Uruguay: ¿Y ahora qué? - Por Fernando Moyano

Publicado en por Ivonne Leites. - Atea y sublevada.

 

Et maintenant
Que vais je faire
De tout ce temps
Que sera ma vie

 

El regalo llegó el día del cumpleaños. A las 4 am ya era 20 de mayo, cumpleaños de Zelmar, día de su muerte junto a otras víctimas del terrorismo de Estado, día de la Marcha por Verdad y Justicia, cien mil personas, la más grande en 16 años.

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Está bien lamerse las heridas, y es normal. Está bien señalar culpas y responsables, y es necesario. Sin sentir el dolor y la bronca no hay acción posible.

Ahora hay que empezar a pensar en lo que sigue, con este tema “a punto de caramelo”. Primero, algunos elementos - tan discutibles como todos - para un diagnóstico.

 

EL PACTO OBSCENO


Seguramente no es este el fin del Frente Amplio, pero sí el enterramiento definitivo del MLN y de su cogollo de pretendidos “ex-combatientes”.

Demasiada la vergüenza, demasiado el cinismo.

No le pidamos peras al olmo ni mucho menos análisis a los “analistas políticos” con su cabeza llena de papelitos, que nos hablan pasmados de una “crisis de liderazgo”. Para ellos, siempre será el “liderazgo” el deus ex machina de la política, y bien que hacen ya que ese sistema político es el que paga sus servicios. Para ellos, la política siempre se construye de arriba abajo, y si no llega a ser así hasta se molestan. Por eso, cuando aparece este espectáculo del triunvirato frentista en soledad y la gente dándole la espalda, que tanto les asombra, hay que preguntar: ¿Y qué esperaban?

Ha quedado, al desnudo el PACTO, del hasta ahora solo se hablaba en voz baja, entre la cúpula frentista gobernante y la cúpula militar. Destaquemos (ya que se rasgan las vestiduras por las objeciones de inconstitucionalidad a la ley interpretativa) que nadie habla de la inconstitucionalidad flagrante de que los militares INTERVENGAN ACTIVAMENTE EN POLÍTICA con planteos, reuniones públicas, objeciones a proyectos de ley, presiones, lo que es, esto sí, un “golpe de estado técnico”. Mujica dice abiertamente que los militares hacen sus planteos “como cualquier gremio”, obviando que eso es PRECISAMENTE lo que no pueden hacer.

Que una ley pueda violar en algún sentido la Constitución, aunque sea tratando de hacer justicia, es un horror. Que los militares criminales y conspiradores la violen en forma abierta todos los días, no solo es algo natural sino que se lo toma como un derecho.

Aparece un video de amenazas que anuncia acciones clandestinas, hecho por militares, en su estilo inconfundible. ¡Es una forma de “propaganda armada” copiada de aquella vieja guerrilla!

También se publica ahora una investigación periodística sobre la colaboración en 1972 de un sector del MLN con los militares en una acción “peruanista”, que en realidad fue un acto preparatorio del golpe de estado del 73, que ese sector político apoyaba (“detalle” que se pasa por alto). 

Esas acciones militares fueron actos criminales que incluyeron el secuestro y la tortura, que se pretendió justificar porque se hacían persiguiendo ilícitos económicos.

Fernández Huidobro niega que haya habido miembros del MLN que participasen directamente en la tortura. Pero no niega la colaboración (hecho por lo demás conocido) ni tampoco cuestiona la política que sirvió de fundamento.

Esa política de colaboración criminal y conspirativa sigue hasta hoy.

Pero además, el antecedente de ayer es la base hoy del chantaje militar sobre su contra-parte en el gobierno. Por eso adopta esa forma de “goteo”, típica de la complicidad criminal: “si yo caigo, vos también caés”.

El pacto y la complicidad del núcleo político duro del gobierno con los criminales terroristas TIENE UNA BASE ORGÁNICA MUY PROFUNDA. No es circunstancial ni es simple oportunismo, no está en el mismo plano que la política general simplemente burguesa del Frente Amplio.

El viejito sabio y generoso que pecaba en todo caso de EXCESO DE PIEDAD hacia el enemigo, ¿qué resultó ser? El cabecilla de un sistema de complicidades que alberga a los peores delincuentes. La generosidad se evidenció como todo lo contrario, un recurso tramposo para encubrirse a sí mismo.

Esto VA A SEGUIR. Ya se ve la hilacha. Fracasado el intento de la ley interpretativa, Mujica ahora quiere aparecer como el salvador de la causa a través de su propio método y estilo: negociar inmunidad a cambio de información, e ir desarchivando casos por cuentagotas. Está claro que ninguna de las dos cosas va a dar resultados, ni se intenta que los dé, y solamente se quiere salvar las apariencias y mantener el control.

Por otro lado los otros dos triunviros apuestan a la derogación de la ley por vía parlamentaria. Además de que ¡ahora se acuerdan! esto les va a traer problemas prácticos más o menos similares.

 

LA GENTE LOS LLEVA DE ARRASTRE

 

En intento de anulación (parcial, deformada, lleno de fallas) de la ley de caducidad, terminó en una nueva derrota.

La pregunta es ¿por qué la cúpula frentista se metió en semejante embrollo? ¿Por qué fueron a hacer el ridículo? Si no tenían ninguna intención de resolver nada ¿por qué no dejar las cosas quietas? Si se trataba solamente de una función de circo ¿por qué se permitió semejante bochorno? Esa es la pregunta que desconcierta a los politólogos, y que no contestan.

Atribuirlo a la presión de organismos internacionales es exagerar la importancia de un factor secundario. Si solo se tratase de eso hubiese sido muy sencillo hacer un maquillaje mejor que este, y aprobarlo sin conflictos, sobre todo si tuviesen el control de la situación como para hacerlo.

La respuesta es otra. La cúpula frentista no se metió en el tema, la metieron, y no lo pudo evitar. ¿Quién la metió? La presión de la gente.

Y aquí tenemos un problema. Porque nuestra izquierda llamada radical está acostumbrada a hablar de “presión de la gente” solamente si estamos ante actos callejeros, huelgas, piquetes, o similares. Y en este caso no tenemos nada de eso. Es más, la metodología de los actos callejeros se intentó, y fracasó.

Las dos metodologías, la de la acción callejera y la del cabildeo parlamentario, fracasaron cada una en su espacio, y ambas por la misma falla. Las dos carecieron, cada una en su espacio y por razones diferentes, de una dirección política eficiente.

La presión de la gente por la anulación de la ley de caducidad se expresó en este caso a través de la estructura del Frente Amplio. Eso significó una mediatización, una deformación, y también una dirección conciliadora que termina conduciendo la iniciativa al fracaso, tanto por las concesiones iniciales (que se reflejan en el zurcido del proyecto de ley interpretativa) como en la incapacidad de llevar la lucha hasta sus últimas consecuencias. Pero todo esto no nos va a hacer ignorar el hecho de que fue un verdadero intento (mal llevado) de anular la ley de caducidad, y que se debió a la presión de la gente. De otra manera es inexplicable.

Vemos una vez más que este tema se despega de los demás. No hay ningún otro en que la rebelión de la base frenteamplista (rebelión asordinada, pero rebelión al fin) haya llegado tan lejos. No hay ningún otro en que el aislamiento de la cúpula frentista sea tan grande. En ningún otro aspecto se está tan cerca del punto de quiebre. En ningún otro tema ha habido unanimidad en contra la política de la dirección.

Que para nosotros el Frente Amplio no ofrezca perspectiva no quiere decir que eso sea así para la gente que aún está allí, aunque solo sea en un sentido afectivo, simbólico o referencial. Si ya no tuviesen esa perspectiva no estarían allí.

El Frente Amplio ha pasado a ser un partido de dirección y votantes, y ya no más un movimiento de militantes y activistas. Pero eso no quiere decir que el desmantelamiento de su estructura militante sea completo o que se pueda hacer caso omiso de su historia. Entre otras razones, porque esa estructura sigue siendo un factor, aún siendo secundario, del procesamiento de sus disputas internas. Un factor que no puede ser totalmente abandonado porque las disputas pasarían a ser más difíciles de contener todavía.

Algunos compañeros han señalado el hecho de que el 85 o 90% del electorado frenteamplista votó el SÍ rosado. Dejemos por el momento de lado el que esos análisis no presten atención al hecho complementario: que el 85 o 90% del SÍ rosado fue voto frenteamplista.

Con semejante correlación de fuerzas la cosa no podía quedar ahí, la recuperación de la derrota fue muy rápida, el bajón duró apenas seis meses. Y era lógico de esperar que con esa distribución y concentración, el primer ámbito en que se manifestase esa recuperación fuese en la interna frenteamplista. El papel que cumplió en esto la presión internacional y la gestión del canciller Almagro fue solo abrir la puerta, bien sabido es que Almagro no tiene ningún peso de aparato en el Frente. Todo lo demás lo hizo la presión desde abajo.

El intento parlamentario tuvo más o menos el mismo resultado que el plebiscitario, llego CASI al 50%, manifestó una muy amplia voluntad por verdad y justicia, y fracasó por las mismas causas: sabotaje desde arriba, falta de firmeza de la conducción para enfrentarlo, y la acción determinante de un pequeño grupo de desertores.

Tampoco en este caso la derrota logró enterrar el tema. La Marcha del 20 de mayo ya es algo instituido, pero el plus que en este caso la hizo la más grande de las habidas fue un hecho espontáneo.

Por algo también este par de megalómanos que no pueden aguantarse sin tratar de protagonizar salieron enseguida con sus “soluciones”, porque saben que sin algo de eso no pueden ni aparecerse. Esto es una primer consecuencia del impacto de la Marcha del 20.

De modo que prestemos a cada cosa la atención que se merece. La continuidad que manifiesta la lucha por verdad y justicia es más importante que la traición. A su vez, la traición tampoco quedará impune.

En mayo 2010, en las elecciones departamentales, el voto en blanco de una masa de votantes de algo así como el 10% del electorado de izquierda, marcaba un primer hecho significativo en esta nueva etapa, pero era todavía un fenómeno de pasividad política. Hoy, el des-disciplinamiento orgánico (aunque sea por un único punto) del activismo frenteamplista, es un peldaño más alto.

La cúpula frentista está mal preparada para esto, porque no tiene NADA para ofrecer, ni siquiera la tan mentada “unidad”, porque quien rompe la disciplina es el ala derecha. Si el ala derecha no se disciplina aun con este costo bochornoso, ¿con qué verso disciplinarían por la izquierda en el futuro?

Y aunque traten de ofrecer algo nuevo para el futuro, lo primero que le van a reclamar son las cuentas del pasado.

Por otra parte, resulta claro que lo dio ánimos a este comienzo de des-disciplinamiento frenteamplista que trabajó de abajo a arriba y provocó el aislamiento de la cúpula, fue el resultado del plebiscito de octubre 2009. Para afuera, los dirigentes podían hablar del “pronunciamiento soberano”. Pero repetir eso adentro, delante de la cara de los que vieron con sus ojos como fueron realmente las cosas, es algo diferente.

Esta podría ser una buena lección de metodología política, si se quiere aprender. Un instrumento político que fracasa en su objetivo externo, puede hacer cambiar las cosas en el plano interno. La experiencia propia de la militancia frenteamplista fue más importante para su maduración política que la prédica externa, que se hacía además, en algún caso, desde posiciones muy cuestionables.

Ahora se viene una avalancha de denuncias antes de noviembre, para evitar la prescripción. A la Suprema Corte le va a salir el tiro por la culata.

 

¡TENEMOS QUE SALIR DEL GHETTO!

 

Si el 85 o 90% frenteamplista fue rosado, el 85 o 90% rosado fue frenteamplista, y en su abrumadora mayoría lo sigue siendo, aunque sea hoy un frenteamplismo alicaído. De 100 rosados hay 90 frenteamplistas, de esos 90 hay 5 ya dubitativos (voto en blanco). Pero de todos esos 100 nosotros somos solamente 3. Es obvio que no tenemos la masa crítica.

Podría no ser tan grave, 3 en 100 es un comienzo. Si no fuese que esos 3 están fragmentados y dispersos en 30 pedazos, sin mucho que ofrecer a los otros 97, y sin un concepto claro de adonde ir.

Incluso así podría no ser tan grave si por lo menos, aún con esas carencias, estuviésemos intentando superarlas.

Veamos el panorama general, el estado de la lucha de clases en nuestro país.

·  La situación general no ha cambiado. El gobierno frentista enfrenta muchos problemas, pero ninguno es obstáculo para llevar adelante su programa burgués. EXCEPTO EN ESTE PUNTO.

·  Los problemas principales, EXCEPTO EN ESTE PUNTO, los tiene más por la derecha que por la izquierda, como los reclamos de mayor represión a la pequeña delincuencia. Incluso en eso el gobierno puede sacar un provecho relativo apoyándose en esa oposición para una gimnasia represiva útil a su propio proyecto.

·  La conflictividad sindical, luego del aquietamiento inicial con la llegada del Frente al gobierno, ha recuperado ya un nivel parecido al que teníamos en los años de los gobiernos de la derecha tradicional. Pero es muy difícil que pase de ahí, por ahora, porque no hay herramientas apropiadas de lucha sindical, y no hay perspectiva de que surjan.

·  Por el momento, el modelo de re-primarización de la economía sigue haciendo un daño cada vez mayor al país, pero no encuentra frenos inmediatos para seguir adelante.

No podemos suponer que este panorama general cambie a corto plazo. Ese panorama ya es de por sí un ambiente para un trabajo estratégico de propaganda y organización por parte de una fuerza revolucionaria, QUE NO EXISTE.

¿Sería correcto encarar la lucha contra la impunidad subordinándola al desarrollo de la lucha por un PROGRAMA REVOLUCIONARIO, por medio de una ORGANIZACIÓN, DIRECCIÓN REVOLUCIONARIA, etc.?

En todo caso hasta podríamos discutirlo si fuese pertinente, y entrar en el tema de la construcción desde arriba o desde abajo, la relación de la vanguardia con el movimiento de masas, etc. etc. etc. Pero eso no tiene ningún sentido, porque ya hablaron los hechos.

El plebiscito constitucional fue un primer camino. La izquierda radical lo desperdició totalmente, pero ya fue.

El camino parlamentario estuvo centrado en negociaciones, y en eso no podíamos tener arte ni parte. Una campaña sostenida durante varios meses de protesta popular activa era algo imposible de hacer.

Ahora, con el fracaso parlamentario, la pelota vuelve a la cancha grande. ¿Pero cómo?

Cualquier cosa que se intente tiene que tener en cuenta este escenario. 

 

FERNANDO MOYANO

 

NOTA: 

En este artículo digo textualmente que UN SECTOR DEL MLN tuvo en 1972 una orientación "peruanista" y que llevaron adelante una colaboración con los militares golpistas en la persecución de ilícitos económicos. Esto no involucra al MLN como organización, y el tema es lo suficientemente delicado como para aclararlo. Según el criterio del MLN, con toda lógica, la dirección era la que estaba afuera. En el momento a que hacemos referencia aún no había caído Sendic, que es sabido que SE OPONÍA a esa orientación. 

Después de su caída y la de otros, ya no se puede hablar estrictamente de "MLN" porque cada sector seguía su propio camino; y después de 1985 ya es otra historia. En cuanto a la cuestión ideológica de fondo que puede haber habilitado estas cosas, eso es otro tema, y hay que discutirlo como hay que discutir todos los errores y carencias de las organizaciones de ese tiempo, de las que ninguna estuvo libre.

Valga la aclaración. Me señalan, y con razón, la importancia de no dejar ambigüedades en este tema.

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