Uruguay: Universindo Rodríguez Díaz sobrevivió a dos dictaduras y ahora lucha por su vida.

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

DSC03534.JPGEl historiador y activista político uruguayo Universindo Rodríguez Díaz  (o Yano Rodríguez) de 60 años, secuestrado en Porto Alegre por la 'Operación Cóndor' en noviembre de 1978, sobrevivió a dos dictaduras y las torturas severas en Brasil y Uruguay y ahora se enfrenta a su pelea más dura de por vida.

 

El martes, 3, Universindo fue trasladado de urgencia a un hospital en Montevideo, donde vive con dolor crónico de espalda. El examen inicial reveló que sufre de un avanzado estado de mieloma múltiple, un cáncer incurable y agresivo que se desarrolla en la médula ósea, dando lugar a un crecimiento descontrolado de glóbulos blancos de la sangre, rompiendo el sistema inmunológico, sometiendo al paciente a un fuerte dolor en los huesos y comprometiendo seriamente  el funcionamiento de los riñones. Los médicos comenzaron una diálisis de emergencia, tratando de estabilizar al paciente para iniciar la quimioterapia y la radiación.

 

El sábado, el estado de Universindo se ha deteriorado, con complicaciones respiratorias y neurológicas. El corazón se afectó ante el aumento de la viscosidad de la sangre que afecta a todo el sistema circulatorio. Fue trasladado a la UCI,  unidad de cuidados intensivos, donde respira con la ayuda de máquinas. El mieloma múltiple es una enfermedad traicionera, asintomática, lo que requiere un diagnóstico previo al tratamiento para dar tiempo a la práctica, que comienza con la quimioterapia y corticoides y termina, en casos extremos, con el  trasplante de médula ósea. En los casos detectados en etapas tempranas, la supervivencia llega a cinco años y no más de dos años para los pacientes más avanzados.

 

La aparición de la enfermedad en  Universindo  es fulminante no permitiendo, establecer plazos, en el  tratamiento  oncológico. Es una rara enfermedad que ataca a sólo cinco de cada 100 000 habitantes. Se trata de una enfermedad de los ancianos y menos del 10% de los pacientes no han llegado a los 50 años de vida. El cuerpo debilitado  de  Universindo está en este grupo de riesgo, entre otras razones, porque  lleva las marcas de su dura lucha para sobrevivir a la violencia de "años de plomo" de la década de 1970 en el Cono Sur de sangrientas del continente.

 

Fue secuestrado a los 27 años en 1978 en Porto Alegre con Lilián Celiberti (29 años) y sus dos hijos, Camilo (8 años) y Francesca (3). El  secuestro se realizó como  una misión binacional de la 'Operación Cóndor' clandestina, con militares uruguayos que actuaron ilegalmente en Río Grande do Sul, con la cobertura y la complicidad del DOPS, la policía política del régimen, de  la capital del estado liderada por el delegado Pedro Seelig, el nombre más importante  de la represión en el sur, conocido como el "Fleury de las Pampas" - una referencia a su amigo Sergio Fleury, delegado del DOPS Paulista, involucrado en el "Escuadrón de la Muerte" y la tortura de presos políticos en Sao Paulo y Río de Janeiro .

 

Detenido  personalmente por Seelig y su equipo  en la calle Botafogo del barrio Menino Deus en la tarde del domingo, 12 de noviembre, Universindo comenzó a recibir allí mismo, en la sala, la dureza de la violencia, encienden un televisor para ahogar el ruido seco de los golpes  que recibe, sentado en una silla, esposado detrás. Le dieron  muchos golpes en el estómago y golpes en la cabeza causados, sobre por un hombre fuerte, negro, de mano dura.

 

El agresor y la víctima no lo sabía, en ese momento, pero había al menos una cosa en común: la pasión por el  Internacional de Porto Alegre, Universindo se había convertido en fana, torcedor del equipo de camisa  Colorada tan  pronto como llegó a Porto Alegre, meses antes, y el que lo golpeaba era el ex centro delantero del Inter  “Didi Pedalada” , ahora con la camiseta de Barra Brava  del equipo duro del torturador Seelig, otro famoso hincha  Colorado,  del Inter, que alardeaba  de la frecuencia  y facilidad para entrar a los  vestuarios del Veira-Rio y se jactó de su amistad con el crack del equipo, el centrocampista Paulo Roberto Falcao. Las afinidades futbolísticas no aliviaron las  penurias  de Universindo Encapuchado fue llevado a la sede de la DOPS en el segundo piso del "Palacio de la Policía",  donde funcionaba la Secretaria de Seguridad en la avenida Pirangaa, el uruguayo cruzó las puertas del infierno.

 

Sin capucha, todavía esposado, fue golpeado por varios hombres, bajo el mando de Seelig.

Uno de los más esforzado golpeador fue su compatriota, el capitán del Ejército Uruguayo Glauco Danone, quien antes siendo teniente primero, asistió a la curso de  inteligencia y tortura de la tristemente célebre Escuela de las Américas - el centro militar de EE.UU. en el Canal de Panamá, donde en tres décadas, pasaron  cerca de  60 000 oficiales de los ejércitos de América Latina para  aprender las técnicas de insurrección  que  los llevó al poder por la fuerza y el terror de Estado, derrocando gobiernos civiles y democráticos  a través de los golpes en los años febriles 60 y 70 del siglo pasado. De estos “alumnos” soldados, 8.659  eran brasileños, y 2.806 uruguayos.

 

Universindo fue uno de los que más que han sufrido esta violencia know-how siniestra de la dictadura. Se le retiró las esposas en DOPS y las manos atadas a los tobillos. Se le  pasó  una barra de hierro entre las manijas atadas y la rodilla doblada y colgada a 50 cm del suelo. Al revés,  cabeza abajo  Universindo parecía un pollo asado, lo que demuestra  en  la tortura en el cuerpo de una invención genuinamente brasileña: el palo-a-rack, (o pau-de-arara) una práctica muy extendida de  aquí para todos los centros de tortura de la región. La posición invertida simple, ya  causa entumecimiento filtrándose a través de las arterias y las venas de las manos y los pies, la sangre pobre que se acumula en la cabeza en el suelo.

 

El dolor que  recuerda hoy  Universindo es insoportable, incomprensible, intangible.

Las bestias que comandaban  las  sesiones de picana, con  electrodos acoplados en el brazo, muñeca, pierna, oreja, un dedo. Fue una docena de conexiones directas con el dolor, amplificado por el cubo de agua vertida a la víctima, que ampliaban  el poder del choque eléctrico. Por lo tanto, colgado y golpeado, Universindo fue desde  media tarde, de su secuestro, hasta la medianoche del domingo. Bañado en  sangre, en la madrugada, pidió ir al baño, donde orinó sangre. Era una luz roja sobre el efecto de las descargas eléctricas estando amarrado al palo colgado ,con los tobillos y manos juntas atados,  cabeza abajo lo que hace que el cuerpo libere la mioglobina, una proteína que transporta el oxígeno a la circulación del músculo. Un mecanismo de defensa que dura en los riñones, provocando una insuficiencia renal aguda. En la literatura médica, esto es conocido como rabdomiolisis, el nombre científico de un síndrome causado por el daño al músculo esquelético causada por la pérdida de la mioglobina en la sangre.

 

Todavía vivo cuando salió de las cámaras de tortura de la DOPS brasileña, Universindo todavía tenía que pasar por el infierno de las prisiones militares de Uruguay. Fue torturado en la fortaleza de Santa Teresa, Chuy, un cuartel en  parte de la frontera en el extremo sur de Brasil, y luego la sede de la Compañía contra Informaciones, el DOI-CODI  uruguayo en Montevideo. La radio, protagonista otra vez aumentaba su volumen, un signo de  preparación de nuevo a  los sufrimientos  de un centro de tortura.

 

Días más tarde,  Universindo  y  su compañera  Lilian Celiberti dejan ese antro de tortura para entrar, literalmente, a El Infierno, la sede del temido d Batallón de Infantería Nº13, en la esquina de Av. de las Instrucciones y Bulevar Batlle y Ordóñez, donde fue llevada  la   pareja en la noche del 6 de diciembre - exactamente 24 días después del secuestro en  Porto Alegre  aquel domingo sangriento.

La tortura en El Infierno se prolongó hasta principios de junio de 1979. Durante gran parte del tiempo, Universindo tras la sesión de golpes siempre era  mantenido encadenado en posición fetal, lo que le causó un daño permanente en las rodillas. Incluso hoy cojea cuando camina a su trabajo en la Biblioteca Nacional, En una cámara de tortura de la dictadura, la rabdomiólisis se acompaña de convulsiones, edema, calambres, escalofríos, calambres, fiebre, insuficiencia renal y respiratoria.

En un hospital de la democracia, ahora estos son los síntomas que, casualmente o no, se escapan las fuerzas de  Universindo. Cáncer en los  huesos se debilitan sus defensas y hace más difícil luchar contra la enfermedad.

Tres décadas después de aquel  infierno que vivió, como tantos otros en tantos lugares escondidos bajo tierra acá en el  Cono Sur, este es el  tributo pagado hoy por Universindo en su  carne   el de sufrir  lo que las dictaduras imponen a todos nosotros. Sin embargo, la amplia sonrisa, la voz suave y la serenidad de la época demuestran que nada puede matar el espíritu y la integridad de las personas como la de este verdadero guerrero  Universindo Rodríguez Díaz.

Salud y fuerza, compañero!

 

Luiz Cláudio Cunha

Exclusivo para Sul21

Enviado por Marys Yic

Universindo Díaz sobreviveu a duas ditaduras e agora luta pela vida em Montevidéu

Universindo Díaz: estágio avançado de mieloma múltiplo

Luiz Cláudio Cunha
Exclusivo para Sul21

O historiador e ativista politico uruguaio Universindo Rodríguez Díaz, 60 anos, sequestrado em Porto Alegre pela ‘Operação Condor’ em novembro de 1978, sobreviveu a duas ditaduras e a duras torturas no Brasil e no Uruguai e agora enfrenta sua mais dura luta pela vida.

Na terça-feira, dia 3, Universindo foi internado às pressas num hospital de Montevidéu, onde vive, com fortes dores nas costas. Os exames iniciais revelaram que ele padece de um estágio avançado de mieloma múltiplo, um câncer agressivo e incurável que se desenvolve na medula, gerando um crescimento desordenado dos glóbulos brancos, derrubando o sistema imunológico, submetendo o paciente a dores fortes nos ossos e comprometendo gravemente os rins. Os médicos iniciaram uma diálise de emergência, tentando estabilizar o doente para iniciar a quimio e a radioterapia.

No sábado, o estado de Universindo agravou-se, com complicações respiratórias e neurológicas. O coração fraquejou, diante do aumento de viscosidade sanguínea que afeta todo o sistema circulatório. Ele foi transferido para a UTI, onde respira com a ajuda de aparelhos. O mieloma múltiplo é uma doença traiçoeira, assintomática, que exige um diagnóstico prévio para dar tempo ao tratamento de praxe, que começa com a quimioterapia e os corticoides e termina, em caso extremo, com transplante da medula óssea. Nos casos detectados nos estágios iniciais, a sobrevida chega a cinco anos e não passa de dois anos para os pacientes mais avançados. A aparição fulminante da doença em Universindo não permitiu, ainda, nem a adoção das etapas iniciais da oncologia.

Universindo: no corpo, as marcas da luta | Foto: Marlon Aseff

É uma doença rara, que ataca apenas cinco em cada 100 mil habitantes. É uma doença de idosos e menos de 10% dos pacientes não alcançaram ainda os 50 anos de vida. O organismo debilitado de Universindo entrou precocemente nesse grupo de risco, entre outras razões, porque traz no corpo as marcas de sua dura luta para sobreviver à violência dos ‘anos de chumbo’ da década de 1970 no sangrento Cone Sul do continente.

Foi sequestrado aos 27 anos em 1978 em Porto Alegre junto com Lílian Celiberti (29 anos) e seus dois filhos, Camilo (8 anos) e Francesca (3). Os sequestradores cumpriam uma missão binacional da clandestina ‘Operação Condor’, com militares uruguaios atuando ilegalmente no Rio Grande do Sul com a cobertura e cumplicidade do DOPS, a polícia política do regime, comandada na capital gaúcha pelo delegado Pedro Seelig, o nome mais importante da repressão no sul do país, conhecido como o “Fleury dos pampas” — referência ao seu amigo Sérgio Fleury, delegado do DOPS paulista, envolvido com o ‘Esquadrão da Morte’ e as torturas aos presos políticos em São Paulo e no Rio de Janeiro.

Detido pessoalmente por Seelig e sua equipe no apartamento da rua Botafogo, no bairro Menino Deus, no início da tarde de domingo, 12 de novembro, Universindo começou a apanhar ali mesmo, na sala. Ligaram a TV portátil com o som bem alto para abafar o som seco das pancadas que ele recebia, sentado em uma cadeira, algemado por trás. Levou muitos socos no estômago e pancadas na cabeça desferidas por um homem forte, negro, de mão pesada. O agressor e a vítima não sabiam, mas tinham pelo menos algo em comum: a paixão pelo Internacional. Universindo havia se tornado torcedor colorado logo que chegou a Porto Alegre, meses antes, e o batedor era o ex-centro-avante do Inter “Didi Pedalada”, agora vestindo a camiseta do time barra-pesada de Seelig, outro ilustre colorado, que frequentava os vestiários do Beira-Rio e se gabava de sua amizade com o craque do time, o meia Paulo Roberto Falcão.

Lílian e Universindo: sequestro em 1978, na Rua Botafogo

As afinidades clubísticas não aliviaram as penas de Universindo. Levado encapuzado para a sede do DOPS, no segundo andar do ‘Palácio da Polícia’, sede da Secretaria da Segurança na avenida Ipiranga, o uruguaio cruzou os portões do inferno. Sem o capuz, ainda com algemas, foi golpeado por vários homens, sob o comando de Seelig. Um dos que mais batia era um compatriota, o capitão do Exército uruguaio Glauco Yannone, que dois anos antes, ainda primeiro-tenente, frequentou o curso de inteligência e tortura da notória Escola das Américas — o centro militar americano no Canal do Panamá por onde, em três décadas, passou um exército de 60 mil oficiais dos Exércitos latino-americanos que ali aprenderam as técnicas de insurreição que os levaram ao poder, pela força e pelo terror de Estado, derrubando sucessivamente os governos civis e democráticos do continente nos febris anos 60 e 70 do século passado. Desse contingente, 8.659 eram militares brasileiros e 2.806, uruguaios.

Universindo foi mais uma das cobaias que experimentaram este sinistro know-how da violência da ditadura. Tiraram suas algemas no DOPS e ataram as mãos aos tornozelos. Passaram uma barra de ferro entre os punhos amarrados e a dobra do joelho e o penduraram, a 50 cm do chão. De cabeça para baixo, Universindo parecia um frango assado, provando no corpo o suplício de uma genuína invenção brasileira: o pau-de-arara, uma prática disseminada daqui para todos os centros de tortura da região. A simples posição invertida provoca a dormência que se infiltra pelas artérias e veias dos pés e mãos, carentes do sangue que se acumula na cabeça rente ao chão. A dor, lembra Universindo ainda hoje, é insuportável, indecifrável, intangível.

As bestas que comandavam a sessão de pancada acoplaram eletrodos no braço, no pulso, na perna, na orelha, no dedo. Era uma dezena de conexões diretas com a dor, amplificada pelo balde de água que jogavam sobre a vítima para potencializar o choque elétrico. Assim, pendurado e golpeado, Universindo ficou do meio da tarde até quase meia-noite daquele domingo. Banhado em sangue, na madrugada, ele conseguiu ir ao banheiro, onde urinou sangue. Era o sinal vermelho do efeito das descargas elétricas e do pau-de-arara, que faz o organismo liberar mioglobina, uma proteína muscular que leva oxigênio à circulação. Um mecanismo de defesa que sobrecarrega os rins, detonando uma insuficiência renal aguda. Na literatura médica, isso é conhecido como rabdomiólise, o nome científico de uma síndrome causada por danos na musculatura do esqueleto provocados pelo vazamento da mioglobina no sangue.

Um guerreiro de fala mansa e sorriso largo

Quando escapou ainda vivo da sala de torturas do DOPS brasileiro, Universindo ainda precisou passar pelo inferno das prisões militares no Uruguai. Foi torturado no forte de Santa Teresa, Chuy, num quartel do outro lado da fronteira, no extremo sul brasileiro, e depois na sede da Compañia de Contra-Informaciones, o DOI-CODI uruguaio, na rua Colorado, em Montevidéu. O som do rádio foi aumentado, prenúncio de novos sofrimentos na oficina mecânica do lugar, improvisada como centro de tortura. Dias depois, Universindo e Lílian Celiberti deixaram aquele antro para ingressar, literalmente no El Infierno, a temida sede do 13º Batalhão de Infantaria, na esquina da avenida de Las Instrucciones com a bulevar Battle y Ordóñez, aonde o casal foi jogado na noite de 6 de dezembro — exatos 24 dias após o sequestro de Universindo e Lílian naquele maldito domingo de Porto Alegre.

As torturas no El Infierno duraram até o início de junho de 1979. Durante boa parte do tempo, Universindo, entre uma sessão e outra de pancadas, foi mantido sempre acorrentado, em posição fetal, o que lhe provocou sequelas permanentes nos joelhos. Ainda hoje ele manca, quando caminha até o seu trabalho na Biblioteca Nacional, onde o ex-estudante do curso de Medicina (abortado pela ditadura uruguaia que o levou ao exílio em 1975) cumpre com prazer o seu ofício de historiador e chefe do Departamento de Investigação Histórica.

Numa sala de tortura da ditadura, a rabdomiólise vem acompanhada de convulsões, edemas, espasmos, calafrios, cãibras, febre, insuficiência renal e respiratória. Numa sala de UTI de um hospital da democracia, agora, estes são os sintomas que, coincidência ou não, exaurem as forças de Universindo. O câncer na medula fragiliza sua defesa e torna mais difícil o combate à doença.

* Luiz Cláudio Cunha é jornalista e testemunha do sequestro de Universindo e Lilian em Porto Alegre em 1978, junto com o fotógrafo JB Scalco | Foto: Ricardo Chaves

Três décadas depois do inferno que viveu, como tantos em tantos lugares ocultos e clandestinos do Cone Sul, Universindo paga hoje na carne o tributo do sofrimento que as ditaduras impõem a todos nós. Mas o sorriso largo, a fala mansa e a serenidade do tempo provam que nada consegue abater o espírito e a integridade de gente guerreira como Universindo Rodríguez Días.

Saúde e força, compañero!

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