ya calificada. Pero la crisis neobatllista coincidió con un nuevo rasgo de las Misiones Sociopedagógicas en la frontera: su aporte a la toma de conciencia social de los pobres del campo. El gobierno del Partido Nacional que subió en 1959 decidió desmantelar las Misiones Sociopedagógicas.

Traidores a Leandro Gómez y a Saravia, los grandes estancieros cuyos intereses representaban no querían mano de obra calificada; querían peones que no pensaran, que fueran manipulables. Para desmantelar las Misiones Sociopedagógicas no dieron un golpe de estado: simplemente aplicaron reglamentos administrativos batllistas, pensados para la educación urbana, que hicieron impracticable el proyecto sociopedagógico integral. El extenso texto de la renuncia de Miguel Soler al proyecto fue un alegato impactante contra el latifundio y contra el poder burgués y su burocracia educativa. Miguel Soler volvió a su Barcelona natal, y los veteranos de La Mina y Centurión formaron el Instituto Cooperativo de Educación Rural (ICER).

Elena Quinteros, Carlitos Chassale, Gustavo Inzaurralde, Sara Méndez, fueron los nuevos maestros que surgieron convocados por esa memoria y encabezaron las luchas gremiales de los sesenta y setenta. Nada fue en vano. El Dr. Felipe Cantera participó en las misiones socio pedagógicas y según él mismo decía, le cambiaron la cabeza. En los sesenta escribió un libro ("Hacia los otros") que fue prohibido por la dictadura en 1973. El Dr. Felipe Cantera ya falleció. Miguel Soler, ya muy veterano, sigue manteniendo su dedo acusador contra todo lo mal hecho en el país, y proclamándose alumno de Julio Castro, en nombre del cual sigue demandando verdad y justicia. Un sobrino nieto del Dr. Cantera es uno de los luchadores mas abnegados contra la megaminería de Aratirí. La siembra de las misiones sigue su curso.

Gonzalo Abella.

* Profesor, investigador, integrante del Coordinador Nacional de la Asamblea Popular

Tomado de

Diario La Juventud - Ates y Sublevada

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