Uruguay: Vergüenza nacional

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

 

images--1-.jpgEn torno al video Haitiano que recorre el mundo, difundido de rebote gracias a un descuido involuntario de uno de los integrantes, que lo único que pretendía era documentar un acto infame y denigrante, se ha dicho mucho y hay poca cosa que agregar, salvo el hecho de pedir disculpas a ese pueblo hermano que  ha sido humillado a través del vejamen a uno de sus hijos.

Hay que decir que el video no se realizó como prueba para informar a los superiores jerárquicos para que se tomaran medidas disciplinarias. Nunca se les informó. En la corta filmación no se encuentra ningún intento de evitar la infamia, solo reflejarla y reproducirla por medios técnicos para el disfrute renovado en momentos posteriores por todos los participantes. Era una “proeza” y había que recordarla. Esta hipótesis es imposible de demostrar pero es probable que se quisiera documentarla para exhibirla ante otros integrantes de la fuerza con el afán enfermizo de demostrar lo que se puede hacer en un país ocupado. En el más inocente de los casos, a la filmación se le consideró simplemente un “suvenir de turismo sexual” que fue a dar a manos equivocadas.

Si no fuera por ese hecho fortuito los uruguayos no nos enterábamos que nuestros enviados siguen la misma conducta que sus antecesores practicaron en los cuarteles de nuestro país. Por más que nuestros dirigentes digan que las nuevas generaciones de las fuerzas armadas son inocentes de los hechos abominables realizados por sus predecesores, este documento demuestra lo contrario y también demuestra lo lejos que estamos del supuesto de que las fuerzas armadas comparten los valores de la sociedad civil.

Soy simplemente un uruguayo como tantos, que quiere manifestar lo que siente ante semejante atropello al que se le quiere caracterizar de broma. Ya se han expresado colectivos y ciudadanos que como yo estamos consternados ante la conducta de nuestra fuerzas armadas en misiones de paz.

Queda claro que por otro lado no hay nadie que no haya relacionado este hecho con viejas y conocidas prácticas de nuestro ejército durante la dictadura.

Mi crítica por lo tanto es apenas una gota de agua en un mar de censura en el que navega la marina de nuestro país luego que soldados de la armada ”bromeando” y sin bajarse los pantalones de “combate”, violaran a un joven de Haití; un país al cual nuestras autoridades, en contra de la praxis de no intervención mantenidas durante más de un siglo y en contra de sus mismos principios orgánicos, han decido enviar, renovar y mantener un numeroso contingente de mercenarios con el supuesto fin de preservar la paz y contener los conflictos sociales.

Supuestos conflictos sociales nacidos luego que el presidente Aristide elegido según las practicas ortodoxas de democracia occidental, fuera secuestrado por los EEUU, alejado del poder y enviado al exilio. No hay nadie en la dirigencia del Frente Amplio que no sepa que nuestras tropas cumplen la misión de evitar el ejercicio de la democracia plena en ese sufrido y empobrecido país con el exclusivo propósito de mantenerlo “boca abajo” para que el imperialismo yanqui y el francés (pretendidamente renaciente con Sarkozí) sigan disfrutando de la dominación del territorio más pobre de nuestra América… es decir practicar con el país, lo que nuestros soldados hacen con sus habitantes.

Como en todos los casos de delitos de este tipo, la vergüenza no debe caer sobre la victima sino sobre los violadores… pobre Haití pero también pobre Uruguay ya que los uruguayos somos responsables de este atropello por enviar tropas de ocupación a un país con el propósito de impedirle el ejercicio de su autodeterminación.

Galeano afirmaba años atrás que: “en Haití, una taza de arroz vale menos que una bala, pero a ese país nuestros soldados son encomendados a repartir balas en vez de arroz”. En el siglo 19 decía Proudhon mencionando a Cousin: “La libertad que es sagrada, tiene necesidad para exteriorizarse de un instrumento que se llama cuerpo: el cuerpo participa por lo tanto de la santidad de la libertad; es inviolable como ella. De aquí el principio de la libertad”.

Siguiendo con esa idea decimos que… Un ciudadano es parte de un todo, de un organismo social, de una nación… al violar el cuerpo de un componente de ese todo, se ha violado a toda la nación Haitiana con la que no tenemos enemistad pero que nos verá con odio y desprecio por haberle quitado su dignidad.

Para finalizar esta crónica que nunca debió tener motivo de escribirse… ¿que podemos agregar?….

Triste, lamentable, aberrante... confieso que dudé en decidirme antes de  ver el video de la "pacificación" de Haití a manos de las "heroicas" fuerzas armadas uruguayas; hay quienes optaron por  no  presentarlo por respeto a la víctima y para no prolongar la humillación ante millones de espectadores. Pensé que tenían razón desde la ética periodística... ahora no pienso así; este documento hay que difundirlo al máximo ya que es un caso que desborda la crónica policial y se transforma en político, mereciendo un debate serio sobre la impunidad que dicen merecer y exigen las fuerzas armadas uruguayas, a través de la coacción y el amedrentamiento de la sociedad.

Impunidad heredada del pasado y defendida en el presente. Sin esa total convicción de impunidad para todos los delitos es muy improbable que estos sujetos hubieran cometido este deleznable abuso. De esa garantía de impunidad somos todos responsables como pueblo.

Por último creo que este video infame es un documento histórico que nos muestra no solo un acto vergonzoso y cobarde de cuatro o cinco individuos sino que nos enseña como las fuerzas conjuntas en forma masiva "pacificaron" nuestro país durante la dictadura.

La misma escuela, los mismos maestros, los mismos actos,... no solo habría que retirarlos de las "misiones de paz" al servicio del imperio, también tendríamos que discutir la existencia de un ministerio de defensa oneroso e inútil que no nos puede defender de nadie y que como institución ha demostrado una vez mas que no posee ni entiende lo que es la más mínima dignidad.

jaime g

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